El Nombre de América

De Ramón Ezquerra

El primer nombre que tuvo el nuevo continente fue el de Indias, que le aplicó Colón por confusión con la India oriental que buscaba y adonde creyó haber llegado. Prevaleció de tal manera el nombre en los primeros tiempos, especialmente en España, que se mantuvo cuando años después se comprobó que las nuevas tierras no formaban parte de Asia. Para distinguirlas de las Indias Orientales se les denominó Occidentales, nombre restringido luego a las Antillas y aún usado en las lenguas germánicas.

En España el nombre clásico durante siglos fue el de Indias, empleado oficialmente durante toda la época colonial, aunque en el siglo XVIII triunfo en el uso corriente, y también en el oficial en concurrencia con aquel, el de América. Notorio es que este nombre deriva del de Américo Vespucio, careciendo totalmente de fundamento algunas hipótesis raras que han pretendido derivarlo de algún nombre indígena, habiendo adquirido cierto renombre, aunque muy efímero, la tesis de Jules Marcotta fines del XIX, que quería buscar su etimología en una casi desconocida sierra de Amerique, en Nicaragua.

De su viaje a la costa sudamericana en 1501-1502, en el que recorrió una gran porción del litoral brasileño y argentino, dio cuenta Vespucio a Lorenzo di Pier Francesco de Medici, en carta desde Lisboa en 1502 (no publicada hasta 1789) de la que procede el Mundus Novus, folleto impreso por primera vez en latín, hacia 1504, siendo la primera edición segura la de Augusta (Augsburgo) (para Harrisse la primera es de París, de 1503 ó 1504); en el primer año aparecieron ya doce ediciones, cuyo número llegó a 50 hasta 1550, indicio de su grandísima difusión, habiéndose traducido inmediatamente a varias lenguas. Allí se llama mundus novus a las tierras sudamericanas descubiertas, como diferentes de Asia e imposibles de encajar en las viejas concepciones geográficas de Ptolomeo, ya que no cabía asimilarlas a las que mencionó ni al Catay revelado por Marco Polo.

Con el relato de sus cuatro viajes —reales o supuestos— existe otra carta al gonfaloniero de la República Florentina, Piero Soderini, fechada en Lisboa el 4 de septiembre de 1504, publicada en 1505 ó 1506, probablemente en Florencia, con el título de Lettera di Americo Vespucci delle isole nuovamente trovate in quattro suoi viaggi, de la que solo se hizo una edición italiana. En 1507 traducida al latín por Jean Basin de Sendacourt y con el título de Quatuor Americi Vesputii Navigationes, fue incluido en la Cosmographiae Introductio, que como preliminar a una edición de Ptolomeo escribió y publicó Martín Waltzemüller o Waldseemüller ( Hylacomylus, según la moda humanista, natural de Friburgo de Brisgovia) en Saint-Dié, en 1507.

En esa pequeña ciudad del ducado de Lorena —donde escribió Ailly la Imago Mundi — protegía el duque Renato II, rey titular de Sicilia y Jerusalén (1473-1508), vencedor de Carlos el Temerario, un colegio, una imprenta y un foco de humanistas dedicados a estudios geográficos, compuesto por su secretario Walter Lud, el helenista alsaciano Matías Ringmann (Philesius) († 1511) y los dos citados. En varios lugares de la Cosmographiae Introductio elogia Waldseemüller a Vespucio como descubridor de un nuevo mundo, no conocido por Ptolomeo y los antiguos y acaba proponiendo en el capítulo IX que esta cuarta parte se llame, según su descubridor, Amerigen quasi Americi terram sive Americam, y consecuente con tal idea consigna el nombre de America en el mapa que hizo grabar para la edición de Ptolomeo, en ese mismo año, y que ha permanecido desconocido varios siglos hasta que fue descubierto y revelado en 1903 por el padre Fischer y FR von Wieser; sin embargo, en la edición de Ptolomeo de Estrasburgo, 1513, la preparada por Ringmann y dada a luz por Waldseemüller, este omite su insinuación y nombre propuesto, y en una nota del mapa recalca que el descubrimiento se debía a Colón.

Pero el pulso estaba dado y fue irresistible. Flotaba en el ambiente la idea de una cuarta parte del mundo, ya lanzada por Ptolomeo, con su imaginaria tierra austral (Australia) y Pomponio Mela con su Antichhonia y asociado a la teoría de los antípodas. En los años inmediatos al descubrimiento se creyó que Colón había hallado islas asiáticas, próximas a Catay y a la India; aunque él mismo percibió la tierra firme sudamericana en 1498 y ampliaron en seguida este descubrimiento Hojeda y Vespucio, Pinzón, Lepe y Cabral, no adquirió el hecho notoriedad hasta que la publicidad del viaje de Vespucio de 1501-02 por cuenta de Portugal y con un capitán portugués desconocido, difundió la idea mencionada de que aquella inmensa tierra no era parte de Asia y se trataba de un nuevo mundo, expresión usada en los textos de Vespucio y que indujo a suponer que era este su descubridor. Por lo menos fue el revelador del carácter separado del nuevo mundo. Existía injusticia, pero no parece probado que Vespucio quisiera arrebatar a Colón una gloria que no podía percibirse todavía, dado lo incierto de la localización de los descubrimientos, ni que estuviera el florentino en relación con los humanistas de Saint-Dié.

El nombre de América en la intención de Waldseemüller recaía sobre el Brasil, cuyo extenso litoral había explorado por primera vez en gran parte Vespucio, país al que Cabral había bautizado tierra de la Vera Cruz, cambiado en seguida por Tierra de Santa Cruz, y llamado también tierra de los Papagayos. En los mapas extranjeros de comienzos del siglo XVI alternan todos estos nombres con el de Brasil o Brasilia, Mundus Novus y América, que rápidamente se abrió camino, al considerarse que el Mundus Novus era una nueva parte del mundo y requería un nombre nuevo, pasando a designar no solo el Brasil, sino el resto de Sudamérica que en general aparece como una gran isla, llamada asimismo con aquellos nombres y los de Terra Incógnita y Paria, por abusiva extensión de este.

Contribuyeron a su difusión las dos o tres nuevas ediciones de la Cosmographiae hechas el mismo año 1507 en Saint Dié (al parecer siete en total en este año) y la de Estrasburgo de 1509 —unas nueve en latín o alemán en el resto del s. —; la Epistola de Vadianus (Joaquín Wate) a Rodolfo Agrícola, publicada en Viena, 1515, e inserta en la edición de Mela del mismo Vadianus (1518), en la que propone el nombre de América para la meridional; el Cosmographicus liber de Petrus Apiarus Benewitz) (1.° edición, Landshut, 1524; traducida al español, Amberes, 1548; su resumen con el mismo título que la obra de Waldseemüller; las numerosas ediciones quinientistas de Apiano y de Mela; el Ptolomeo de Frisius, 1522, Novus Orbis de Grynaeus y Sebastián Münster (1532), etc.

En la cartografía aparece Mundus Novus en el mapa de la biblioteca de Pesaro (1502) y América en el citado mapa de Waldseemüller de 1507; pero se vuelve atrás y la suprime en el mapa de su Ptolomeo de 1513 y en su gran carta marina de 1516; consta también en el globo de Boulenger (1514); en el mapa atribuido erróneamente a Leonardo de Vinci hacia 1515, en el Globo Verde alemán (en París) entre 1515 y 1520, que extiende el nombre a América del Norte (antes y después confundida con el Catay o llamada Florida): e globo de Schöner (1515 o 1520); los mapas de Ptolomeo de Frisius (1522), aunque proceden del de Waldseemüller de 1513; los de la edición de Miguel Servet (1535), aunque este en el texto defendió la primacía de Colón contra la de Vespucio; el mapa cordiforme de Apiano que aparece ya en el Mela de Vadianus y el Solino de Camers (1520); el de Münsler (1532), etc.

Quien consolidó el nombre de América, extendiéndolo definitivamente a todo el continente y por primera vez en un mapa impreso fue el célebre cartógrafo y geógrafo Mercator en 1541, separando completamente América de Asia. América era, por lo tanto, el Hemisferio Occidental, después de haber sido el Meridional, al sur del Ecuador. Consolidó el nombre el atlas de Ortelius (1570). Fue Schöner mismo quien en 1533 culpó a Vespucio de promover tal aplicación de su nombre, y Las Casas (h. 1552) le acusó de usurpar intencionadamente a Colón el descubrimiento, lo que difundió Herrera, contribuyendo al descrédito que sobre él cayó en los siglos siguientes.

Es de advertir que Fernando Colón, tan celoso defensor de su padre y que poseyó un ejemplar de la Cosmographiae Introductio, no dijo una palabra de este asunto, ni se invocó la prioridad de Vespucio en los pleitos de Colón, cuando había gran interés en rebajar a este. Humboldt defendió a Vespucio de la inculpación, afirmando que el bautizo de América se debió a accidente y no a fraude, lo que han continuado los numerosos defensores modernos del florentino.

Levillier ( América la bien llamada, I, prólogo) explica el éxito del nombre de América así: el bautismo improvisado no estuvo en manos del navegante ni la justicia en las del cartógrafo… . Para que hubiera prosperado el nombre varias veces propuesto de Colombia (a todo el continente) hubiera sido necesario proponerlo desde fuera de España con prestigio, oportunidad, y sobre todo que cayera en gracia. Se impuso América por la seducción de ese nombre de mujer corto, atrayente, musical, exento desde su origen de toda aleación impura . Américo es un nombre germánico amal-rich, interpretado como fuerte en el trabajo

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 220-221.