Juana I de Nápoles

Datos biográficos

Dinastía: Anjou-Sicilia
Reina de Nápoles: 1343-1382
Nacimiento: 1326
Fallecimiento: 12-IX-1382

Biografía

Juana, condesa de Provenza.Juana, condesa de Provenza.

Una vida folletinesca y un reinado truculento; desde el punto de vista histórico, la descomposición del Estado napolitano fundado por Carlos de Anjou. Tales son las características más notables que se desprenden de la biografía de Juana I de Anjou, reina de Nápoles.

Había nacido en 1326, hija de Carlos, duque de Calabria, y de María de Valois. Nada parecía llamarla a regir el trono de Nápoles, pese a la muerte de su hermano Martín, único hijo varón del duque de Calabria. Pero la muerte de su padre en 1328, la designó como heredera del rey Roberto de Anjou, su abuelo paterno, que la proclamó princesa hereditaria el 4 de noviembre de 1330. Al objeto de disponer del futuro de Juana, Roberto procuró su enlace con el príncipe Andrés de Hungría, segundogénito del rey Caroberto. El matrimonio se llevó a cabo a fines de septiembre de 1333, en el Castillo Nuevo de Nápoles, cuando Juana contaba siete años y Andrés seis. Este fue educado en la corte de Roberto con vistas a la regencia de Nápoles y a ser, en un día no lejano, el verdadero esposo de Juana. Pero los dos jóvenes, a pesar de crecer juntos, nunca experimentaron la menor simpatía mutua.

Muerto Roberto de Anjou el 19 de enero de 1343, quedó instituido un consejo de regencia, el cual debía actuar hasta que la reina tuviera veinticinco años. Pero muy pronto surgieron graves complicaciones. El príncipe Carlos de Durazzo, sobrino del rey, raptó a la hermana de Juana, María, para poder aspirar a la coropa. Esto indujo a la viuda de Felipe de Tarento, hermano de Roberto de Anjou, a tejer una serie de intrigas para consolidar la posición de Juana en el trono.

Carlos III de Nápoles.Carlos de Durazzo, III de Nápoles 1382-1386.

Ciertamente esta no requería tales estímulos, pues a medida que se desarrollaba su carácter, se había revelado autoritaria, intransigente y ambiciosa. El gobierno del cardenal Américo de Chalus (1344), nombrado tutor por el papa Clemente VI, fue muy breve. Juana quería regir Nápoles por sí sola y a su capricho. De hecho, prescindió de su esposo Andrés. Cuando este, apoyado por su hermano Luis de Hungría, obtuvo del papa el derecho de ser coronado rey de Nápoles, Juana lo eliminó de su lado, haciéndole asesinar por varios cómplices el 18 de septiembre de 1345 en el castillo de Aversa.

Esta horrible tragedia pesó gravemente sobre Juana I. Pero, por otra parte, la reina nada hizo para evitar males mayores. Casquivana y caprichosa, se enamoró perdidamente de Roberto de Tarento, a quien luego abandonó por su hermano menor, el apuesto Ludovico. Sin el consentimiento del papa, Juana se casó con su último amante el 22 de agosto de 1347. Se desencadenó la crisis: Carlos de Durazzo reclamó el reino para su hija y Luis de Hungría invadió Nápoles.

Juana abandonó su reino el 15 de enero de 1348 y se trasladó a la corte pontificia en Aviñón, donde, gracias a su habilidad femenina, convenció de su inocencia al colegio de cardenales. Como, por otra parte, Luis de Hungría se mostró cruel y violento con los napolitanos, se desencadenó una sublevación, a cuyo amparo Juana pudo regresar a su reino (agosto de 1348). Después de una nueva crisis en 1350, acompañada de una segunda invasión húngara y de una nueva fuga de Juana, se firmó la paz entre Nápoles y Hungría en 1352.

La desesperada pasión de Ludovico de Tarento le llevó al sepulcro en 1362, víctima de la incontinencia amorosa de Juana I. La reina no guardó mucho tiempo luto por su real esposo, puesto que en el transcurso del mismo año (14 de diciembre de 1362) se casaba con Jaime IV de Mallorca. Este príncipe, que se había casado para buscar en Nápoles recursos con los que reconquistar su reino, se marchó poco después. En 1366 regresó por algunos meses a Nápoles, y ya no volvió a poner los pies en el reino de su esposa. Muerto a principios de 1375, Juana no tardó en reemplazarle por el guerrero alemán Otón de Brunswick, a quien creía capaz de defender sus Estados. En 1378 los dos cónyuges apoyaron al antipapa Clemente VII.

Urbano VI, auxiliado por el rey Luis de Hungría, que no había menguado en su odio contra Juana, dio la corona de Nápoles a Carlos III de Durazzo. Pese al auxilio de Luis de Anjou, en quien la reina vio a un defensor y a un heredero, las tropas de Carlos de Durazzo se apoderaron de Nápoles y de la persona de Juana en 1381. Al año siguiente, el 22 de mayo de 1382, Juana perecía estrangulada por orden de Carlos de Durazzo, aconsejado por Luis de Hungría. Antes de morir (12 de septiembre de 1382), este había podido vengarse del crimen de Aversa.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 156-157.