Gesaleico

Gesaleico. Gesaleicus Rex. Francia, s. m. s. v – Río Durance (Francia), 511. Rey de España (507-510).

Gesaleico era hijo del rey Alarico II (fallecido en 507), de modo que por línea paterna pertenecía a uno de los más nobles y prestigiosos linajes godos, el de los Baltos, protagonista de la etnogénesis visigoda y de la fundación del reino godo de Tolosa. Sin embargo, su madre era una concubina al decir del posterior Isidoro de Sevilla, que deduce también de ello el carácter inferior (vilissimus) de su linaje. Sin embargo, parece razonable pensar que tales expresiones no sean sino muestra de la incapacidad de los eclesiásticos de la época de comprender la verdadera naturaleza del Friedlehe germánico.

Si al igual que en el caso de las concubinas romanas no era infrecuente que estas esposas de segundo rango fuesen de status social inferior, incluso servil, se diferenciaban de aquéllas en tener una consideración social mucho más elevada, pudiendo alcanzar la posición de auténticas reinas consortes, y sus hijos estar plenamente habilitados para recibir la herencia de sus padres, incluso hasta la sucesión real, en igualdad de derechos que sus hermanastros “legítimos”.

Y tal fue el caso de Gesaleico. Muerto Alarico II en la desastrosa batalla de Vouillé, a principios del verano del 507, el ejército y los noble godos fugitivos reconocieron por Rey a Gesaleico, marginando a Amalarico, hijo de Alarico y de Tiudigoto, hija de Teoderico el Amalo, que debía contar con muy pocos años de edad. Las circunstancias extremas, con peligro de desaparición del reino y la etnia visigodos, exigían alguno de la estirpe Balta con demostradas capacidades militares. Y Gesaleico demostró que las tenía, aunque el resultado final sería trágico para él.

Perdido una parte del tesoro real visigodo y la capital, Tolosa, ocupada por los francos, al igual que la Auvernia, Gesaleico con los restos del ejército y tesoro real trató de impedir el avance del burgundio Gundobado (muerto en 516) por Provenza, pero sería derrotado, no pudiendo así impedir la toma de Narbona, quedando tan solo en poder godo las plazas fuertes de Carcasona y Arlés, además de los dominios periféricos hispanos. Sería entonces, cuando temiendo por sus intereses itálicos, Teoderico el Amalo (fallecido en 526) se decidiera a intervenir militarmente, pretextando defender los derechos de su nieto Amalarico.

La acción ostrogoda, bajo el mando de Ibbas salvó la Septimania y la Provenza godas, pero supuso considerar a Gesaleico usurpador. Este había huido a la Península Ibérica, tratando de hacerse fuerte en Barcelona.

Con el vital tesoro real, que estaba en Carcasona, y el Balto-Amalo en manos ostrogodas, Gesaleico trató desesperadamente de aliarse con francos y burgundios, a cambio posiblemente de ceder todos los antiguos dominios godos en las Galias. Una cesión que necesariamente tuvo que enemistarle con los sectores de la nobleza visigoda más vinculada a la antigua Corte alariciana, como sería el conde Goerico, que Gesaleico asesinó en Barcelona. La guerra con los ostrogodos resultó así inevitable. En 510 el general ostrogodo Ibbas derrotaba en España a Gesaleico que, falto de apoyos en la nobleza visigoda, tuvo que huir a África. Sin encontrar apoyo alguno en la Corte vándala, el animoso Gesaleico regreso de incógnito al sur galo, donde trató de reclutar una tropa con antiguos soldados godos dispersos, y posiblemente con alguna ayuda económica merovingia o burgundia. Pero, derrotado de nuevo por Ibbas a unos dieciocho kilómetros de Barcelona, Gesaleico se vio nuevamente obligado a huir, en busca de refugio entre los burgundios.

En ese trance, sus perseguidores ostrogodos lo hicieron prisionero cuando se disponía a atravesar el río Durance, ejecutándole de inmediato.

GARCÍA MORENO, Luis Agustín, «Gesaleico», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, http://dbe.rah.es/biografias /10660/gesaleico)