Enrique VII de Inglaterra

Datos biográficos

Dinastía: Tudor
Rey de Inglaterra: 1485-1509
Nacimiento: 28-I-1457
Fallecimiento: 21-IV-1509
Predecesor: Ricardo III
Sucesor: Enrique VIII

Biografía

Fundador de la dinastía Tudor, hijo de Edmundo Tudor, conde de Richmond, y de Margarita de Beaufort, hija única de Juan, duque de Somerset, y heredera de Juan de Gante; su abuelo, sir Owen Tudor, caballero galés, había casado con Catalina de Francia, viuda de Enrique V, y descendía de los antiguos reyes bretones. Este apellido vino a ser el nombre de la línea de reyes por el fundada.

Henry Seven EnglandEnrique VII Anónimo

Nació en el castillo de Pembroke el 28-I-1457 y murió en Richmond el 21-IV-1509. Al ocurrir la completa destrucción de los lancasterianos, especialmente después de que Ricardo hubo conquistado el trono haciendo desaparecer a sus sobrinos, Enrique, con el nombre de conde de Richmond, aparece como el alma de la oposición. Desde Francia a Bretaña, donde se había desterrado, no cesó un solo momento en preparar la caída de Ricardo, haciendo después una expedición a Inglaterra con el objeto de prestar ayuda a la infructuosa tentativa de Buckingham.

La creciente impopularidad de Ricardo, contribuyó a que una segunda tentativa diese los resultados apetecidos. Desembarcó en Milford Haven para aprovechar la buena voluntad de sus partidarios de Gales; se internó hacia el condado de Leicéster, y en Bosworth derrotó a Ricardo, el cual pereció en la batalla, terminando así la guerra de las Dos Rosas (1485). Poco tiempo después contrajo matrimonio (1486) con Isabel, hija de Eduardo IV, y las dos familias rivales quedaron unidas.

Pero Enrique no era de los llamados a gozar pacíficamente de la corona. En 1487 apareció en Waterford (Irlanda) un jovencito de diez años que decía ser Eduardo de Warwick, el hijo de Clarence, jefe de la casa de York; fue coronado con el nombre de Eduardo [VI] en la catedral de Dublín; los Fitgerald y el conde de Lincoln abrazaron su causa y le proporcionaron un ejército que desembarcó en 4-VI en Foudray.

Enrique VII mostró al verdadero Warwick encerrado en la Torre para demostrar la impostura. Después marchó contra los invasores irlandeses, a los cuales encontró en Stoke-upon-Trent (16-VI), derrotándolos, haciendo en ellos una carnicería, y perdonando únicamente al impostor, que cayó prisionero.

La cuestión de los impuestos sublevó de nuevo los ánimos, y otro impostor, un cierto Perkin Warberck, diciéndose hijo de Eduardo IV, salvado de los asesinos de la Torre, desembarcó en Irlanda, pidiendo a los yorkistas los condados de Kildare y de Desmond. Tras varias peripecias el pretendiente fue derrotado y hecho prisionero, y en 1499 ejecutado.

Entonces se llevó a cabo una de las muchas infamias políticas que la historia registra. El verdadero Warwick, prisionero en la Torre desde el advenimiento de los Tudor, fue decapitado por razones de Estado. Todas estas agitaciones molestaron el reinado de Enrique VII pero no hicieron vacilar su trono.

Empuñó con firme mano las riendas del gobierno; tuvo muy bien cuidado en poner a raya la nobleza, casi aniquilada por las guerras civiles, siguiendo así la política de Eduardo IV; les cercenó el derecho de mantener en pie de guerra tropas dispuestas a seguir al señor donde les pluguiese, y aseguró, por todos los medios posibles, su autoridad real sobre los demás poderes.

Enrique era un gobernante pensador y parsimonioso; evitaba la guerra en cuanto le era posible, prefiriendo obtener por la diplomacia lo que otros príncipes conseguían por la fuerza, y todos sus conatos se encaminaron a conservar el trono y a amontonar oro. Sus dos expediciones a Francia no tuvieron más móvil que la codicia. Esta era tan extremada, que desenterró impuestos abolidos, cuyo no cumplimento implicaba multas importantes que iban a henchir las arcas reales.

En esta impopular gestión le ayudaron implícitamente los tan famosos como aborrecidos abogados Empson y Dudley. Su reinado se señaló asimismo por la conclusión de dos casamientos que habían de tener gran influencia en la historia de Inglaterra. Su hijo Arturo contrajo matrimonio con Catalina de Aragón, pero habiendo muerto poco después de su enlace, la infanta permaneció en Inglaterra, prometida a Enrique, segundo hijo de Enrique VII, aun cuando las nupcias no tuvieron lugar hasta la accesión al trono del heredero.

El otro enlace fue el de la princesa Margarita con Jacobo IV de Escocia (1503), cuyo resultado fue la unión de las coronas antes de los cien años. Se dice que Enrique dejó al morir, una fortuna de 2.000.000 de libras esterlinas a su heredero. En medio de su avidez y de su astucia, no puede negarse que consolido el poder real y apaciguó el reino después de una larga serie de desórdenes.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 57-58.