Isabel Clara Eugenia

Dinastía: Habsburgo

Antecesor: Felipe II de España

Sucesor: Felipe IV de España

Biografía

Retrato de la infanta Isabel Clara Eugenia por Pantoja_de_la_Cruz.Retrato de la infanta Isabel Clara Eugenia por Pantoja_de_la_Cruz.

ISABEL CLARA EUGENIA, infanta de España y reina de Flandes (1566-1633;1598-1621) [Balsain-Bruselas]. Por la paz de Cateau-CambrésisFelipe II contrajo matrimonio con Isabel de Valois. El 12 de agosto de 1566, la reina daba a luz una niña que recibió los nombres de Isabel en honor de la reina católica, Clara, fiesta del día, y Eugenia por haber sido encomendada a San Eugenio, cuyas reliquias acababan de ser traídas a Toledo desde Saint-Denis. En su bautismo fueron padrinos la infanta doña Juana y el príncipe don Carlos; sostuvo a la niña en la ceremonia don Juan de Austria. Dos años más tarde moría su madre (3 de octubre de 1568), y con gran cariño la sustituyó en este papel la cuarta mujer de Felipe II, Ana de Austria. Pronto mostró Isabel las dotes de su carácter: profunda inteligencia y temperamento alegre y espontáneo. Pensó Felipe II en don Sebastián de Portugal y en don Juan de Austria como posibles esposos de la infanta, pero ambos murieron en 1578.

En 1580 murió la reina Ana, y a partir de entonces Felipe II puso todo su amor en Isabel, que sería para siempre su hija predilecta. El matrimonio de su hermana Catalina Micaela con el duque de Saboya, estrechó aún más la intimidad entre padre e hija: solo Isabel gozó de la absoluta confianza de Felipe II, y asociada a los negocios del Estado, gastó su juventud. Muchas veces se pensó en su matrimonio pero Felipe II le retrasaba por no prescindir de su compañía.

Durante unos años fijó Isabel la atención de Europa al presentarla Felipe II como legítima sucesora a la corona de Francia, por ser la nieta mayor de Enrique II y no tener Enrique III, último Valois, sucesión directa El interés religioso de Francia, personificado en la Liga católica, así lo pedía por alejar del trono al jefe del partido hugonote Enrique de Borbón. Con dos inconvenientes chocaba esta candidatura: la Ley sálica, que excluía del trono a las hembras, y el nombramiento de sucesor hecho por Enrique III en favor del Borbón momentos antes de morir a consecuencia del atentado de Jacobo Clement.

Felipe II, al aceptar el ruego de los católicos franceses con el pensamiento puesto en los derechos de su hija, cometió un gran error político: cuando Alejandro Farnesio amenazaba terminar con la rebelión de los Países Bajos, hubo de distraer sus fuerzas por dos veces para intervenir en Francia en favor de la Liga. El 28 de mayo de 1593 y ante los Estados Generales reunidos en París, el duque de Feria, embajador de Felipe II, presentó oficialmente la candidatura de la infanta. Los pareceres estaban divididos y había católicos que se inclinaban por Enrique de Borbón, ya que pensaban que, si Isabel ceñía la corona y casaba con el archiduque Ernesto, como daba a entender Feria, Francia dejaría de ser nación independiente para caer de lleno en la órbita de los Habsburgo.

Aplazados los Estados, Enrique anunciaba sus intenciones de instruirse en la religión católica. Tal resolución ahondó la división en la Liga, y mientras el Parlamento de París se inclinaba en favor del nuevo rey: era el triunfo de lospolíticosfranceses que colocaban los intereses del Estado por encima de los religiosos. El 25 de julio de 1593 abjuró Enrique IV, y poco después entraba en París. Rota la guerra con España fue, en general, favorable a Felipe II; pero sus muchos años, la conciencia de este fracaso y la última posibilidad de someter a los Países Bajos, le obligaron a firmar la paz en Vervins (1598). Isabel contaba treinta años.

Soberana de Flandes (1598-1621)

El plan de Felipe II era sacrificar las provincias meridionales de los Países Bajos, para que las del Norte se sometieran, haciendo de todas un Estado independiente que la infanta llevaría en dote en el matrimonio con el archiduque de la casa de Austria: el señuelo de la Borgoña resucitaba. Muerto Ernesto en Bruselas (1595) fue elegido para marido de Isabel el archiduque Alberto, que había gobernado con acierto en Portugal y remplazado con éxito a su hermano Ernesto en el gobierno de los Países Bajos.

El 6 de mayo de 1598, el rey firmaba elActa de Cesiónde los Países Bajos, con grandes restricciones, pues la independencia era más aparente que real, y, en caso de no tener sucesión los archiduques, los Estados revertirían en la corona de España. El plan de Felipe II no se logró, porque las Provincias Unidas no aceptaron la cesión; era tarde, y al cabo de tantos años de lucha y ventajas comerciales tenían conciencia de su poder. En la sesión de los Estados Generales (22 de agosto de 1598), los bancos reservados a los diputados de las provincias septentrionales aparecieron vacíos.

Felipe II moría el 13 de septiembre de 1598; Isabel no se apartó de su lado y de él recibió los últimos consejos. Previa doble dispensa del Papa por el parentesco y el cardenalato de Alberto, vino este desde Flandes, acompañando en parte del viaje a la prometida de Felipe III, Margarita de Austria. Los matrimonios por procuración se efectuaban en Ferrara por el pontífice Clemente VIII, y en abril de 1599 llegaban los contrayentes a Vinaroz. Allí les esperaba Isabel con su hermano Felipe III, y en Valencia, con pompa inusitada, se ratificó el doble enlace. El 7 de junio los archiduques salían de Barcelona y desembarcaban el 18 en Génova. Por Milán, Suiza y Lorena entraban el 20 de agosto en Thionville, y el 5 de septiembre en Bruselas, entre aclamaciones populares. Después de organizado el gobierno y conferidos los principales cargos, iniciaron los nuevos soberanos de los Países Bajos una gira por las provincias para ser consagrados por cada una. Isabel enseguida se hizo querer de sus súbditos, pues unía a la gracia francesa de su madre el arte borgoñón de su abuelo Carlos V para hacerse popular.

Pero la guerra con las Provincias Unidas continuó, y en esta su primera fase han de consignarse el ardor y entusiasmo que puso la archiduquesa; nunca se engañó a sí misma, ni ocultó la verdad a Felipe III ni al valido duque de Lerma en sus frecuentes consejos. Cuando a raíz de la batalla de las Dunas (julio de 1600), en que Alberto se vio derrotado por Mauricio de Nassau, el prestigio de los archiduques sufrió fuerte quebranto, Isabel supo salvar a su esposo y a su dignidad ante la corte española. Para rehacer ese prestigio se acometió el sitio de Ostende, que terminó victoriosamente Spínola al cabo de casi tres años.

La situación política con la Francia de Enrique IV hostil y la falta de posibilidades económicas en España, impusieron laTregua de Doce años(9 de abril de 1609). Suponía esta tregua el fracaso de los planes de Felipe II y el de la donación de los Países Bajos a Isabel. Otro problema tuvo que resolver la archiduquesa: el de la huida a Flandes de los príncipes de Condé, rompiendo los intentos amorosos de Enrique IV. Cuando la guerra era inevitable —de pretexto servía la sucesión de Cleves y Juliers—, la trágica muerte de Enrique IV (1610) frustró los planes de este.

Durante los doce años de tregua, se inició en Flandes un periodo de prosperidad. Se desarrollaron por completo las instituciones que dieron cima a la unidad nacional de Flandes: Isabel,más inteligente y más enérgica que su esposo..., tuvo el papel de protagonista…Terlinden, Isabel Clara Eugenia, Madrid, 1944).La unificación delEdicto Perpetuoen materia de derecho fue la base de la unidad política; los Estados Generales cesaron de ser convocados. Se implantó elMonte de Piedad, obra de la infanta. En el orden religioso, se procuró el apaciguamiento, buscando las conversiones voluntarias. Las artes, en especial la pintura, se beneficiaron del favor de Isabel. La corte de Bruselas era alegre y animada, y las fiestas muy numerosas. La archiduquesa era muy querida. Mas el ansiado heredero no llegaba; el 13 de julio de 1621 murió el archiduque, y la cláusula de la vuelta de Flandes a España había de cumplirse.

Gobernadora de Flandes

Isabel aceptó sus altos deberes y, a instancias del nuevo rey, Felipe IV, gobernó hasta su muerte los Estados de Flandes. Al terminar la tregua, la guerra con las Provincias Unidas volvió a comenzar; fue este el período más difícil y espinoso para la infanta. Al principio, los triunfos católicos en la guerra de Treinta Años repercutieron favorablemente en los Países Bajos: victoria de Fleurus y toma de Breda (23 de abril de 1625). Pero el cardenal Richelieu, dueño del poder en Francia, sostuvo con dinero a los ejércitos holandeses que pronto pasaron a la ofensiva. Isabel se multiplicaba —España no podía dar más ayudas; los Estados pagaban de muy mala gana los subsidios—; ella llevó sus joyas alMonte de Piedady consiguió 1.600.000 florines para la guerra.

Los holandeses se apoderaban de Bois-le-Duc (1629) y Maestricht (1632). Este revés y la excesiva españolización del gobierno, que producía gran descontento, paralizaron los esfuerzos de la gobernadora. Aún su prestigio deshizo un complot de nobles contra España. Un intento fracasado de paz fue el último acto político de Isabel. El 28 de noviembre de 1633 caía enferma, debilitada por una vida de austeridad, sacrificios y preocupaciones. Después de haberse despedido de las personas de su corte y de María de Médicis, Gastón de Orleáns y su esposa Margarita —huidos de Francia por intrigas contra Richelieu—, entregó plácidamente su alma a Dios. Era el 1 de diciembre de 1633.

CANO SINOBAS, José Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 508-510.