Enrique VIII de Inglaterra

Datos biográficos

Dinastía: Tudor
Rey de Inglaterra: 1509-1547
Nacimiento: 28-VI-1491
Fallecimiento: 28-I-1547
Predecesor: Enrique VII
Sucesor: Eduardo VI

Biografía

Robusto, atractivo, de músculos cultivados por el deporte, sensual, inteligente, hábil, artista y teólogo, político experto y avisado, Enrique VIII es, pese a su vida privada y a su veleidad reformista en materia de religión, una de las grandes figuras de la mitad del siglo XVI, digna de medirse con Carlos V y Francisco I. Indudablemente fue un soberano de talla, que estableció en Inglaterra la centralización monárquica, fomento la riqueza nacional y echó las bases del futuro esplendor de la marina de guerra. Su falta de escrúpulos, su incontinencia física, sus sucesivos enlaces que le convirtieron en la encarnación real de Barba Azul —dos esposas ejecutadas y dos repudiadas—, no pueden mermar el valor de la obra realizada en beneficio de la monarquía y de la propia nación inglesa.

Hans Holbein d. J. 074Enrique VIII de Inglaterra por Hans Holbein

Segundo hijo de Enrique VII y de Isabel de York, nacido en Greenwich el 28 de junio de 1491, fue educado en los principios pedagógicos del Renacimiento, de modo que llegó a poseer vastos conocimientos humanistas, lingüísticos, musicales y deportivos. Al morir su hermano en 1502, fue elevado a la dignidad de príncipe de Gales. El 22 de abril de 1509 heredaba la corona de Inglaterra. Poco después contraía enlace con Catalina de Aragón, viuda de su hermano Arturo.

Durante el primer período de su reinado, el gobierno fue ejercido por el arzobispo de York y canciller Thomas Wolsey. Fue este quien favoreció la alianza con España, que tuvo una realización práctica en la invasión de Francia y la batalla de Guinegate (1513). Más tarde, Wolsey preconizó la posición de equilibrio entre Francisco I y Carlos V, quienes procuraron captarse la alianza de Inglaterra en la entrevista del campo del Drap d'Or y en la de Kent, respectivamente (1520). Al año siguiente, la conferencia de Calais hacía culminar el papel de Enrique VIII en la política de Occidente; pero la alianza con Carlos V y el ulterior aniquilamiento de la influencia de Francisco I en Italia (1525) desequilibraron la balanza internacional a favor del emperador, de tal modo que, a la postre, la posición de Inglaterra también quedó mermada.

A mayor abundamiento, Enrique VIII planteó poco después la cuestión de su divorcio con Catalina de Aragón, que había de llevarle al Cisma. Enrique deseaba un heredero varón, y, además, los favores de Ana Bolena. Wolsey le indicó que el único camino para obtener su pretensión pasaba por Roma. Pero el Papado vacilaba en otorgarle su demanda. Entonces aparecieron junto a Enrique VIII dos personajes que influyeron en su vida, o mejor, que se prestaron a ser serviles instrumentos de sus pasiones: Cranmer y Cromwell.

Desplazado Wolsey en 1529, asegurado el Parlamento por Cromwell y el alto clero por Cranmer (desde 1533), Enrique VIII obtuvo de las Cámaras en 1531 y 1532 los decretos que le constituían jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra y obligaban a los eclesiásticos a reconocerle por tal (Acta de Sumisión). En 1533 se consumaba la ruptura con Roma y en 1534 el Parlamento legalizaba la institución de la Iglesia anglicana por el Acta de Supremacía. De esta manera se consumó el Cisma inglés; pero no la reforma inglesa, que fue posterior.

Enrique VIII, en efecto, no era partidario de las doctrinas luteranas, a las que había combatido personalmente con la pluma (Assertio septem sacramentorum, 1521). Pero su soberbia, su orgullo monárquico y su vanidad le hicieron dar el paso fatal por el que el llamado por Roma Defensor Fidei abría las puertas al protestantismo en Inglaterra. Contra esta invasión nada pudieron las medidas que tomó para limitar el alcance de su obra reformadora, entre las cuales los Seis Artículos de 1539.

La entronización de su poder sobre la Iglesia y el Parlamento fue seguida de la ejecución de Tomás More, de Fisher y de Ana Bolena (1535-1536), con la que había contraído público matrimonio en 1533, y por la disolución de los monasterios. La transferencia de los bienes eclesiásticos favoreció la política real, pese a los disturbios populares que provocaron, como el llamado Pilgrimage of Grace de 1536, pues gran parte de la nobleza y de la burguesía se vincularon a la reforma religiosa de Enrique VIII.

Los sucesivos enlaces de este monarca fueron motivados por sus deseos o las necesidades de la política exterior. Juana Seymour, que se casó con el rey en 1536, murió al año siguiente a poco de haber dado a luz al futuro Eduardo VI. El casamiento con Ana de Cléveris (1539), aconsejado por Cromwell, fue un acto de aproximación a los luteranos alemanes, pronto rectificado con la repudiación de la flamenca y con el quinto enlace matrimonial, esta vez con Catalina Howard, como síntoma del triunfo del partido reaccionario de Gardiner y Norfolk (1540).

Este cambio de orientación permitió a Enrique VIII aliarse con Carlos V en la guerra contra Francia, que dió por resultado la fugaz conquista de Boulogne por las tropas inglesas (1544). Dos años antes, Catalina Howard había sido ejecutada. La nueva esposa, Catalina Parr (1543), protegió la divulgación de las doctrinas protestantes. En 1545 fueron disueltas las fundaciones religiosas. Norfolk y Surrey fueron condenados a muerte y Gardiner encerrado en la Torre de Londres. El 28 de enero de 1547 moría Enrique VIII, después de haber asegurado el despotismo real, la unidad de Inglaterra con el País de Gales (1536) y la sujeción de Irlanda (1535-1540).

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 256-257.