Alejandro I de Rusia

Datos biográficos

Zar de Rusia: 1801-1825
Nacimiento: 1777
Fallecimiento: 1-XII-1825
Predecesor: Pablo I
Sucesor: Nicolás I

Biografía

Alejandro Pawlovitch. Emperador y soberano autócrata de todas las Rusias, fue hijo primogénito del gran duque Pablo y de María Feodorowna de Wurtemberg; nació en 23 (12) de Diciembre de 1777 en San Petersburgo y murió en 1 de Diciembre de 1825 en Taganrog; fue educado según los principios de Rousseau por el suizo Laharpe, conocido por sus ideas liberales.

Emperador Alejandro I de Rusia. Obra de autor desconocido, s. XIX.Emperador Alejandro I de Rusia. Obra de autor desconocido, s. XIX.

De carácter apacible, se mostró benévolo y entusiasta de ciertos ideales, pero al mismo tiempo fue débil y variable; en 1793 se unió en matrimonio con la princesa Isabel de Baden. Cuando, después del asesinato de su padre Pablo I, subió al trono en 23 de Marzo de 1801, se vio obligado a guardar en un principio ciertos miramientos a los asesinos Subow, Pahlen y Bennigsen. Algunos historiadores, no obstante, afirman que Alejandro tuvo noticia de la conspiración que se tramaba, por lo que le consideraron como cómplice, opinión fundada en que Pablo I se disponía a encerrar en una fortaleza a Alejandro y a su madre.

Durante los primeros años de su reinado mostró empeño en reorganizar la Hacienda, en fomentar la educación intelectual y en mejorar la suerte de los siervos. Declaró libre el ejercicio de varias profesiones, protegió la industria y el comercio; reorganizó las universidades de Dorpat y Wilna, creó las de Kazán y Karkow, estableció institutos pedagógicos en San Petersburgo y Moscou y fundó 201 escuelas de segunda enseñanza y más de 2.000 de primera. Abolió la servidumbre.

En cuanto a la política exterior, se mostró amante de la paz, renovó el convenio marítimo con Inglaterra y firmó la paz con Francia, pero las ambiciosas miras de Napoleón no tardaron en provocar la ruptura. Entró en 1805 en la coalición contra Francia; después de la batalla de Austerlitz se retiró a Rusia.

En 1806 renovó la lucha a favor de Prusia, y al verse rechazado más allá del río Memel, después de las derrotas de Eylau y de Friedland, negoció la entrevista del 25 de Junio de 1807 y la paz de Tilsit, dejándose ganar por Napoleón, con la esperanza de ser juntos los árbitros de la suerte de Europa, y ante esta idea abandonó a Prusia. En Erfurt (Octubre de 1808) fue renovada la alianza, debida en mucha parte a la influencia de su nuevo ministro Spéranski, gran admirador de Francia, ofreciendo a Alejandro la posesión de Finlandia y de Turquía.

Después de haber ocupado, en 1809, la Finlandia, empezó la guerra contra la Sublime Puerta, pero el hecho de no respetar Napoleón los intereses rusos, ocasionó en 1812 una nueva ruptura. Al invadir Napoleón la Rusia, parecía que estaba destinada a sucumbir después de la toma de Moscou y de ser rechazadas por Napoleón las proposiciones de paz, pero se despertó el fanatismo religioso y nacional de los rusos, que incendiaron la ciudad, y en la forzosa retirada quedó casi aniquilado el ejército francés.

Terminada la guerra de la independencia, el zar, como el más poderoso de los soberanos aliados, combatió a Napoleón hasta llegar a París, mostrando gran moderación respecto a Francia, y finalmente, después de haber fracasado su plan de imponer a Bernadotte como soberano, restableció los Borbones. En el congreso de Viena trabajó para el mantenimiento de la paz. Logró que se reconociese la neutralidad de Suiza y la autonomía republicana de las islas Jónicas, a Polonia, que le había sido adjudicada, le dio una constitución liberal.

Después de Waterloo se opuso al desmembramiento de Francia que proyectaban Prusia y Austria. Influido por Juliana de Krüdener, cuyo misticismo le sedujo, concibió el piadoso emperador la idea de una Santa Alianza fundada en la fraternidad divina de los reyes, que afianzase la paz del mundo sobre bases diferentes de las que habían imperado hasta entonces, tratado que levantó la protesta de todos los partidarios del régimen liberal, iniciado por la Revolución Francesa.

A su regreso a Rusia implantó de nuevo el régimen autocrático, considerándolo como el único posible para el gobierno de los pueblos. Al estallar la revolución de Grecia, capitaneada por Ipsilanti, el pueblo ruso simpatizó con sus hermanos de religión, pero Alejandro la condenó, no viendo en ella más que la sublevación del pueblo contra su soberano, lo propio que había considerado los movimientos y revoluciones de Alemania, España e Italia.

La muerte de su única hija natural, a la que quería entrañablemente; la terrible inundación de San Petersburgo, ocurrida en 1824, y, por último, el temor de una conjuración ruso-polaca contra la casa Romanow, embargaron el corazón del emperador, que, enfermo y apesadumbrado, se trasladó a mediados de Septiembre de 1825 con su esposa, también enferma, a Crimea, donde atacado por una fiebre endémica, murió en 1 de Diciembre en Taganrog. Atribuyeron su muerte a un veneno, por haberse descompuesto su cadáver rápidamente y quedar el rostro casi negro; algunos culparon de este delito a los emisarios de Austria o a sus mismos hermanos, y otros suponen que se debió a las sociedades secretas.

El poder de Rusia, durante este reinado, logró ejercer influencia decisiva en los asuntos de Europa. Entre los muchos monumentos dedicados en Rusia a perpetuar su memoria, merece mencionarse la columna de Alejandro, erigida en 1832 en la plaza del Palacio de San Petersburgo.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 4 págs. 403-404.