Virreinato Río de la Plata

Índice

Causas de la creación
La creación del virreinato
Los virreyes y los nuevos organismos
El Nombre

Causas de la creación

El último virreinato creado en América es el de Buenos Aires. Emilio Ravignani, en el Cap. I del tomo IV de la Historia de la Nación Argentina, de Levene, al estudiar este virreinato señala las causas de su creación, lo que completa Octavio Gil Munilla en el libro El Río de la Plata en la política internacional-Génesis del virreinato (Sevilla, 1949). Las causas externas debidas a preocupaciones fronterizas, a la vecindad de los territorios portugueses del Brasil, al fracaso del tratado de límites de 1750 y más concretamente al incremento de fuerzas en el virreinato portugués y a los rozamientos que había ocasionado la colonia de Sacramento, la isla de Martín García, Río Grande de San Pedro y los territorios de las misiones.

La pugna por Sacramento envenenaba constantemente las relaciones entre España y Portugal, provocando guerras en el Río de la Plata, repercusión en las europeas en que intervenían ambas naciones, en las que casi invariablemente España conquistaba la colonia de Sacramento, pero la devolvía con la paz. La tenacidad con que Portugal mantenía su posesión se debía a la presión de Inglaterra, interesada en que Sacramento continuase siendo un enorme foco de contrabando con amplia penetración en gran parte de la América del Sur española. Otros peligros exteriores con otros países; principalmente con Inglaterra, por temor a sus ataques marítimos, aconsejaban fortalecer las plazas y vigilar las costas y mares, organizando fuerzas marinas y terrestres.

Las causas internas fueron el aumento de la población, que si fue muy lento durante el siglo XVII, a mediados del XVIII se intensificó, sobre todo en la ciudad de Buenos Aires, que de 10.000 habitantes en 1744 tiene ya 24.000 en 1778. La abundancia y baratura de mantenimientos, carne sobre todo, y las incipientes industrias que se forman en torno a la ganadería desde carnes saladas, sebo, lana de vicuña y curtiembres, hasta la pesca de ballena y fábrica de xaletinas, contribuyeron a este incremento de población.

La necesidad de reducir a los indios que dificultaban las explotaciones pecuarias y las comunicaciones; la incomodidad de acudir con las apelaciones a Charcas, exigía la creación de una Audiencia, y la demora con los asuntos políticos y administrativos al llevarlo al superior Gobierno de Lima, imponía una solución más eficaz.

La creación del virreinato

No fue improvisada la creación del virreinato, pues fue objeto de estudio y de informes, como el favorable del fiscal de la Audiencia de Charcas, Álvarez de Acevedo, aprobado por la misma, el del virrey del Perú Amat y el del gobernador del Plata, Vértiz. La creación fue decidida por la guerra limitada entre España y Portugal en aquella región (1773-1776), combinada al final con un objetivo preventivo, el de evitar que Portugal entrase al lado de Inglaterra en la guerra que se preveía con esta con motivo de la sublevación de sus colonias en América del Norte.

Se decidió el envío de una gran expedición que resolviese de una vez el problema de Sacramento y de las regiones adyacentes, incluso el resto del Uruguay y Río Grande, y que se encomendó a don Pedro de Cevallos. La creación del virreinato del Río de la Plata se hace de modo provisional por Real Cédula de 1-VIII-1776 y a favor de don Pedro de Cevallos con mando en las provincias del Río de la Plata —que eran las de Tucumán, Buenos Aires y Paraguay— y además la provincia de Cuyo, que pertenecía a Chile, y los territorios de la Audiencia de Charcas, que eran los de Potosí y Santa Cruz de la Sierra.

Se segrega así el territorio de la actual Bolivia de su conexión histórica, étnica y económica con el Perú, al que había estado unida hasta entonces para hacerla gravitar hacia el lejano Buenos Aires. Respondió a petición del mismo Cevallos, que quería así disponer de los metales preciosos que suministraba abundantemente Charcas y de que carecía el Río de la Plata.

La medida parecía provisional y realizada con motivo de la guerra, pero Cevallos organizó el nuevo virreinato de la forma más definitiva posible, en el aspecto económico, contando con facultades amplísimas delegadas. Al crearlo se aseguraba la defensa, se evitaba una ruta terrestre de invasión interior, se vigilaba el Atlántico meridional y se podía poco después emprender en buenas condiciones la lucha con la Gran Bretaña.

Reunía el nuevo virreinato territorios muy extensos, distintos y de diversa economía y régimen jurídico, pues Charcas poseía Audiencia —que continuó— y el Plata hasta entonces no. Se soldarían más esos países, como se vio en la crisis de 1810 y del subsiguiente periodo de la Emancipación, en que se rompería esa superficial unicidad, pese a los esfuerzos de Buenos Aires por conservarla.

Cevallos llegó con la mayor expedición enviada hasta entonces por España a América con 115 embarcaciones y 19.000 hombres entre tripulación y tropas con los que tomó Santa Catalina y Sacramento en una victoriosa campaña que fue suspendida por el tratado de paz de San Ildefonso (1-X-1777), completado por el definitivo de el Pardo (24-V-1778), conservando Portugal Río Grande.

Cevallos se hizo cargo del gobierno en 1777 entregándoselo a Vértiz, último de los gobernadores, que debía continuar con este cargo aunque a las órdenes del nuevo virrey, pero este, enemigo suyo, se lo ocultó. Cevallos se apresuró a organizar el virreinato durante su breve gobierno. Cesó en 1778, sucediéndole Vértiz, ahora como virrey, cargo que ejerció hasta 1783. El virreinato se consolida definitivamente con el nombramiento de virrey de don Juan José Vértiz, pero separando de las funciones gubernativas virreinales las de la Real Hacienda, que pasan a un superintendente.

Hay una tentativa de supresión de este virreinato provocada por el virrey del Perú, el caballero Croix, que fracasa. La anexión del Alto Perú al virreinato del Plata perjudicaba grandemente al Perú, privándole de sus recurso metálicos, tanto más que se prohibió su extracción hacia Lima para encaminarlos exclusivamente a Buenos Aires para asegurar los medios de pago, lo cual hirió duramente al comercio limeño, afectado además por la facultad de introducir mercancías en regiones monopolizadas hasta entonces por los comerciantes de Lima.

El Perú sufrió las consecuencias y hubo muchas quejas, baldías, pues el gobierno español estaba decidido a mantener y favorecer por todos los medios el nuevo virreinato. Además Perú había sido exprimido sin contemplaciones en dinero últimamente para subvenir a la expedición y a la instalación del virreinato del Plata. V. sobre este problema C. Céspedes del Castillo, Lima y Buenos Aires. Repercusiones económicas y políticas de la creación del virreinato del Plata, Sevilla, 1947.

Caracterizan este periodo virreinal, por una parte, medidas administrativas, unas de carácter general en todas las Indias, como el establecimiento de las intendencias y el comercio libre; y otras particulares, como la creación de la Audiencia y del Consulado de Comercio y la organización del correo y los males endémicos específicos, como los derivados de la proximidad de las colonias portuguesas, de la ocupación por los ingleses de las Malvinas y los ataques ingleses al Río de la Plata en 1806 y 1807.

Los virreyes y los nuevos organismos

Cevallos promulgó el reglamento del Libre Comercio (1778) y en 1777 ya había decretado la libre internación, que permitía comerciar con todo el interior desde Buenos Aires, anulando la barrera de Córdoba. La prohibición citada de llevar metales preciosos a Lima desvió el eje Potosí-Lima-Panamá a Buenos Aires; para satisfacer a Lima se le concedió un porcentaje reducido sobre los metales que salían de Buenos Aires y Montevideo, consistentes en 1,75% en la plata y 0,5% en el oro, aún reducido en 1972 a uno y un cuarto por ciento respectivamente. Vértiz fue el virrey que más se preocupó por la cultura, fundando el Colegio Real de San Carlos, construyendo el teatro de Buenos Aires y facilitando el establecimiento de la primera imprenta.

La vida virreinal está vinculada a la personalidad de los sucesivos virreyes (Cevallos, Vértiz, Del Campo, Arredondo, Melo de Portugal, Olaguer, Avilés, Del Pino, Sobremonte, Liniers, Hidalgo de Cisneros y Elío), que comprende treinta y cuatro años durante los que se implantan los principales organismos de todo orden, Comprendía el virreinato la región de Puno, en Charcas, pero en 1787 pasó a depender en lo judicial de la Audiencia de Lima, para atender a los problemas de los indios; y en 1796 fue incorporado al virreinato peruano.

La Aduana se creó en Buenos Aires en 1778. En 1782 se introduce el sistema de Intendencias y su reglamento es el que se aplica en toda América salvo el de México, las intendencias en que se dividió el virreinato fueron las de Buenos Aires —cuyo titular era superintendente general—, Salta, Asunción, Córdoba, Cochabamba, La Paz, La Plata (Chuquisaca) y Potosí; había, además, los gobiernos subordinados de Montevideo, y Misiones, y Moxos y Chiquitos: la intendencia de Puno queda dicho que pasó al Perú.

En 1782 se creó de nuevo la Audiencia de Buenos Aires, inaugurada en 1785, subsistiendo al mismo tiempo la antigua de Charcas. Tras largos trámites se creó en 1784 el Consulado de Buenos Aires, con jurisdicción sobre todo el virreinato en su competencia, y para evitar conflictos por el predominio de intereses se dispuso que se formara por igual de comerciantes y hacendados; el secretario fue el futuro patriota Belgrano. Lo único que no se consiguió a pesar de los esfuerzos, incluso de virreyes, fue la Universidad de Buenos Aires; pero existían dos en el virreinato: la de Chuquisaca y la de Córdoba, confiada esta a los franciscanos después de la expulsión de los jesuitas, pero sin estudios de Derecho que habían de cursarse en la otra.

Vértiz introdujo la imprenta en Buenos Aires, utilizando la de los jesuitas en Córdoba; en su tiempo se establece el Protomedicato colocándose al frente al doctor Miguel O´Gorman. Él y sus sucesores fundaron varias entidades de caridad y mejoraron el aspecto edilicio de la capital, con verdadero interés por mejorarla.

La población de Buenos Aires era, en 1778, de 24.083 habitantes blancos y 7.986 de color; en su campiña, 12.926 (9.788 y 3.183, respectivamente). En 1810 se calculaba la población de la capital en unos 50.000 seres, pero el censo de ese año solo dio 41.642. Se fundaron nuevas poblaciones, pero fracasó un intento de colonizar en la costa patagónica. El virrey Avilés sostuvo en cuanto a los pueblos de indios guaraníes la conveniencia de suprimir la encomienda y la comunidad de la propiedad, concediéndoles libertad y propiedad individual. Pero los tratados con Portugal y nuevas guerras con este hicieron perder a Río de la Plata nuevos territorios en la región de Misiones.

La Economía. El Comercio

La economía de esta época siguió las líneas generales de la anterior, pero con un visible impulso en todos los ramos, especialmente en el comercio. La Libre Internación —extendida en 1778 a todos los pueblos habilitados de Sudamérica, a Chile y Perú— y la libertad de comercio —con España y posesiones españolas— dieron un avance considerable y perceptible en muy poco tiempo al tráfico; en 1791 se permitió el libre tráfico de negros; en 1795, la dificultad de comerciar con España por la guerra obligó a permitir el libre comercio con colonias extranjeras, trayendo productos de ellas distintos de los españoles.

Al año siguiente la guerra con Inglaterra aumentó las dificultades y hubo que permitir el comercio con neutrales, con restricciones (1797): géneros no prohibidos, en buques neutrales y obligación de retorno a puertos españoles, lo que era muy difícil de cumplir; sin embargo, se aprovecharon en especial los Estados Unidos, y aunque se suprimió esa libertad al acabar la guerra en 1802, vino a continuar hasta 1806 con varios pretextos.

Los efectos del libre comercio se notaron enseguida: se calculaba la exportación anual de cueros antes en 150.000; subió rápidamente a 800.000 y después de 1783 a más de un millón, aparte de la exportación clandestina con sus abusos y fraudes que ocasionó una legislación para impedirlos. Sin embargo, decaía la ganadería por los ataques indios, las sequías, los robos —hubo que dar disposiciones contra los cuatreros y ladrones—, el aumento de tierras cultivadas a expensas de los pastos y las matanzas desenfrenadas, tanto que a fin de siglo se calculaba el ganado cimarrón solo en 6.500.000 reses, en lugar de los muchos millones que debían existir a su comienzo. También se exportaban salazones —que activó el virrey Lorete—, curtidos y sebos. En las llanuras centrales y Córdoba se criaban muchas mulas para llevarlas al Perú y Charcas.

Agricultura e industrias

La agricultura estaba menos protegida que la ganadería; escaseaban los brazos, resultaba más cómodo el trabajo del pastor —había que reclutar, por la fuerza, hombres para la cosecha— y el Cabildo de la capital tenía interés por mantener el pan barato. La Representación de los Labradores en 1793 proponía la libre extracción de harina si llegaba el precio a 32 reales la fanega; la libre entrada de negros en 1791 había tenido por objeto el fomento de la agricultura.

Otros informes importantes fueron el del administrador de la Aduana Ángel Izquierdo, partidario del total libre comercio, y la famosa Representación de los Hacendados de 1809, redactada por Mariano Moreno, en que abogaba asimismo por la plena libertad comercial. También era partidario de la libertad económica Belgrano, en sus Memorias como secretario del Consulado, defensor, además, como fisiócrata del desarrollo de la agricultura, en contra de la opinión dominante, como se ha dicho, en un país de pastores. La minería del Alto Perú fomentó para su abastecimiento la agricultura del norte e interior argentinos.

Ya se mencionó el desarrollo de industrias locales, limitado, pero útiles y con cierto desenvolvimiento: vino, tejidos, zapatos, carretería, construcción naval, que resultaron algunas perjudicadas por el libre comercio, sobre todo cuando se introducían géneros extranjeros, y que resurgían en las épocas de limitación del tráfico por las guerras; destacaban en Tucumán, Corrientes, Catamarca y Córdoba. A fines del s. XVIII aparecen gremios en Buenos Aires, como el de plateros y zapateros, pero alcanzaron, en general poco desarrollo. Se desarrolló la pesca en la costa patagónica y floreció la de lobos marinos, pero no tuvo éxito la caza de ballenas.

La Cultura

En el aspecto cultural, a lo dicho antes, cabe agregar, las tentativas del Consulado por nuevas enseñanzas útiles, realizando las Escuelas de Náutica y Dibujo fracasadas por varios motivos y no por la oposición de la metrópoli. Al comenzar el s. XIX aparecieron los primeros periódicos: Telégrafo Mercantil (1801) y Seminario de Agricultura (1802) dirigido el primero por Francisco A. Cabello y Mesa y el segundo por Hipólito Vieites; ambos contaron con la colaboración del futuro grupo patriota y procuraron el fomento de la economía con criterio de libertad.

Ejercieron influjo cultural las Comisiones de Límites con los territorios de Portugal, formadas por militares y marinos, hombres de ciencia a la par, como Azara, Diego de Alvear, Pedro Antonio Cerviño y otros, cuya tarea e ideas tuvieron cierta resonancia en los medios cultos fuera de su misión estricta. V. las obras sobre cada aspecto de la cultura colonial argentina del padre G. Furlong Cardiff, reveladoras de su desarrollo.

Consecuencias del régimen virreinal

El virreinato, al acentuar la prosperidad de Buenos Aires, puerto casi único —pues solo tenía la competencia de Montevideo— le dio un marcado predominio sobre el resto del pa ís, cuyo eje económico era la línea Buenos Aires-Charcas, que sustituyó a la fluvial del Paraná hacia la Asunción, país el paraguayo de menos recursos, y ruta que terminaba en las soledades del Matto Grosso, y del Chaco.

Prevalecería la burguesía bonaerense, y en ella el grupo de los hacendados, preocupada por la libertad de comercio, liberal, abierta a novedades, culta, aunque de carácter algo advenedizo; el interior ofrecía fuerte oposición al predominio norteño, aunque el resto de la actual argentina —excepto Charcas— no ofrecía una brillante tradición colonial, como las de México o Perú, salvo Córdoba, donde hubo más desarrollo cultural y artístico. La properidad económica, sobre todo la de Buenos Aires, la formación de un núcleo, imbuido de ideas liberales, la conciencia de madurez de la nueva nacionalidad dirigirían rápidamente la etapa virreinal hacia la independencia para la cual por su visible desenvolvimiento en algunos aspectos parecía el Río de la Plata más preparado que otros países.

La misma jurisdicción virreinal, la antigua unión —dice Ravignani—, forma durante diez años, después de la revolución de Mayo, las Provincias Unidas del Río de la Plata; factores internacionales, de política interna y de índole económica, resquebrajaron esa antigua unión y dieron nacimiento a cuatro países independientes entre sí, quedándole a nuestra República Argentina la parte territorial más importante y la capital de la vieja división político-administrativa

Estos cuatro países independientes fueron: Argentina, Bolivia (Charcas), Paraguay y Uruguay. Eran países muy dispares, y el virreinato no duró lo bastante para soldarlos mejor, pero Buenos Aires durante esa época actuó como centro de gravitación y mientras no sobrevino la crisis, pudo funcionar como centro gravitatorio.

TUDELA DE LA ORDEN, José-EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 337-341.

Argentina [Nombre]

Un reciente estudio de Ángel Rosenblat Argentina-Historia de un nombre, Buenos Aires, 1949) da los datos precisos para conocer el origen, aceptación y consagración de este nombre. Arranca del poema de Martín del Barco Centenera Argentina y conquista del Río de la Plata..., que, en vista del éxito de la Araucana de Ercilla, publicó en Lisboa en 1602, en cuyo texto no se encuentra el nombre gentilicio ni el nombre moderno del país, sino tan solo el adjetivo; pero ni aun este logra vida propia.

El país se denomina Río de la Plata o Gobernación de Buenos Aires. Poco después de Centenera adoptó el mismo nombre como título de su crónica el historiador criollo Ruy Díaz de Guzmán en su obra La Argentina. Historia del descubrimiento, conquista y población del Río de la Plata, escrita en 1612, pero que permaneció inédita hasta el s. XIX.

Es otro poeta, Vicente López, en su Triunfo argentino, cantor de la revolución, quien divulga y pone en uso el adjetivo argentino aplicado a muchas calificaciones y muy especialmente a la Nación Argentina, y otro poeta, Domingo de Azcuénaga, emplea en un soneto, por primera vez, con intención poética y no política, la denominación de República Argentina.

Hasta 1826 no adquiere este nombre carta de naturaleza política, cuando se sanciona la Constitución de la República Argentina. Desde ese momento —dice Rosenblat—, el Congreso, el Ejecutivo Nacional, la Junta Provincial y todo el periodismo político usan con enorme profusión República Argentina, Nación Argentina, la Argentina, etc.; pero aun así sigue empleándose fuera y dentro del país Confederación argentina, hasta que la generación romántica y, oficialmente, la Constitución de 1860, fijan el uso y consagran oficialmente la denominación de República Argentina.

TUDELA DE LA ORDEN, José, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 337-341.