QUINTILA. FLAVIUS Quintila Rex. ?, f. s. VI-p. s. VII – Toledo, 20.XII.639. Rey de España (636-639).

Quintila, sin duda, pertenecía a una poderosa y noble familia goda. Es posible que el posterior rey Quindasvinto (642-649) formara también parte de ese linaje. Razones para pensar así son el uso por ambos del mismo elemento antroponímico, así como el comportamiento de Quindasvinto al derrocar a Tulga (639-642), el joven hijo y sucesor de Quintila. Quintila subió al Trono el 12 de marzo del 636.

Aunque se ignoran los pormenores de ese acontecimiento, parece razonable pensar que se hizo mediante una elección por los obispos y miembros de la nobleza tal como se había establecido en diciembre del 633 en el Concilio IV de Toledo. De otra manera resulta difícil comprender la insistencia del propio Quintila en reforzar ese procedimiento de acceso al Trono en el Concilio VI de Toledo celebrado ya en junio del mismo 636.

Sin embargo, que Quintila hubiera sido elegido en absoluto quiere decir que estuviera falto de enemigos y rivales. Posiblemente unos y otros se concentraban en las provincias de Septimania y Galecia, aquellas precisamente donde habían residido los principales apoyos nobiliarios, eclesiásticos y familiares del fallecido rey Sisenando (631-636). Recelos, cuando no franca hostilidad, entre ambos poderosos linajes nobiliarios godos que se reflejarían en las relaciones entre Fructuoso, un pariente galaico de Sisenando, y el rey Quindasvinto y su hijo sucesor Recesvinto. Estas rivalidades darían lugar a más de un intento frustrado de usurpar el Trono en el reinado de Quintila, explicando los esfuerzos denodados de éste de conseguir anudar en torno a su persona y su familia un poderoso grupo de nobles leales. El medio para ello serían la donación, o concesión en precario, de importantes propiedades fundiarias a dichos fideles. Al mismo tiempo Quintila trató también de conseguir para su familia un extenso patrimonio. En las dos grades asambleas conciliares reunidas en su reinado —el V Concilio de Toledo del junio del 636, y el VI de Toledo de enero del 638— procuró obtener el máximo apoyo social y sacramental de la jerarquía episcopal para la perpetuación de ese gran movimiento patrimonial tras su propio fallecimiento. Para conseguir éste el Rey no dudó en realizar importantes donaciones de tierras y esclavos a la Iglesia, asegurándose también la incolumidad futura de las mismas.

Sin embargo, esos esfuerzos denodados de Quintila por crear un grupo nobiliario hegemónico en torno a su persona y linaje no ocultaban la misma debilidad de su posición. Ello le obligó a admitir (V Concilio de Toledo) que la protección canónica a ese trasvase de propiedades no era extensible a las basadas en una confiscación a miembros de la nobleza, así como a perdonar a más de un usurpador frustrado. Necesitado así de medios económicos no procedentes de confiscaciones a la nobleza Quintila no tuvo más remedio que buscarlos en otros sitios, como podían ser algunas ricas aljamas judías. Así se explica la nueva puesta en vigor de las drásticas medidas de conversión forzosa de los judíos dictadas hacía más de veinte años por Sisebuto (612-621). A ello también contribuían factores ideológicos como eran los mismos reproches del papa Honorio I a la tolerancia del Reino godo para con los judíos como el eco de expectativas mesiánicas judías surgidas en Oriente en los comienzos de la invasión islámica en Siria y Palestina.

En todo caso, el éxito de la política de Quintila se reflejó tanto en el hecho de que pudiera terminar en paz sus días como trasmitir la Corona a su joven hijo Tulga, y por encima del breve y desgraciado reinado de este último, la continuidad de la misma en el seno de su linaje con el triunfo de Quindasvinto. Un linaje que descollaba por la amplitud de sus posesiones fundiarias.

Con seguridad éstas habían aumentado considerablemente en el reinado de Quintila. Además este último Rey había procedido a repartir un gran número de posesiones entre los nobles adictos a su causa. Estas medidas —a las que se trató de reforzar con la sanción eclesiástica de los Concilios V y VI de Toledo, de junio del 636 y enero del 638 respectivamente— permitieron que a la muerte de Quintila la Corona goda pasara a su hijo Tulga, hecho que tuvo lugar el 20 de enero del 639.

GARCÍA MORENO, Luis Agustín, «Quintila», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, https://dbe.rah.es/biografias / 12130/quintila)