Enrique VI de Inglaterra

Datos biográficos

Dinastía: Lancaster
Rey de Inglaterra, 1422-1461
Nacimiento: 6-XII-1421
Fallecimiento: 21-V-1471
Predecesor: Enrique V
Sucesor: Eduardo IV

Biografía

Hijo único de Enrique V y de Catalina de Francia, hija de Carlos VI, n. en Windsor el 6-XII-1421 y m. en Londres en 21-V-1471. Tenía ocho meses a la muerte de su padre, y en aquel entonces, aun cuando los ingleses habían perdido algún terreno en Francia, su posición, al continuar el duque de Bedford la campaña de su hermano, era bastante favorable.

Enrique VI AnónimoEnrique VI Anónimo

Inglaterra poseía el centro y el norte de Francia, mientras la Borgoña dominaba las provincias occidentales. Las buenas relaciones entre Inglaterra y Borgoña se habían entibiado un tanto, pero Bedford pudo conciliar las diferencias, y después de renovar la antigua alianza, puso sitio a Orleáns, la llave del Mediodía de Francia. La entrega de la plaza parecía inminente, cuando aparece Juana de Arco. Los ingleses tuvieron que levantar el sitio de Orleáns (1429), y a este fracaso sucedieron otros y la coronación de Carlos VII en Reims. La captura de Juana no influyó lo más mínimo para los intereses de Inglaterra, pues el espíritu que había inculcado sobrevivió a su pérdida, y su infame suplicio (Mayo de 1431) fue un nuevo acicate para despertar el patriotismo francés.

Inglaterra iba careciendo de hombres y dinero, mientras que en Francia iban apareciendo nuevos generales poco inclinados a que repitiesen los desastres de Crécy y Azincourt. La muerte de la esposa de Bedford (1432) rompió el último lazo que tenía la Borgoña con Inglaterra, y comenzaron las negociaciones para la paz. Estas tomaron cuerpo en el gran Congreso de Arras (VII-1435), pero las reclamaciones de las dos naciones eran harto incompatibles, y se reanudó la guerra.

La muerte de Bedford (IX-1435) fue el golpe final para la causa de los invasores. Borgoña hizo inmediatamente la paz con Carlos VII, y los generales que sucedieron a Bedford fueron constantemente derrotados. París cayó en poder de los franceses y la Normandía fue invadida. Las negociaciones para la paz se reanudaron a intervalos, conduciendo en 1444 a una tregua, durante la cual Enrique contrajo matrimonio con Margarita, hija de Renato de Anjou.

Se concibió la esperanza de que este enlace, junto con la cesión de Anjou y el Maine, conduciría a una paz permanente, salvándose la Normandía y la Guyena. Pero aun cuando las primeras dos provincias se entregaron en 1448, la tregua fue violada en 1449, y a fines de 1450 la Normandía era francesa. En 1451 le cupo la misma suerte a la Guyena, y en 1453 solo la plaza de Calais quedaba en posesión de los ingleses. Así terminó aquella desastrosa campaña.

Fin de la Dinastía.

La coronación del soberano inglés en Westminster, celebrada el 6-XI-1429, pasando ahora a los negocios de orden interior, puso término a la regencia de Belford y Gloucéster, pero no a las intrigas de este último. La Cámara de los Comunes no podía intervenir con prácticos resultados; los lores militaban en los opuestos bandos. La muerte de Belford privó al rey de la única garantía de paz y Gloucéster atacó a Beaufort con más violencia que lo había hecho antes de la muerte de su hermano.

Enrique alcanzó su mayoría de edad (1442) en medio de aquellas turbulencias. Incapaz para dominarlas, dejó las riendas del poder en manos del cardenal Beaufort y del conde Suffolk, que hicieron cuanto estuvo de su parte para asegurar la paz con Francia.

Los duques de Gloucéster y York capitaneaban la oposición, invocando el socorrido tema de las reformas, con el objeto de infundir vigor tanto en la política doméstica como en la exterior. Suffolk había ganado mucho terreno concluyendo la tregua con Francia (1444), y por medio de la reina Margarita, cuyo casamiento era obra suya, había adquirido gran ascendiente sobre el rey. La sospechosa muerte de Gloucéster(1447), seguida en seis semanas por la de su rival Beaufort, junto con el nombramiento de York para el gobierno de Irlanda, dejaba a Suffolk dueño de la situación.

Pero esto no podía ser durable, dado el odio que siempre acompaña a los favoritos, y el completo fracaso de su política exterior precipitó su caída (1450). El rey intentó en vano salvarle, y sus esfuerzos le acarrearon la impopularidad, en tanto que las parciales concesiones hechas a las reclamaciones de los rebeldes, con Jacobo Cade a la cabeza, únicamente sirvieron como un compás de espera en la inevitable tempestad que se cernía sobre la corona.

Cuando la completa pérdida de Francia hubo agotado la paciencia del pueblo, y el nacimiento de un heredero hizo perder toda esperanza de un cambio de dinastía, aprovechando el de York una ligera indisposición mental del rey, reclamó el protectorado (1453). Se le concedió al siguiente año, pero habiendo el rey recobrado la razón en 1455, tuvo que resignar el poder.

Irritado el duque por este acontecimiento, se puso al frente de sus parciales, y en la batalla de Alhans (V-1455), comenzó la famosa guerra de las Dos Rosas. Durante los cuatro años de ficticia calma que siguieron a esta primera colisión, Enrique hizo cuanto pudo para mantener la paz, pero todos sus esfuerzos fueron vanos. Al reanudarse la lucha y cuando los yorkistas ganaron la batalla de Northampton, se vio obligado a celebrar un convenio, mediante el cual su hijo quedaba excluido de la sucesión, y York era reconocido como heredero al trono (1460).

El compromiso fue de corta duración. York perdió la vida en los campos de Wa Kefield, pero su hijo se apoderó de la corona y fue proclamado rey con el nombre de Eduardo IV (III-1461). La batalla de Towton puso término a la lucha durante un periodo de diez años, y la captura de Enrique en 1465 pareció asegurar el trono a Eduardo.

Cinco años después una súbita revolución le arrebató la corona, que pasó al prisionero durante poco tiempo, y definitivamente, la batalla de Banet destruyó sus esperanzas para siempre. El desgraciado Enrique vivió lo suficiente para saber que su hijo había muerto en Towkesbury, y que su esposa estaba prisionera y que su causa se había perdido.

Amable, bueno y generoso, lleno de buenas intenciones, entusiasta por la causa de la religión y de la enseñanza, carecía en absoluto de las cualidades indispensables en un soberano de su época, y esta incapacidad la pagó cruelmente con una muerte desgraciada y la ruina de su dinastía.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 56-57.