Thomas More

Datos biográficos

Canciller de Inglaterra
Nacimiento: 7-II-1478
Fallecimiento: 1535

Biografía

Fue canonizado en 1935 cuando se cumplían cuatro siglos de su martirio ocurrido el 7 de julio de 1535. Su culpa había sido oponerse a las veleidades amorosas y a los caprichos ideológicos de Enrique VIII, y había sido condenado a muerte por haber declarado que el Parlamento inglés no podía hacer jefe de la Iglesia al monarca. Era valeroso, ferviente en su catolicismo y con firmeza, tan poco corriente en los intelectuales puros, de sostener sus convicciones religiosas hasta sellarlas con su propia sangre. Caso tanto más notable cuanto Tomás More (castellanizado Moro) fue con Erasmo, Bidé y Vives, el representante más notable del humanismo nortealpino.

Thomas More (1527), de Hans Holbein el JovenThomas More (1527), de Hans Holbein el Joven

Era londinense de pura cepa, pues había nacido en el corazón de Londres, en casa de su padre, sir Tomás, abogado de gran notoriedad, el 7 de febrero de 1478. Concurrió a la escuela de San Antonio, regida por Nicholas Holt, y a los trece años de edad pasó a formar parte de la corte del arzobispo de Canterbury, el cardenal Morton. El joven Tomás destacó por sus aficiones literarias, por lo que un año más tarde se trasladaba a Oxford, donde empezaban a introducirse las reformas preconizadas por los humanistas.

Inquieto por el cariz renovador de las enseñanzas oxfordianas, sir Tomás sacó a su hijo de la universidad (1494), y le hizo proseguir sus estudios en centros más conservadores. Pero el muchacho no perdió jamás su vocación humanista, fortalecida por el contacto personal con Erasmo de Rotterdam durante la primera estancia de este en Inglaterra (1997). Esta inclinación literaria no arrancó del corazón de Tomás More la pureza del sentimiento religioso como en otros tantos humanistas. Después de un período de cuatro años (1499-1503) de duras prácticas ascéticas, con sujeción a la disciplina de los cartujos, el futuro canciller de Inglaterra salió con la más robusta convicción en todas sus ideas religiosas.

Miembro del Parlamento inglés, a los 26 años de edad, Tomás veía abrirse ante sus ojos un brillante porvenir como político y humanista. Un ataque parlamentario a una pretensión de Enrique VII le dio gran popularidad; pero, al mismo tiempo, le obligó a retirarse a la vida privada. En esta época, de 1504 a 1509, contrajo dos matrimonios, recibió en su casa a Erasmo y se dedicó al cultivo del griego y del latín.

En 1509 reanudó sus actividades políticas, destacándose como jurista excepcional. Participó en los procesos más sensacionales de la época, viajó por los Países Bajos al servicio del cardenal Wolsey , y por último fue designado oficial de la corte (1518) y elevado a la dignidad de caballero (1521). Enrique VIII se complacía en favorecerle, en particular por sus aficiones humanistas y el éxito obtenido por Tomás More en la publicación, en latín, de su Utopía, una crítica deliciosa del gobierno y de la sociedad contemporáneos, con una descripción ideal de un régimen político, social y económico más justo y equilibrado (1516).

El favor de Enrique VIII, cada día creciente e incluso desproporcionado, llevó a More a la cancillería real cuando en 1529 fue preciso buscar un sucesor a Thomas Wolsey. Pero un hombre tan íntegro y virtuoso como el nuevo canciller no podía transigir ni con el divorcio de Enrique VIII ni con sus pretensiones de supremacía religiosa en Inglaterra. Dimitió de su cargo el 10 de mayo de 1532, excusándose en su falta de salud. Aunque se retiró a su casa y no concurrió a la vida política, su alejamiento de los actos oficiales fue más significativo que cualquier arenga; Tomás More despreciaba la conducta de Enrique VIII. Esto le hizo caer en el odio del rey y de sus favoritos.

Acusado por vez primera de traición en febrero de 1534, fue encarcelado el 17 de abril siguiente por negarse a prestar, como contrario a su conciencia, el juramento de supremacía. Trasladado a la Torre de Londres, fue juzgado el 1 de julio de 1535 y ejecutado una semana después, Con su muerte enalteció el catolicismo inglés y redimió la iniquidad de tantos que habían acatado, con sumisión indigna, las órdenes de Enrique VIII.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 259-260.