ERVIGIO. FLAVIUS ERVIGIUS REX. ?, p. m. s. VII – 15.XI.687. Rey de España (680-687).

Ervigio pertenecía a un linaje nobiliario godo con lazos de parentesco con los reyes del último tercio de la historia del Reino de Toledo. Su hija, Cixilo, contrajo matrimonio con el que sería su sucesor, Egica (687-702), y de este modo Ervigio habría sido probablemente el abuelo materno del también rey Witiza (fallecido en 710); mientras que por su parte Egica era un pariente cercano de Wamba (672-680). También de manera cognaticia Ervigio por medio de su matrimonio con Liuvigoto pudo estar relacionado de alguna manera con el prestigioso linaje nobiliario godo narbonés del rey Liuva I (muerto en 573). Al decir de una crónica asturiana de finales del siglo ix (Crónica de Alfonso III) Ervigio era hijo de una sobrina carnal del rey Quindasvinto (fallecido en 653). Según esta misma fuente el padre de Ervigio habría sido un refugiado bizantino de nombre Ardabasto. Desgraciadamente esta última noticia carece de toda verosimilitud, pudiendo ser su único fundamento el que un antepasado de Ervigio, ¿su padre?, se llamara Artabado o Artabasto. Un nombre sin duda característico e ilustre del linaje de Ervigio, pues que se repetiría en el de uno de los hijos de Witiza según la tradición de Ibn al-Qut-Dyya (fallecido en 977).

Con anterioridad a su subida al trono, Ervigio con el título de conde ocupó una alta dignidad palatina en Toledo. Y fue en ese tiempo cuando estableciera una profunda relación de amistad con Julián, un clérigo toledano muy influyente en los ambientes cortesanos de Wamba, que le dedicaría una pequeña obra. Nombrado metropolita de Toledo el 29 de enero del 680 Julián sería un personaje decisivo en la subida al trono de su amigo Ervigio. El 14 de octubre del 680 Wamba, sintiéndose enfermo de muerte, pidió recibir la penitencia canónica y la tonsura eclesiástica, que inhabilitaban para reinar. Al mismo tiempo firmó documentos en los que designaba como sucesor suyo a Ervigio y urgía a Julián a ungirle como rey. Cosa que éste hizo el 21 de octubre, a pesar de que para entonces Wamba debía estar ya en franca mejoría. La Crónica de Alfonso III de fines del siglo IX considera lo sucedido el resultado de un complot, con la narcotización de Wamba incluida.

Sea cierta o no esta tradición, lo que sí es seguro es que Ervigio inició su reinado en una posición de debilidad. Por lo que buscó en un primer momento compensar la falta de apoyo en la nobleza dominante con el de la jerarquía episcopal, controlada por su amigo Julián, convertido en auténtico primado del reino. Lo que se hizo en enero del 681en el Concilio XII de Toledo. Sin embargo la insuficiencia de tales apoyos obligaron de nuevo a Ervigio a convocar un nuevo concilio, el XIII de Toledo, en noviembre del 683. En él el Rey reconoció a la magna asamblea de los obispos y magnates palatinos una evidente capacidad legislativa. Ervigio había tratado de constituir una nueva alianza nobiliaria en su torno rehabilitando a los participantes en la rebelión del Paulo del 673, con los que la familia de su esposa Liuvigoto podía tener una relación de parentesco o regional. El concilio se la desnaturalizó al prohibir la devolución de los bienes que hubieran sido entregados a otros nobles, y exigiendo también el perdón de todos los rebeldes desde los lejanos tiempos de Quintila (636-639), así como el de los que habían sido castigados en virtud de la ley militar de Wamba. Además la nobleza palatina y los obispos impusieron que en el futuro los acusados de alta traición no fueran juzgados por el tribunal real sino por una asamblea de sus pares. A cambio de tantas concesiones Ervigio consiguió del concilio la promesa de protección para su familia. Logro menor si se tiene en cuenta que ya antes se había negociado y realizado el matrimonio de una hija de Ervigio, Cixilo, con un pariente carnal de Wamba, Egica, convertido en duque provincial.

Posiblemente esto último permitiría a Ervigio establecer una entente con el bloque nobiliario dominante, de modo que no se vería obligado a convocar un nuevo concilio general. Y los últimos años de reinado pudieron ver un fortalecimiento del patrimonio de Ervigio con la condena de algunos nobles y la confiscación de sus bienes. Otros pudieron venir de los judíos ricos acusados de apostasía. Pues Ervigio al comienzo de su reinado, y como una concesión a Julián y a los obispos, había procedido a dictar una nueva batería de leyes contra los judíos, exigiendo ya una conversión de todos y encargando a los obispos de hacer cumplir la legislación y vigilar la conducta de los conversos, que quedaban de hecho bajo su “patrocinio”. Una legislación que se incluyó en una revisión general y nueva edición del código legal del reino, con la corrección de 84 y el añadido de varias leyes nuevas.

Las nuevas y duras medidas contra las aljamas sin duda que se vieron también favorecidas por el eco del avance islámico sobre territorio bizantino, especialmente en el norte de África. Es más, la tardía Crónica de Alfonso III habla del frustrado desembarco de una flota omeya en las costas levantinas hispanas. En estas circunstancias es muy probable que el gobernador y guarnición de la plaza imperial de Ceuta se pusiera bajo protección del reino godo, creándose entonces el condado de Julia Transducta (Algeciras) a ambos lados del estrecho de Gibraltar.

A ciertas noticias sobre la colaboración de judíos con los invasores se unían las tensiones mesiánicas en que vivían las comunidades judías mediterráneas, que creaban un clima de expectativas apocalípticas cada vez más agobiante, por más que el amigo Julián de Toledo tratara de desactivarlas retrasando la temida fecha del fin de la “sexta edad del Mundo”. Un clima enrarecido al que contribuyó también las renovadas relaciones con la iglesia bizantina, en especial el Papado, que buscaba la ratificación universal de las alista del Concilio III de Constantinopla del 680-681.

Unas relaciones siempre difíciles por la desconfianza goda hacia Bizancio, que ahora lo fueron más a consecuencia de la misma soberbia intelectual del primado Julián, reflejada en el Concilio XIV de Toledo de noviembre del 684. El jueves 14 de noviembre del 687 Ervigio caía mortalmente enfermo en alguna finca real no muy lejana de Toledo, y cumplió con lo antes pactado. A pesar de tener descendencia masculina el Rey designaba sucesor a su yerno el duque Egica.

GARCÍA MORENO, Luis Agustín, «Ervigio», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, https://dbe.rah.es/biografias / 6816/ervigio)