América Central Colonial

El 25 de julio de 1524 fundaba Pedro de Alvarado la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, que subsistió sin verdadera organización política hasta que el 20 de noviembre de 1542, por las Ordenanzas de Barcelona, se creaba la Audiencia de los Confines, así llamada porque debía residir en un punto fronterizo entre Guatemala, Honduras y Nicaragua (El Salvador pertenecía a Guatemala y Costa Rica a Nicaragua). Se instaló primeramente en la Concepción de Comayagua, para trasladarse, en 1544, a la ciudad de Gracias a Dios. El cargo de presidente de la Audiencia era desempeñado por el capitán general del territorio, siendo el primero don Alonso de Maldonado. El gobierno de la Audiencia se ejercía sobre las provincias de Guatemala, Chiapas, Tabasco, Yucatán, San Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Veragua y Panamá, provincias que al final del siglo XVIII se convertirían en Intendencias. La última colonizada fue Costa Rica, cuya actual capital, San José, no fue fundada hasta 1737. En 1549 fray Bartolomé de las Casas, obispo de Chiapas, consiguió que Maldonado fuese sustituido por Alonso López de Cerrato, quien, con la ayuda del obispo Marroquín, trasladó la Audiencia a Guatemala. La influencia de fray Bartolomé de las Casas se tradujo en un alivio de la situación de los indios, proclamándose la libertad de los indígenas de Chiapas. Se hizo igualmente una nueva tasación de tributos, eximiéndose del pago de los mismos en los años de mala cosecha.

Debido a ciertos abusos cometidos, una Real Cédula de 1563 ordenó el traslado de la sede de la Audiencia a Panamá, reduciéndose su jurisdicción a éste, Nicaragua y Honduras; pero Las Casas y el cabildo de Guatemala consiguieron que se estableciera de nuevo la Audiencia en Guatemala en 1570, continuando la de Panamá, con un territorio más pequeño. La ciudad de Guatemala sufrió, el 10 de noviembre de 1541, un violento terremoto que la destruyó totalmente. Este terrible hecho fue considerado como un castigo del cielo por las blasfemias y rebeldías de doña Beatriz de la Cueva, viuda de Pedro de Alvarado, que a raíz, de su desgracia quiso hacerse cargo del gobierno dejado por su esposo, llamándose a sí misma «La Sin Ventura». La ciudad vieja fue abandonada y se trasladó la capital al cercano valle de Panchoy, donde se levantó una hermosa ciudad que un nuevo terremoto destruiría igualmente en 1773. Dos años después se iniciaron los trabajos para erigir una nueva capital, a la que se llamó Nueva Guatemala o Guatemala de la Asunción.

La evangelización y conquista espiritual de Centroamérica fue realizada por dominicos, mercedarios, recoletos, franciscanos, jesuitas, etcétera. El primer convento establecido en Guatemala fue el de Santo Domingo, empezado a edificar en 1529 por fray Domingo de Betanzos. En 1653 fray Pedro de San José de Betancourt, fundador de la Orden Betlemita, única de origen americano, estableció el convento de Nuestra Señora de Betlem. Los jesuitas tuvieron que abandonar sus misiones en 1767, con motivo de la expulsión.

Se fundaron colegios en Guatemala, Comayagua y León, y en el siglo XVI se creó el colegio de Santo Tomás de Aquino en Guatemala la Antigua por el obispo Francisco Marroquín. La Universidad de San Carlos Borromeo se inauguró en Guatemala en 1681. Los dominicos y los jesuitas —estos desde 1621— tenían colegios que daban grados. En 1812 se fundó la Universidad de León en Nicaragua. La imprenta se introdujo en Guatemala en 1660.

La avidez de los conquistadores por el oro y las perlas les hizo despreciar las otras fuentes de riqueza, lo que retrasó el desarrollo de la economía, a pesar de los recursos naturales de la región. Aunque la agricultura no interesó fundamentalmente, se introdujeron instrumentos de cultivo y animales para la labranza. Se desarrolló la ganadería y Honduras fue una de las más ricas regiones en ganado mayor. Naturalmente, también se explotaron las minas de plata y plomo y el oro de los ríos. La industria, sin embargo, se limitó a los productos para el consumo local y solamente se exportó el cacao, el añil, el azúcar, el llamado bálsamo del Perú, etc. La escasez de caminos dificultaba la comunicación, y el monopolio, que impedía el libre comercio, fue otro motivo del estancamiento de la economía que dio lugar al contrabando y a la piratería. En 1778 se abrieron algunos puertos al comercio libre, como Santo Tomás y Omoa. Durante este período los piratas asolaron continuamente las costas centroamericanas. Para hacer frente a estos ataques se hicieron varias fortificaciones, como San Felipe, Omoa y Matina en el Atlántico. Fueron muchos los actos de valor y resistencia heroica frente a los atacantes. Así, Rafaela Herrera y Sotomayor, en 1564, defendió y salvó el castillo de San Juan, y en Omoa, Juan de Omoa hubo de rechazar los ataques de los piratas «El Mulato» y «Pie de Palo».

Zambos y mosquitos cooperaron con los ingleses, y así en 1687 estos coronaron al cacique mosco en Jamaica, y el mismo rey de Inglaterra se tituló «Protector del Reino de Mosquitia» y llamó a la región «Cesión del territorio de los Mosquitos». En 1579 William Parquer asaltó y saqueó Trujillo, y a lo largo de los siglos XVI y XVII fueron continuos los ataques de corsarios y piratas como Francis Drake o Mansfield. En 1685 franceses e ingleses saquearon Granada (Nicaragua) y el mismo año Dampier se apoderó de León. En 1780 Nelson atacó el castillo de la Concepción, en el río San Juan, en Nicaragua. Unos piratas ingleses fundaron un campamento en Belice, en la década de 1660 a 1670. Consolidadas las factorías inglesas en el siglo XVIII, España trató de destruirlas en las varias guerras de ese siglo, pero los ingleses continuaron con la explotación del palo de campeche y otras maderas, lo que tuvo que reconocer España en 1763 y de nuevo en 1786 se les permitió cortar y exportar el palo de tinte entre el río Belice y el Sibún, reservándose España la soberanía; sirvió esto, sin embargo, para que Inglaterra se asegurara la posesión.

La población indígena, a pesar de las medidas del gobierno en su favor, estaba sometida y en alguna ocasión se rebeló, como los lacandones en 1559 y los indios del Petén en 1697. Los negros que trabajaban en minas, pesca de perlas o como braceros carecían de garantías y fueron marcados con hierro hasta 1784.

El territorio centroamericano —sin Panamá - formaba el llamado «reino de Guatemala», capitanía general y audiencia, dependiente del virreinato de Nueva España. En el siglo XVIII se dividió en las intendencias de Guatemala, Chiapas, San Salvador, Honduras y Nicaragua y el gobierno de Costa Rica. El obispado de Guatemala se erigió en arzobispado, del que dependían los de Chiapas, León y Comayagua.

Excepto la capital, Guatemala, el resto del país era pobre en general, mal comunicado, lo que favorecía una vida aislada y preparó la futura disgregación. Algo se notó la Ilustración: se fundó la Sociedad Económica de Amigos del País en Guatemala por Jacobo Villaurrutia (1795), que creó dos escuelas, de Bellas Artes y Matemáticas; también se fundó un Jardín Botánico y destacaron fray Antonio de Liendo y Goicoechea, profesor de la Universidad, cartesiano y renovador del ambiente filosófico, y el médico José Felipe Flórez, en contacto con medios científicos extranjeros y que sugirió la idea de la expedición propagadora de la vacuna. Visitó estos países la expedición botánica de José Mariano Moziño y José Longinos Martínez, cuyo fruto fue la Flora Guatemalensis del primero, conservada en el Jardín Botánico de Madrid. En Guatemala se publicó el segundo periódico hispanoamericano, la «Gazeta de Goathemala>> de 1729 a 1731, reanudada en 1794 por Ignacio Beteta y suspendida por la autoridad a los cuatro años, pero reanudada luego. Propulsor de la Ilustración fue el intendente Alejandro Ramírez.

En la época colonial redactaron la historia de la América Central, además de otros historiadores generales, el dominico fray Antonio de Remesal, Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán (Recordación Florida), en el siglo XVII, y en el XVIII fray Francisco Ximénez, que dio a conocer el Popol-Vuh; Domingo Juarros y el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, que redactó una minuciosa descripción como fruto de su visita pastoral de 1768 a 1770. La población centroamericana, al proclamarse la independencia, la calcula R. Barón Castro en 1.310.000 habitantes. [P. C. R. E.]

CALVO, Pilar - EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 242-244.