Cristina de Suecia

Datos biográficos

Dinastía: Vasa
Reina de Suecia: 1632-1654
Nacimiento: 8-XII-1626
Fallecimiento: 19-IV-1689
Predecesor: Gustavo II Adolfo
Sucesor: Carlos X Gustavo

Biografía

Cristina de Suecia.Cristina de Suecia.

La hija y sucesora de Gustavo Adolfo de Suecia es una de las soberanas cuya vida y carácter han despertado mayor curiosidad entre los aficionados a la psicología de los personajes históricos. Este interés no es exagerado. Cristina fue, en efecto, una mujer muy contradictoria, dentro de su vitalidad, su cultura y su egoísmo. Heredera de una de las principales monarquías de la época, beneficiaria de los éxitos obtenidos por su padre en el campo de batalla, no supo plegarse a sus deberes de soberana, ni canalizar sus actividades en provecho de su país, Quiso vivir su vida. Y así, ante la admiración universal, abdicó su corona, revistió el traje masculino y se marchó al extranjero para verse libre de las pesadas cargas de su ministerio. Esta corazonada resultó luego una equivocación que muchas veces quiso enmendar. La que un día causó la estupefacción de Europa por su conversión al catolicismo, terminó su vida olvidada de todos y sin poder recobrar el trono que abandonó en un momento de exaltación.

Nacida en Estocolmo el 8 de diciembre de 1626, de Gustavo Adolfo y María Leonora de Brandeburgo, heredó la corona de Suecia en 1632, a causa de la muerte de su padre en el campo de batalla de Lützen. Mientras el canciller Oxenstierna se encargaba de la regencia. Cristina crecía brillante, atractiva y sensual. Su educación, inspirada en principios masculinos, fue vasta y muy cuidada, en particular en el aspecto literario y artístico. Proclamada mayor de edad al cumplir los dieciocho años (8 de diciembre de 1644), su reinado se inauguró con las victoriosas paces de Brömsebro (1645) y Westfalia (1648), en las que Suecia se afirmó como primera potencia del Báltico.

Pero más que por la política, Cristina tenía interés por la vida cortesana. Su palacio se convirtió en centro de reunión de artistas y literatos de toda Europa, entre los cuales Descartes. Pródiga en sus mercedes, lo único de provecho que hizo fue aumentar las libertades municipales, favorecer el desarrollo de las industrias extractivas y fomentar la cultura popular con la famosa ordenanza de 1649. La cuestión de su matrimonio con Carlos Gustavo provocó las primeras discrepancias entre la reina y sus consejeros.

En 1650 le declaró heredero, pero sin acceder a casarse con él. Nuevas instancias excitaron su viva imaginación ya en 1651 quiso abdicar, pero la disuadieron los altos organismos del Estado. Por esta época mostró una inclinación creciente a la religión católica y a la alianza de Suecia con España, forjada con quiméricos objetivos. Su fervor religioso no obstaba para que su vida privada fuera muy poco ejemplar. Finalmente, abdicó en Upsala el 6 de junio de 1654, a la edad de veintisiete años. Salió del país con el título de conde Dohna, después de haberse reservado las rentas de la provincia de Norrköping y de las islas de Gotland, Oland y Oesel, las cuales, en conjunto, sumaban la quinta parte de los ingresos del Estado sueco.

Convertida al catolicismo en Innsbruck el 3 de noviembre de 1655 —ya antes había abjurado privadamente sus errores en Bruselas— Cristina se estableció en Roma, donde fue recibida en apoteosis (13 de diciembre) por el pueblo y la corte de Alejandro VII. El día de Navidad recibió la Sagrada Forma de manos del papa y mudó su nombre de Cristina por el de Alejandra. Luego, vivió en Roma en forma fastuosa, dispensando una excelente acogida a los literatos y distinguiéndose como coleccionista de obras de arte. Se hicieron célebres las reuniones que dio en su palacio de la Lungara y su pinacoteca se convirtió en una de las más importantes de la urbe, con obras de Rafael, Tiziano, Andrea del Sarto, Palma el Viejo, el Bronzino, etc.

Su actuación política fue trepidante, pero muy poco afortunada. Con la corte pontificia no mantuvo buenas relaciones, aunque su íntimo, el cardenal Decio Azzolino, procuró solventar los momentos críticos de las mismas. En los primeros años de vida romana aspiró a la corona de Nápoles, y a tal objeto se trasladó por dos veces a París (1656 y 1657) a fin de recabar el apoyo moral y material de Mazarino. Este la halagó mucho y le dio grandes esperanzas y poco dinero. Disipado este sueño, Cristina se lanzó a empresas no menos quiméricas, como la obtención de la libertad religiosa en Suecia y Dinamarca y la preparación de una cruzada contra los turcos. En 1667 aspiró al trono vacante de Polonia con el apoyo del papa Clemente IX y del cardenal Azzolino, ya secretario de Estado. Esta pretensión tampoco tuvo éxito.

Los últimos años de Cristina de Suecia transcurrieron en un desvanecerse de ilusiones, siempre agitadas por su mente ambiciosa y fantástica. No obstante, su nombre iba sumiéndose en el olvido. Murió en Roma el 19 de abril de 1689, casi desconocida por la generación que no había presenciado la maravilla del siglo: la conversión a la verdadera fe de la hija de Gustavo Adolfo, campeón inolvidable del protestantismo.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 95-96.