Historia de la Argentina

Índice

Época Prehispánica
El Descubrimiento
Gobernación del Río de la Plata
Virreinato Río de la Plata
Independencia de la Argentina
Época Independiente

Época Prehispánica.

Aunque se sabe que la Argentina estuvo poblada desde cerca de diez mil años a. C., sus habitantes no llegaron a constituir ni imperios, como México y Perú, ni siquiera sociedades organizadas. En general fueron culturas preagrícolas y protoagrícolas de cazadores y recolectores. Los indios que poblaron la extensa región argentina pueden dividirse en dos grandes grupos por su situación geográfica y características comunes: los pueblos de las llanuras y los pueblos andinos. Los primeros era pueblos de culturas muy primitivas.

Pueblos de las llanuras

De Sur a Norte, los más importantes fueron:

    1. Los fueguinos, habitantes de las islas y Tierra de Fuego, pueblos canoeros —que gobiernan las canoas— cuyas familias principales eran los yámanas y alakalufes (estos últimos relacionados con los chonos chilenos). Pueblos adaptados a las posibilidades del medio ambiente, eran pescadores y cazadores de ballenas, focas y pingüinos. Construían botes con cortezas de árboles cosidas con tiras de barbas de ballena y fibras vegetales y con un ligero armazón de madera.
    2. Los patagones, que se extendían desde el estrecho de Magallanes hasta el Mar del Plata.
      1. En el sur, los chonik; sus familias principales eran los tehuelches, teuesch y onas
      2. En el Norte los puelche-guenaken. Eran pueblos nómadas cuya economía se basaba en la caza a pie del guanaco y el avestruz, con arco y flecha, boleadoras —instrumento compuesto de dos o tres bolas de piedra u otra materia pesada, forradas de cuero y sujetas con sendas guascas, que se arroja a las patas o al pescuezo de los animales para aprehenderlos— o lazo y en la recolección de productos agrestes. Para resguardarse empleaban simples paravientos de piel y se cubrían con mantos igualmente de piel con el pelo hacia el interior.
    3. Los pampas, que ocupaban desde el río Desaguadero-Salado hasta el Atlántico, de los cuales los más importantes eran los querandíes. Eran grandes caminadores y cazadores de venados, recolectores de productos agrestes vegetales y animales. Poseían una cerámica de decoración muy simple.
    4. Los churrúas. Emparentados con los indígenas de la Pampa e incluso con los patagones se encontraban los churrúas, situados en la Banda Oriental (Uruguay).
    5. Los guaycurúes, que habitaban la región del Chaco en su parte oriental, eran cazadores y recolectores, y los matacos y sus congéneres, que ocupaban la parte occidental, tenían una agricultura muy rudimentaria, empleaban lanzas y macanas para la caza, construían viviendas circulares de ramas y paja y tejían lana y algodón
    6. Los guaraníes, rama meridional de la familia tupi-guaraní, en el norte de la provincia de Corrientes y occidente de Paraguay, tenían una cultura de tipo neolítico. Pueblo fundamentalmente agricultor, cultivaba mandioca, batata y maíz. Al ser sedentarios, construían casas comunales donde vivían familias emparentadas, hilaban el algodón y eran alfareros. Practicaban una antropofagia de carácter ritual con los prisioneros de guerra.
Pueblos andinos
    1. Los puelches, pehuenches y huarpes, en la región de Cuyo, que tenían por alimento capital la algarroba, por lo que también se llaman algarroberos. Eran cazadores y recolectores y hacían trabajos de pluma.
    2. Los diaguitas o calchaquíes, situados en el Noroeste, poseían la cultura más elevada de todo el territorio argentino. En agricultura realizaron obras de irrigación: canales y acequias, y cultivos en andenes. Como todos los pueblos andinos se cubrían con camiseta tejida. Eran pueblos belicosos y realizaron muchas fortificaciones (pucarás) en su territorio. Conocían la metalurgia y se han encontrado joyas de bronce y campanas decoradas. Fueron hábiles alfareros, siendo famosas sus urnas para enterrar a los niños. En su cerámica se pueden distinguir dos estilos: Belén, roja con decoración en negro y Santa María, polícroma. Sus diferentes tribus se unían solamente en caso de peligro nombrándose entonces un cacique único.
    3. Los comechingones. Emparentados con los diaguitas estaban los comechingones, que ocuparon las sierras de Córdoba, habitando en cavernas naturales.
    4. Los apatamas de la Puna, que, a pesar de la naturaleza del suelo, fueron agricultores. Las llamas y las vicuñas, de cuyas lanas fabricaban tejidos, fueron la base de su economía. Practicaban la deformación craneana y dentaria.
    5. Los omaguacos. Algunas de sus tribus sufrieron la influencia de los omaguacos, situados en la quebrada de Omaguaca, de agricultura avanzada en andenes —bancales, rellanos de tierra para cultivo—, con industria de metal y de piedra.
    6. Los araucanos, de procedencia chilena, se extendieron por la Pampa después de la conquista española.
LÓPEZ, Amelia, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 868-869.

El Descubrimiento

Parece lo más probable que el primer explorador que recorrió las costas hoy argentinas fue Américo Vespucio, en el viaje que describió como tercero —y con mucha probabilidad segundo real— en el Mundus Novus, Lettera y Quatuor Navigationes. Según su relato —y única fuente—, tras recorrer la costa brasileña con una expedición portuguesa, más allá del trópico de Capricornio, tomó el mando —a fines de enero de 1502— y siguió hasta una tierra muy fría, a 50º o 52º S., lo que lleva a las cercanías del puerto de San Julián de la Patagonia, conocida por la posterior invernada de Magallanes.

AtacameñosCueva de las Manos

Levillier, América la bien llamada, B.A., 1948) ha reivindicado plenamente la prioridad del descubrimiento del Río de la Plata por Vespucio en esas fechas (febrero-marzo de 1502), con un minucioso estudio de la cartografía de los primeros años del s. XVI, afirmando que en varios mapas se confundió Cananea, a 25ª S., límite de la zona portuguesa según la Línea de Demarcación, con Cananor, a 45º, extremo probable de la navegación de Vespucio, y que el río Jordán de dichos mapas es el Río de la Plata, dada su situación y latitud, nombre aquel, no recogido por los documentos y que luego se perdió.

Es probable que alguna expedición portuguesa arribara también después, pero no ha quedado constancia (quizá la de Juan de Lisboa, organizada por Nuno Manuel en 1514).

Descubrimiento del Río de la Plata

No es cierto un supuesto viaje de Díaz de Solís y Pinzón en 1508 —dirigido a América Central— ni otro del primero en 1513, según una capitulación de 1512, pues, al parecer, se suspendió, y su objetivo era las Molucas, pero por la ruta del Índico.

Por nueva capitulación de 1514, emprendió un viaje al año siguiente en busca de un estrecho, y hacia marzo de 1516 descubrió de nuevo y definitivamente el Río de la Plata, al que llamó Mar Dulce o Río de Santa María, designándose después, por algún tiempo, también río de Solís.

Allí pereció a manos de los salvajes, y el resto de la expedición emprendió el regreso. Un grupo de náufragos quedó en la Isla de Santa Catalina, desde donde Alejo García efectuó una aventurada expedición a través del Paraguay y el Chaco hasta los Andes, pereciendo a la vuelta.

En 1520 recorrió el litoral argentino Magallanes y antes de entrar en el estrecho permaneció unos meses en San Julián. También pasó por allí la expedición de Loaisa y Elcano rumbo a la Especiería (1525-26).

En abril de 1526 partió Sebastián Caboto en dirección, asimismo, a las Molucas, pero seducido en las costas del Brasil por las noticias de la Sierra de la Plata, el Río de la Plata, que a ella conducía, abandonó su objetivo y se internó, en abril de 1527, en el Río de la Plata (cuyo nombre, procedente de las tierras abundantes en este metal que se suponía llevaba, aparece con anterioridad a este viaje, aunque en este mismo año, en una declaración de un tripulante de Loaisa).

Quizá el portugués Cristóbal Jaques había estado en el Plata en 1526. Remontó Caboto el Paraná, guiado por Francisco del Puerto, antiguo grumete superviviente de la catástrofe de Solís (8-V-1527); fundó el fuerte de Sancti Spiritus, y a comienzos de 1528, prosiguió río arriba, descubriendo el curso del Paraguay, y luego el Pilcomayo.

En abril del mismo año entró asimismo en el Paraná Diego García de Moguer, que procedía, como Caboto, renunciando a seguir hacia las Molucas, seducido por las riquezas de la Sierra de la Plata. Unidos Caboto y García, construyeron en Sancti Spiritus una flota para remontar de nuevo el río, pero regresaron ante la agitación de los indios, que a poco destruyeron el fuerte.

Una pequeña expedición mandada por Francisco César llegó a las llanuras de San Luis y trajo rumores acerca del Perú, que fueron luego exagerados en exceso. Considerando fracasada la empresa, regresaron a fines de 1529, primero García y luego Caboto.

Este viaje había ocasionado la exploración del río Paraná y el descubrimiento del río y país del Paraguay, y el primer reconocimiento del interior de la Argentina. También excitó el afán de Portugal por llegar a las ricas tierras oídas, cuya consecuencia fue el envío por Juan III de Martín Alonso de Souza al Brasil y el comienzo de colonización.

Al llegar a este país, destacó a su hermano Pero Lopes de Souza al Río de la Plata, en cuyas riberas plantó padrôes en señal de posesión, que careció de efectividad. España reaccionó a su vez y preparó una nueva expedición al Plata, encomendada al alcaide de Pamplona Miguel de Herrera, que no llegó a organizarlo, y luego a Pedro de Mendoza.

Entre tanto, Simón de Alcazaba desembarcó (1535) en la costa patagónica y se internó hasta el Chubut. Mendoza preparó una gran expedición, y a comienzos de 1536 fundó en el estuario de la Plata la ciudad de Nuestra Señora del Buen Aire; su teniente Ayolas levantó el fuerte del Corpus Christi a orillas del Paraná, y después se fundó el de Buena Esperanza. Ayolas remontó el río para buscar la Sierra de la Plata, y Mendoza, desalentado y enfermo, emprendió el regreso a España.

No fracasó, sin embargo, la empresa. Ayolas y Martínez de Irala llegaron al Paraguay, donde fundó el puerto de la Candelaria, y se internó en el Chaco, siendo exterminada su hueste por los indios al regreso.

Juan de Salazar fundó La Asunción (1537), que durante muchos años habría de ser el centro de colonización del Plata, prevaleciendo sobre Buenos Aires, que, por orden de Irala, en quien había recaído el mando, fue despoblada (1541), concentrándose los colonos en La Asunción, que, gracias a los ríos, estaba en comunicación con el exterior, aunque durante mucho tiempo impuso Irala una fuerte tendencia al aislamiento.

Irala, solo o con Cabeza de Vaca, gobernador del Río de la Plata de 1542 a 1544, efectuó varias expediciones por el Chaco o río Paraguay arriba, al actual Matto Grosso, en una de las cuales llegó al alto Perú (1548), estableciendo comunicación entre la corriente conquistadora que venía del Atlántico y la procedente del Perú, que ya no se interrumpió.

La exploración, conquista y colonización del actual territorio argentino fue obra de dos corrientes:

    1. La iniciada directamente en España, bajo la prístina dirección de Mendoza, que se fijó en la región oriental, la de los grandes ríos, la magnífica vía de comunicación desde donde irradió hacia el Oeste, y mejor al Noroeste, por el Chaco, hacia Charcas y el Perú, expansión contenida desde aquí, y cuyo foco acabó por ser Asunción del Paraguay.
    2. La otra corriente procedente del Perú, cuyos conquistadores y gobernantes tienden a extenderse por el ámbito del antiguo dominio inca y a las tierras colindantes, y a ella se debe la exploración y colonización del interior y el oeste argentino, es decir, las regiones de Tucumán y Cuyo. Esta segunda corriente pareció que iba a absorber a la otra y que a ella se debería la definitiva colonización del Plata, en el periodo de 1541 a 1580, de abandono de Buenos Aires y concentración en el Paraguay; pero, a la larga, no pudo prevalecer contra la mejor situación del puerto de Buenos Aires. La corriente peruana, a su vez, se dividió entre la surgida directamente del Perú, a través de Charcas o Alto Perú, y desde una tercera, cuya base radicó en Chile, desde el comienzo de su conquista, a través de los Andes.
Primera travesía del territorio

En 1543 envió Vaca de Castro a Diego de Rojas —por iniciativa probable de este— con Felipe Gutiérrez y Nicolás de Heredia al Tucumán; cruzaron la Puna de Jujuy, el país diaguita o calchaquí, en lucha con los indios, la rama oriental de los Andes, y descubrieron el fértil país de Tucumán, dirigiéndose luego al de los juries.

En Salavina pereció Rojas a manos de los indios (I-1544) sucediéndole Francisco de Mendoza, que erró por las actuales provincias de Santiago del Estero, Rioja y Córdoba, dejando en esta a Heredia en el fortín de la Malaventura; siguió Mendoza al Este y llegó al río Paraná, en el arruinado fuerte de Caboto (1545).

Había realizado la primera travesía del territorio argentino, de Noroeste a Sudeste, en sentido contrario a la fracasada empresa de Pedro de Mendoza; volvió al fortín, donde le asesinaron sus rivales (1545). Heredia hizo regresar a la hueste por Salta y Humahuaca al Alto Perú.

Colonización de Tucumán

En 1549 La Gasca ordenó al capitán Juan Núñez del Prado la colonización de Tucumán, quien fundó la ciudad del Barco I (1550); pero desde Chile salió Francisco de Villagra, enemigo de la nueva fundación, que creía le perjudicaba, y obligó a Núñez de Prado a reconocer su autoridad; este trasladó la ciudad más al Oriente (Barco II, 1551, despoblada al año siguiente, y Barco III, 1552, casi donde luego Santiago del Estero).

Valdivia, excediéndose en sus facultades, separó Tucumán de Chile y lo encomendó a su teniente Francisco de Aguirre, quien cruzó los Andes, expulsó a Prado y fundó Santiago del Estero en el lugar de Barco III (1553); Aguirre tenía buenas condiciones de organizador, y pese a su duro carácter se atrajo a colonos e indios; pero en 1554 se volvió a Chile en ayuda de Valdivia.

En 1558 el gobernador de Chile, García Hurtado de Mendoza, envió a Juan Pérez de Zorita, que fundó las ciudades de Londres en Catamarca (1558), así llamada en honor al matrimonio de Felipe II y María Tudor; Córdoba de Calchaquí (1559) y Cañete (1560, donde Barco I), estratégicamente situadas, pero pronto destruidas por los indios.

En 1563 fue erigida la nueva provincia de Tucumán, Juríes, Diaguitas y Comechingones, separada de Chile y dependiente del virreinato del Perú y de la audiencia de Charcas, nombrándose gobernador a Aguirre, que atravesó los Andes, libertó Santiago del Estero, sitiada por los indios, y por medio de su sobrino Diego de Villaroel fundó San Miguel de Tucumán (la actual ciudad de Tucumán), cerca de las desaparecidas Barco I y Cañete (1565), en una fértil comarca.

Al año siguiente se dirigía a la actual Córdoba para fundar otra ciudad, pero se amotinó su tropa, a pretexto de sospechoso de herejía, y le llevó preso al Alto Perú; en 1567 se fundó Talavera de Esteco.

Los proyectos de Aguirre fueron reanudados por Jerónimo Luis de Cabrera, a quien encomendó el virrey Toledo fundar en Salta, pero lo hizo más al Sur, erigiendo Córdoba (25-VI-1573), en el país de los comechingones, lugar estratégico entre el Atlántico y Chile; erigió entonces una fortaleza, formalizando la fundación de la ciudad Lorenzo Suárez de Figueroa en 1577; fundó Aguirre enseguida el puerto de San Luis, en el Paraná, como salida a su gobernación, pero entró en conflicto con Juan de Garay y hubo de abandonar aquel.

Su sucesor, Gonzalo de Abreu —fundador de la efímera San Clemente I, II y III (1577)— halló el camino Córdoba-Mendoza, el más corto del Atlántico a Chile.

Las últimas fundaciones del periodo inicial en Tucumán fueron Lerma (1583) por orden de Toledo; la Rioja, la región donde estuvo Londres, por Juan Ramírez de Velasco (1591); Nueva Madrid, en el país lule, por Jerónimo Rodríguez Macedo, y Jujuy (1593), por Francisco de Argañarás (esta tras las efímeras Nieva, 1562, y Álava, 1575).

Ha demostrado R. LevillierNueva Crónica de la conquista del Tucumán, 1926, y el la Historia de la Nación Argentina, de R. Levene, III) que todas estas fundaciones no fueron caprichosas, sino que respondieron a planes muy meditados de las autoridades peruanas, buscándose los puntos más estratégicos para las comunicaciones en gran escala o para la futura colonización, y para contener a los indios.

También se intentaba la comunicación con el Perú por el Río de la Plata, muy superior a la larga y costosa de Panamá, impuesta por la política monopolista, pero no prevaleció este racional propósito.

Pero es de advertir que en aquella estaba Lima mejor situada que Buenos Aires para la distribución mercantil, encontrándose en una zona más céntrica, por haberse implantado la colonización española de preferencia a orillas del Pacífico, mientras que las comarcas del Plata ofrecían aún mucho vacío, al contrario de lo que ocurriría en el s. XVIII, en que se invertiría la ventaja estratégica de ambas ciudades.

La exploración en el Tucumán había ido acompañada casi siempre de la colonización agrícola y no minera. Tendía el Tucumán a extenderse a las abandonadas orillas del Río de la Plata, y se imponía la repoblación de Buenos Aires, propuesta ya por el oidor Matienzo en 1561; por orden regia se ordenó a Juan Ortiz Zárate en su capitulación como gobernador del Río de la Plata a fundar tres poblaciones: una en el estuario y dos en la ruta de Asunción (1567.

No efectuada su misión, pasó esta a su yerno y sucesor Juan Torres de Vera, quien delegó en Juan de Garay. Este había fundado ya Santa Fe (1573) a orillas del Paraná, por encargo del gobernador interino del Paraguay, Martín Suárez de Toledo; en 1580 levantó definitivamente Buenos Aires, cuya repoblación era una imperiosa necesidad, manifestada por Cabeza de Vaca, Rasquín, el citado Aguirre, Felipe de Cáceres, la Audiencia de Charcas (1563) y el mencionado Juan de Matienzo, que insistió con energía en esa idea.

Sin embargo, el cierre de esta ruta en beneficio de la de Panamá esterilizó por entonces tan capital fundación.

La corriente chilena, desviada de Tucumán por orden superior, se encaminó a Cuyo, que dependió de él hasta la creación del virreinato del Río de la Plata. Por allí pasó Villagra, pero no se efectuó la sumisión hasta que envió García Hurtado de Mendoza a Pedro del Castillo, que fundó la ciudad de Mendoza (1561), trasladada por Juan Jufré, teniente de Villagra, a la sazón gobernador de Chile, que erigió la ciudad de San Juan de la Frontera (San Juan, hoy) en 1562; su hijo Luis Jufré la trasladó de emplazamiento y fundó San Luis (1594).

Cuyo formó en adelante un corregimiento de Chile. A fines del siglo XVI quedaba explorado el territorio argentino y establecidos los centros de colonización; la etapa colonial se había simultaneado durante muchos años con la descubridora y pobladora, por la larga duración de esta en las diversas comarcas.

En realidad, en el Río de la Plata, no obstante luchas con los indios, que seguirían durante toda la época de la soberanía española, no hubo conquista como en otros países americanos, sino colonización auténtica, en el sentido de poblamiento; por ello la colonización va íntimamente relacionada con la fundación de las ciudades, pues estas son los núcleos de concentración de los habitantes y de difusión de cultivos y ganados.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 331-334.