Fundación del reino parlamentario

El Gobierno de Guillermo III (1689-1702) fue de grandísima importancia para el desarrollo político de la Gran Bretaña. Junto con la declaración del trono vacante, el Parlamento había proclamado el estatuto titulado Declaration of rights, que Guillermo III confirmó dándole carácter de ley del Estado, al subir al trono (13 de Febrero de 1689).

Esta Ley, a la que en Escocia correspondió la llamada Claim of rights, declaraba anticonstitucional la pretensión de Jacobo II de que la Corona tenía derecho a suspender la vigencia de las leyes; prohibía todo reclutamiento y formación de ejército permanente sin la aprobación del Parlamento; garantizaba el derecho de petición de los ciudadanos, la libre elección de los miembros del Parlamento, la libertad de la palabra en el mismo y la institución del Jurado, y estatuía que el rey había de convocar a menudo el Parlamento.

Respecto de la Iglesia, se afianzó la vigencia de la Ley de uniformidad y del juramento de prueba test; pero en virtud de una ley de tolerancia se permitió a los dissenters (disidentes) protestantes el ejercicio público del culto divino, mientras en Escocia se declaraba el presbiterianismo religión del Estado.

Luego se introdujo la inamovilidad de los jueces, la libertad de la prensa y se preparó el camino para la responsabilidad de los ministros. En 1694 fue un hecho la introducción del Parlamento de tres años y se separó la lista civil del rey de los demás gastos del presupuesto. Se fundó también un Banco nacional y se renovó la Compañía de las Indias Orientales, preparándose así el camino para elevar a Inglaterra a la categoría de primera potencia de Europa en poderío colonial.

Con la política exterior de Guillermo III, Inglaterra, en unión de Holanda, desempeñó un papel de moderadora y árbitro de los destinos de Europa. Guillermo III entró a formar parte de la alianza firmada en 1689 en Viena, destinada a mantener el equilibrio europeo amenazado por el rey de Francia, Luis XIV, y él fue el alma de aquella alianza que en dicho año votó la guerra contra Francia.

En compensación, Luis XIV apoyó los esfuerzos de Jacobo II para recuperar el trono de Inglaterra. Jacobo II hizo un desembarco en Irlanda en Marzo de 1689: pero en Julio de 1690 fue derrotado por Guillermo III a orillas del Boyne y huyó a Francia, después de lo cual el general Ginkell acabó la sumisión de Irlanda.

En la guerra con Francia, Guillermo III perdió las batallas de Steenkerken (1692) y Neerwinden (1693); pero la escuadra angloholandesa, sobre todo con la victoria de Russell, en La Hogue, afirmó su superioridad, y en 1697 firmó Francia la paz de Ryswick en la que Luis XIV reconocía por rey a Guillermo III.

En la Guerra de Sucesión de España quiso Guillermo III al principio intervenir como mediador; pero a la muerte de Carlos II, rey de España (1700), como Luis XIV violase los tratados firmados anteriormente, Guillermo III formó parte de la Gran Alianza contra Francia (17 de Septiembre de 1701), mientras Luis XIV, a la muerte de Jacobo II (16 de Septiembre de 1701) reconocía por rey de Inglaterra al hijo de este, el pretendiente Jacobo III. Poco después moría Guillermo III (19 de Marzo de 1702), habiéndole precedido en 1695 su esposa María.

La sucesora de Guillermo III, Ana, hermana de María (1702-14) continuó la guerra con Francia, habiendo en la misma obtenido su caudillo, el duque de Marlborough, brillantes victorias en Hoechstaedt-Blenheim (1704), Ramillies (1706), Oudenarde (1708) y Malplaquet. Bajo su alta dirección los whigs, en Mayo de 1707, realizaron la unión de Inglaterra y Escocia, por la cual ambos países, con el nombre de Gran Bretaña, quedaron incorporados en un reino con Parlamento común, aunque Escocia conservó sus leyes civiles, sus tribunales y su constitución especial eclesiástica.

En 1710 ocurrió un cambio súbito de situación: la reina, disgustada con la ambiciosa duquesa de Marlborough, su antigua amiga, y no pareciéndole bien las tendencias eclesiásticas de los whigs, aprovechando la circunstancia de haber obtenido los tories mayoría en las nuevas elecciones para la Cámara popular, formó de esta mayoría un nuevo ministerio bajo la presidencia de lord Bolingbroke

Como Marlborough había perdido su influencia y como en 1711, a causa de la muerte del emperador José I, la continuación de la política hasta entonces seguida hubiera significado la unión de las monarquías española y austriaca, la Gran Bretaña en 1713 firmó la paz de Utrecht, por la cual Felipe, nieto de Luis XIV, fue reconocido rey de España, y recibió de Francia las posesiones de la bahía de Hudson, Nueva Escocia, Terranova y el reconocimiento de la sucesión protestante al trono, y de España, Gibraltar, Menorca y varias concesiones de carácter comercial en las Indias Occidentales.

La casa de Hannóver

Habiendo muerto Ana sin sucesión el 12 de Agosto de 1714, el trono, en virtud de la Ley de 1701, recayó en el Príncipe elector de Hannóver, Jorge I (1714-27), nieto de la condesa palatina Isabel, hija de Jacobo I, el cual llamó de nuevo al gobierno a los whigs.

La tentativa del pretendiente Jacobo III para adquirir cuando menos la corona de Escocia (Diciembre de 1715) abortó, como también los posteriores intentos de levantamiento de los jacobitas (1717 y 1719). En buena inteligencia con el Ministerio, la Cámara Baja (en la que predominaban los whigs) prolongó su mandato (así como el de los sucesivos Parlamentos) a siete años.

Por entonces se desarrolló la corrupción en el Parlamento inglés, cuyos votos obtenía fácilmente el Gobierno por medios ilegales, como los elegidos los obtenían del pueblo mediante dinero, hasta el punto de que quedaron divorciados largo tiempo la nación y la política. No obstante, el país gozó de libertad ciudadana y en un largo periodo la paz aumentó el bienestar general.

El principal representante del sistema gubernamental de los whigs era Roberto Walpole, que desde 1721 se hallaba al frente del Ministerio y que aun después de la muerte de Jorge I, durante el gobierno de su hijo y sucesor Jorge II (1727-1760), afirmó su situación

En el complicado juego diplomático de su época supo Walpole asegurar el prestigio de Inglaterra y defender con gran habilidad su política comercial y colonial; pero en 1739 fue arrastrado por una corriente popular a la guerra con España, en la cual no obtuvo grandes éxitos, y al complicarse la situación a causa la guerra de Sucesión de Austria, dimitió (22 de Febrero de 1742).

De la dirección de los negocios extranjeros se encargó lord Carteret, quien consiguió que Federico II, en virtud de la paz de Breslau (1742) se separase de la liga contra Austria, aliada de Inglaterra. Pero al pasar Jorge II (1743) al continente y marchar contra Francia con un ejército de más de 40.000 hombres alemanes e ingleses (el llamado ejército pragmático, se censuró al Gobierno por llevar negligentemente la guerra genuinamente nacional con España y, derrochar, en cambio, las fuerzas y energías de la Gran Bretaña en interés del principado de Hannóver, y Carteret hubo de presentar la dimisión en Diciembre de 1744.

El nuevo Ministerio Pelham tuvo desde luego que luchar con un gran peligro interior; en Agosto de 1745 Carlos Eduardo, hijo del pretendiente Jacobo III, desembarcó en Escocia, se apoderó de Edimburgo, avanzó, a fines de aquel año, hasta muy cerca de Londres y hubiera peligrado la dinastía a no haberle infligido una seria derrota el duque de Cumberland en Culloden (27-IV-1746). Fue la última tentativa de los Estuardo de restauración a mano armada.

Entre tanto, Inglaterra, alcanzaba grandes éxitos por mar contra Francia y España; no así, empero, por tierra, en que el ejército pragmático sufrió una honrosa, pero terrible derrota en Fontenoy (11-V-1745). Entonces, como la situación financiera obligase a terminar de un modo o de otro la guerra, la Gran Bretaña firmó en 1748 en Aquisgrán la paz con Francia y en 1750 con España. Pronto, empero, se renovaron las hostilidades con Francia con ocasión de límites de las colonias de la América del Norte, conduciendo a una verdadera ruptura en 1755.

A fin de proteger Hannóver, firmó Inglaterra, en Enero de 1756, con Prusia la alianza de Westminster, desarrollándose entonces la guerra marítima y colonial con Francia, que coincidió con la de los Siete Años. La lucha en un principio no fue favorable a Inglaterra; en Alemania, el duque de Cumberland fue derrotado (26 de Julio de 1757) en Hastenbeck y, en virtud del convenio de Kloster Zeven, Hannóver cayó en poder de Francia; Menorca fue conquistada por el duque de Richelieu, y en América, el ejército, formado principalmente por alemanes, no respondió tampoco a las esperanzas de la metrópoli.

La guerra no se llevó con energía y con éxito hasta que Pitt, en 1757, obtuvo una situación preeminente en la política. En Alemania, Fernando de Brunswick venció en Kref (23 de Junío de 1758) y en Minden (1 de Agosto de 1759); en América conquistaron los ingleses Quebec y ocuparon todo el Canadá.

Al propio tiempo la Compañía inglesa de las Indias Orientales contaba por éxitos sus empresas comerciales apoyadas por sus huestes. A raíz de la victoria de Clive en Plassey (1757) los ingleses se apoderaron de Calcuta en 1758 y de Surate en 1759. En 1761 perdieron los franceses Pondichéry y Mahé, quedando de este modo totalmente expulsados de las Indias.

Al declarar España, en 1761, la guerra a la Gran Bretaña a causa del pacto de familia de los Borbones, los ingleses se apoderaron también de varias colonias españolas y conquistaron la Habana y Manila. Después (10-II-1763) se firmó la paz de París, en la cual Francia cedió a la Gran Bretaña todo el Canadá, Nueva Escocia, Cabo Bretón y las islas de Granada, San Vicente, Dominica y Tobago, así como sus posesiones del Senegal, y España renunció en su favor a parte de la Florida.

Revolución americana

Antes de firmarse la paz había muerto Jorge II (25-X-1760), sucediéndole su nieto Jorge III (1760-1820) que en 1761 por inspiración de su favorito lord Bute, llamó al gobierno a los tories. Bute dimitió en 1763; pero no fueron menos impopulares los ministros que le siguieron: Grenville, Rockingham (desde 1765) y Grafton (desde 1766), que mostraron siempre empeño en elevar y robustecer el poder de la Corona en perjuicio de la Constitución vigente.

La atmósfera oposicionista tuvo viva y palpitante expresión en las Cartas de Junio, magistralmente escritas, que se publicaron desde 1769 hasta 1771 en el Public Advertiser y en que menudeaban las acres invectivas contra el rey, los ministros, el Parlamento y los Tribunales de justicia y que llamaron grandemente la atención en todo el reino.

El Gobierno procuraba por todos los medios posibles aumentar los ingresos del Tesoro, habiendo tomado, entre otras medidas, la de aplicarles el sobrante de beneficios de la Compañía de las Indias Orientales que, gracias a las conquistas de lord Clive, había ampliado enormemente sus posesiones.

Pero, como ello no bastara, se trató de obligar a las colonias americanas a contribuir con grandes sumas de dinero. A este efecto el Ministerio Grenville propuso en 1764 un proyecto de Ley, imponiendo derechos de entrada a algunos productos comerciales en América, y al año siguiente introdujo la tasa del timbre.

Los americanos empero, alegaron ante el Parlamento, en el cual no estaban representados, su derecho a rehusar los impuestos, se unieron contra la entrada de géneros gravados con los derechos de Aduana y se opusieron a la tasa del timbre. Esta se restableció en 1766; pero la tentativa del Gobierno de gravar otros géneros con nuevos derechos de Aduana fracasó en 1767 ante la resistencia de los americanos, la cual no cesó con la subida al poder del Ministerio North (1770), en que la oposición triunfó casi del todo, reduciéndose los impuestos a un pequeño gravamen sobre el te.

El disgusto de los americanos había llegado a un grado tal de efervescencia, que en Diciembre de 1773, se dio el caso de arrojarse al mar, en Boston, tres cargamentos de té. Las medidas de castigo que la Gran Bretaña tomó contra Boston condujeron, en 1775, a que estallase la guerra de la Independencia americana. El Congreso de las 13 colonias, reunido en Filadelfia el 4 de Julio de 1776, se pronunció a favor de la Independencia de los Estados Unidos.

Las milicias americanas, faltas de entrenamiento, no pudieron resistir a las tropas a sueldo alemanas de que disponía la Gran Bretaña y los americanos perdieron Nueva York, Filadelfia y toda la costa oriental; pero en 1778 aseguró Francia su apoyo a los americanos y al año siguiente España hizo lo mismo. Holanda, por su parte, había firmado en 1778 un pacto comercial con América, que se conoció en 1780 y que provocó una declaración de guerra por parte de Inglaterra, mientras las potencias del Centro y N. de Europa se mantenían neutrales.

En aquella ocasión confirmó Inglaterra la superioridad de que gozaba por mar, obteniendo brillantes victorias como la del almirante Rodney en San Vicente sobre la escuadra española (16-I-1780) y la de la Dominica (12-IV-1782, sobre la francesa, mientras los holandeses escapaban con trabajo de un desastre análogo en Doggersbank (5-VIII-1781).

Los españoles reconquistaron el puerto de Mahón; pero Gibraltar se resistió a pesar de todos los ataques de las escuadras española y francesa reunidas, y permaneció en poder de Inglaterra. Sin embargo, con la capitulación de Yorktown (19 de Octubre de 1781) perdió Inglaterra todas las conquistas que lograra en América, y no pudo menos de aceptar la paz que se firmó en Versalles el 3 de Septiembre de 1783.

En ella se reconoció la independencia de los Estados Unidos; España recibió la Florida y Menorca, y Francia Tobago, Santa Lucía, importantes distritos de la India Oriental, Gorée y las islas de Saint-Pierre y Miquelon. Inglaterra, como única indemnización recibió Negapatam de Holanda.

Como compensación a las pérdidas sufridas en América obtuvo Inglaterra algunos importantes éxitos en la India Oriental: fueron sofocados con gran fortuna los levantamientos de los máhratas y de Haider Alí de Mysore, a quien apoyaba Francia, como también la insurrección de su sucesor Tippu Sahib.

En 1784 Tippu Sahib hubo de ceder todas sus conquistas a Inglaterra y permitir el libre comercio a los comerciantes ingleses. Esta guerra echó sobre los hombros de la Compañía de las Indias Orientales tal cúmulo de deudas, que le fue imposible atender a sus compromisos con la metrópoli, por lo cual Guillermo Pitt el Joven, que desde 1783 estaba al frente del Gobierno, llevó a cabo su plan, ya concebido de antes, de instituir una Oficina de fiscalización board of control dependiente del Estado con jurisdicción sobre dicha Compañía y sus órganos.

En 1790 estalló una nueva guerra entre Tippu Sahib e Inglaterra, la cual terminó renunciando Tippu a la mitad de su territorio y pagando una fuerte indemnización de guerra. Otra compensación para América representaron los descubrimientos hechos por James Cook en Australia.

Durante estas guerras Inglaterra se vio trabajada por dificultades de no menor importancia en el interior; la insurrección de la América del Norte despertó análogos impulsos en Irlanda. Los irlandeses reclamaban la autonomía de su Parlamento que desde 1719 estaba sometido al de Inglaterra, y la remoción de las insoportables limitaciones en materia de comercio que hacían imposible el desarrollo de la industria y la agricultura del país. El Gobierno inglés, ante la amenaza de algunos millares de irlandeses armados, dispuestos a hacer un desembarque en las costas de la Gran Bretaña, hubo de plegarse a ambas reclamaciones.

Las guerras con Francia

La Revolución francesa fue al principio saludada con aplauso por los caudillos de la oposición, Fox y Sheridan, y suscitó en Inglaterra un movimiento democrático que aunque en sus comienzos no pareció peligroso, inquietó después a Gobierno, el cual procuró ponerlo a raya con severas medidas policíacas, que obtuvieron la aprobación no solo del partido de los tories, sino también de buena parte del de los whigs y se vieron apoyadas por el más preclaro orador de la Cámara Baja, Edmundo Burke.

Confiando en la fuerza de estos adversarios de la revolución, resolvió Pitt, a raíz de la ejecución de Luis XVI (21-I-1793) presentarse en actitud francamente hostil respecto de Francia, e hizo que se diese orden a los legados franceses de abandonar la Gran Bretaña. En vista de ello, la Convención declaró la guerra a Inglaterra (1 de Febrero de 1793) y la Gran Bretaña comenzó con la Francia revolucionaria aquella larga contienda que acabó con el Imperio napoleónico y aumentó su propio poderío e influencia.

La guerra de la primera coalición contra Francia no fue venturosa por tierra; Bélgica fue conquistada por los franceses en 1794; Holanda en 1795 se convirtió en república bátava; Prusia y España aceptaron la onerosa paz de Basilea, y Austria, el 17-X-1797, firmó la de Campoformio con todas las pérdidas a ella inherentes.

Los ingleses, empero, dominaban todos los mares, y después de casi haber aniquilado, al mando de Hood y Howe, una escuadra francesa en el Mediterráneo, arrojaron a los franceses de todas las colonias de América y Asia, excepto de Cayena; quitaron a los holandeses el Cabo de Buena Esperanza, Malaca, Ceilán, Amboina, Ternate y otras islas, y si bien no pudieron impedir el desembarque de Bonaparte en Egipto, hicieron fracasar el objetivo de la empresa con la victoria de Nelson en Abukir (19 de Agosto de 1798) y la resistencia de San Juan de Acre (1799) que tan hábilmente dirigieron.

En la guerra de la segunda coalición contra Francia los ingleses y rusos, después de haber capturado la escuadra holandesa, no lograron efectuar un desembarco en el N. de Holanda.

Las potencias continentales hicieron pronto la paz con Francia, y el zar de Rusia, Pablo, irritado porque Inglaterra iba aplazando la entrega de la isla de Malta (conquistada en 1800), que le había de hace como gran maestre de la orden de San Juan, renovó la alianza de las potencias nórdicas para el mantenimiento de la neutralidad armada en los mares. En esta Liga ingresaron Suecia, Dinamarca y Rusia, pero Inglaterra respondió con un victorioso ataque contra Copenhague (2-IV-1801)

. Entre tanto, la necesidad de poner fin a un estado crónico de guerra, se hacía sentir hasta en Inglaterra, sobre todo a causa de aumento continuo de la Deuda pública. En estas circunstancias dimitió Pitt, y el Ministerio Addington se adhirió (28 de Marzo de 1802) a la paz de Amiens, en la cual Inglaterra prometió devolver todas sus conquistas a Francia, Holanda y España, excepto Ceilán y Trinidad.

Aunque habían cesado de momento para Inglaterra las guerras exteriores, persistía la causa del conflicto con Irlanda. En 1791 se había formado allí, por la influencia de las ideas francesas, una Liga de irlandeses unidos United Irishmen, que estaba en secreta inteligencia con Francia. En Diciembre de 1796 fracasó un ensayo de desembarque en Irlanda por los franceses, al mando de Hoche; pero en la primavera de 1798 estalló en los condados del N. de Irlanda una insurrección que no logró sofocarse hasta al cabo de algunos meses.

A fin de evitar en lo futuro insurrecciones análogas, en 1800 se firmó por ambos Parlamentos la unión de Irlanda con la Gran Bretaña; 22 lores irlandeses tomaron asiento en la Alta Cámara británica y 100 diputados en la Cámara Baja; el comercio y las comunicaciones entre ambos países fueron declarados libres y se equipararon los derechos políticos de ambos. En realidad, solo los irlandeses protestantes sacaron partido de este acuerdo, puesto que los católicos, que formaban una octava parte del país, quedaron excluidos de la entrada al Parlamento y del desempeño de cualesquiera cargos públicos.

La paz con Francia no fue de larga duración. Como Napoleón se permitiese injerencias totalmente arbitrarias en la política de Italia, así como en la de Suiza y Holanda, el Gobierno inglés, por su parte, retardó la entrega de sus conquistas a Francia y Holanda, conforme a lo estatuido en la paz de Amiens, por lo cual en 1803 estalló de nuevo la guerra, ocupando desde luego los franceses Hannover.

El 18 de Mayo del año siguiente se puso de nuevo Pitt al frente de los negocios y en 1805 formó la tercera coalición contra Francia, cuyos miembros recibieron abundantes subsidios de Inglaterra. Napoleón, que en 1804 había proyectado un desembarque en Inglaterra, se dirigió contra Austria y destruyó la coalición en el continente con la victoria de Austerlitz. Pero los éxitos de los ingleses por mar no fueron menos brillantes: Nelson derrotó a la escuadra hispano francesa en Trafalgar (21-X-1805) y Duckworth y Warren en 1806 aniquilaron los últimos restos de la flota francesa.

Tras de la humillación de Prusia en la paz de Tilsitt (1807) y de la inteligencia de Napoleón con el zar Alejandro I, la mayor parte de Europa se vio colocada bajo la hegemonía de Francia, e Inglaterra quedó sola. El Ministerio Grenwille-Addington-Fox, formado a raíz de la muerte de Pitt en 1806, dimitió el 24 de Marzo de 1807, dando lugar al Gabinete Portland, en el cual Jorge Canning, discípulo de Pitt y que encarnaba sus principios políticos, se encargó de los asuntos extranjeros.

El 21 de Noviembre de 1806 había Napoleón prohibido todo el comercio y tráfico con las Islas Británicas y declarado buena presa todos los géneros y barcos procedentes de la Gran Bretaña y de sus colonias. Al contestar Inglaterra con represalias, agravó Napoleón las medidas de aislamiento, organizando el llamado bloqueo continental, con el que aspiraba a anular todo el comercio de la Gran Bretaña.

Esta se desquitó por medio de un enorme tráfico de contrabando y con la captura de todos los barcos de cualquiera nacionalidad que fuesen, si estaban adheridos al sistema napoleónico. Al rechazar Dinamarca (1807) la insinuación de Inglaterra de formar con ella una alianza y llevar su escuadra a puertos ingleses, la flota inglesa bombardeó durante cuatro días (2 a 5 de septiembre) la ciudad de Copenhague, obligándola a capitular y como consecuencia de ello la escuadra dinamarquesa fue entregada a los ingleses.

Esta conducta impelió a Rusia y Dinamarca a declarar la guerra a Inglaterra, durante la cual los ingleses se apoderaron de las colonias dinamarquesas de Santo Tomás y Santa Cruz (Diciembre de 1807), así como de una escuadra rusa que se hallaba anclada en el puerto de Lisboa.

Los barcos ingleses dominaban en todos los mares, proveían a todas las partes del mundo de géneros coloniales y de productos de la floreciente industria británica y se apoderaron de las últimas colonias que quedaban a los franceses y holandeses.

Desde 1808 apoyó Inglaterra la resistencia de Portugal y de España contra la invasión francesa, ayudándola con dinero y con tropas. En esta lucha peninsular conquistó sus primeros grandes lauros el futuro duque de Wellington.

El Ministerio inglés recayó en 1809 en Perceval, y en 1812 en lord Liverpool; pero los principios y máximas de la política británica no sufrieron, en realidad, modificación alguna, ni siquiera cuando a causa de la enfermedad mental de Jorge III, el Parlamento, el 10-I-1811, encargó la regencia al príncipe de Gales. En 1812 estalló una guerra entre Inglaterra y los Estados Unidos, que fue de corta duración y no produjo resultados notables.

En el mismo año entró Inglaterra en una inteligencia con Rusia, la cual se separó del sistema continental, y en 1813, a raíz de la retirada de Napoleón de Rusia, firmó Inglaterra tratados con Rusia, Prusia, Suecia y Austria, en virtud de los cuales facilitó a estas potencias grandes subsidios contra Francia.

Por el mismo tiempo, quebrantado ya en Alemania el poderío de Bonaparte, atravesó Wellington los Pirineos, ocupó Burdeos y el 10-IV-1814 derrotó a Soult en Toulouse. No menor fue la parte que tomó Inglaterra, después de la vuelta de Napoleón de la isla de Elba, en la campaña de Bélgica de 1815, alcanzando, el 18 de Junio, con la ayuda de Prusia, la victoria de Waterloo.

Consiguientemente Inglaterra desempeñó un importante papel en las negociaciones de la paz y en las deliberaciones del Congreso de Viena. En virtud de la primera paz de París (30-V-1814) recibió la Gran Bretaña, Malta, Tobago, Santa Lucía, la Isla de Francia y las Seychelles de Francia; el Cabo de Buena Esperanza, Demarara, Essequibo, Berbice y Ceilán de Holanda y Heligoland de Dinamarca, en virtud de la segunda paz de París (20-XI-1815) se adjudicó, además, el protectorado de las islas jónicas. Los territorios de la Compañía de las Indias Orientales habían aumentado notablemente, y se había dado principio a la fundación de un Imperio colonial en Australia.

Emancipación de los católicos

A pesar de todos los éxitos exteriores y del aumento del patrimonio nacional, la vida interior del Estado adolecía de graves lacras. A fin de pagar los intereses de la Deuda, que ascendía ya a más de 800.000.000 de libras esterlinas, fue necesario aumentar los impuestos, los cuales gravaban especialmente a las clases medias, mientras que era cada día mayor el número de los obreros y proletarios excluidos del derecho de sufragio; por lo cual se manifestaba cada vez más intenso el deseo de una reforma tributaria y de la extensión del derecho electoral.

En varias localidades, sobre todo en Manchester (Agosto de 1819) se llegó a tumultos públicos, los que sofocó el Gobierno por la fuerza armada, pero cuyas causas fue impotente a hacer desaparecer. A la muerte de Jorge III (29-I-1820) se encargó de hecho del gobierno Jorge IV (1820-30), que ya no contaba con el afecto del pueblo, pero que aún aumentó la antipatía que inspiraba con el proceso de divorcio que entabló (aunque en vano) contra su esposa, Carolina de Brunswick, ante la Alta Cámara.

En el Gabinete Liverpool desempeñaba lord Castlereagh la cartera de Negocios extranjeros según los principios de la Santa Alianza , de la que Inglaterra no formaba, empero, parte. Después de Castlereagh, que se suicidó, dirigió la política de Inglaterra, Canning, quien a la muerte de Liverpool se encargó también de la presidencia del Consejo.

Canning, en su política exterior adoptó los puntos de vista de los whigs, favoreció a las colonias del S. y del Centro de América insurreccionadas contra España, como también a la independencia del Brasil, y el 6 de Julio de 1827 celebró con Rusia y Francia un convenio a favor de Grecia, a consecuencia del cual las escuadras de estas potencias, unidas entre sí, aniquilaron en Navarino a la escuadra otomana, echando de este modo el fundamento de la independencia de Grecia.

Canning murió en breve y, tras un corto Gobierno Wellington, se formó un Ministerio tory, en 1828. Con este Gabinete, de cuya gestión nadie esperaba medida alguna de reforma, surgió inmediatamente en Irlanda una violenta fermentación.

Desde 1823 existía en dicha isla una asociación católica que se había propagado por todo el país y al frente de la cual figuraba el hábil jurisconsulto, orador elocuente y popular político Daniel O'Connell quien, apoyado por el clero, en 1828, habla sido elegido miembro del Parlamento y declarado que a pesar de la ley de prueba Test Act ocuparía su puesto en el Parlamento.

Al cabo de una encarnizada y bien dirigida campaña, en que fueron tanto de admirar la tenacidad de O'Connell como el espíritu de justicia de sus adversarios (5 de Marzo de 1829) el Gobierno presentaba a la aprobación del Parlamento un bill que, anulando el juramento de prueba, abría a los católicos las puertas de las Cámaras y les franqueaba el acceso a casi todos los cargos oficiales. Con todo y la obstinada resistencia de la jerarquía anglicana, el bill de emancipación fue aprobado por el Parlamento, y el 13-IV-1829 obtuvo fuerza de ley.

Esta victoria del principio de la libertad despertó en muchos la esperanza en una completa y detenida reforma del Parlamento; pero la realización de la misma tropezó con una serie de inconvenientes que ya en tiempo de Pitt habían tratado de vencerse sin resultado alguno positivo.

Se elegían 150 miembros de la Cámara Baja, de burgos antiguos rotten boroughs que hacía tiempo que habían perdido su primitiva importancia y cuya población dependía de algunos poderosos propietarios que disponían de los puestos del Parlamento. De elección verdaderamente libre salían a lo sumo 70 miembros de la Cámara de los Comunes y en los 160 restantes apenas intervenía la voluntad del pueblo con eficacia positiva.

Ciudades había muy florecientes como Sheffield, Birmingham y Manchester, que no estaban representadas en el Parlamento. Tales deficiencias sirvieron a la oposición de motivo de ataque y al amparo de las mismas se exigió una fundamental reforma del derecho electoral.

Estaba reservado a Guillermo IV (1830-37), sucesor de su hermano Jorge IV, triunfar de este movimiento, a lo cual contribuyeron las irradiaciones de la revolución de Julio en Francia. Tras de las elecciones parlamentarias de 1830 fue derribado (15 de Noviembre) el gobierno tory, y lord Grey formó un Ministerio wigh, del cual formaban parte hombres tan eminentes como John Russell, Melbourne, Palmerston y Brougham.

El primer proyecto de una nueva ley electoral que Russell presentó el 1 de Marzo de 1831 no prosperó, pero al procederse a nuevas elecciones triunfaron los whigs y el bill de reforma, propuesto de nuevo, fue aceptado en los Comunes el 19 de Septiembre. El 8 de Octubre de 1831 lo rechazó la Cámara de los Lores dirigida por Wellington, y el proyecto solo obtuvo la aprobación cuando habiendo dimitido Grey por esta causa volvió a encargarse del Gobierno y a presentar el proyecto, que al fin fue aprobado el 4 de Junio de 1832.

En el mes siguiente se aprobaron también los proyectos de ley de reforma electoral para Escocia e Irlanda, y así quedaron eliminados los rotten boroughs, tuvo lugar un equitativo reparto de los mandatos entre las ciudades y los condados de los tres reinos, y el número de electores aumentó a casi 1.000.000, habiendo hecho uso del derecho de sufragio en los condados hasta los arrendatarios hereditarios y los temporales, y en las ciudades todos los propietarios y los arrendatarios de inmuebles de un valor mínimo de 10 libras esterlinas anuales.

Con la apertura del primer Parlamento elegido según la nueva Ley electoral (5 de Febrero de 1833) empieza una nueva época de la historia de la Gran Bretaña.

Las reformas de Pell (1833-46)

En el nuevo Parlamento tuvieron los liberales una franca mayoría, con lo cual se facilitó el camino para ulteriores medidas reformatorias, y así en 1833 tuvo efecto la abolición de la esclavitud en las colonias británicas; en el mismo año se reglamentó el trabajo o los niños en las fábricas y en 1834 se mejoró la legislación sobre los pobres. El Ministerio Grey tomó también a su cargo el arreglo de la situación de la India al expirar en 1834 el plazo del privilegio otorgado a la Compañía de las Indias Orientales.

Los enormes territorios de esta, que en 1826 se habían extendido considerablemente con ocasión de la guerra con Birmania, seguían gobernados por una entidad comercial, y en la administración se cometían abusos lamentables. Por lo mismo, en 1834, al renovarse el privilegio, se aumentaron las atribuciones de la Oficina de fiscalización montada en 1784, se suprimió el monopolio comercial de la Compañía, y los dividendos de los accionistas se normalizaron señalándoles la suma fija de 633.000 libras esterlinas.

Grandes dificultades ofreció al Gobierno la situación política de Irlanda, cuya población reclamaba que se le aligerasen las cargas que sobre ella pesaban, mientras que al propio tiempo la agitación de O'Connell tendía directamente a la disolución de la unión con Inglaterra. Grey acometió este asunto, pero al propio tiempo procuraba disminuir las cargas que sobre los irlandeses imponía la Iglesia anglicana.

Ello fue causa de disidencias en el seno del Gabinete, las cuales condujeron a la dimisión presentada por Grey en 1834. Tras un breve gobierno de los tories bajo la presidencia de Peel, en 1835 se encargó del Gobierno lord Melbourne, formando un Gabinete decididamente liberal, el cual introdujo en la Gran Bretaña una nueva ordenación o reglamento de las ciudades. El nuevo Gobierno promulgó una nueva ley de pobres y llevó a la práctica su bill de los diezmos, en virtud del cual estos fueron trasladados a los propietarios de fincas.

El 20 de Junio de 1837 murió Guillermo IV sin sucesión y le sucedió en Inglaterra su sobrina la princesa Victoria, de diez y ocho años de edad, mientras que en Hannóver, donde no podían gobernar las hembras, ocupó el trono el duque Ernesto Augusto de Cumberland.

Artículo pendiente de finalizar

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, T. 28 págs. 1544-1559.