Napoleón I de Francia

Datos biográficos

Dinastía: Bonaparte
Emperador de Francia: 1804-14; 15
Nacimiento: 1769
Fallecimiento: 1821
Predecesor: Charles-François Lebrun
Sucesor: Luis XVIII
Padre: Carlo Bonaparte
Madre: María Letizia Ramolino
Consorte: Josefina de Beauharnais
Consorte: María Luisa de Austria

Biografía

Nació el 15 de agosto en Ajaccio (Córcega), hijo de Charles Marie Bonaparte y Leticia Ramolino. Fueron sus hermanos José, Luciano, Elisa, Luis, Paulina, Carolina y Jerónimo. La familia Bonaparte intervino en las luchas de independencia de Córcega, vendida por la república de Génova a Luis XV en 1768, pero pasó después al servicio de Francia, por lo que José y Napoleón obtuvieron dos becas escolares en el continente (1779). Estudió en el colegio de Autun Saône-et-Loire) y en la Escuela Militar de Brienne (Aube), saliendo, por último, de la Escuela Militar de París con el título de segundo teniente.

Napoleón por Jacques-Louis DavidNapoleón por Jacques-Louis David

Después de pasar por diversas guarniciones (Valence, Lyon, Douzi, Auxerre), donde, carente de recursos, dedica su tiempo al estudio, presencia en París el asalto del populacho a las Tullerías (20 de junio de 1792). Es destinado a Córcega con el grado de capitán para luchar al lado de la Convención contra el insurgente Paoli, pero, vencedores los revolucionarios, Napoleón se ve obligado a llevarse a Francia a toda su familia (13 de junio de 1793) que se instala cerca de Tolón.

El sur de Francia se declara realista y sus habitantes, con el apoyo de los ingleses se hacen dueños de Lyon y Marsella, Napoleón, ya con el grado de comandante, se distingue en el sitio de Tolón, que se conquista gracias a él (13 de diciembre de 1793) y es ascendido a general de brigada, aunque su amistad con el hijo de Robespierre le lleva a la cárcel después de la caída de este.

Libertado al poco tiempo, entra en contacto con Barras, miembro del Directorio, y este le nombra jefe de las tropas que habían de combatir al pueblo sublevado contra la Convención , El 5 de octubre de 1795 (13 Vendimiario) sus 5.000 hombres entran en acción y, al instante, queda desbaratado el movimiento popular. Es este el comienzo de la carrera política de Napoleón, que se convierte en figura de los salones de París, donde conoce a Josefina Tascher de la Pagerie, viuda del general Beauharnais, con la que contrae matrimonio el 9 de marzo de 1796.

Campañas de Italia y Egipto

A los veintisiete años recibe el mando del maltrecho ejército que en Italia debía combatir a Austria, único país de la primera coalición que, con Inglaterra, continuaba en la lucha contra Francia, Prusia y España habían firmado la paz de Basilea (1795) y esta última, disgustada con Inglaterra, se alió al Directorio por el tratado de San Ildefonso, Después de resonantes victorias (Lodi), Napoleón obliga al enemigo a aceptar la paz de Campoformio (17 de octubre 1797).

Emprende después la campaña de Egipto (17981799) para cortar a Inglaterra el paso de la India que acababa de sublevarse. Si la expedición no supuso un éxito, fue, sin embargo, aclamado a su vuelta por Francia entera, que veía en él al único salvador posible para la delicada situación en que el país se encontraba, después de la formación de una segunda coalición continental que había reducido a la nada, por obra del general ruso Suvarof, la primera campaña italiana de Napoleón.

Primer cónsul

Poco después llegaba el golpe de Estado del 18 Brumario (9 de noviembre de 1799) que provocó la caída del Directorio y llevó a Napoleón a ocupar el puesto de primer cónsul (1799-1804). Ya en el Poder, Bonaparte se lanza de nuevo sobre Italia, y, liquidado el ejército austríaco en Marengo (14 de junio de 1800), obliga a Austria a firmar el tratado de Lunéville 19 de febrero de 1801), mientras Inglaterra reconocía en la paz de Amiens (27 de marzo de 1802) las conquistas de la República Francesa.

En este período consular eminentemente administrativo; gracias a la actividad infatigable de Napoleón surgen la nueva Constitución, el concordato con la Santa Sede (1801) y el Código civil (1804), considerado, y con razón, por el cónsul, como su mayor timbre de gloria.

Emperador de Francia

En pleno triunfo, el Senado le nombra cónsul por diez años y, al poco tiempo, su cargo se convierte en vitalicio; pero, no contento con ello, y después de dominar un conato de conspiración con la muerte del inocente duque de Enghien, último descendiente del gran Condé, se hace proclamar emperador, decisión ratificada por más de tres millones de votos populares. El 2 de diciembre de 1804 es ungido en Nôtre-Dame de París como emperador de los franceses por el papa Pío VII, ciñéndose él mismo la corona imperial, gesto que repitió con Josefina.

Se constituye entre tanto la tercera coalición por iniciativa de Pitt, y el emperador se decide a invadir Inglaterra, mientras la escuadra franco-española debía distraer la atención de Nelson hacia las Antillas. Fracasado el plan, Napoleón no se arredra y lanza el ejército tan cuidadosamente preparado —la Grande Armée— contra Austria y el ejército ruso. A pesar del desastre marítimo de Trafalgar (21 de octubre de 1805), la victoria de Austerlitz (2 de diciembre de 1805) obliga a Francisco II a aceptar la paz de Pressburgo (27 de diciembre de 1805).

Se forma en Alemania la Confederación del Rhin que, agrupando diversos principados alemanes, se coloca bajo el mando de Napoleón, mientras suben a los tronos de Holanda y Nápoles, de donde fue destronado Fernando IV, hermano de Carlos IV, sus hermanos Luis y José Bonaparte.

Rusia no aceptó la paz de Pressburgo y se volvió a unir con Inglaterra, a la que se agregó Prusia, formando la cuarta coalición. El emperador ataca Prusia y el ejército de Federico Guillermo II es aplastado en Jena (14 de octubre de 1806), y el 21 de noviembre, desde Berlín, decreta contra Inglaterra el llamado bloqueo continental: ni un solo producto europeo llegaría a Gran Bretaña, pero, para ello, tenía Napoleón que ser dueño absoluto de toda Europa, lo que traería inevitablemente su ruina ante la imposibilidad de dominar toda la costa atlántica.

Napoleón se revuelve entonces contra Rusia, a la que aplasta en Eylau (8 de febrero de 1807) y Friedland (14 de junio de 1807), llegándose, por estas victorias, a la paz de Tilsit (8 de julio de 1807) que supone para su hermano Jerónimo el trono de Westfalia. Tranquilizada la situación, al menos durante algún tiempo, Napoleón dedica toda su atención a lo que él llamó l'affaire espagnol.

L'affaire espagnol

Después de la paz de Basilea (1795), España había firmado en San Ildefonso (19 de agosto de 1796) un tratado de amistad que nos llevó, en noviembre del mismo año, a una desdichada guerra con Inglaterra (derrota del cabo de San Vicente, bloqueo de Cádiz y asalto a Santa Cruz de Tenerife). El golpe de Estado del 18 Brumario no cambió las relaciones entre las dos potencias. Se firmó el segundo tratado de San Ildefonso (1 de octubre de 1800) y, para consolidar la nueva amistad hispano-francesa, el primer cónsul envió como embajador cerca de Carlos IV a su hermano Luciano.

A instancias de este, se firmó el nuevo tratado de Aranjuez (21 de marzo de 1801) y se produjo la ridícula guerra de las naranjas (20 mayo-6 junio de 1801), por la que Napoleón obtuvo la exclusión del pabellón inglés de aguas portuguesas. El cónsul comprende la importancia extraordinaria de España para Francia y, en cierta ocasión, escribe: L'Espagne est pour la France, ou une amie utile, ou une ennemie dangereuseA. Mousset, Histoire d'Espagne, página 339, París, 1947; por eso nos favorece siempre que puede, ofreciendo la corona del Etruria a Luis de Borbón-Parma, sobrino y yerno (por su boda con la infanta María Luisa) de Carlos IV.

Un nuevo tratado de amistad, firmado en París (19 de octubre de 1803), y el puesto destacado que, entre los invitados a su coronación, hizo ocupar al embajador almirante Gravina, ponen de manifiesto el interés de Bonaparte por España. El emperador piensa que la ayuda de España ha de serle preciosa en su ataque a Inglaterra, pero, deshecha la escuadra franco-española en Trafalgar, cambia de idea: necesita, a toda costa, apoderarse de Portugal y España, para hacer realmente efectivo el bloqueo decretado contra los ingleses.

Se empeña entonces en un doble juego, favoreciendo a Godoy y al partido del infante don Fernando VII, como se hizo patente en el proceso de El Escorial (octubre de 1807). Al mismo tiempo, y después del tratado de Fontainebleau (27 de octubre de 1807), conseguía que sus tropas, al mando de Junot, atravesaran la Península y liquidaran Portugal (19-30 de noviembre de 1807).

Amparado en la falsa alianza, un nuevo contingente, dirigido por Murat, ocupa el norte de la Península; se produce el motín de Aranjuez (17 de marzo de 1808), con la subsiguiente caída de Godoy. Carlos IV abdica en Fernando VII y Napoleón ve entonces una oportunidad clara de apoderarse del trono; con engaño atrae a Carlos y a Fernando a Bayona, donde consigue (5 de mayo de 1808) una doble cesión a su favor.

Poco más tarde, José Bonaparte juraba la llamada Constitución de Bayona (7 de julio de 1808) y entraba en España. Mientras tanto, el pueblo español se aprestaba a la defensa, y después de los acontecimientos del Dos de Mayo, batalla de Bailén (19 de julio de 1808) y capitulación de Cintra, Napoleón decide ir personalmente a España. El 6 de noviembre de 1808 ve en Vitoria a su hermano José y se pone al frente de los 200.000 hombres de la Grande Armée.

Después de derrotar a Castaños en Tudela (23 de noviembre de 1808) y de pasar Somosierra la semana siguiente se presenta en Madrid, alojándose en Chamartín. La capital capitula el 2 de diciembre y solo una vez penetró en Madrid para visitar el palacio real, deteniéndose largo rato ante el célebre retrato de Felipe II pintado por Pantoja. Dictó, en plan de vencedor, medidas innovadoras: supresión del Consejo de Castilla y de la Inquisición y abolición de privilegios y señoríos. Abandona Madrid el emperador para perseguir al ejército inglés que desde Portugal había entrado en Salamanca, pero noticias inquietantes llegadas de Austria le obligan a volver a París, donde entra el 23 de febrero de 1809.

Formada entonces una quinta coalición entre Austria e Inglaterra, Napoleón acaba de nuevo con ella en Wagram (6 de julio de 1809), obligando a Francisco II a aceptar la humillante paz de Viena (14 de octubre de 1809). Entretanto, se había producido un conflicto con Pío VII, al que suprime la por él llamada donación de Carlomagno, incorporando los Estados Pontificios a su imperio. El Papa le excomulga y, en vista de ello, el emperador le recluye tres años en Savona, trasladándole después otros dos años a Fontainebleau (1809-1814).

En 1810, y pretextando la falta de heredero, contrae nuevo matrimonio con la archiduquesa María Luisa, después de divorciarse de Josefina; el año siguiente nace su único hijo, Napoleón de nombre, futuro rey de Roma; es entonces cuando Napoleón alcanza su máximo poder, siendo su corte la primera de Europa. Filósofos (De Maistre, Bonald), sabios (Laplace. Couvier), músicos (Méhul, Spontini) y artistas David, Gros) le rodean, aunque él se queja intimamente de la pobreza del mundo intelectual que le adula; comenta irónicamente: j´ai pour moi, la petite littérature, et, contre moi, la grande, aludiendo al abandono en que le tienen las grandes figuras Chateaubriand, Madame de Staël, etc.).

La camapaña de Rusia

Quiere después castigar al veleidoso zar nuevamente en tratos con Inglaterra y emprende la desdichada campaña de Rusia 19 de octubre de 1812 y después de una serie de éxitos iniciales tiene que abandonar Moscú con su ejército derrotado por el frío y el hambre. Mientras tanto, los acontecimientos se precipitan; la campaña de España fracasa y queda doblemente demostrada la debilidad de la Grande Armée. Se formó entonces una sexta coalición y Napoleón se ve solo frente a enemigos y antiguos aliados, ahora unidos en contra suya.

Después del desastre de Leipzig (19-23 de octubre de 1813) se retira a Francia y se ve obligado a abdicar, a pesar del heroico comportamiento de su veterano ejército. Sale desterrado hacia la isla de Elba ( 20 de abril de 1814), de la que se escapa un año más tarde, entrando triunfante en París (20 de marzo de 1815) mientras huía Luis XVIII, el Borbón que había iniciado la restauración.

Al cabo de los Cien Días, su ejército es completamente aplastado en Waterloo (18 de junio de 1815) y llega la abdicación definitiva. Napoleón se entrega a los ingleses y es desterrado a Santa Elena, isla perdida en el Atlántico Sur, donde muere rodeado de algunos fieles, víctima de un cáncer de estómago, el 5 de mayo de 1821. En 1840 sus restos son trasladados a Francia, donde reposan en el monumento a los Inválidos de París desde 1853.

Personalidad extraordinaria la de Napoleón, cuya valoración crítica no corresponde a este lugar, equivocó su conducta frente a España: su desprecio por los Borbones le llevó a subestimar la capacidad de resistencia del pueblo español. Años más tarde, en Santa Elena, reconoció que este había sido su máximo error, lamentándose de no haber dejado el trono en manos del inepto Fernando VII, con lo que España se habría convertido en su primer vasallo y no en el primer enemigo que supo derrotarlo.

ALONSO-CASTRILLO, Álvaro, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 2-5.