Independencia de América Central

No faltaban en América Central los elementos y factores que provocaron la revolución de la independencia en el resto de América: rivalidad entre peninsulares y criollos, aspiraciones autonómicas, difusión de ideas enciclopedistas entre personas cultas y los afanes e inquietudes de la ilustración, manifestados en la acción de la Sociedad Económica de Amigos del País de Guatemala, en las campañas de la Gazeta de Guatemala, en la acción cultural del oidor Jacobo de Villa Urrutia y del secretario del Gobierno y del Consulado y juez de imprentas, Ignacio Alejandro Ramírez, posterior intendente de Puerto Rico, ambos peninsulares.

Aunque no faltaron conspiraciones y chispazos revolucionarios después de 1810, dominó en la Capitanía General de Guatemala durante toda esa época un tono de tranquilidad, de sumisión real o resignada y de dichosa carencia de guerra civil y de derramamiento de sangre, que hacen de la emancipación de la América Central, incluso en su momento culminante, una excepción en América. En realidad el país no estaba acuciado por el deseo de independencia, obra de una minoría y consecuencia de la emancipación del resto de América. Incluso faltaba conciencia de una nacionalidad centroamericana, como se vio en el desarrollo de los sucesos y la falta de cohesión aparecida después. R. Barón Castro, El centroamericano como sujeto histórico, Revista de Indias, n.° 75, M., 1959, y José Matías Delgado, El movimiento insurgente de 1811, San Salvador, 1962.

Desde 1811 era capitán general José de Bustamante y Guerra, hombre autoritario y enérgico, que reprimió todos los movimientos revolucionarios, secundado por el arzobispo de Guatemala, fray Ramón Casaus, decidido partidario de la unión con la metrópoli, y de no pactar con la secesión. Se adhirió el país a la Regencia y a las Cortes de Cádiz. a las que envió seis diputados, siendo elegido por Guatemala Antonio Larrazábal; a este se dieron instrucciones inspiradas en los principios de 1789, dictadas por el regidor liberal José María Peinado.

No faltaron algunas repercusiones de la revolución que había estallado en otros países americanos: en San Salvador, el cura José Matías Delgado, que conspiraba con algunos criollos de distinción, como Manuel José Arce, aunque no figuró abiertamente, provocó un motín en dicha ciudad, el 5 de noviembre de 1811, ratificado por un cabildo abierto el día 7, que dio el poder al Ayuntamiento, nombró un intendente criollo y asumió el poder, invitando a los demás cabildos a enviar representantes para formar una junta, pero halló poco eco en el resto del país salvadoreño, rechazándola otros Ayuntamientos; el movimiento no fue separatista sino puramente criollo.

Peinado propuso medidas de moderación y bastó una Comisión de él y el coronel José de Aycinena, nuevo corregidor, para someter San Salvador, sin resistencia (3 de diciembre), apresándose a Arce. En Nicaragua estalló otro motín el 13-XII-1811, en la ciudad de León, formándose una junta presidida por el obispo García Jerez; también se sublevó Granada, pero se rindió en abril de 1812 por una capitulación que desaprobó Bustamante, el cual apresó y desterró a los comprometidos, pero sin ejecuciones.

Sin obstáculos se adoptó la Constitución de 1812, aunque no le tenía simpatía Bustamante, y se implantó la nueva organización, surgiendo un largo conflicto entre aquel y el nuevo Ayuntamiento de la capital; aquí se tramó una conspiración para proclamar la independencia, pero fue descubierta el 21-XII-1813, reprimiéndose con prisiones y destierros, cancelados por un indulto en 1818. Otra tentativa frustrada hubo en San Salvador en enero de 1814. Secundó Bustamante la reacción fernandina y fue confirmado en la Capitanía. El fracaso de las tentativas anteriores, su escasa repercusión y limitada gravedad eran indicios de poseer poco ambiente, y no ser obra de masas.

En 1817 Bustamante fue sustituido por el teniente general Carlos de Urrutia, anciano y de carácter débil, bajo cuyo gobierno se restableció la Constitución en 1820 y la organización liberal. El elemento separatista se expresó en un periódico, El Editor Constitucional, inspirado por el canónigo José María Castilla, peninsular y alma de la Tertulia patriótica; el doctor Pedro Molina, Manuel Montúfar y José Francisco Barrundia; el elemento afecto a la metrópoli o no partidario de la independencia inmediata estaba representado por José Cecilio del Valle y su periódico El Amigo de la Patria, y contaba con mayor peso en la opinión, siendo elegido Valle alcalde primero. El 10 de marzo de 1821 tomó posesión del cargo de jefe político —creado por el régimen liberal— el brigadier Gabino Gainza, que había luchado en Chile contra los independientes, ambicioso y sin escrúpulos ni patriotismo, pero conocedor de la situación de América, donde llevaba muchos años, y probablemente persuadido de lo inevitable de la emancipación.

La proclamación de la independencia mexicana repercutió inmediatamente en América Central, donde la soberanía española quedaba en el aire, perdida ya casi toda la América meridional. Los elementos separatistas sugirieron a Gainza que colaborase en la implantación de la independencia e imitase a Iturbide, quedándose al frente; acabó por aceptar, habiéndose proclamado la independencia en Chiapas y convocó una reunión de autoridades el 15 de septiembre de 1821; el arzobispo Casaus rechazó la separación; Valle propugnó la unión, y como en Buenos Aires el 22 de mayo de 1810, reclamó una consulta previa a las provincias antes de adoptar resoluciones trascendentes, parecer que obtuvo varias adhesiones. Castilla se opuso y su grupo en el que figuraba Delgado votó por la independencia inmediata, apoyado por las masas agitadas oportunamente.

En el mismo día se redactó el acta de independencia, acordándose convocar un Congreso que determinaría la forma de gobierno y sobre la independencia absoluta, y que Gainza siguiera al frente del Gobierno y de la Junta que se formó, sin adherirse al Plan de Iguala. En las provincias se expresó bastante división, pues unas ciudades siguieron a Guatemala, como Tegucigalpa y San Salvador —por influjo de Delgado— otras prefirieron la unión con México, como Comayagua y León, aquí por influjo del españolista Miguel González Saravia y del obispo García Jerez, que arrastró al resto de Nicaragua. El elemento españolista y conservador prefirió la unión del Imperio mexicano, fiado en el Plan de Iguala, que aseguraba la continuidad del régimen monárquico y la unidad religiosa, mientras que eran partidarios de la total independencia y de formar un Estado aparte los liberales y republicanos.

En Costa Rica se proclamó la independencia el 29 de octubre, independencia venida por sorpresa y como efecto de los sucesos que ocurrían en el resto; también aquí se acordó la agregación a México. Panamá perteneciente a Nueva Granada, se había separado en 1821 y formaba parte de la Colombia de Bolívar. Agustín de Iturbide, en cuanto se afirmó la independencia de México, quiso agregarle Guatemala y aprovechó la división dominante, la adhesión de algunas provincias y la ayuda de Gainza, partidario suyo, quien consiguió que la mayoría de los municipios votaran por la anexión, proclamada el 5 de enero de 1822, contra la voluntad del partido separatista.

Delgado y Arce sublevaron El Salvador y derrotaron las tropas de Gainza, obligando a intervenir al general mexicano Vicente Filísola, que sustituyó a Gainza (VI-1822) y tomó San Salvador en II-1823, después de encarnizada resistencia y de haberse proclamado su agregación a los Estados Unidos, para evitar la unión con el imperio mexicano, por influjo de Delgado, acérrimo republicano. Entre tanto, Iturbide había proclamado su efímero imperio; a su caída (V-1823) Filísola disolvió la unión, y el Congreso, abierto el 24-VI, proclamó la independencia de América Central respecto de España y México, con el nombre de Provincias Unidas de Centroamérica, Chiapas quedó, sin embargo, agregada definitivamente a México.

Representó aquel hecho el triunfo del elemento revolucionario, avanzado y republicano, sobre el conservador e imperialista. Como dice Barón Castro el centroamericano, sobreviviente del naufragio del imperio español en el que ha sido escasamente partícipe, es cuando cobra auténtica conciencia de sí mismo y se siente capaz de adueñarse de su destino. Se estableció un régimen federal, pero la precaria unión de América Central acabó por disolverse en 1838-1839.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 244-246.