Walia

Valia. Valia Rex. ¿Península Balcánica, Panonia (Croacia)?, ú. t. s. IV – ¿Francia?, f. 418. Rey de los godos (415-418).

Los orígenes familiares de Valia deben inducirse a partir de las mismas circunstancias de su promoción a rey del pueblo-ejército godo aglutinado en torno a la “realeza militar” (Heerkönigtum) fundada por Alarico (muerto en 410). Y estas fueron el asesinato de Sigerico en septiembre del 415, tras solo siete días de reinado en lo que había ejercido una cruel venganza de sangre (Faida) sobre la familia de su antecesor Ataúlfo, en lo que era sin duda la continuidad de una vendetta entre los nobles linajes godos de los Amalos del rey greutungo Ermanerico (fallecido en 575) y el de los Rosomones, al que pertenecía Sigerico.

Por otro lado su nombre encaja perfectamente en las tradiciones onomásticas propias de la rama de los Amalos antepasados del ostrogodo Teoderico (muerto en 526). Valia sería así un Amalo cuya integración a los godos del Balto Alarico o visigodos, muy bien pudo producirse en 409 acompañando a Ataúlfo (fallecido en 415), cuñado de aquél, al frente de un grupo de godos, en buena medida de origen greutungo, y hunos desde Panonia. Sería entonces, o unos años después, cuando también se unieran a los visigodos otros Amalos descendientes de Ermanerico, como el Berimund padre-madre de Eutarico (muerto hacia 519), yerno del rey ostrogodo Teoderico. Su matrimonio con una princesa Balta, tal vez hermana de su sucesor Teoderico I (fallecido en 451) y nieta de Alarico, legitimaba todavía más a Valia como sucesor en la realeza goda creada por Alarico hacía veinte años.

Pero, al margen de la vendetta, Valia no protagonizó ningún cambio radical de la política frente al gobierno imperial de Honorio respecto de sus antecesores Sigerico y Ataúlfo. Bloqueado en el nordeste hispano por el nuevo hombre fuerte del Imperio, el generalísimo Constancio (muerto en 421), Valia intentó nuevamente realizar el sueño de Alarico de pasar con su pueblo al norte de África, bien provista de alimentos. Pero la impericia marinera goda hizo fracasar el intento de atravesar el estrecho de Gibraltar. Lo que obligó finalmente a Valia y sus nobles a llegar a un acuerdo con el Imperio, ante el peligro de disgregación paulatina de su pueblo. Así en la primavera del 416 se firmaba el famoso tratado de colaboración (foedus) entre la Monarquía visigoda y el Imperio, en virtud del cual los godos se comprometían a integrarse como soldados federados del Imperio, a cambio de la entrega de raciones de alimentos para quince mil guerreros y el mantenimiento de sus mandos étnicos.

En virtud de ese acuerdo bastante humillante, Valia y sus godos se vieron obligados a la peligrosa tarea de eliminar a los grupos de bárbaros —suevos, vándalos y alanos— que en septiembre del 409 habían invadido las provincias hispánicas. Afortunadamente para la posterior historia goda Valia consiguió, entre el 416 y el 417, un gran éxito en esta tarea. Consistió este en la derrota de los vándalos silingos y alanos, destruyendo sus respectivas “monarquías militares” y, por tanto, anulando su individualidad étnica, recuperando para el Imperio el control de las costas mediterráneas y del estrecho de Gibraltar, así como las provincias de la Bética, Lusitania y Cartaginense.

Es posible que tamaño éxito godo, con el consiguiente aumento de sus efectivos populares y militares, crease temor en el gobierno imperial. Por lo que, de manera un tanto súbita, el generalísimo Constancio reclamó a Valia y a sus godos a las Galias. En 418 se renovaba el foedus, pero ahora, en lugar de las raciones de alimentos el Imperio permitía a los godos asentarse de forma definitiva y con total autonomía en las provincias sudgálicas de Novempopulania y Aquitania Segunda, con centro en Tolosa. Aunque Valia no recibía ningún título de una magistratura romana, ni tampoco militar, que legitimase su jurisdicción sobre la población romana. Además, se facultaba a Valia para confiscar, sin compensación alguna, dos terceras partes de las tierras de cultivo de determinadas fincas, además de la parte proporcional sobre bosques y baldíos, en concepto de “hospitalidad” (hospitalitas) para el sostenimiento de los soldados godos con las rentas de esas tierras. Asentamiento godo que se haría conforme con la estructura fuertemente jerarquizada de su sociedad, suponiendo un enorme reforzamiento de los nobles y oficiales vinculados a la realeza visigoda.

Valia moría poco antes de finalizar 418, en pleno comienzo del asentamiento de su pueblo en las Galias.

Podía morir feliz, pues gran parte del sueño de Alarico estaba a punto de cumplirse con la constitución por vez primera de un reino bárbaro en el interior de las fronteras del Imperio. Personalmente, aunque sus descendientes directos no fueran reyes de esos mismos godos, no por eso dejarían de brillar en un futuro. Hijo de una hija suya, y de un suevo de linaje real, sería el famoso generalísimo Flavio Ricimiro (fallecido en 472), aunténtico amo del Gobierno imperial en Occidente entre el 457 y el 472. Y también habría podido ser descendiente suyo el Valila, también generalísimo del Imperio entre el 471 y el 476.

GARCÍA MORENO, Luis Agustín, «Valia», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, http://dbe.rah.es/biografias /5975/valia)