Nicolás II de Rusia

De Jaime Vicens Vives

El Zar Nicolás II en 1909.El Zar Nicolás II en 1909.

NICOLÁS II, zar de Rusia (1868-1918; 1894-1917 ) [San Petersburgo-Ekaterinburgo]. El zar del trágico fin de Ekaterinburgo. Su muerte, precursora de otras tantas muertes similares, se coloca en el centro de las fuerzas cósmicas que determinaron la crisis revolucionaria rusa. Durante toda su vida, Nicolás II procuró luchar contra los acontecimientos, sin lograr imponerse a los mismos. Su natural era bondadoso, pero ni tenía la amplitud de ideas de su abuelo, Alejandro II, ni la energía y tenacidad de su padre, Alejandro III. Mantuvo la autocracia burocrática y aun procuró renovarla con la tradición del zar Alejo, en quien los historiadores nacionalistas veían la culminación del espíritu y de la cultura patrias. Pero después de las reformas agrarias y administrativas de su abuelo y de la introducción en Rusia de la gran industria por los ministros de su padre y los suyos propios, era evidente que el siglo XVII no podía renovarse sin peligro. En consecuencia, todo su reinado fue una profunda crisis, acentuada en forma revolucionaria por los desastres de las guerras emprendidas en el exterior y la incomprensión de los círculos íntimos de la corte, dominados durante algunos años por la sombría figura de Rasputin.

En 1894, a la muerte de Alejandro III, Nicolás II ascendió al trono. Tenía entonces unos veintiséis años, pues había nacido en San Petersburgo el 18 de mayo de 1868. Su educación como estadista era muy superficial, aunque era buena en la cultura física y en el ejercicio de las armas. Dotado de un temperamento pacifista, procuró mantener a Rusia en buenas relaciones con todos los estados europeos, a pesar de estrechar la alianza con Francia que le había legado su padre. Así se explica que fuera promotor directo de la Conferencia de la Paz de La Haya (1899), cuyos resultados fueron bastante mediocres debido a la rivalidad entre las potencias occidentales. En política interior, Nicolás II procuró mitigar la tendencia centralizadora y rusificadora del Imperio, pero rechazó de plano toda tendencia liberal.

Bajo la influencia de Pobedonostsev y de Witte favoreció el desarrollo industrial del país, de modo que Rusia conoció una época de prosperidad. Pero ese aumento de riqueza favoreció a muy pocos, mientras se agravaba el problema social por el acrecentamiento de las masas obreras y la población campesina. Influído por su esposa, la zarina Alejandra, sumamente supersticiosa, y dejándose llevar él mismo por una especie de resignación mística, Nicolás II no se percató de que se hallaba sobre un volcán próximo a hacer explosión.

Sin embargo, los hechos le instruyeron muy pronto, A causa de la política imperialista practicada por el Japón y Rusia en Corea y Manchuria, el gobierno de Nicolás II se vio obligado a declarar la guerra al Imperio del Sol Naciente (1904). Pese a actos de valor aislados, la contienda fue una serie ininterrumpida de descalabros, que culminaron en las derrotas de Mukden y Tsushima (1905).

El desastre proporcionó ocasión a los elementos liberales y subversivos para pedir una serie de reformas constitucionales. En el transcurso de 1905 se produjeron varias agitaciones revolucionarias, siendo las más graves las correspondientes a los meses de enero y octubre. A consecuencia de las huelgas generales de este mes, Nicolás II renunció al régimen autocrático y convocó una Duma legislativa (30 de octubre).

Esta fecha inicia un nuevo período en el reinado de Nicolás II, que se caracteriza, en apariencia, por la organización de un sistema constitucional representativo y el funcionamiento de la Duma; pero, interiormente, el zar y su gobierno continuaron aferrados a lo tradicional. En 1906 fue disuelta la primera Duma y el poder fue confiado al enérgico Stolypin, el cual reprimió duramente el alzamiento revolucionario. Durante su gobierno, se inició una vasta reforma agraria, a base de la disolución de la propiedad comunal y el asentamiento de los campesinos como propietarios. Sin embargo, a su muerte Rusia volvió de nuevo por el sendero de la rutina.

Las crisis balcánicas de 1911 a 1913, que hirieron los sentimientos nacionales de Rusia, determinaron que en 1914 el gobierno del zar contribuyera en grado primordial al desencadenamiento del conflicto. En el transcurso de la guerra, y a excepción de contadas reacciones, los ejércitos rusos sufrieron graves derrotas frente a las tropas alemanas. Los quebrantos del régimen zarista fueron aprovechados por los elementos liberales y socialistas para desencadenar la revolución de febrero de 1917 en Petrogrado. Sorprendido por la fuerza siniestra de los acontecimientos, Nicolás II abdicó el 15 de marzo siguiente.

El gobierno provisional ruso lo trasladó de Pskov a Tsarskoe Selo, y de aquí, con su familia, a Tobolsk y Ekaterimburgo. Los progresos de los ejércitos blancos en 1918 determinaron al soviet local, dirigido por los comunistas, a ejecutar a la familia imperial. Los directores del vil asesinato (16 de julio de 1918) fueron el comisario Jurkovski y el comandante de la guardia Medvediev.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. II, págs. 258-259.