Enrique I de Alemania

Datos biográficos

Dinastía: Sajonia
Rey de Alemania: 919-936
Sobrenombre: el Pajarero
Nacimiento: 876
Fallecimiento: 936
Predecesor: Conrado I
Sucesor: Otón I

Biografía

Rey de romanos. Duque de sajonia. Llamado el Pajarero, por su afición a la caza, n. en 876 y m. en Memleben (Sajonia) en 936. Era hijo de Otón, duque de Sajonia, y se distinguió desde su juventud por el valor y la energía con que luchó contra las tribus eslavas del Este de su ducado natal. Otón, que murió en 912, nombró a Enrique su sucesor, no solamente como duque de Sajonia, sino como señor de Turingia y parte de Franconia.

Enrique IEnrique I de Sajonia By Alfred Diethe

El rey Conrado I, instigado por ciertos consejeros eclesiásticos a los cuales la independencia mostrada por Enrique respecto a la Iglesia había ofendido profundamente, se resistió a las reclamaciones del joven duque, pero este, finalmente, entró en posesión de todos los Estados que su padre había regido. Después de la muerte de Conrado, Enrique, a quien Conrado había enviado las insignias reales, fue elegido rey por los nobles franconios y sajones (919), y no tropezó con muchas dificultades para asegurarse la aquiescencia del resto de Alemania.

Durante algunos años, Lotaringia o Lorena había ocupado una posición indecisa entre los reinos francos del Este y el Oeste, como eran llamadas entonces Francia y Alemania; pero en 925, el duque Giselberto retiró su obediencia al rey de Francia para prestársela al de Alemania.

Desde los tiempos de Luis el Niño, Alemania había estado expuesta a las incursiones de los húngaros, y, en 924, Enrique se vio obligado a comprar una tregua de nueve años, conviniendo en pagar un tributo anual a los molestos vecinos. El rey se aprovechó de aquel respiro para preparar a sus súbditos a una campaña final contra los bárbaros invasores. En los distritos del Norte, los alemanes habían vivido hasta entonces en pueblos indefensos o en pequeñas ciudades muy separadas unas de otras.

Enrique comenzó a construir ciudades fortificadas en Turingia y Sajonia, siendo seguido su ejemplo en los restantes ducados. Ejercitó asimismo a sus vasallos a pelear a caballo, dando así un gran impulso al movimiento que condujo a la institución del arma de caballería. Cuando estos preparativos quedaron terminados, probó su nueva fuerza en una contienda contra los dinamarqueses y algunas tribus eslavas, quedando vencedor en toda la línea

En 933, los húngaros exigieron, como de costumbre, el tributo que hasta entonces se les había pagado puntualmente, y, cuando les fue terminantemente negado, invadieron la Turingia con un gran ejército. Enrique los castigó tan duramente que no volvieron a entrar en Alemania en el espacio de algunos años, y no se les vio ya nunca más en los ducados septentrionales. En 934 volvió a esgrimir las armas contra los dinamarqueses, obligando a su rey a pagarle un tributo

En los asuntos interiores del reino había obrado con gran prudencia y sagacidad. Los duques, por aquel entonces, habían llegado a ser tan poderosos, que existía cierto peligro de que se sobrepusiesen enteramente al trono. En lugar de obligarlos directamente a la sumisión, como hizo más tarde su hijo Otón, les interesó en sus proyectos y mejoras, confirmando la mayor parte de sus privilegios y actuando como mediador en sus querellas.

En los últimos tiempos de su vida, su posición era tan segura que resolvió marchar a Roma, ya como peregrinación o bien para reclamar la corona imperial, pero un ataque de apoplejía impidió tal designio. Se preparó para la muerte y constituyó una viudedad para su esposa Matilde, fundó un convento en Quedlinburgo, reunió a los nobles en Erfurt, designándoles a su hijo Otón como sucesor, y se hizo trasladar después a Memleben, donde sucumbió a un segundo ataque.

El fundador de la monarquía alemana fue uno de los hombres más perspicaces y prácticos que han empuñado el cetro. Supo resolver todas las dificultades, esperando el momento propicio, y obrando con método y decisión. Respetando la autonomía de los francos, de los alemanes, de los bávaros, fue obedecido y fue verdaderamente rey en todo lo concerniente al interés general. Su justicia, su bondad y su sabiduría son universalmente alabadas.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 6-7.