Fernando IV de Nápoles

Fernando I de las Dos Sicilias

Datos biográficos

Dinastía: Borbón-Dos Sicilias
Rey de Nápoles: 1816-1825
Nacimiento: 12-I-1751
Fallecimiento: 4-I-1825

Biografía

Fernando IV por Angelica Kauffmann.Fernando IV por Angelica Kauffmann.

En su más duro aspecto de lucha política y de banderías, la Restauración tuvo un marco apropiado en el reino de las Dos Sicilias —Nápoles y Sicilia— durante el gobierno de Fernando IV, monarca a quien incluso los más acérrimos partidarios del absolutismo tacharon, ya en su época, de poco fiel a su palabra y propenso a la venganza.

Hijo de Carlos III de España y de María Amalia de Sajonia, Fernando, tercer hijo varón del matrimonio, nació en Nápoles el 12 de enero de 1751, cuando aquel soberano todavía ceñía la corona napolitana. Al marchar Don Carlos a España para suceder a su hermano Fernando VI (1759), dejó el trono a su tercer hijo, pues mayor, Felipe, estaba incapacitado por idiotez, y el segundo, Carlos, acompañaba a su padre como probable heredero de la corona española. El joven rey tenía ocho años, por lo que el gobierno fue confiado a un Consejo de regencia, cuyo miembro más prominente era Bernardo Tanucci. Su educación corrió a cargo del príncipe de San Nicandro, quien más que aclarar su inteligencia, procuró robustecer su cuerpo. Así, el muchacho creció fuerte y lleno de salud ; pero muy poco cultivado espiritualmente, e incluso grosero.

La política de Tanucci durante su minoridad forma un capítulo de la política de los gobiernos del Despotismo ilustrado en Europa. Baste decir que los jesuítas fueron expulsados del reino en 1767, el mismo año en que, al cumplir los dieciséis, el soberano había entrado en completa posesión de su herencia como Fernando IV de Nápoles. Es obvio que en tales disposiciones nada tuyo que ver el monarca, quien mostraba tendencias muy autoritarias a pesar de su juventud. Sin embargo, no parecía sentir mucha afición a la política. Por esta causa, después de su enlace con María Carolina de Austria, hija de María Teresa, el 12 de mayo de 1768, esta pudo influir en las decisiones gubernamentales, tanto relativas a asuntos interiores como exteriores. En 1775, el primer ministro Tanucci se vio obligado a ceder al rey parte de la dirección política, que antes ejercía por completo; después, en 1777, tuvo que presentar la dimisión. De momento, este hecho no significó modificación alguna en la trayectoria reformista iniciada por Carlos III; pero internacionalmente, tuvo un claro reflejo en la orientación filo austríaca de Nápoles.

Los sucesos revolucionarios de Francia, en los que halló la muerte María Antonieta, hermana de la reina, impresionaron profundamente a la familia real napolitana, que desde entonces fue adversaria integral de la Revolución. En 1793, los ejércitos de Fernando IV participaron en la primera Coalición contra Francia, de la que aquél se separó en 1796, por la paz de París, después de los grandes reveses militares de Austria. Sin embargo, las ideas republicanas habían ganado mucho terreno en Nápoles, en particular entre la intelectualidad y la aristocracia.

Cuando en 1798, después de la victoria de Nelson en Abukir, Fernando IV volvió a declarar la guerra a Francia, las tropas del Directorio se apoderaron de Nápoles el 20 de enero de 1799 y el 23 proclamaron la República Partenopea. El rey huyó a Palermo, El descontento producido por la invasión y el desgobierno de la aristocracia liberal fueron los motivos que explican la reacción acaudillada por el cardenal Fabrizio Ruffo, quien organizó en Calabria el ejército cristiano de la Santa Fe y logró recuperar el reino y la capital a principios de junio del mismo año. Esta operación fue seguida por una serie de severas medidas de represión, incitadas por Fernando IV, quien regresó a Nápoles el 8 de julio. Sin embargo, la corte no se re instaló en el continente hasta 1802, después de haberse firmado la paz de Amiens.

La reanudación de las hostilidades en 1804 provocó un juego ambiguo de Fernando IV, adicto inquebrantablemente a la causa inglesa. Después de Austerlitz, Napoleón decidió expulsar a los Borbones del trono de Nápoles, y sus fuerzas, en efecto, establecieron en él a su hermano José. De 1806 a 1815, Fernando residió en Palermo, donde tuvo que luchar con el viejo Parlamento siciliano, el cual en 1812 —con el apoyo de Inglaterra— le arrancó una constitución de tipo británico. Fernando dejó el poder, eventualmente, a su hijo Francisco, y su esposa tuvo que abandonar Sicilia.

Caído el régimen napoleónico y precipitada a la ruina la monarquía de Joaquín I Murat en Nápoles, Fernando IV regresó a su capital (9 de junio de 1815), donde se proclamó rey (I) de las Dos Sicilias, a fin de ahogar las veleidades autonomistas de los sicilianos. En esta época cedió en sus pretensiones regalistas frente a la Iglesia, con la que dirimió las antiguas diferencias mediante el concordato de Terracina de 1818. Respecto al elemento liberal, que se agrupaba en las sociedades secretas de los carbonarios, se mostró intransigente con él.

En junio de 1820, a imitación de lo acaecido en España, el ejército se sublevó y el general Pepe obtuvo del rey una constitución similar a la española de 1812 (6 de julio). Desde luego, Fernando no pensó ser fiel a su palabra, que le había sido impuesta por la fuerza. Aprovechando la invitación que le hicieron las potencias extranjeras, se trasladó a Laibach, donde, a pesar de las promesas hechas en Nápoles, obtuvo que Austria le restaurara en la plenitud de su poder. En 1821, las tropas austríacas vencieron a las constitucionalistas en Rieti (7 de marzo) y entraron victoriosas en Nápoles (23 de marzo), seguidas por el monarca. Este se mostró más moderado en la represión que en 1799, atendiendo a los consejos de Austria. Murió en Nápoles el 4 de enero de 1825.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 188-189.