Nubeluz

Guillermo I Orange

Guillermo de Orange, el Taciturno, por Adriaen Thomasz Key (1580).Guillermo de Orange, el Taciturno, por Adriaen Thomasz Key (1580).

Guillermo de Orange (1533-1584) [Dillenburg-Delft]. Al nombre de Guillermo, príncipe de Orange, al que sus contemporáneos llamaban el Taciturno, va unida la sublevación de los Países Bajos y la pérdida del poder español en las provincias del Norte. Hijo de Guillermo de Nassau y Juliana de Stalberg, ocupó por su nacimiento, sus grandes posesiones y su fortuna el primer rango entre los grandes señores del país, A los once años recibió la herencia de su primo Renato de Nassau, príncipe de Orange. Carlos V, a pesar de constarle que había sido educado por su padre en el luteranismo, ratificó el testamento, pero le obligó a trasladarle a la corte de María de Hungría, gobernadora de los Países Bajos. El ambiente refinado de Bruselas, dominado culturalmente por el recuerdo de Erasmo, no afianzó sus ideas religiosas. Fue paje y confidente del emperador, a sus órdenes combatió contra los franceses en 1551, y en 1555 en él se apoyaba durante la emocionante escena de su abdicación. Fue tratado por Felipe II con gran consideración; recibió el nombramiento de consejero de Estado, caballero del Toisón de Oro y estatúder o gobernador de las provincias de Holanda, Zelanda y Utrecht. No obstante, celoso defensor de las prerrogativas e independencia de su pueblo, difería por completo de las ideas del rey, autoritarias y contrarreformistas.

A partir de la paz de Cateau-Cambrésis, en 1559, comenzó a pensar en librar a los Países Bajos del poder español. A la cabeza de la aristocracia flamenca, fomentó la oposición contra Granvela. Entró en relación con los más poderosos príncipes alemanes. Habiendo muerto su primera mujer, Ana de Egmont, contrajo matrimonio en 1561 con Ana de Sajonia, hija única de Mauricio y nieta del elector Augusto. Tras una serie de reclamaciones consiguió la destitución del cardenal Granvela en 1564, pero no pudo evitar la represión del calvinismo, al que se habían adherido parte de los caballeros de las provincias del Norte y la masa del pueblo bajo. Obra suya fue el compromiso de Breda y la manifestación de los gueux ante Margarita de Parma en 1565. Después de la revolución de 1566 se vio acusado por la gobernadora de fomentar la sublevación del país. Aunque sin estar de acuerdo con la actitud levantisca de los calvinistas, la intervención del duque de Alba le decidió resueltamente a la rebelión, y, refugiándose en sus Estados alemanes de Dillenbourg, se convirtió en jefe de los protestantes de los Países Bajos. Estuvo en relación con Isabel de Inglaterra, con los luteranos alemanes y con los hugonotes franceses. En 1568 realiza un intento de intervención armada en Flandes: pero, vencido en Jemmingen por el duque de Alba, se retiró a Francia, donde combatió al lado de Coligny, en la tercera guerra de religión.

Hallándose nuevamente en Dillenbourg, los pordioseros del mar, que él había creado, se apoderaron en 1572 de la ciudad de Brill, dando principio a la sublevación general de Holanda, Zelanda, Güeldres, Utrecht y Frisia, cuyo mando tomó. A la llegada de Luis de Requesens, en 1573, intentó entablar con él negociaciones de paz, pero sus exigencias sobre la libertad de conciencia, establecimiento de las antiguas leyes y prerrogativas, y la salida de las tropas extranjeras, rompieron de nuevo las hostilidades. Aunque su idea era mantener el equilibrio entre católicos y protestantes, para asegurar el triunfo total de sus proyectos, por la necesidad de recabar apoyo de ingleses y franceses, abrazó públicamente el calvinismo, y contrajo nuevo matrimonio más adelante con la monja exclaustrada Carlota de Borbón, hija del duque de Montpensier.

En 1574 vence en Middleburg, pero sus tropas son derrotadas en Mons y ha de hacer una desesperada resistencia en Leyden. Aprovechando el fallecimiento de Requesens en 1576 y el levantamiento de los países del Sur ante el saqueo de Amberes por las tropas españolas, consiguió la unión de católicos y protestantes en la llamada Pacificación de Gante, cuyos términos fueron reconocidos por don Juan de Austria en el Edicto Perpetuo de 1577. No obstante, la exaltación de los calvinistas hizo imposible mantener la unión entre el Norte y el Sur, y mientras don Juan de Austria se vio obligado a refugiarse en Namur, hizo Guillermo su entrada triunfal en Bruselas, donde fue nombrado tutor de Brabante y lugarteniente del archiduque Matías, que había aceptado la soberanía. La llegada de Alejandro Farnesio cambió la situación, venció en Gembloux en 1578, recobró Brabante y atrajo a su causa las provincias de lengua francesa, firmándose la Unión de Arras en 1579. Este mismo año se firmaba también la Unión de Utrecht, obra de Guillermo de Orange; por ella nacía a la vida histórica el Estado de las Siete Provincias.

En 1581 publicaba Felipe II el bando del Maastricht, poniendo a precio la cabeza de Orange. Contestó este publicando en francés, latín y alemán su Apología, violentamente escrita, en la que hacía graves acusaciones contra el monarca, que fueron recogidas y propagadas por la leyenda negra antiespañola. Por el manifiesto de La Haya de 1581, las provincias del Norte renunciaban a la soberanía de Felipe II, nombrando al príncipe de Orange gobernador general. Para defenderse de las acometidas de Alejandro Farnesio buscó protección en Francia en la persona del duque de Anjou. Esta intervención y su nuevo matrimonio con Louise de Coligny, hija del famoso almirante francés, no fue del agrado de los calvinistas holandeses.

En 1584, cuando su popularidad comenzaba a disminuir, fue asesinado por un fanático, Baltasar Gerard, en el palacio de Delft. Fue Guillermo de Orange la figura representativa de la rebeldía nacionalista y calvinista contra el gobierno extranjero, absoluto y católico de Felipe II. Carecía de una formación ideológica y religiosa precisa, pero tenía una extraordinaria facultad de acción y un alto sentido político que le permitió dar vida y orientación a un nuevo Estado, el holandés, el primero que nació en Europa, según el espíritu de una nueva época, contra los derechos de un soberano legítimo.

VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, págs. 106-110.