Enrique II de Inglaterra

Datos biográficos

Dinastía: Plantagenet
Rey de Inglaterra, 1154-1189
Nacimiento: 5-III-1133
Fallecimiento: 6-VII-1189
Predecesor: Enrique I
Sucesor:Ricardo I

Biografía

Duque de Normandía y Aquitania. Conde de Anjou. Hijo de Godofredo Plantagenet, conde de Anjou, y de Matilde, hija de Enrique I. Nació en Le Mans el 5-III-1133 y m. en Chinon (Francia) el 6-VII-1189. Permaneció en Francia durante la primera parte de la lucha sostenida por su madre con Esteban, rey de Inglaterra, pero fue enviado a esta nación en 1141. Allí permaneció cuatro años bajo la tutela de su tío, Roberto de Gloucester.

Enrique II de InglaterraEnrique II de Inglaterra

En 1147 tomó una parte muy activa en la guerra, pero sin gran eficacia. Entonces solicitó la ayuda de David, rey de Escocia, y fue armado caballero por él en 1149, que es todo cuanto pudo sacar de sus relaciones con aquel príncipe. A su regreso a Normandía (1151), Luis VII le confirió el ducado, y aquel mismo año, por muerte de su padre, tomó posesión del condado de Anjou.

En 1152 casó con Leonor de Aquitania, añadiendo así a sus dominios el Poitou y la Guyena. Volvió a Inglaterra en 1153, y la gran posición que había adquirido en el continente, hizo volver las cosas en su favor. Después de una corta lucha, Esteban se dio a partido y entró en negociaciones. Por el tratado de Winchéster (XI-1153) quedó convenido, entre otras cosas, que Esteban reinaría en Inglaterra hasta su muerte, y que le sucedería Enrique.

Un año después murió Esteban y Enrique entró en pacífica posesión del trono. Fue coronado en 1154, e inmediatamente otorgó una Carta muy liberal, confirmando la de Enrique I. Su reinado abraza tres periodos principales. Durante el primero, Enrique se ocupó de restaurar y mantener el orden. El segundo está señalado por su lucha con sir Tomás Becket, después santo Tomás de Cantorbery, y el tercero constituye, en su mayor parte, una serie de rebeliones y revueltas, a consecuencia de aquella lucha.

La primera tarea de Enrique fue cumplir las promesas hechas en el tratado de Winchéster y anular lo hecho por su predecesor. Muchos de los condados de Esteban fueron abolidos, se nombraron nuevos jerifes, se destruyeron las mansiones donde el monarca anterior tenía sus concubinas, y los dominios reales volvieron a la corona. En esta tarea encontró el monarca poca oposición y su sola presencia bastaba para asegurar la obediencia. En 1156 pudo trasladarse a Francia, donde su hermano Godofredo apoyaba con demasiado calor sus pretensiones sobre el condado de Anjou. Tuvo que someterlo por las armas, después de los cual permitió que lo nombrasen conde de Nantes. Entonces exigió el homenaje de sus vasallos del continente, prestándolo él a su vez al rey Luis VII de Francia.

A mediados de 1157 regresó a Inglaterra para completar la restauración del orden. Muchos de los grandes barones que aún no habían entregado sus castillos, tuvieron que hacerlo entonces, y el rey de Escocia entregó las tres comarcas septentrionales. A esto siguió una infructuosa expedición contra Gales. En 1158, a la muerte de su hermano Godofredo, Enrique se incautó de su herencia, y al propio tiempo concluyó una promesa de matrimonio entre su segundo hijo Enrique, pues Guillermo, el mayor había muerto, y Margarita, hija de Luis.

Al siguiente año cayó sobre Toulouse, que reclamaba como feudo de su mujer, pero, después de obtener algunas ventajas, tuvo que desistir en vista de la oposición del monarca francés. En una paz celebrada inmediatamente después, se contentó con la posesión de Cahors, pues tuvo que renunciar a sus pretensiones sobre el resto de la comarca; esto no obstante, las hostilidades entre él y Luis fueron más o menos frecuentes durante esta época, a pesar de los buenos oficios del papa Alejandro III.

A principios de 1163 volvió Enrique a Inglaterra, después de cinco años de ausencia e inmediatamente comenzaron sus desavenencias con Tomás Becket. Este virtuoso sacerdote había sido nombrado obispo de Cantorbery en 1162, e inmediatamente renunció a sus dignidades temporales, pidiendo la restitución de los terrenos segregados de su diócesis. Al propio tiempo en el Consejo de Woodstock, se negó a pagar el impuesto de dos chelines por parcela de tierra, exigido por el rey.

Poco después se reanudó la lucha, tomando entonces proporciones más violentas. Becket negó su consentimiento a la proposición hecha por el rey para dirimir la contienda entre los poderes espiritual y temporal. En vista de esto, Enrique preguntó a los prelados si querían sujetarse a las antiguas costumbres del reino. Una pregunta tan vaga solo mereció una respuesta evasiva. Los obispos únicamente consentirían salvando sus privilegios.

Esto no obstante, en el Concilio de Clarendon (enero de 1164) los contendientes vinieron a un acuerdo, redactado en forma de dieciséis disposiciones, que, después de muchos titubeos, fue aceptado por Becket. Pero no convencido, las envió a la aceptación de la Santa Sede, la cual se negó rotundamente a confirmarlas. Enrique entonces varió de táctica y atacó a Becket por sus actos durante el ejercicio de sus funciones como canciller del reino; el santo prelado, aconsejado por la prudencia, se ausentó de Inglaterra. El rey tomó posesión de la sede, echando de allí a todos los parientes y amigos del arzobispo.

La mayor parte de los cinco próximos años siguientes los pasó fuera de su reino, ocupado de mantener el orden entre sus indómitos vasallos, precaviendo las intrigas del rey Luis, y negociando con el Papa. Obtuvo asimismo la posesión de Bretaña para su hijo Godofredo, y concertó el casamiento de su otro hijo Roberto, con Alicia, hija de Luis. Con objeto de asegurar la sucesión, hizo coronar a Enrique por mano del arzobispo de York en Westminster (VI-1170), pero al esposa del joven rey no fue coronada con él.

El rey de Francia, interpretando tal acto como un insulto, invadió la Normandía, y tal solo pudo reconciliarse Enrique, prometiendo que Becket ocuparía de nuevo su diócesis. Se celebró una entrevista entre el rey y el arzobispo, se pactaron ciertas condiciones, y el santo prelado volvió a Inglaterra. Su primer paso fue destituir al arzobispo de York y a otros obispos que habían tomado parte en la coronación de Enrique; el rey, al saber esto, profirió las capciosas frases que fueron como la sentencia de muerte del arzobispo de Cantorbery, que fue asesinado por sicarios inducidos por Enrique.

El Papa, sin embargo, se encontraba en una situación muy crítica para romper abiertamente con Enrique. Se entablaron negociaciones que terminaron en una conferencia celebrada en Avranche por los legados (1172), en la cual el rey recibió la absolución prometiendo abolir todos los malos impuestos introducidos en su reinado.

Aprovechó este intervalo para llevar una expedición a Irlanda y se apropió de las conquista hechas por Strongbow algunos años antes. Pareció que la contienda eclesiástica había terminado, pero sus consecuencias fueron la gran rebelión de 1173. El rey de Francia había organizado una confederación en la que entraba el conde de Flandes, el rey de Escocia y los mismo hijos de Enrique, con objeto de colocar al joven Enrique en el trono de Inglaterra.

La primera campaña fue indecisa, pero en conjunto, favorable al inglés. En perspectiva de un ataque general preparado para el próximo año, Enrique pasó a Inglaterra e hizo penitencia sobre la tumba de santo Tomás Becket. Afortunadamente, su general De Lucy, capturó al rey de Escocia en Alnwick, y la rebelión de Inglaterra fue expeditamente sofocada. Guillermo el León se vio obligado a comprar su libertad rindiendo pleito homenaje a Enrique; los otros confederados hicieron la paz, y el rey se encontró más fuerte que nunca.

Procedió inmediatamente a consolidar su posición mediante oportunos decretos legislativos y la paz no se alteró ya en Inglaterra. Vencedor en toda la línea, casó a su hija más joven con el rey de Sicilia; dirimió las diferencias de los reyes de Castilla y de Navarra, del conde de Aragón y del conde de Toulouse, pero sus hijos amargaron sus últimos años. Les había perdonado su primera rebelión mancomunada, y había prometido a Roberto la Aquitania, a Godofredo la Bretaña, a Enrique el Anjou, la Normandía y la Inglaterra.

En 1183 Godofredo y Enrique se unieron a los rebeldes de Aquitania contra Ricardo I y contra su padre. El rey estuvo a punto de perecer sitiándolos en Limoges. Después de la muerte de Enrique, el rey joven (11-VI), se restableció la paz, pero por poco tiempo. Felipe Augusto de Francia se erigió en campeón de la viuda del rey joven y de Arturo, hijo de Godofredo de Bretaña, muerto en agosto de 1186.

Se decía que el rey quería privar de sus derechos a su hijo Ricardo I, el presunto heredero de la Corona, en favor del más pequeño, Juan, que fue durante algún tiempo virrey de Irlanda; daba a este aserto visos de realidad el hecho de que Enrique se negase, sin motivo aparente, a dejarle casar con Adela, hermana de Felipe Augusto y que le estaba prometida hacia algunos años.

La guerra estalló entre los dos monarcas, Enrique y Felipe Augusto, cuando en la conferencia de Bonmoulins 18-XI-1188 el primero negó a Ricardo I la satisfacción de reconocerle como futuro poseedor de todos sus dominios. Abandonado de todos, fue sitiado por sus enemigos, que en vano quisieron detener los legados del papa en Le Mans. El 12-VI-1189 la ciudad fue tomada por Felipe y Ricardo; a Tours le cupo la misma suerte. En 4 de septiembre Enrique tuvo que entregarse a los aliados en Colombières, tuvo que perdonar a todos los que se habían conjurado contra él, dar a Ricardo el ósculo de paz y renovar su homenaje a Felipe Augusto.

Abrumado de vergüenza murió de pena al saber que su hijo Juan formaba entre sus enemigos. A pesar de sus defectos e inconsecuencias, y de los crímenes y errores que cometiera, fue el primer soberano inglés que ejerció una autoridad efectiva sobre Inglaterra, el país de Gales, la Escocia y la Irlanda. Arruinó el feudalismo en cuanto sistema de gobierno, e hizo triunfar el sistema de la administración monárquica. Cercenó los privilegios que a él le parecían exorbitantes de la Iglesia inglesa, sometiéndola a la Common law. Sus constituciones y sus tribunales de justicia incorporaron oficialmente las antiguas tradiciones del pueblo inglés y opusieron para lo sucesivo una barrera infranqueable a la invasión del derecho romano, y a la victoria de este derecho sobre el antiguo derecho nacional.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 51-52.