Federico Guillermo I de Prusia

De Jaime Vicens Vives

Federico Guillermo I de PrusiaFederico Guillermo I de Prusia

FEDERICO GUILLERMO I, rey de Prusia (1688-1740; 1713-1740 ). El artífice del poder de Prusia en el siglo XVIII no fue, exclusivamente, Federico II el Grande. De su gloria ha de participar su padre, Federico Guillermo I de Prusia, ya que este reunió todos los elementos que luego aquél había de poner en juego en su tenaz lucha contra Austria y Europa para que su Estado cobrara el rango de gran potencia en Alemania y el continente. El rey soldado, como se le ha llamado, fue en realidad un hombre pacífico, enemigo de conflictos exteriores y devoto de la Casa imperial. Pero su actividad como gobernante se desarrolló, por la misma fuerza de las cosas, en sentido opuesto a sus principios políticos fundamentales. De temperamento árido y seco, poco dotado para los goces del espíritu, Federico Guillermo I, como buen Hohenzollern, fue un genio de la acción y del trabajo. Desempeñó como nadie su oficio real, y fue el educador de su pueblo y el reformador completo del ejército, la administración, la hacienda y la burocracia de Prusia. Creía en la monarquía absoluta de derecho divino, y en su sistema de gobierno, denominado absolutismo patriarcal, todo se había de doblegar a su voluntad, en provecho exclusivo del Estado. Propiamente, el fue el primer funcionario del reino, la cúspide de la pirámide de disciplina y organización prusiana. Junto con el espíritu realista y práctico de sus reformas, esos fueron los valores permanentes que Federico Guillermo I legó a los futuros gobernantes de Prusia.

Ascendió al trono el 25 de febrero de 1713 a la edad de veinticuatro años, pues había nacido en Berlín el 5 de agosto de 1688. Era hijo de Federico I —el primer rey de Prusia— y de Sofía Carlota de Hannover. Tan pronto ciñó la corona, aplicó a rajatabla los principios que había mantenido cuando, como príncipe heredero, había sido jefe de la oposición a la política de favoritismo y despilfarros de su padre. En sus líneas esenciales, su obra gubernamental respondió a los preceptos legados por su abuelo, el Gran Elector: centralización territorial y administrativa, militarismo, protección a la economía pública.

En todos estos aspectos logró resultados positivos y satisfactorios. Liberó el ejército de todo subsidio extranjero, aumentó el número de sus tropas de 38.000 a 83.000 y las dotó de una instrucción perfecta y meticulosa (ejercicio a la prusiana). Centralizó la administración en el Directorio general, bajo cuya actividad funcionaron cinco departamentos ministeriales. Siguiendo los principios mercantilistas, protegió la naciente industria nacional, emprendió vastas obras de colonización interna en el Brandeburgo y veló por el desarrollo del comercio. En su tiempo, los ingresos del Estado pasaron de 3.400.000 a 7.000.000 de táleros.

Exteriormente, liquidó en la primera década de su gobierno los conflictos legados por su padre. La paz de Utrecht (1713) le dio la Güeldres española y el principado de Neuenburg. La paz de Estocolmo (1720), que puso fin a la gran guerra del Norte, en la que Federico Guillermo había intervenido desde 1715, le aseguró la posesión de la Pomerania anterior hasta el Prene, con Stettin, lo que ponía en manos de Prusia las bocas del Oder. Más tarde, con motivo de la sucesión al ducado de Juliers-Berg, Federico Guillermo le reclamó en virtud de los derechos que le correspondían por el tratado de Xanten de 1614. Oponiéndose a ello Austria, el rey de Prusia formó parte de la Liga de Herrenhausen (1725), que estuvo a punto de volver a encender la guerra en los campos de Europa.

Esta cuestión envenenó las relaciones entre Austria y Prusia, pues aunque Federico Guillermo I se separó de la coalición, el emperador Carlos VI se negó a reconocer sus pretensiones sobre el mencionado ducado. Pero no fue Federico Guillermo el llamado a dirigir la lucha, pues murió en Potsdam el 31 de mayo de 1740, Sin embargo, proporcionaba a su joven y magnífico sucesor, Federico II, el ejército, el tesoro y la burocracia necesarios para realizar las empresas de mayor envergadura histórica

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. II, págs. 109.