Enrique IV de Inglaterra

Datos biográficos

Dinastía: Lancaster
Rey de Inglaterra, 1399-1413
Nacimiento: 1367
Fallecimiento: 1413
Predecesor: Ricardo II
Sucesor: Enrique V

Biografía

Nació en Bolingbroke (condado de Lincoln) en 1367 y m. en Westminster en 1413. Era hijo único de Juan de Gante y de Blanca, hija de Enrique de Lancaster. Teniendo quince años contrajo matrimonio con María Bohun, y en 1385 fue hecho conde de Derby. Dos años más tarde fue uno de los cinco lores que acusaron al conde de Suffolk y otros, y tomó parte en los debates del llamado Parlamento inexorable. Asintió, sin embargo, a la vuelta al poder de Ricardo, apoyó al rey en el golpe de Estado de 1397, y fue creado duque de Heresford.

Enrique IV AnónimoEnrique IV Anónimo

Su querella con el duque de Norfolk le condujo al destierro y, a la muerte de su padre, Ricardo le negó la sucesión a su título y herencia (1398). Al siguiente año se aprovechó de la ausencia de Ricardo, ocupado en Irlanda, para reivindicar sus derechos. Desembarcó en el condado de York, tomó a Bristol, y se apoderó de Ricardo en las cercanías del castillo de Conway. En un Parlamento que se reunió en Septiembre de 1399, reclamó el trono basándose en ser descendiente de Enrique III, en el derecho de conquista y en la necesidad de reformas. El parlamento aceptó su reclamación; Ricardo se vio obligado a abdicar, y Enrique fue coronado el 13-X-1399.

El último de los tres fundamentos de la explicación de su política, le había conquistado el favor de la Iglesia, rompiendo lanzas en pro de la ortodoxia; las circunstancias de su accesión al trono y las dificultades de su gobierno le obligaron a hacer concesiones a la Cámara de los Comunes, concesiones que elevaron aquel cuerpo a una situación de que no volvió a disfrutar en el transcurso de los siglos.

La primera parte de su reinado la ocupó sofocando las revueltas, no solo del partido vencido, sino de los descontentos del suyo. Estos disturbios iban complicados con hostiles relaciones con Francia, Escocia y Gales. Carlos VI se sentía inclinado a volver por los fueros de su hija Isabel, esposa de Ricardo II, y a la muerte de este último (1400) la reclamó, con su dote.

El duque de Albany, en Escocia, era hostil a Enrique, y Owen Glendowen acaudillaba una insurrección nacional en Gales. La primera tentativa fue hecha a principios del año por los condes de Ricardo, pero sus planes fueron descubiertos y sus fuerzas destrozadas. Muchos de los jefes cayeron víctimas de la venganza popular. Más seria fue la rebelión de los Percy (1403), hasta entonces firmes sostenes de Enrique.

Pero la vigilancia y la actividad de Enrique estaban a la altura de las circunstancias. Hizo fracasar un complot que tenía por objeto el apoderarse del joven conde de March (1405), y sofocó una nueva sublevación en el norte. Scrope, arzobispo de York, y Mowbray, gran mariscal, que acaudillaba a los rebeldes, fueron hechos prisioneros y decapitados.

El papa Gregorio XII, al oír la nueva, excomulgó a los culpables. Se dice que Enrique le remitió la armadura que Scrope llevaba en el combate, preguntando al pontífice si era aquella la túnica que llevaba su hijo. El papa comprendió la alusión, y se contentó con responder: No sé si es la túnica de mi hijo; lo único que sé es que una bestia feroz lo ha devorado. El rey tenía ya en su poder al hijo del duque de Albany; después se apoderó de Jacobo, el pretendiente a la corona de Escocia, y el asesinato del duque de Orleáns le quitó de en medio al peor enemigo que tenía en Francia.

Esta última crisis, sin embargo, le había puesto en la dura necesidad de hacer nuevas e importantes concesiones a la Cámara de los Comunes. Había prometido (1407) gobernar con la anuencia de un Consejo nombrado con su aprobación, sometiendo a su criterio la lista civil, con otras limitaciones. Durante todo su reinado se vio asediado por la falta de dinero y, como quiera que el parlamento ejercía el derecho de votar créditos extraordinarios, este derecho daba a aquella corporación gran ascendiente sobre sus acciones.

Había subido al trono como el campeón de la ortodoxia. Así tenía que pagar a la Iglesia ciertas rentas estipuladas, y que ciertos autores dicen que esta las gastaba persiguiendo a los loliardos. Los comunes, en cambio, eran de parecer que la propiedad de la Iglesia debía servir para los intereses del Estado.

Con estas limitaciones, su política exterior no pudo ser enérgica. A duras penas, al comenzar su reinado, pudo defender las costas, y aun cuando después aprovechó la oportunidad de la guerra civil para invadir la Francia (1411), sus esfuerzos, en general, se redujeron a reforzar su dinastía por medio de casamientos extranjeros.

En sus últimos años, apenado por una enfermedad crónica (no la lepra, como se ha asegurado), confió con frecuencia en su hijo, con el cual, por otra parte, no estaba siempre en las mejores relaciones. Fundó la orden del Baño, y le gustaba alternar con la gente letrada.

De su primera mujer, María Bohun tuvo seis hijos: Enrique, que le sucedió; Tomás de Clarence; Juan, duque de Bedford; Hunfredo, duque de Gloucéster; Blanca, que casó con el conde palatino del Rhin, y Felipa, reina de Dinamarca.

Era un hombre precavido, astuto y resuelto, inclinado por naturaleza a la bondad y la clemencia, pero en ocasiones cruel y poco escrupuloso. Consiguió dar cima al gran proyecto de su vida y comprendió que el poder que había usurado solo podía mantenerlo sobre una base constitucional.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 54-55.