Casa Plantagenet

Historia de la Dinastía

De Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana

Enrique II (1154-89) tuvo bajo su gobierno además de Inglaterra, Normandía, Anjou, Maine y el país situado entre el Loira y los Pirineos. En 1171 emprendió una expedición a Irlanda, recibió el vasallaje de los grandes tanto eclesiásticos como seculares, se mandó construir un palacio en Dublín y empezó de este modo la conquista de Irlanda. No fue menos afortunado en su expedición contra Escocia, pues hizo prisionero a su rey Guillermo (1174), quien hubo de recobrar su libertad a cambio del reconocimiento de la soberanía feudal de Inglaterra. Entre las luchas de Enrique II en territorio francés fue de especial importancia su expedición a Toulouse, donde su mujer tenía ciertos derechos, los que reivindicó Enrique II victoriosamente.

Durante su reinado tuvo continuas disputas con el santo arzobispo de Cantorbery, Tomás Becket, sobre todo cuando el rey dictó las famosas 16 Constituciones de Clarendon (1164) cuyo principal objeto era someter a la jurisdicción del Estado a los clérigos, impedir las apelaciones a Roma sin licencia del rey y otras intrusiones en los derechos que poseía la Iglesia. El Papa dio la razón al arzobispo; pero habiendo este excomulgado a los obispos de Londres y Salisbury que habían asistido a la coronación de Enrique II, el monarca prorrumpió en expresiones de ira que causaron el asesinato de Becket por cuatro caballeros. Estos hechos provocaron un levantamiento, al frente del cual se puso el hijo del propio rey, apoyado por los reyes de Francia y Escocia. Enrique II, empero, supo dominar la insurrección y después de cumplir la penitencia que se le había impuesto ante la tumba del propio santo, se reconcilió con la Iglesia y gobernó en adelante con gran mansedumbre.

Restablecida la tranquilidad, se dedicó Enrique II a implantar varias reformas interiores, las más importantes de las cuales fueron las que se acordaron en la Dieta de Northampton (1176). En virtud de ellas Inglaterra quedó dividida en seis distritos judiciales, al frente de los cuales se puso a tres jueces ambulantes justices itinerant. Se creó la institución del Jurado; en la corte, en 1178, o ya antes de esta fecha, se instituyó un colegio permanente de jueces compuesto de cinco hombres, que fue la base del Tribunal Supremo inglés, denominado Kings's Bench.

Finalmente, la Cámara del Tesoro Exchequer, creada ya en tiempo de Enrique I, fue objeto de grandes mejoras. Los últimos años de Enrique II se vieron castigados por nuevas luchas debidas a los levantamientos provocados por sus propios hijos, a quienes Francia no dejaba de inspirar a que amargasen la existencia de su padre. Enrique II hubo de pactar al fin una paz vergonzosa con Francia, y poco después murió (6 de Julio de 1189). Uno de sus actos más importantes para el porvenir de Inglaterra fue su intervención en Irlanda, que dividida en reinos como antes Inglaterra, era presa de luchas intestinas. Enrique II desembarcó en Dublín en 1171 y en poco tiempo se le sometieron casi todos los príncipes, si bien después poco a poco el país vivió en la práctica a vivir emancipado y la soberanía inglesa no fue una realidad hasta la época de los Tudor.

Ricardo I Corazón de León (1189-99), su sucesor, se distinguió por su valor y caballerosidad, más que por sus cualidades de gobernante. Durante la cruzada emprendida por él con Felipe Augusto de Francia, su hermano Juan destituyó al administrador del reino, Guillermo Longchamp, obispo de Ely, se alió con Felipe Augusto quien, a su regreso de Palestina, amenazaba las posesiones francesas y procuró apoderarse del gobierno. Al volver Ricardo a Inglaterra sometió a su hermano y venció a Felipe Augusto en Gisors (28-IX-1198) con lo cual renació la paz; pero el 6 de abril del siguiente año murió, a consecuencia de una herida recibida durante el sitio de un burgo del Limousin.

Le sucedió su hermano Juan, al que su padre había puesto antes el sobrenombre de Sin Tierra (1199-1216) por no haber recibido tierra alguna en herencia; Arturo de Bretaña, hijo de Godofredo, hermano mayor de Ricardo I, reivindicó con las armas, y ayudado por Francia, sus derechos al trono, pero cayó en poder de su tío, y fue asesinado en 1203. Felipe II invitó luego al rey Juan a ir a París y, como no acudiese, le enjuició y ocupó casi todas sus posesiones del continente.

Poco después la situación de Juan vino a ser aún más difícil: en efecto, a la muerte del arzobispo Huberto de Cantorbery (1205) se vio envuelto en una contienda con el papa Inocencio III, quien en 1208 lanzó un entredicho sobre Inglaterra y en 1209, excomulgó a su rey. Entonces los barones, casi todos los cuales odiaban al monarca, le amenazaron con destronarle y Felipe II de Francia equipó (1213) un ejército para hacer cumplir la excomunión lanzada contra Inglaterra, en vista de lo cual Juan tomó la resolución de someterse al Papa. El 15-V-1213 renunció a la corona de Inglaterra e Irlanda, declarándose feudatario de la Santa Sede mediante la entrega de una cantidad anual, y aunque este pacto le valió la absolución pontificia, la lucha con Francia no cesó. Se alió con Juan el emperador de Alemania, Otón IV, pero en la batalla de Bouvines (27 de Julio de 1214) los ejércitos angloalemanes fueron completamente derrotados, viéndose obligado el monarca a firmar una paz muy desfavorable con Felipe II.

Principio de la Constitución inglesa

Al volver Juan a Inglaterra halló el país en plena efervescencia; los barones y las grandes comunidades exigían cada vez con mayor vehemencia que se les reconociesen sus derechos. Juan se vio obligado a firmar (15-VII-1215) en Runnymede, la Carta Magna, que rigió en toda la Edad Media con una repocilación de las más importantes leyes de Inglaterra, y en ella se apoyan una parte de las actuales libertades. Entre las decisiones de este Código había dos especialmente que revestían gran importancia: una era (art. 39) la que garantizaba la libertad personal, disponiendo que ningún súbdito inglés, sin el dictamen o sentencia legal de sus iguales en estado, ser detenido, privado de sus bienes ni condenado al destierro; la otra (arts. 12-14) hacía depender la extraordinaria contribución de los feudatarios y la tributación de Londres, de la aprobación del Consejo del reino, al cual habían de ser invitados, cada uno de por sí los grandes barones por medio de un escrito real, y los pequeños barones por medio del sheriff.

Para asegurar la observancia de este y otros derechos otorgados al país, se nombró un Comité de 25 varones. Juan juró que cumpliría aquellas promesas, pero pensó vengarse de la injuria que para él entrañaban. Ante todo hizo anular la Carta de inmunidad por una bula de Inocencio III (25 de Agosto de 1215) y luego recorrió el país, devastándolo y conquistando una por una las ciudades, excepto Londres. Entonces los barones reclamaron el auxilio de Francia y ofrecieron la corona a Luis, príncipe heredero de aquel país. El príncipe francés fue allá con su ejército y, con Alejandro II de Escocia, conquistó una gran parte de Inglaterra.

Entre tanto, Juan (19 de Octubre de 1216) murió. Le sucedió en el trono su hijo, de nueve años, Enrique III (1216-72), bajo la regencia del legado pontificio y del mariscal Guillermo de Pembroke, quien defendió acérrimamente los derechos de su pupilo. Confirmó en nombre del rey, aunque con ciertas restricciones, la Carta Magna, y poco a poco fue robusteciéndose la autoridad del joven monarca. Pembroke obtuvo, el 20 de mayo de 1217 una gran victoria en Lincoln contra Luis de Francia, y los escasos rebeldes que quedaban y la escuadra francesa fue derrotada en Dover en el mes de agosto siguiente, por lo cual Luis, en la paz de Lambeth (11 de Septiembre de 1217) renunció a sus pretensiones y abandonó Inglaterra.

En 1227 Enrique III fue declarado mayor de edad, y sus pretensiones al Poitou le llevaron a una guerra con Francia, pero fue derrotado (22 de Julio de 1242) en Tailleborc, a orillas del Charenta, y en la paz de Burdeos (7-IV-1243) hubo de renunciar a los países de aquende el Garona. Enrique III estuvo en continuas luchas con la nobleza, dirigida por Simón de Montfort, VI conde de Leicester, que le dictó las célebres Provisiones de Oxford, y más tarde las de Westminster, que transferían mayor jurisdicción a los Tribunales reales en beneficio de la clase popular. La conducta altanera de Leicester le enajenó partidarios, y al fin fue vencido y muerto en la batalla de Evesham, sin que, no obstante, padecieran las libertades conquistadas, por la moderación de que dio muestras el heredero de la corona.

Con todo, durante el reinado de Enrique III prosperó el país que produjo hombres tan eminentes como Roger Bacon y Escoto; entraron y reformaron Inglaterra las órdenes de Dominicos y Franciscanos y las artes hicieron rápidos progresos. También se considera que del tiempo de este monarca data el principio del Parlamento inglés, cuando el rey convocó en Oxford a cuatro caballeros delegados por cada condado, junto con los principales poseedores de tierras, para discutir las necesidades del monarca. Aun la misma palabra Parlamento aparece y se repite a mediados del reinado. El 20-I-1265, fecha en que se reunió el Parlamento, convocado por Leicester, se ha designado con razón, como el natalicio de la cámara popular inglesa. Restablecida la paz, Enrique III reconoció de nuevo la Carta Magna, y pudo Eduardo IV (1270) emprender una cruzada, pero antes de su regreso murió Enrique III (16-XI-1272).

Su hijo Eduardo IV, llamado más generalmente Eduardo I, por ser el primero de este nombre en la casa de Anjou (1272-1307), se propuso como objetivo de su reinado reunir toda Inglaterra bajo su cetro. Empezó sometiendo el país de Gales y luego emprendió la campaña de Escocia, que tuvo un éxito decisivo en la victoria de Dumbar (27-IV-1296), pero luego se renovó la guerra, poniéndose los escoceses al mando de Guillermo Wallace y siendo derrotado el ejército inglés en Stirling (11 de Septiembre de 1297); finalmente, en 1305 Wallace fue hecho prisionero y ejecutado.

En su tiempo se consolidó el Parlamento, con el cual se mostró siempre respetuoso Eduardo I durante su largo y próspero reinado. Su hijo y sucesor, Eduardo II (1307-27), hombre corrompido de costumbres, concedió a su favorito Pierres de Gaveston una excesiva influencia en los asuntos del gobierno, por lo cual los barones en el Parlamento de 1310 reunido en Westminster, le obligaron a conceder la formación de un Comité de 21 nobles ordainers. En el acta redactada por estos en 1311, se prohibía al monarca continuar la guerra sin el consentimiento de los barones, abandonar el país y conferir los altos cargos públicos y se determinaba que el Parlamento había de reunirse por lo menos una vez al año. Gaveston fue decapitado en 1312.

Entre tanto, Roberto Bruce hacía nuevos progresos en Escocia: derrotó a Eduardo II en Banockburn (24-VI.1314) y continuó la guerra hasta 1323. Pronto surgieron rivalidades entre el rey y sus favoritos, entre ellos los Hugh d´Espencer o Spencer (padre e hijo) sumándose a estos los barones acaudillados por Tomás, conde de Lancaster. Hecho este prisionero en Boroughbridge (1322) y decapitado, se revocaron los estatutos de los ordainers, decretándose que en adelante solo tendría fuerza de ley únicamente lo que el rey por sí mismo dispusiese, con la aprobación de los Estados reunidos en el parlamento.

En este Estatuto de 1322 aparece claramente por primera vez la idea del gobierno constitucional. A pesar de esto, el rey no logró tener paz y tranquilidad. Su esposa Isabel, hermana de Carlos IV de Francia, le abandonó, fugándose a París, donde se juntó con su amante lord Mortimer; los barones del partido de los Lancaster se aliaron con ella al llegar a Inglaterra; los Spencer fueron ejecutados y el propio Eduardo II, después de obligado a abdicar, fue asesinado en la cárcel.

Eduardo III y sus sucesores

Durante el reinado de su hijo y sucesor, Eduardo III (1327-77), Escocia hubo de reconocer la soberanía de Inglaterra, frustrándose un nuevo conato de independencia que hicieron los escoceses en 1346, en la batalla de Neville´s Cross. Ya antes había estallado la guerra con Francia. Extinguida en 1328 la línea directa de los Capetos en Francia, Eduardo III reclamó la sucesión al trono fundándose en los derechos de su madre Isabel, y desde 1338 disputó la corona a Felipe VI de Valois, comenzándose así la guerra de los Cien Años. Al principio obtuvo excelentes resultados, sobre todo con la victoria de Crécy (26-27-VII-1346) y la de Poitiers (19-IX-1356) en la que tomó parte muy importante el hijo de Eduardo III ( El Príncipe Negro, haciendo prisionero al rey Juan II.

En 1348-49 se desarrolló la tristemente famosa peste negra o bubónica que causó la muerte tal vez de un tercio de la población y entre cuyas víctimas se contó la hija del rey. Con la paz de Bretigny (8 de mayo de 1360) Eduardo III obtuvo la plena posesión de Poitou, la Guyena y Gascuña, así como de las ciudades de Calais y Guines, quedando de nuevo constituida la soberanía de los monarcas ingleses en Francia. Empero, en 1369 estalló de nuevo la guerra, y los ingleses fueron perdiendo poco a poco sus posesiones del Continente, excepto las ciudades marítimas de Guines y Calais.

Por lo demás, el reinado de Eduardo III fue muy importante para el desarrollo de la Constitución parlamentaria. Durante el mismo se operó sucesivamente la división del Parlamento en Alta Cámara (prelados y barones) y Baja Cámara (Casa de los Comunes, señores de los condados y ciudadanos) y se reconoció el derecho del Parlamento respecto de la imposición de tributos y promulgación de leyes. También tuvo lugar (1376) el primer ensayo de demanda judicial impeachment contra los lores Latimer y Lions. A la muerte de Eduardo III (21-VI-1377) subió al trono su nieto (el hijo del Príncipe Negro), Ricardo II (1377-99). Durante su menor de edad hubo disturbios en el interior del reino, y en el exterior la guerras tuvieron un resultado desfavorable. En 1381, ocurrió un levantamiento del pueblo acaudillado por Wat Tyler, que fue sofocado con relativa facilidad.

Luego Ricardo II se indispuso con sus tíos, los duques de Lancaster, York y Gloucester, el último de los cuales obligó al rey (1386) a apartar de su lado a los favoritos y someterse a un nuevo Consejo de regencia. Ricardo II tomó las riendas del gobierno en 1389, y en 1397 dio un inesperado golpe de Estado, encarcelando a sus principales adversarios, desterrando al obispo de Cantorbery y a su hermano el conde de Warwick, y mandando decapitar al conde de Arundel. Gloucester fue ejecutado en la cárcel.

Ricardo II, pues, quedó dueño absoluto del poder; pero en 1399 el duque Enrique de Hereford, hijo y heredero del duque de Lancaster, hizo un desembarco en Yorkshire y el regente del reino, duque de York, se adhirió al movimiento, siendo hecho prisionero Ricardo II y obligado a abdicar, después de lo cual fue depuesto por el Parlamento. Entonces subió al trono, con nombre de Enrique IV, el duque de Hereford, como sobrino legítimo de Eduardo III. Ricardo II pereció en el castillo de Pontefract, de muerte violenta, en 1400.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, T. 28 págs. 1544-1559.