AHUÍTZOTL o Almítzol. Tenochtitlan, (México), m. s. XV – 1502. Uno de los más destacados emperadores aztecas/mexicas, que casi en paralelo a la llegada de los españoles al Caribe logró extender a su máximo apogeo el Imperio mexica.

Sucedió en el trono azteca al emperador Tízoc. Según lo describe el Códice Ramírez fue gran batallador y profusamente sanguinario. Sus conquistas militares ampliaron los dominios aztecas a las regiones de Huasteca, Panotlan y Tlacotepec, es decir, la gran franja costera del Pacífico mexicano. Además se apoderó de nuevas zonas en el interior de Oaxaca, Teopuctlan y Huehuetlan, donde creó guarniciones militares.

Por las presiones del poderoso grupo de los comerciantes se embarcó en más campañas expansivas hacia el istmo de Tehuantepec y hacia la región de Xoconochco, que le permitieron dominar nuevos territorios hacia el Sur, hasta la actual Guatemala.

Su política imperial se consolidó al saber combinar en los puestos claves del gobierno y la administración a miembros de su familia y destacados capitanes de sus ejércitos con las dinastías locales.

El único pueblo que pudo derrotarle fue el tarasco: la campaña emprendida contra Tlaxcala, en 1501 terminó con la retirada de las tropas aztecas.

Ahuítzotl dejó una impronta muy positiva en la capital del imperio, Tenochtitlan, donde construyó numerosos palacios y templos, grandiosa fue la ampliación del templo mayor dedicado a Huitzilopochtli, cuyas fiestas de inauguración duraron cuatro días. Según cuenta el cronista fray Diego Durán, en dicho templo se celebraron las más multitudinarias inmolaciones humanas, como la reseñada en 1487, donde fueron sacrificadas unas ochenta mil personas, en su mayoría prisioneros de guerra y vírgenes de tribus rivales.

Otra obra fundamental de su mandato fue la construcción de un segundo acueducto, desde Acuecuexco, para abastecer a la cada vez más numerosa población de la capital. También levantó el templo de Tlacateco.

Por el contrario, su militarismo cruel, el brutal vasallaje al que sometió a los pueblos derrotados, y la continua exigencia de sacrificios humanos, fueron conformando una atmósfera de odio y ánimos de venganza hacia los aztecas entre los pueblos vecinos, que tan bien sabría aprovechar Hernán Cortés.

En 1496 nació su hijo Cuauhtemoc, quien sería el último emperador azteca.

Parece ser que durante una grave inundación en 1499, que casi destruye Tenochtitlan, se golpeó la cabeza al intentar salir de una habitación inundada y dicho golpe le causó serias lesiones de las que moriría tres años después. Su sucesor en el trono sería su sobrino, el gran Moctezuma II.

GONZÁLEZ OCHOA, José María, «Ahuítzotl», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, http://dbe.rah.es/biografias / 94173/ahuitzotl)