Oliverio Cromwell

Datos biográficos

Lord Protector
Nacimiento: 25-IV-1599
Fallecimiento: 3-IX-1658

Biografía

En la crisis política de Inglaterra a mediados del siglo XVII surgió un hombre que decidió la lucha a favor del Parlamento y llevó a cabo el único ensayo de gobierno republicano que haya conocido aquel país. Este personaje, Oliverio Cromwell, ha sido sumamente discutido, tanto en las características de su temperamento como en su actuación histórica. En la actualidad nadie duda de la sinceridad de sus convicciones religiosas ni de sus condiciones de gran estadista. Sólo con su vigorosa personalidad pudo mantener el régimen que, en definitiva, representó la derrota del parlamentarismo y la entronización de una dictadura de partido, basada en el ejército.

Cromwell, por Samuel Cooper (1656)Cromwell, por Samuel Cooper (1656)

Descendía de una familia acomodada, que había hecho su fortuna con la secularización de los monasterios en tiempos de Enrique VIII. Uno de sus antecesores había contraído matrimonio con la hermana de Tomás Cromwell, el omnipotente ministro de aquel monarca. El tío de Oliverio, hombre fastuoso, había disipado gran parte de la herencia paterna. Su padre, Roberto, se retiró a vivir a sus modestas posesiones de Huntington. Aquí nació el futuro lord Protector de Inglaterra e Irlanda el 25 de abril de 1599. Estudió en una escuela de su ciudad natal y luego en el Sidney Sussex College, de Cambridge, donde recibió una estrecha educación puritana (1616-1617).

En este año, a causa de la muerte de su padre, se hizo cargo de la herencia de Huntington. Vivió aquí hasta 1631, ocupándose de la administración de su hacienda y de la educación de sus hermanos. Es posible que estudiara leyes y que meditara las campañas de Gustavo Adolfo de Suecia. Al mismo tiempo, parece que sufrió varias crisis espirituales, de las que salió robustecida su conciencia de arraigado puritanismo. Que intervino en las discusiones políticas de aquel tiempo, lo demuestra su elección para el Parlamento de 1628, en el que se hizo notar por una violenta crítica del sistema episcopalista. Pero una vez disuelto ese Parlamento, de nuevo Cromwell pasó a un segundo plano. Contrariado por la política de Carlos I pensó emigrar a América. Por fin, resolvió trasladarse a St. Ives (1631), donde durante nueve años llevó una existencia rutinaria, que encubría el apasionado fuego de su corazón.

En 1640 Cambridge lo eligió para que lo representara en el Parlamento Largo, del que fue uno de los miembros más activos de la oposición. Sin embargo, Cromwell no era hombre que se impusiera en las lides parlamentarias, sino en el campo de batalla. Cuando Carlos I rompió con el Parlamento y estalló la guerra civil, Cromwell participó desde el primer día en las operaciones militares, al mando de una sección de caballería de Cambridge.

En la batalla de Edgehill (1642) fue el único jefe del ejército parlamentario que replegó sus tropas en buen orden después de la derrota. Esta le enseñó que no se podía lograr la victoria sin poseer un ejército disciplinado, bajo un mando competente y una unidad moral. En consecuencia, dedicó sus actividades a rodearse de tropas de caballería seleccionadas, con un ardiente espíritu puritano. Su obra militar quedó patentizada en la batalla de Marston Moor (2 de julio de 1644), que ganaron los parlamentarios gracias a la intrepidez y decisión de los escuadrones de Cromwell, los cuales en esta jornada recibieron de los realistas el calificativo de ironside.

Las reformas introducidas por Cromwell en sus tropas fueron aplicadas al ejército parlamentario, que se constituyó en la llamada new model army. Fue este nuevo ejército que obtuvo la decisiva victoria de Nasseby (14 de junio de 1645), en la que por segunda vez los escuadrones de Cromwell decidieron la jornada.

Después de la rendición de Oxford en 1646, los parlamentarios podían considerarse triunfantes. No obstante, les presentaban dos problemas: la resistencia de Carlos I, en su poder desde principios de 1647, y la voluntad del ejército, donde se congregaban los independientes, de no aceptar una tiranía presbiteriana del Parlamento. Este quiso disolverlo, pero fracasó cuando, en junio de 1647, Cromwell se puso a su frente, marchó sobre Londres y obligó a los parlamentarios a aceptar su intervención en la vida política del país.

Al mismo tiempo propuso a Carlos I, de cuya persona se habían apoderado las tropas al iniciar su sedición, un acuerdo más favorable de el presentado por el Parlamento, aunque implicaba el mantenimiento del ejército por diez años bajo el control de los parlamentarios. Carlos burló a sus secuestradores huyendo a la isla de Whight y pactando con los escoceses. En 1648 se desencadenó la segunda guerra civil. Ante el alzamiento general de los realistas, solo quedaba recurrir al ejército.

Bajo la dirección de Cromwell aquellos fueron derrotados en Gales y en las batallas de Preston y Warrington (12 y 20 de agosto de 1648). El victorioso general instituyó un nuevo Parlamento en Escocia. Al regresar a Londres, y ante otras negociaciones para buscar un acuerdo entre el rey y el Parlamento, se afilió a la fracción más radical del ejército y de los Comunes. Su intervención fue de importancia decisiva en la depuración del Parlamento y en el juicio y ejecución de Carlos I (10 de enero de 1649).

Nombrado miembro del Consejo de Estado del flamante Commonwealth, Cromwell se distinguió por su energía al reprimir las expresiones anárquicas de algunos grupos del ejército. En realidad, era el único hombre que podía devolver la paz a Inglaterra. Irlanda y Escocia estaban agitadas por los elementos católicos o realistas. En 1649 se confió a Cromwell el mando de un ejército para la reconquista de aquella isla, que llevó a cabo con una ferocidad implacable y una falta de visión política sólo explicable por el fanatismo de sus ideales. Quiso hacer de Irlanda un país protestante; pasó por las armas a cuantos católicos se le resistían, distribuyó los dos tercios de las propiedades agrícolas entre sus soldados y unió la isla a Inglaterra en lo político y lo económico, pero no en el aspecto moral, de modo que abrió un foso irreparable entre las dos naciones.

En 1651 se puso al frente de las tropas para combatir a los escoceses, los cuales habían proclamado a [Carlos II] Estuardo. Cromwell tomó la ciudad de Perth y aniquiló a los realistas en Dunbar (3 de septiembre), la segunda gran victoria en su carrera militar. Después de instaurar un gobierno adicto en Escocia, regresó triunfante a Londres. En aquel momento era el poder más fuerte de Inglaterra.

Nombrado capitán general, intervino en los asuntos políticos como miembro del Consejo de Estado. A raíz de la promulgación del Acta de Navegación en 1651 estalló la guerra con Holanda. Este hecho provocó un nuevo desbarajuste gubernamental. El 20 de abril de 1653 Cromwell disolvió por la fuerza al Parlamento Largo. Después del fracaso del por tantos conceptos ridículo Parlamento Barebone, el capitán general aceptó el esquema constitucional que le presentó uno de sus funcionarios. El 16 de diciembre de 1653 era revestido de la dignidad de lord Protector de Inglaterra, Irlanda y Escocia, con facultades más extensas que las que había tenido la monarquía.

La política exterior del Protectorado fue muy afortunada: en el mar, se impuso a Holanda; en las colonias, arrebató Jamaica a España (1655); en el continente, prestó apoyo a Francia para quebrantar la hegemonía de España (batalla de las Dunas, 1658). En cambio, su política interior fracasó, pese a su actividad legislativa. Sin tener el prestigio de la realeza ni el talento administrativo de Napoleón, no pudo evitar la serie de choques con las fracciones que eran opuestas al dominio de los puritanos. Los Parlamento que reunió, pese a su servilismo, tuvieron que ser depurados con frecuencia.

En definitiva, su gobierno fue el de una dictadura militar y su instrumento de convicción la ley marcial. En 1657 se le ofreció la corona, que no aceptó a causa de la oposición del ejército. Cuando el panorama político era cada día más sombrío, murió Cromwell, agotado por el trabajo, el 3 de septiembre de 1658. Aunque había prestado algunos grandes servicios a Inglaterra, la experiencia de Protectorato demostró lo imposible de regir el país por la fuerza y sin el prestigio de la monarquía.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 72-73.