Gobernación del Río de la Plata

Índice

Los gobernadores del siglo XVI
El siglo XVII
Gobernadores XVII y XVIII
La población

Al acabar el s. XVI, época de fundación de las principales ciudades y de las bases de la colonización, el territorio del Río de la Plata comprendía tres gobernaciones: la propiamente del Río de la Plata, que abarcaba el Paraguay y el llamado litoral o regiones argentinas del Este, cuya capital radicaba en la Asunción; la de Tucumán, con capital en Córdoba (provincias actuales de Jujuy, Salta, Catamarca, Rioja y Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba), y Cuyo, en el occidente, capital en Mendoza (provincias de Mendoza, San Juan y San Luis); esta dependía de Chile. Las otras, de la Audiencia de Charcas y estaban englobadas todas dentro del virreinato del Perú.

Los gobernadores del siglo XVI

Se habían sucedido en el adelantamiento del Río de la Plata don Pedro de Mendoza (1536-1537); Juan de Ayolas (1537-1538), en quien delegó Mendoza, y durante su ausencia en Francisco Ruiz Galán, en Buenos Aires; Ayolas a su vez delegó en Domingo Martínez de Irala, que se estableció definitivamente en Asunción e hizo abandonar Buenos Aires, siendo reconocido en 1539; Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que tomó posesión en 1542 y fue destituido en 1545, ejerciendo la gobernación efectivamente Irala hasta su muerte en 1556.

Entre tanto, en España fue nombrado gobernador y adelantado Juan de Sanabria (1547), que murió sin partir a América, sucediéndole en el cargo su hijo Diego de Sanabria (1549) e interinamente el licenciado Alanís de Paz, quien no llegó tampoco a salir; Diego de Sanabria tardó mucho en partir y fue a dar a las costas de Venezuela; mientras realizaba sus largos preparativos de adelantó el tesorero Juan de Salazar, el fundador años atrás de Asunción, con doña Mencía Calderón, viuda de Juan de Sanabria (1550), a quienes les ocurrieron múltiples y desagradables aventuras hasta que llegaron a América.

En vista de la inactividad de Diego Sanabria, el valenciano Jaime Rasquín consiguió en 1557 una capitulación y el nombramiento de gobernador del Río de la Plata; partió en 1559, pero derivó a las Antillas y no llegó nunca a su destino. En realidad, el gobierno los ejercía, desde la muerte de Irala, su yerno, Gonzalo de Mendoza, y, al morir, Francisco Ortiz de Vergara (1558), pero no lo reconoció el virrey del Perú, quien designó a Juan Ortiz de Zárate, que hubo de venir a España para obtener el nombramiento, obteniéndolo en 1567, y llegó en 1573, muriendo en 1576.

Heredaba la gobernación su hija Juana de Zárate, mestiza que residía en Lima y que se casó con Juan Torres de Vera y Aragón, quien retenido en Perú por complicados pleitos, nombró teniente de gobernador a Juan de Garay, el segundo fundador de Buenos Aires. El nuevo adelantado Torres de Vera no pudo llegar a Asunción hasta 1587, y después hubo de irse a la Península a reglar su situación; le sucedió como teniente de gobernador Alonso de Vera, depuesto por el Cabildo en 1592, el cual designó al criollo Hernandarias de Saavedra, que fue confirmado por el virrey en 1597. Los gobernadores sucesores de Torres ni fueron a Asunción y Hernandarias ejerció la tenencia varias veces (1597-99, 1602-09 y 1614-18).

División de la gobernación

Decaía Asunción y crecía, en cambio, Buenos Aires; la importancia del puerto, la amenaza portuguesa por el contrabando y varias opiniones favorables ocasionaron que el rey, en 1617, dividiera la gobernación del Río de la Plata en dos, la del Guairá, que luego siguió llamándose Paraguay, y la de Buenos Aires o Río de la Plata, con los territorios actuales de Buenos Aires, Uruguay, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Patagonia y Chaco, conservándose las jurisdicciones aparte de Tucumán y Cuyo. En 1620 se completaba la separación de Paraguay, fundando un obispado en Buenos Aires. En 1661 se fundó la Audiencia, pero se suprimió por entonces en 1671.

El siglo XVII

Pero la excelente situación de Buenos Aires para el tráfico quedó anulada por la creación en 1622 de una aduana en Córdoba, que impedía la importación de géneros más allá, salvo pago de un 50% de derechos, lo que esterilizó el desarrollo de Buenos Aires, aunque dio origen a un enorme contrabando; Buenos Aires podía tener comunicaciones directas con España, pero aquella medida inutilizaba la ventaja.

Primera vista conocida de Buenos Aires, pintada hacia 1628 por un holandés.Primera vista conocida de Buenos Aires, pintada hacia 1628 por un holandés.

De esta época son de recordar las Ordenanzas de Francisco de Alfaro (1611), para evitar los abusos de la encomienda, sustituyendo el servicio personal de los indios por un tributo, pero con opción a seguir con aquel, por lo que continuaron los malos tratos. Fueron continuas las luchas con los indios no sometidos, lo cual fue una causa de empobrecimiento de la gobernación de Buenos Aires; en la del Paraguay, por el contrario, florecieron las reducciones jesuíticas, aunque víctimas de los ataques de los bandeirantes brasileños.

En el Tucumán había más indios pacíficos y dedicados a la agricultura, pero los abusos provocaron la sublevación de calchaquíes y diaguitas de 1630 a 1635, y de nuevo la de los calchaquíes en 1657 por el supuesto inca Pedro Bohórquez, que la renovó después, siendo duramente reprimida en 1665 y ejecutado aquel en 1667. El sometimiento y la encomienda florecieron en el interior; en el litoral hubo pocas encomiendas y allí el indio era insumiso y hostil, constituyendo un constante peligro para la población blanca.

Se abandonaron algunas ciudades, como Concepción del Bermejo, y se fundaron otras, como Catamarca (1683-84), o se trasladaron de emplazamiento, como Tucumán (1685); algunas nuevas fundaciones —San Juan de la Rivera, Talavera— también desaparecieron.

Gobernadores XVII y XVIII

Los gobernadores del s. XVII no dejaron, en general, buen renombre por sus abusos o malas condiciones o por las contiendas con la autoridad eclesiástica. El primero, al efectuarse la división de la gobernación, fue Diego de Góngora, que llegó en 1618 e hizo un empadronamiento, del que resultó haber 2.730 habitantes blancos y 4.899 indios sometidos; fue procesado como otros, por permitir el contrabando y por ilegalidades y murió en 1623.

Entre sus sucesores se destacaron Mendo de la Cueva y Benavides, que tomó posesión en 1637 y chocó con el obispo, que le excomulgó. Jerónimo de Lariz (1645-1653) hizo una visita a las misiones jesuíticas y fue también acusado y condenado, habiendo sido un pésimo gobernante. Alonso de Mercado y Villacorta tomó posesión en 1660; en su tiempo se fundó la primera y efímera Audiencia de Buenos Aires. Las incursiones de los indios del Chaco provocaron expediciones de los gobernadores de Tucumán, como la dirigida en 1673 contra los mocovíes y en 1700-1701; luego contra los abipones, y las del gobernador Espinosa y Dávalos (1757-1764), que consiguió tenerlos a raya; en 1742 se hizo una paz con los tobas.

Bajo el gobierno de José de Garro en Buenos Aires surgió el problema de la colonia del Sacramento, fundada por los portugueses en 1680, que envenenaría las relaciones entre España y Portugal durante el s. XVIII y conduciría a la aparición como nación del Uruguay. Episodio de esta contienda fue la fundación de Montevideo por el gobernador Bruno Mauricio de Zavala, comenzada en 1724. Zavala (1717-1736) fue uno de los mejores gobernadores y tuvo que intervenir en el Paraguay con motivo de la revolución de los Comuneros. Entre sus sucesores figura Domingo Ortiz de Rozas (1742), José de Andonaegui (1745-56), bajo quien exploraron Patagonia los jesuitas P. Quiroga y Cardiel y se fundó el gobierno político y militar de Montevideo, supeditado al de Buenos Aires (1751).

El tratado de Límites con Portugal provocó la sublevación de los indios traspasados a este o guerra guaranítica. Pedro de Cevallos tomó posesión en 1756 y sostuvo la guerra con Portugal, una vez más, por Sacramento, después de hacer evacuar los pueblos cedidos a Portugal por el referido tratado. Le sucedió Francisco de Paula Bucareli (1766-1770), receloso y duro, que ejecutó la expulsión de los jesuitas, para lo cual fue en persona a las Misiones. En su tiempo los ingleses ocuparon las islas Malvinas y él los expulso en 1770, pero desaprobado por el gobierno español, que efectuó un acuerdo con Inglaterra, tuvo que devolverlas. Cevallos le acusó de robos y saqueos. En su época se estableció el correo marítimo con la Coruña.

Le sucedió Juan José de Vértiz, último de los gobernadores (1770-77); la lucha con los portugueses determinó la expedición de Cevallos, nombrado ahora virrey del Río de la Plata (1776), y ascendiendo de categoría política este país. Vértiz era ilustrado y en su tiempo se abre el teatro, una escuela de primeras letras, la casa de recogidas y el hospital de mujeres.

La Población

El indio sometido no abundaba, salvo en Tucumán y Cuyo; a la población criolla descendiente de los conquistadores y primeros pobladores fue uniéndose otra inmigrada, y al margen fue surgiendo otra rural, indisciplinada, rebelde, nómada, frecuentemente al margen de la ley, que vivía de la explotación del ganado silvestre, y que recibió luego el nombre de gauderios y después gauchos, no vistos entonces con el prisma romántico del s. XIX. Había también mestizos, con su inferior categoría; los negros, juzgados imprescindibles para el trabajo, se importaron en cantidad en el s. XVIII. La población sedentaria puramente criolla prefería vivir en chacras y haciendas en el campo y los inmigrantes, gente modesta, iban a trabajar y enriquecerse, pero se dedicaban al comercio y rehuían los trabajos manuales, monopolizando los peninsulares los cargos públicos.

La Iglesia

Existió primero el obispado de Asunción y luego se creó el de Buenos Aires, como queda dicho. En 1570 se había fundado el obispado de Tucumán, con sede en Santiago del Estero, trasladada un siglo después a Córdoba; uno de sus primeros obispos fue fray Francisco de Vitoria, de origen converso, que llamó a los jesuitas; Fernando de Trejo, nieto de Juan de Sanabria, tercer obispo (designado en 1592) reunió un sínodo para tratar la conversión de los indios y de la reforma de las costumbres; se le atribuye la fundación de la universidad de Córdoba, aunque parece que no tuvo tal calidad. Destacó la labor evangélica del franciscano San Francisco Solano.

Dentro de la relajación de costumbres, fomentada por la dispersión de la población en territorios enormes, los frecuentes ataques indios y la vida sin orden de los gauchos, destaca la labor de los jesuitas, especialmente por sus esfuerzos por proteger y civilizar al indio. Ellos regentaron la universidad de Córdoba, único centro superior de enseñanza en el actual territorio argentino, fundada en 1613, como Colegio Máximo, y en 1623 como universidad. La imprenta funcionó primero en las misiones del Paraguay y no se introdujo en la actual Argentina hasta 1761 en que la instalaron los jesuitas en el colegio de Montserrat en Córdoba, siendo llevada a Buenos Aires después de su expulsión.

La Economía

La agricultura, salvo la hierba mate en el Paraguay, cultivó plantas introducidas de Europa, como el arroz y la caña de azúcar, que llegaron a Asunción desde Brasil en el s. XVI; la vid ya elaboraba en 1573 en Asunción obtuvo 6.000 arrobas de vino y gran desarrollo en Cuyo. Hasta 1575 se habían introducido todas las plantas europeas, directamente o desde Brasil, Alto Perú y Chile, respectivamente al Paraguay, Tucumán y Cuyo.

La fundación de ciudades creó otros tantos focos agrícolas y así fue un punto de difusión Santiago de Estero, pues de allí salieron muchos de los pobladores. En Tucumán la agricultura se basó en los siglos XVI y XVII en el cultivo del algodón, que incluso se exportaba, tanto que a fines del XVI esa región vendía tejidos a Potosí por 100.000 pesos anuales, enviándolos luego también a Brasil y Buenos Aires; pero era una causa de opresión del indio y decayó, sin llegar a desaparecer, en el s. XVII, al disminuir los indios y por el desarrollo de la ganadería lanar.

La vid de Cuyo (Mendoza) servía para exportar vino a Buenos Aires y Córdoba. En esta última comarca la agricultura era más variada e intensiva, con abundancia de granjas, pero en el siglo XVII se desarrolló más la ganadería. Desde luego se cultivaba trigo, aunque no en la grandísima proporción en que se ha hecho modernamente, pues el clima se prestaba mejor que en la mayoría de los demás países americanos. Se cultivaba en la campiñas de Buenos Aires y Santa Fe, peo no siempre en cantidad suficiente. La actividad más importante en Río de la Plata fue la ganadería. Los caballos huidos de la expedición de Mendoza originaron grandes manadas de caballos cimarrones o silvestres en las pampas; Cabeza de Vaca llevó asnos y aparecieron así los mulos.

En el Norte los caballos fueron introducidos por la expedición de Diego de Rojas (1542) y otros por Núñez de Prado (1550). Las vacas llegaron al Paraguay desde el Brasil en 1555; Felipe de Cáceres, teniente de gobernador de Asunción, trajo otras de Santa Cruz de la Sierra (1558) y se extendieron con las nuevas ciudades. La vaca daba carne y el buey sirvió para el trabajo y el transporte, desarrollándose ya a fines del XVI el tráfico con carretas, comunicando las ciudades interiores o con Buenos Aires, tipo de transporte que sería típico y de gran importancia en aquellos países. En cambio Tucumán y Cuyo tuvieron una economía más estancada, y el segundo casi cerrada por su pobreza, aunque con las excepciones dichas.

En el llamado Litoral oeste de la actual Argentina, la ganadería caballar y la vacuna se reprodujo en cantidades gigantescas en estado salvaje, extendiéndose por las Pampas y Entre Ríos; carecía de valor hasta el s. XVIII en que por los asientos con Inglaterra y Francia se valorizaron los cueros y aumentaron las vaquerías o caza de reses solo para obtener el cuero, añadiendo después el sebo, y el tasajo o cecina, o para domesticarlas en las estancias.

Los gauchos mataban caprichosamente reses para comer, aprovechando una mínima parte, y, entre unas y otras causas, se practicó una matanza bárbara y sin freno que casi extinguió el ganado cimarrón, notándose ya su escasez hacia 1718. Se desarrollaron las estancias a costa de la agricultura, limitada a las cercanías de los pueblos, e incompatible con la ganadería por la falta de cercas. Aumentó la exportación de cueros desde 1778 y se dio una legislación protectora del ganado para evitar las matanzas excesivas. A fines del s. XVIII decaía la ganadería por las irrupciones de los indios, las sequías y el desenvolvimiento de la agricultura —que no se deseaba, pues daba más trabajo y menos rendimiento— y exigía brazos que escaseaban.

A fines del XVIII igualmente se fomentó la exportación de salazones, que intentó proteger el rey marqués de Loreto, facilitando la traída de sal, surgiendo fábricas que exportaban carne salada a España y Cuba. El aislamiento impuesto por la legislación de la metrópoli tuvo un aspecto positivo, pues fomentó forzosamente la producción de artículos necesarios y el comercio provincial, desenvolviéndose una modesta industria local, y no obstante, el contrabando, se daba un balance favorable, dada la escasa importación, y una acumulación de ahorro.

El Libre Comercio de 1778 primero y la independencia, al abrir sin restricciones el mercado argentino a Inglaterra, arruinaron las industrias locales, especialmente la textil y vinícola. El comercio exterior había quedado muy restringido por la medida citada realizada en beneficio del comercio peruano, pero que fomentó en cambio el contrabando; la política más abierta de los Borbones permitió un desarrollo intenso y rápido, iniciado por las licencias a ciertos traficantes o navíos de registro con facultad de importar hasta Charcas y Chile y conducir géneros de retorno, siempre con protestas, cada vez menos oídas, del Consulado de Lima.

Un asiento de negros impuesto por Inglaterra en Utrecht en 1713 comenzó a funcionar en Buenos Aires en 1715 con una amplia factoría y grandes facilidades, convirtiéndose en gran foco de contrabando, pero importó mucho negro, que dio impulso al trabajo, falto de mano de obra, y fomentó la exportación de cueros, en cantidades crecientes, haciendo aumentar el tráfico, proporcionando riqueza a los estancieros y desarrollando la economía en forma muy visible. Insuficientes los cueros por su baratura para el intercambio de esclavos y de mercancías se pagaron unos y otras en oro y plata clandestinamente, a pesar de las medidas oficiales prohibitivas.

La minería careció de importancia y así el carácter económico dominante en el Río de la Plata sería ganadero y agrícola, con sus repercusiones sociales, formándose una sociedad en gran parte rural, sin aristocracia, escasez de indios y de negros, predominio blanco, de nivel modesto en general, más igualitaria que en otros países de más esplendor económico, con la masa indisciplinada de los gauchos, con focos aislados de poblamiento por la gran extensión del país, la escasez de población y dificultad de comunicaciones, surgiendo así el germen de la futura rivalidad de campo y ciudad, provincia y capital, patriciado y masa, provincianos y burguesía urbana y mercantil de Buenos Aires.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 334-337.