Gustavo III de Suecia

Datos biográficos

Dinastía: Holstein-Gottorp
Rey de Suecia: 1771-1792
Nacimiento: 26-I-1746
Fallecimiento: 29-III-1792
Predecesor: Adolfo Federico
Sucesor: Gustavo IV Adolfo

Biografía

Gustavo III de Suecia por Alexander RoslinGustavo III de Suecia por Alexander Roslin.

Uno de los monarcas más singulares del Despotismo ilustrado en el Norte de Europa fue el rey Gustavo III de Suecia. Personalmente escéptico y, por tanto, muy hombre de su época, con sus ribetes de filósofo, Gustavo supo hallar en su energía la salvación de la monarquía sueca, amenazada de disolución como la polaca, no solo por la intromisión de Rusia y Prusia, sino especialmente por las ambiciones desmesuradas de los bandos nobiliarios que, desde principios del siglo XVIII, usufructuaban el poder. Reduciendo la nobleza a la omnipotencia real, Gustavo III salvó al Estado. Al mismo tiempo, lo modernizó de acuerdo con las doctrinas de la Ilustración. Sin embargo, siempre fue enemigo acérrimo de lo revolucionario, y en esta lucha el mismo pago con su vida sus doctrinas de gobierno.

Hijo de Adolfo Federico y de Luisa Ulrica, Gustavo nació el 24 de enero de 1746. Su educación fue muy cuidada, en particular en el aspecto político e histórico. Desde su juventud se halló mezclado en la lucha entre la corte y los partidos de la nobleza, denominados popularmente con el nombre de gorros (mössor) y sombreros (hattar). En 1766 Gustavo, como príncipe heredero, favoreció la subida al poder de los sombreros —partidarios de Francia y del progreso— confiando en que estos apoyarían la política de la corte. Pero no fue así. En 1770 emprendió, pues, un viaje a Francia, no sólo para completar su educación, sino para recabar del gobierno francés que no apoyara a los hattar. Mientras se hallaba en Versalles, murió su padre Adolfo Federico (12 de febrero de 1771), por lo que Gustavo tuvo que regresar a su país para hacerse cargo del reino.

Apenas ceñida la corona, Gustavo III dio un golpe de Estado, apoyado por la gran mayoría del pueblo, quien soportaba difícilmente el desgobierno de la oligarquía nobiliaria (19 de agosto de 1772). Dueño de la Dieta y del Senado, reducidos los jefes de las dos facciones rivales, el monarca dictó una nueva constitución, por la que, respetando ciertas prerrogativas de la Dieta (derecho de paz y guerra, voto de subsidios económicos), convertía el Senado en órgano consultivo y reforzaba sumamente la autoridad de la monarquía. Gustavo III llevó a cabo esta obra pese a las reclamaciones de Rusia. De este modo, en 1772 había librado a Suecia de ser desmembrada o destruida.

Desbrozado el camino, Gustavo inició una política de grandes reformas. Déspota ilustrado, con el auxilio de ministros progresistas como Lilliencreutz, abolió la tortura, modificó la administración de justicia, proclamó la tolerancia religiosa y la libertad de prensa, estableció el libre comercio de granos y fundó el Banco de Suecia y la Academia Nacional. Su política y su ideología, contrarias a los privilegios de la nobleza, suscitaron la oposición de esta, la cual fue vencida por un segundo golpe de Estado, dado en 1789. Por una nueva constitución de esta fecha, Gustavo derogó los privilegios de la aristocracia y estableció la igualdad civil para los burgueses y los campesinos (Acta de unión y seguridad).

La política exterior de Gustavo III no fue muy afortunada. Estimando consolidada la potencia de Suecia se lanzó a un ataque contra Rusia, aprovechando las dificultades con que se debatía Catalina II en Polonia y Turquía. La guerra se inició en 1788 y terminó dos años después, por la paz de Värälä, a base del statu quo ante. Desde este momento, el rey de Suecia preparó una cruzada para salvar a Luis XVI de manos de los revolucionarios franceses. Sus generosas llamadas no hallaron eco en Europa. Por otra parte, su misión y su vida fueron cercenadas en Estocolmo el 29 de marzo de 1792, a causa del pistoletazo que le había disparado el 16 anterior el oficial Juan Jacobo Anckarström con ocasión de un baile de máscaras. La bala de Anckarström era la alevosa respuesta de la aristocracia al rey que había sabido dominarla en beneficio del Estado.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 134.