Época Prehispánica

Culturas precolombinas

El hombre americano

Las Culturas americanas

Los Aztecas

Los Chibcha

Los Incas

Los Mayas

Culturas precolombinas

El descubrimiento de un nuevo continente habitado fue, como se ha dicho repetidamente, el hecho geográfico más importante en la Historia de la Humanidad; los humanistas del Renacimiento buscaron con afán, con múltiples hipótesis, absurdas unas y agudas otras, apoyándose en consideraciones teológicas y científicas, una explicación satisfactoria a hecho tan extraordinario. Así, el poblamiento del Nuevo Mundo fue atribuido a casi todos los pueblos históricos: a los mediterráneos, como egipcios, fenicios, cartagineses, romanos, judíos y antiguos españoles; a los pueblos asiáticos y africanos, sin contar las hipótesis de las Atlántidas.

Estas fantásticas hipótesis han sido sustituidas por modernas teorías científicas. El problema del origen del hombre americano ha sido uno de los de mayor entidad y su solución ha preocupado casi desde las fechas inmediatamente posteriores al descubrimiento. Teniendo en cuenta que en América no se han descubierto hasta ahora restos de prehomínidos evolucionados, es necesario admitir que el hombre llegó desde otros continentes. Las teorías elaboradas en torno a la cuestión han sido numerosas y todas han tratado de contestar a estas preguntas: ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo?, es decir, tiempo, lugar y modo. Las respuestas serán: en una sola oleada o en varias, por un solo lugar o por varios, por tierra o por mar.

Una de las vías generalmente aceptada por los investigadores es el estrecho de Bering, aunque Mendes-Correia y Paul Rivet defienden la tesis de un origen múltiple, es decir, que admiten, además de las entradas por Bering, una ruta por Australia, Tasmania, Antártida y, finalmente, Sudamérica. Sin embargo, esta tesis deja muchas preguntas sin respuesta; una célebre teoría, la de Ameghino, con equivocado fundamento sostuvo la prioridad del hombre americano — homo pampeanus — a todos los demás.

En cuanto a la época de llegada de estas oleadas, las primeras pertenecen a épocas geológicas anteriores a la actual, según demuestran los hallazgos de los últimos treinta años. Que el hombre estaba en América durante el último período glaciar, es decir, hacía doce mil años a. d. C., es cosa probada geológica y paleontológicamente. No se pueden dejar de mencionar los hallazgos de Tule Springs cerca de Las Vegas que consisten en hogares, huesos de camello y caballo americanos, una lasca de obsidiana encajada entre huesos y toscos instrumentos de hueso, datados por el carbono 14 en más de veintidós mil años a. d. C. Sin embargo, mientras no haya otros testimonios de antigüedad semejante, no se puede dar por segura una fecha tan remota.

Las diversas tesis sobre el origen de las culturas precolombinas se pueden clasificar en dos grandes grupos: las tesis aislacionistas y las difusionistas. Las primeras sostienen que las culturas americanas se originaron en el mismo continente sin relación alguna con otros. La segundas, que las culturas emigran con el hombre y que, por lo tanto, se originan en el lugar desde el cual se difunden. Actualmente la tendencia es considerar una postura ecléctica, es decir, que algunos elementos han sido importados y otros nacieron en América. En cualquier caso no se puede olvidar que las culturas son el resultado de unas circunstancias ambientales y de unas exigencias locales distintas en cada caso. Según Pedro de Armillas en los Programas de Historia de América, los períodos de la América prehispánica podrían ser:

Culturas preagrícolas (desde la aparición del hombre en América h. el año 4000 a. d. C.).

Dentro de esta época se pueden considerar: las culturas de cazadores y recolectores (sandía y folsom en América Septentrional y otros hallazgos en América del Sur, en la región magallánica, en Patagonia, en la Pampa, en Brasil y en Perú). También pertenecen a este período el Complejo Denbigh, de origen euroasiático, traído por nuevas oleadas venidas a América por Bering, los recolectores de la época pospluvial del suroeste de los Estados Unidos y de México y las culturas de pescadores de América del Sur.

Orígenes de la agricultura (3.000-1.000 años a. d. C.).

Los primeros hallazgos de cultivos se han encontrado en la costa norte del Perú, en la llamada Huaca Prieta, en el Noreste de México, con una cultura llamada de la Perra, en la cueva TM82, con la aparición de los primeros vestigios del maíz, y en Bat Cave, en Nuevo México. A este período pertenece igualmente el comienzo de la domesticación de animales.

En América Central, en esta época, la cultura era quizá de recolectores, representada por los niveles precerámicos de los conchales de Islona de Chanuto, en la costa de Chiapas. En la parte tropical de América del Sur, al este de los Andes, existieron otros centros de formación de cultígenos hacia el año 2000 a. d. C.

En América del Norte la cultura de este período era de pescadores, con arpones de hueso, piedra pulimentada, vasijas de esteatita, etc.

Etapa protoagrícola (1.000 años a. d. C.).

En Perú encontramos la cultura de Chavín, con cerámica decorada con representaciones simbólicas de felinos estilizados y gran florecimiento artístico. Comienza al mismo tiempo la metalurgia del oro y la arquitectura monumental.

En México corresponden a esta época las culturas de Zacatenco y las Charcas de Kaminaljuyú. Tanto una como otra representan un estado avanzado de cultivadores. A este mismo período pertenece el cementerio de Tlatilco. Los testimonios más antiguos de escritura y calendario, típicos de la civilización de Mesoamérica, aparecen en inscripciones del período primero de Monte Albán junto a la arquitectura de piedra.

Orígenes de las civilizaciones (500 años antes d. C.).

A este período corresponde, en el centro de México, el comienzo de la urbanización de Teotihuacán, probablemente hacia el año 200 a. d. C. Arquitectura monumental para templos y palacios; calles pavimentadas y red subterránea de alcantarillado.

En Oaxaca aparecen los más antiguos testimonios de historia escrita encontrados hasta ahora en Mesoamérica.

En Perú, a partir del año 800 a. d. C., aparecen ya todas las plantas cultivadas en los valles de la costa norte. Se construyen sistemas de riego y se utiliza el guano como abono. Se desarrollan las técnicas metalúrgicas y florece el arte (estilo Mochica). La zona del área andina parece haber quedado atrás.

Civilizaciones e Imperios (desde el primer milenio de nuestra Era hasta la conquista).

Desde el año 200 a. d. C. hasta el año 800 d. d. C. es la época de florecimiento de las llamadas civilizaciones clásicas que acabó en una crisis general.

En el área andina la expansión del estilo de Tiahuanaco acabó con el regionalismo del período clásico. Ha sido considerado como una manifestación de una idea religiosa. Sea como fuere, es un precedente de unificación panandina y, por tanto, de la formación del Imperio incaico. Igualmente es precedente de este Imperio la cultura Chimú.

En México se produce la invasión de los pueblos de la familia lingüística nahua, la fundación y la caída de la ciudad de Tollan, la expansión de nuevos grupos chichimecas, la lucha por la supremacía de las ciudades-estados, la formación del Imperio tecpaneca, la destrucción de su capital Azcapotzalco y el establecimiento de la confederación Tenochtitlan Tezcoco-Tlacopan con el triunfo definitivo de Tenochtitlan y la expansión del Imperio azteca.

El hombre americano

Antropológicos

El problema de la unidad o diversidad de tipos del hombre americano vuelve a entroncarse con la unidad o pluralidad de su origen. No cabe duda, sin embargo, de las grandes diferencias antropológicas de los indios americanos, sobre todo en América del Sur, aunque sea posible deducir una serie de caracteres comunes. Según el antropólogo español Manuel Antón, las características comunes serían una frente chica y baja; hundidos, pequeños y oscuros los ojos; grande la boca; dilatada la nariz en sus ventanas y honda en su raíz; largo, grueso y negro el cabello; escasa la barba y depilada la piel; la color oscura, con variedad de tonos, las más veces como la del membrillo cocido; la contextura física robusta y fuerte; el temperamento bilioso y sobrio.

No obstante, observando estas y otras características, se pueden ver grandes diferencias. La estatura y la forma del cráneo son muy diferentes y dentro de las características generalmente aceptadas como comunes hay también excepciones: cabello rizado, ojos claros y otras. No están de acuerdo los investigadores sobre el problema de la unidad o pluralidad del hombre americano, ya que hay argumentos y elementos antropológicos en pro de cada teoría. Sin embargo, hay tales diferencias que parece difícil admitir la total unidad racial.

Lingüísticos

Las dos características más importantes de las lenguas americanas son la polisíntesis y la incorporación. La primera es la unión del sujeto, complementos directo e indirecto y adverbios al verbo formando una sola palabra. La segunda es la posibilidad de modificar profundamente el significado original de la raíz del verbo agregando un número ilimitado de partículas. Otros caracteres comunes de las lenguas americanas son la cantidad de formas pronominales, el empleo del colectivo por el plural, la utilización del género sin basarla en el sexo, etc. Sin embargo, como ocurre generalmente en la América precolombina, dentro de estos caracteres generales las diferencias son muy grandes.

Familias lingüísticas

Las principales familias de lenguas habladas en América de Norte a Sur son:

Escritura

En general puede decirse que los indios estuvieron atrasados en este aspecto, ya que únicamente los mayas tuvieron un sistema de escritura perfeccionado, cuyos jeroglíficos no han sido todavía descifrados, excepto los relativos al calendario. No se sabe, sin embargo, si era ya un sistema fonético. Los aztecas llegaron a una escritura pictográfica con algunos caracteres fonéticos y los peruanos carecieron en absoluto de ella. Muchos pueblos americanos, más de América del Norte que del Sur, utilizaron sistemas pictográficos. En otros pueblos se han querido ver sistemas de escritura por medio de figuritas de cerámica, etc., pero no se ha comprobado nada.

Caracteres etnográficos

Los caracteres culturales comunes a todos los pueblos indígenas americanos están determinados unos por su ausencia y otros por su existencia, Las materias, utensilios y técnicas desconocidos en América prehispánica fueron: el hierro, el bronce (salvo en el Perú), el vidrio, la vela de navegar (apenas conocida), la rueda, el empleo del arco en arquitectura, la ganadería (salvo la llama y la alpaca en el Perú), el telar sin pedal, etc. A su vez, los caracteres propios existentes, unos son derivados de los carenciales y otros son independientes de estos.

Entre los caracteres derivados de los carenciales, pueden mencionarse: la arquitectura sin arcos ni bóvedas, que sustituyeron con falsos arcos y falsas bóvedas. La arquitectura, la ingeniería, la escultura y la lapidaria son hechas con herramientas de piedra: el uso del palo cavador, que es el instrumento agrícola más primitivo, anterior a la azada, solo conocida en los mexicanos, a pesar de esto crearon, en muy reducidas zonas una agricultura adelantada; el empleo de barnices vegetales, el ahumado y pulido de los vasos con que sustituyen el vidriado de la cerámica; la extraordinaria habilidad manual que suple, por una parte de modo increíble, la falta del torno en la fabricación cerámica y, por otro, da lugar a la más variada cerámica escultórica que haya habido en el mundo; sin velas, con naves de tronco de árbol, y a remo, pueblos como los oidas, los tupis, los arahuacos y los caribes, recorren las costas y mares de aquel continente; con telar sin pedal hacen todas las técnicas textiles conocidas, etc.

Los caracteres reales comunes. independientes de los carenciales de las culturas americanas pueden ser: el uso del montículo como base de oratorios, templos y palacios; el culto a la serpiente, al águila y al tigre; el uso del tabaco; una teogonía mágica de dioses horripilantes con ciertas formas iconográficas similares; el vaso trípode, el vaso en forma de zapato, ciertas formas de arte arcaico, etc. En cuanto a la habitación, son tantas y tan grandes las diferencias que es imposible deducir unos caracteres generales, ya que el clima, el género de vida, etc., dan como resultados tipos de vivienda absolutamente distintos: diversos tipos de tiendas transportables, chozas de pieles o de productos vegetales, viviendas de adobe, los iglús o casas de hielo de los esquimales, etc.

Otro tanto puede decirse del vestido, ya que ciertos pueblos van absolutamente cubiertos, mientras que otros practican la casi absoluta desnudez, siendo curioso notar que estas diferencias no siempre están en relación con el clima. (Los fueguinos, por ejemplo, viven en un clima frío y van prácticamente desnudos. ) En general, todos los indios eran aficionados al adorno corporal como lo son todos los pueblos primitivos. Estos adornos son igualmente variados: tatuajes, pinturas, adornos colgantes (algunos deformantes, como las orejeras, narigueras, etcétera). Característico de la América prehispánica son los adornos de plumas extendidas por todo el continente y en cuyo trabajo fueron los indios muy diestros. Merece igualmente destacarse la práctica de la deformación craneana, que puede ser periférica, tubular, y esta de dos tipos, erecta u oblicua.

La alimentación es también variada, aunque puede decirse que los indios tuvieron una alimentación mixta, ya que practicaron la caza, la pesca y algunos la agricultura o, cuando menos, la recolección. En épocas de escasez se alimentaban de los productos más repugnantes, ya que algunos pueblos de bajo nivel cultural comían huevos de mosca, los granos no digeridos de los excrementos, las hierbas a medio digerir de los estómagos de los roedores. Otros, en cuya alimentación faltan los productos nitrogenados, practican la geofagia, es decir, comen figuritas de arcilla, tierras blancas, etc.

Fueron aficionados a las bebidas embriagantes y a los excitantes, así como al tabaco, que fumaban y mascaban mezclado con cenizas.

Un gran número de plantas cultivadas y un pequeño número de animales domesticados caracterizan la agricultura y la ganadería indígenas de América. Una gran sabiduría botánica les hizo no solo cultivar el 17 por 100 de las plantas cultivadas del mundo, sino conocer la virtud de muchas plantas silvestres usando una gran cantidad de ellas como plantas medicinales, aromáticas y mágicas.

Practicaron el comercio, y en los pueblos más civilizados, como los aztecas, existieron los mercaderes, con expediciones organizadas y ferias. Los transportes fueron rudimentarios y primitivos, siendo el más general el realizado por los propios hombres, ya que desconocieron la rueda o, por lo menos, sus aplicaciones, y los animales de carga, si se exceptúa la llama de los peruanos y los perros, sobre todo en el Norte. El medio de transporte más perfecto fue la navegación, en donde esta era posible. Merecen citarse las canoas esquimales, las de los algonquinos, muy ligeras y fáciles de transportar, las piraguas de los caribes, en las que cabían hasta 100 hombres. A pesar de que algunos pueblos fueron hábiles tejedores, no llegaron a usar la vela, salvo en algunas excepciones.

En cuanto a la técnica, todos conocieron el fuego, que obtenían por medios diversos, aunque casi todos por frotamiento, pero no todos conocieron el tejido. Es, sin embargo, admirable que las civilizaciones más avanzadas de América, a pesar de los primitivos telares de que dispusieron, consiguieran tejidos de singular belleza, tanto por su dibujo como por su colorido. Entre los pueblos tejedores hay que destacar a los peruanos, los navajos y los mexicanos. Las materias tejidas fueron cortezas y fibras vegetales, lana de vicuña y alpaca en los Andes; pelo de bisonte, de cabra y de perro en el Norte; algodón y tendones. Tampoco todos conocieron la cerámica, pero, como para el tejido, algunos alcanzaron un alto grado artístico.

Los indios fueron hábiles en el trabajo de la piedra, algunos puliéndola y otros solamente tallándola, y sus trabajos son comparables a los de la Edad de Piedra europea. Aunque sobre base neolítica, el indígena americano conoció el uso de los metales que fundía, aleaba y soldaba; los metales utilizados fueron el oro, la plata, el cobre, el estaño y,. probablemente, el plomo. Es conocida la habilidad de los peruanos, quienes para obtener las grandes temperaturas necesarias para fundir los metales disponían en los montes muy azotados por los vientos, grandes hogueras. Los pueblos americanos sobresalieron sobre todo en el trabajo del oro, que mezclaban con plata y con cobre y que acaso llegaron a tratar con ácidos vegetales. Sobresalen especialmente en la fabricación de finas láminas con las que cubrían figuras de madera. Hábiles trabajadores de los metales fueron, además de los peruanos, los mayas, aztecas, chibchas y diaguitas.

Las máquinas propiamente dichas fueron desconocidas en América, como consecuencia de desconocimiento de la rueda.

Como armas ofensivas utilizaron sobre todo el arco, de muy diversos tipos, con flechas envenenadas algunas veces (pueblos del Ecuador); cerbatanas, una especie de bumerang, pero que no volvía; las boleadoras, hachas y cuchillos de bambú, etc.

En cuanto a la vida social y política, existieron varios tipos de asociación, siendo de los más típicos el clan para el régimen de matriarcado y la gens para una organización parecida, pero en régimen de patriarcado. La reunión de estos clanes da lugar a otros tipos de organización. Un fenómeno común a toda América fue el totemismo. Fue estudiado por los jesuitas en el siglo XVII. Según Frazer, el totemismo es la íntima relación que se supone existir entre un grupo de hombres del mismo origen y una especie de objetos naturales o artificiales que reciben el nombre de totem del grupo humano respectivo.

Los indígenas americanos tenían un sentido animístico de la Naturaleza, según el cual todo tenía espíritu. Ante esto, un grupo toma como aliado a uno de estos espíritus. Dentro de estas líneas generales hay variantes, según los pueblos. En América está unido al sistema de clanes y se supone que está en relación con la exogamia. Se ofrecían sacrificios al totem y era tabú. En general todos los pueblos americanos creyeron en el más allá, pero la idea de un Dios superior no llegó a cristalizar para la mayoría de los indígenas. En cuanto a las ciencias, solamente habían empezado a desarrollarse en las altas culturas. Los más científicos fueron los mayas, que llegaron a grandes adelantos en matemáticas, astronomía, arquitectura y otras.

Las culturas americanas

Se han hecho muchas clasificaciones de estas culturas indígenas; nosotros, apoyándonos en la de Krickeber Etnografía de América, introducimos entre sus dos únicos grupos de pueblos en estado de naturaleza o primitivos y pueblos civilizados, otro grado de transición de pueblos semicivilizados añadiendo a cada uno de los grupos su característica etnográfica.

Pueblos americanos del Continente Norte
Pueblos americanos de Sudamérica

Kroeber, por su parte, divide la América indígena en quince áreas culturales, en todas cuales se dan como elementos comunes en la base (primera etapa) el perro, arco, barrena para encender, cestería, grupos familiares, casas de hombres, ceremonias de crisis especiales para muchachas, flagelación de los muchachos; en la segunda etapa, el propulsor (menos en las áreas 4, 5, 6, 7, 12 y 13), y en la tercera etapa, el tabaco (menos en las áreas 1, 5 y 15). Las áreas son:

Corresponden a regiones de bosque las áreas 5 (en parte), 7, 8, 11, 13 (con tres subregiones: Guayana, Meseta del Brasil, Chaco) y 14; las demás son regiones áridas o de pradera. En general, la arqueología americana está en periodo de formación y aún más la del Perú que las de América Central; por eso las cronologías son inseguras y solo muy pocas comprobadas.

Pocos pueblos prehispánicos tienen historia basada en documentos o inscripciones jeroglíficas precortesianas o en tradiciones orales escritas después de la conquista, como los aztecas, mayas, toltecas, tarascos, incas y aun estos solo la poseen de los tiempos más recientes próximos a la conquista. Se han comparado las más altas civilizaciones de la América prehispánica a las protohistóricas del Asia Anterior; pero es cierto que en su técnica fueron inferiores a aquellas. Atraso en este aspecto que, junto con otros factores sociales, políticos y coyunturales, ayuda a explicar el fácil derrumbamiento de las viejas civilizaciones americanas al choque con la conquista y con lo que a esta correspondía de la civilización europea coetánea.

TUDELA DE LA ORDEN, José - MONTERO, Pilar, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 212-218.