Rusia

Emperador Alejandro I de Rusia. Obra de autor desconocido, siglo XIX

ALEJANDRO I, zar de Rusia (1777-1825; 1801-1825) [San Petersburgo-Taganrog]. El asesinato del zar Pablo I elevó al trono, el 24 de marzo de 1801, a su hijo mayor, Alejandro. De esta manera insólita aparecía en la Historia la figura de uno de sus actores más singulares y discutidos; en todo caso, uno de los más importantes de las épocas napoleónicas y de la Restauración. De apostura brillante y trato encantador, simple y amable con todos, Alejandro mezcló en su espíritu el misticismo de Rusia, el jacobinismo de Occidente y la autocracia de su familia. Su vida está llena de paradojas singulares: liberal y afrancesado al principio de su gobierno, conservador y anglófilo más tarde, místico de la Restauración en 1815, su actitud ambigua se resume en los últimos años de su existencia, en los que fue zar autócrata de todas las Rusias y soberano constitucional de Polonia. Si Alejandro no fue siempre un alma grande ni un político de envergadura extraordinaria, tuvo el talento de aprovechar las circunstancias exteriores y la vital sacudida de la guerra de la independencia patria, para ampliar el territorio del Imperio y convertir a este, por unos años, en la primera potencia europea. El mismo se atribuyó el papel histórico de salvador de Europa ; pero, indudablemente, esta opinión personal no corresponde a la realidad de los hechos.

Hijo del príncipe heredero Pablo —luego Pablo I— y de María Fedorovna (Dorotea de Württemberg), Alejandro nació en San Petersburgo el 23 de diciembre de 1777. Por su abuela, Catalina II, su educación fue confiada a Federico César La Harpe. Durante diez años este formó el alma del futuro zar en los principios de la Ilustración francesa : humanitarismo, fraternidad, filantropía, reformas liberales del gobierno en beneficio del pueblo, etc. Alejandro se empapó de esta ideología, aunque jamás la comprendió a fondo. Era un mero revestimiento superficial, pues en su corazón se mantenía eslavo, místico y autócrata.

En 1793 contrajo matrimonio con Isabel de Baden. Su intervención en la política del zar Pablo I fue escasa. Aunque no comulgaba con sus ideas, no participó en la preparación ni en la comisión del asesinato del autor de sus días. Este suceso (1801) determinó en Alejandro una grave crisis espiritual, que no logró dominar en el resto de su vida. Al iniciar su gobierno, se había orientado hacia una política en cierto modo liberal, propugnada por el Comité de amigos (Adán Czartoriski, Kotchubev, Strogónov, juventud admiradora de Inglaterra. Se decretaron algunas reformas administrativas, se dulcificó la legislación criminal, se reglamentó la servidumbre y se fomentó la instrucción pública. En cuanto a la política exterior, Rusia rompió con la actitud francófila de Pablo I.

Temeroso de la expansión oriental de Francia (1803), irritado por la ejecución del duque de Enghien (1804), Alejandro entró a formar parte de la coalición que preparaba Inglaterra con Austria ( Tercera Coalición). Firmado el correspondiente tratado de alianza (San Petersburgo, 1805), los ejércitos de Rusia se lanzaron a la lucha con escaso éxito inicial. Alejandro estuvo presente en la batalla de Austerlitz (1805); pero después de la derrota no claudicó como Austria, sino que continuó en la lucha hasta que Prusia declaró la guerra a Napoleón.

Los resultados de la campaña de 1806-1807, evidenciados en la decisiva acción de Friedland, determinaron al zar a pactar con el corso. En las entrevistas de Tilsit (junio de 1807), Alejandro sacrificó a Federico Guillermo III de Prusia para repartirse, con Napoleón, el dominio de Europa. El precio del apoyo prestado al emperador de Francia al declarar la guerra a Inglaterra en noviembre de 1807, fue la conformidad recibida por Alejandro para apoderarse de Besarabia y Finlandia, lo que tuvo efecto entre 1809 y 1812.

La impresión causada en el espíritu del zar por los triunfos franceses le determinaron a adoptar una serie de reformas inspiradas en los principios revolucionarios. Este fue el período del ministro Speranski, el cual, en 1809, propuso a Alejandro la transformación de las instituciones rusas y la concesión de una carta constitucional. Esta fue aprobada por el zar en enero de 1810, y se aplicó, parcialmente, en el transcurso de este año y el siguiente con la creación del Consejo de Estado y el establecimiento de algunos ministerios.

Pero cuando se esperaba la reforma del Senado y la constitución de dumas locales y territoriales, los acontecimientos exteriores y la oposición interior motivaron la dimisión de Speranski. En 1811 el zar volvía a ser partidario de la lucha a muerte contra Napoleón, a causa de la crisis económica producida por el bloqueo continental y de la megalomanía sin límites del césar de Occidente. Decidida la guerra en abril de 1812, esta dio lugar a la invasión de Rusia por el ejército napoleónico y a la brillante epopeya defensiva que quebrantó, para siempre, la arrogancia de Napoleón.

Hasta 1815 Alejandro es el árbitro de Europa, tanto en los campos de batalla de Alemania (1813) y Francia (1814), como en el Congreso de Viena (1815). Artífice de la Santa Alianza (26 de septiembre de 1815), pretende fundir, en una exaltación mística, la autocracia con la libertad, la restauración con la revolución, en un régimen de justicia y amor presidido por la Providencia. En 1818, en Aquisgrán, aún no ha cambiado de criterio. Pero los asesinatos de Kotzebue (1819) y del duque de Berry (1820) le vuelven a la realidad. Este es el momento del predominio de Arakchéev y de su política represiva, ultraautocrática y ultraortodoxa. Alejandro, debilitado moralmente, deja hacer a su mi nistro. Poco antes de morir (Taganrog, 1 de diciembre de 1825), aún afirmaba que con él desaparecería el último republicano de Europa.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. II, págs. 164-165.