Casa de Lancaster

Con Enrique IV (1399-1413) ocupó el trono de Inglaterra la Casa de Lancaster. Enrique IV tuvo que luchar contra varios enemigos interiores, ante todo contra el conde de Northumberland y su hijo Enrique Percy, apellidado Hotspur, que fueron derrotados en Shrewsbury (21 de Julio de 1403), batalla en la que murió Percy. Northumberland se sometió en 1404, pero al año siguiente se levantó en armas contra Enrique IV, y aunque tuvo a su favor a Francia y Escocia, no logró su objetivo. Enrique IV hizo ejecutar al arzobispo de York, que se había aliado con Northumberland, hizo prisionero al príncipe Jacobo, sucesor al trono de Escocia y se alió contra Francia, con el duque de Borgoña. Al regresar a Inglaterra Northumberland (1408) que se había fugado, por temor al poder de Enrique IV, fue derrotado y muerto a batalla de Bramham (19 de Febrero). Enrique IV estuvo en buena relación con el clero y con el Parlamento y gobernó con acierto, muriendo el 20 de Marzo 1413.

Su sucesor Enrique V (1413-22) renovó las reclamaciones de Eduardo III al trono de Francia y, aliándose con el duque de Borgoña, hizo un desembarque en Normandía (Agosto de 1415), venció en Azincourt (25 de Octubre), se apoderó de Ruán (1419), y el mayo de 1420 firmó con Carlos VI la paz de Troyes, en la cual fue reconocido heredero del trono de Francia, casándose luego con Catalina, hija de Carlos VI. En 1422 conquistó, además, la ciudad de Meaux, pero murió poco después (31 de agosto del mismo año). Enrique VI (1422-61), su hijo, era de solo nueve años de edad cuando subió al solio de Inglaterra, y como quiera que al cabo de poco falleciera Carlos VI, fue asimismo rey de Francia. Se encargaron de la regencia, en Francia el duque de Bedford y en Inglaterra el duque de Gloucester.

Bedford derrotó en Verneuil (1424) al heredero de la corona de Francia, Carlos VII; en 1428 franqueó el Loire y puso sitio a Orleáns. La famosa doncella de Orleáns, Juana de Arco, hoy venerada en los altares, libertó la ciudad (1429) y llevó al Delfín a Reims, donde fue coronado el 17 de Julio de aquel año. A pesar de haber sido Juana de Arco hecha prisionera en Compiègne y entregada a las llamas en Ruán el 30 de Mayo del año siguiente, y de haber Bedford hecho coronar al joven Enrique VI, en Diciembre del mismo año, en París, no mejoró la situación de Inglaterra, y después de reconciliarse (1435) Carlos VII con el duque Felipe III de Borgoña, los ingleses fueron perdiendo sucesivamente terreno.

El preceptor de Enrique VI, cardenal de Winchester, pactó en 1444 un armisticio con Francia y casó al rey con Margarita de Anjou, hija de Renato, rey titular de Nápoles, Sicilia y Jerusalén. La joven reina se apoderó muy pronto de las riendas del gobierno y elevó a la dignidad de marqués de Suffolk y a la categoría de favorito a Guillermo de la Pole, que había sido mediador de su enlace con el monarca. Pero como los ingleses iban perdiendo cada día nuevas posesiones en Francia y aun en Inglaterra, la conducta despótica de Suffolk suscitaba cada día nuevos descontentos; en 1450 le acusaron de alta traición, por lo cual se le desterró del país, y al hacer la travesía para Francia la tripulación le decapitó, con lo cual el duque de Somerset, que hasta entonces había gobernado en Francia, entró de favorito en el Palacio Real.

Casa de York. Guerra de las Dos Rosas

Como el descontento por el gobierno de Enrique VI era cada día más manifiesto. Ricardo, duque de York, se levantó contra él, iniciando en 1452 la lucha por el trono que había de durar treinta años, entre las casas de Lancaster y York, y a la que se dio el nombre de Guerra de las Dos Rosas o de la rosa roja y la rosa blanca, a causa de los dos distintivos que usaban ambas casas. Entre tanto terminó (1453) sin tratado ninguno formal de paz, la guerra con Francia, como resultado de la cual los ingleses solo conservaron Calais.

Tras de varias alternativas se dio en Saint-Albans (21 de mayo de 1455) una batalla entre Ricardo y el rey, en la que Enrique VI cayó prisionero y Sommerset murió. Ricardo trató con toda clase de consideraciones a su ilustre prisionero y en 1456 le devolvió el trono; pero en 1459 se rompieron de nuevo las hostilidades, y los realistas obtuvieron el 12-X-1459 la victoria de Ludlow sobre Ricardo. Pero el conde de Warwick, partidario y seguidor de Ricardo, pasó a Calais, se trasladó con otros yorkistas a Inglaterra y derrotó al ejército real en Northampton (10-VII-1460). El rey fue hecho de nuevo prisionero y Ricardo descubrió claramente sus aspiraciones a la corona de Inglaterra, decidiendo el Parlamento, el 25-X-dicho año, que Enrique continuara ciñendo la corona y que el de York fuera su sucesor.

La reina Margarita, empero, continuó la guerra y el 30-XII-1460 obtuvo una brillante victoria en Wakefield: Ricardo, hecho prisionero, fue ejecutado; pero su hijo Eduardo, conde de March, heredó sus pretensiones, y a pesar de su derrota en la segunda batalla de Saint-Albans (17-II-1461), en la que la reina Margarita libertó a su esposo, se afirmó en Londres, y el 2 de marzo de aquel año se hizo aclamar rey con el nombre de Eduardo IV (1461-83). Con él subió al trono de Inglaterra la casa de York.

Eduardo IV derrotó en la batalla de Towton (28-III-1461) a Margarita, la cual huyó a Francia y aunque volvió a Inglaterra en octubre de 1462, Warwick la obligó a abandonar de nuevo el territorio. El último conato de los partidarios de la casa de Lancaster, de sentar en el trono de Inglaterra a Enrique VI, lo sofocó lord Montague con las victorias de Hedgley Moor y Hexham (25-IV y 8-V-1464). Poco después fue hecho prisionero Enrique VI y estuvo encerrado hasta 1470 en la Torre.

Eduardo IV, que se apoyaba en la voluntad y afecto del pueblo, casó en 1465 con lady Elisabeth Wydewille, viuda de sir John Grey, pero a causa del favor que dispensaba a los deudos de su esposa, se indispuso con la poderosa familia de Nevil a la que pertenecía Wrawick, el Hacedor de reyes. Warwick se sublevó en 1469 y aunque hubo de huir a Francia, una vez allí se reconcilió con la reina Margarita, volvió a Inglaterra al frente de un ejército y puso de nuevo a Enrique VI en el trono (1470).

Eduardo IV huyó a Holanda, pero apoyado por los borgoñones, volvió a Inglaterra y derrotó en Barnet a Warwick (que pereció en la refriega e hizo prisionero a Enrique VI. La misma animosa Margarita que desembarcó con un ejército, fue derrotada en Tewksbury (4-V-1471), siendo hecha prisionera junto con su hijo, el cual fue muerto poco después. Entonces el rey no dudó en verter a torrentes la sangre de sus enemigos; el propio Enrique VI murió en la Torre de Londres el 21-V-1471, asesinado, según rumores, por el duque Ricardo de Gloucester, hermano de Eduardo IV.

Muerto Eduardo IV el 9-IV-1483, Ricardo de Gloucester se apoderó del príncipe de Gales, que a la sazón tenía doce años de edad, y lo hizo proclamar rey, mientras se nombraba a sí mismo protector del reino. Después se incautó del duque Ricardo de York, hijo segundo de Eduardo IV, de nueve años de edad, y lo llevó a la Torre al lado de su hermano. Luego, como quiera que los más poderosos partidarios de la reina Isabel de Woodville habían sido ya ejecutados, puso en tela de juicio la validez del matrimonio de esta con Eduardo IV, y por lo mismo la legitimidad de los hijos habidos en aquel matrimonio, y habiendo obtenido de algunos ciudadanos de Londres y miembros del Parlamento, que le reconociesen como legítimo heredero del trono, se hizo proclamar rey el 24-VI-1483, con el nombre de Ricardo III (1483-85).

Los dos príncipes fueron ejecutados en la Torre en el verano u otoño de 1483. En vano intentó Ricardo afianzarse por medio del miedo y del terror. Logró, es verdad, sofocar una sublevación del duque de Buckingham, del cual se había servido para la usurpación del trono y decapitar al insurrecto el 2-XI-1483; pero por verano de 1485 Enrique Tudor, conde de Richmond (que por parte de madre descendía de la casa de Lancaster) desembarcó en Inglaterra, se atrajo los descontentos y obtuvo una completa victoria sobre Ricardo III en Boswort (22 de Agosto), donde el rey murió peleando con un valor digno de mejor causa, al verse abandonado de casi todos sus amigos y partidarios.

De este modo terminó la guerra entre la Rosa Roja y la Rosa Blanca, y en la persona de Enrique de Richmond, con nombre de Enrique VII de Inglaterra la casa de los Tudor.

Aunque en estas luchas no había desempeñado el Parlamento papel alguno decisivo, sin embargo, sus atribuciones no sufrieron merma o disminución alguna. Por dos veces se reunieron la Alta y Baja Cámara para juzgar a los reyes. El derecho del pueblo a conceder tributos y a tomar parte en la tarea legislativa, permaneció intacto. Se reconoció el derecho a expresar su opinión que poseían los individuos de la Cámara de los Comunes, y ellos por su parte reivindicaban el privilegio de ser amparados durante el Parlamento, contra todas las persecuciones judiciales.

Casa de Tudor 1485-1603

Enrique VII (1485-1509) fue soberano prudente y buen administrador. Hizo que el Parlamento reconociese su derecho y el de sus sucesores al trono, y el 18-I-1486 contrajo matrimonio con la princesa Isabel, hija mayor de Enrique IV, heredera de la casa de York, con lo cual la Rosa Blanca y la Roja quedaron unidas. Desbarató la sublevación de Lambert Simnel que se hacía pasar por el conde de Warwick (hijo de Jorge de Clarence) y la de Perkin Warbeck, que también pretendía ser Ricardo, duque de York. Warbeck y el auténtico Warwick (este último tras un intento de fuga de la Torre de Londres) fueron ejecutados en 1499. Como a consecuencia de varios incidentes, las relaciones con Francia fueran muy tirantes desde hacía cuatro años, desembarcó Enrique VII en territorio francés en 1492, pero pronto hubo de pactar la paz y regresar a Inglaterra después de haberse gastado en esta empresa grandes sumas de dinero.

Sus rigurosas medidas contra la recalcitrante nobleza aumentaron extraordinariamente el tesoro real y aligeraron no poco las cargas del pueblo. Nombró una comisión encargada de fomentar la prosperidad de los bienes de la Corona que los grandes, en tiempo de disturbios, se habían apropiado en parte contra todo derecho. La jurisdicción del Consejo secreto de la Cámara de la Estrella, la hizo extensiva a todos los delitos contra el Estado y sometió a la misma aun a los nobles; con lo cual se formó un tribunal de justicia del Estado, sin Jurado, sin apelación, temible para los poderosos y, por lo mismo, popular durante mucho tiempo, aunque luego sirvió para cometer las mayores arbitrariedades.

La administración financiera de Enrique VII fue a menudo gravosa y opresora, pero con ello favoreció el comercio y la industria que durante su reinado llegaron a gran florecimiento. El pueblo tenía razón de estar satisfecho de su monarca, al cual daba el honroso título de Rey de los pobres. Con su gobierno Inglaterra gozó por largo tiempo de los beneficios de la paz. A su muerte (21-IV-1509) dejó Enrique VII un tesoro pletórico de riquezas.

El Protestantismo y Enrique VIII

Para la política interior y exterior del hijo y sucesor de Enrique VII, Enrique VIII (1509-47), fue decisivo su enlace con Catalina, hija de Fernando el Católico, de Aragón. En unión con su padre político hizo la guerra Enrique VII contra Luis XII de Francia y ganó con su aliado, el emperador Maximiliano I (17 de Agosto de 1513) la batalla de Terouanne, cerca de la colina de Guinegate, pero en 1515 firmó la paz.

El principal inspirador de la política de Enrique VIII durante este tiempo fue el arzobispo de York, Thomas Wolsey, el cual, aspirando a la tiara pontificia, negoció una alianza entre Enrique VIII y el emperador Carlos V contra Francisco I de Francia; pero fracasaron dos ataques dirigidos a Picardía (1532 y 1523) y en 1525 se hizo la paz con Francia. Al año siguiente Enrique VIII se convertía en uno de los más acérrimos enemigos del emperador, por diversos motivos políticos, secundados por otros puramente personales. Enrique VIII, apasionado por la bella y ambiciosa Ana Boleyn (Bolena), dama de servicio de la reina, que se negaba a ser simplemente la amante del monarca, resolvió anular su matrimonio con Catalina de Aragón, tía del emperador, tanto más cuanto que de Catalina no tenía más que una hija, María, y ningún descendiente varón.

Como pretexto para esta disolución tomó Enrique VIII el primer matrimonio de Catalina con Arturo, su hermano, y comenzó a fingir escrúpulos acerca de la legitimidad de su propio enlace.

Clemente VII, cuyo predecesor León X había dado a Enrique VIII el título de Defensor fidei (defensor de la fe), por sus escritos contra Lutero, se opuso al inadmisible divorcio de Enrique VIII, quien después de deshacerse de Wolsey e imputarle la muerte del duque de Buckingham, que era obra del rey, rompió las relaciones con el Sumo Pontífice. Después de haber sido reconocido por parte del clero inglés como cabeza visible de la Iglesia (1532) y contraído matrimonio el 25 de Enero del año siguiente, con Ana Boleyn, pronunció, por medio de un Acta del Parlamento, la separación de la Iglesia inglesa de Roma.

Acto seguido, el arzobispo de Cantorbéry, Tomás Cranmer, hechura del rey, disolvió el matrimonio de Enrique VIII con Catalina. Como el Pontífice procediese contra Enrique VIII, este adjudicó a la Corona las annatas que hasta entonces se habían pagado a la Curia romana, suprimió el óbolo de San Pedro, reglamentó las elecciones de obispos con absoluta independencia de Roma, y completó su obra con la declaración de la supremacía real haciéndose reconocer por el Parlamento jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra y representante directo de Dios en la Tierra.

Desde 1534 se suprimieron, además, los conventos de religiosos en Inglaterra y se confiscaron los bienes de los mismos. Fuera de estas alteraciones, más bien cismáticas y persecutorias que heréticas, Enrique VIII mantuvo en vigor las doctrinas de la Iglesia Católica; en los seis artículos que promulgó en 1539 se prohibía el matrimonio de los sacerdotes y el uso del cáliz para los fieles y se confirmaban las prácticas del Catolicismo. Todas estas medidas tomadas por el monarca hallaron escasa oposición y en la sujeción al soberano se conformaron tanto los lores como los comunes; aquéllos con miras a participar del rico botín de la Iglesia, estos persuadidos de que las disposiciones del monarca habían de ceder en aumento de la prosperidad del comercio y de la industria.

Sin embargo, la mala (índole y en especial la voluptuosidad de Enrique VIII pronto se pusieron de relieve). Ana Bolena murió en el cadalso, siguieron otras cuatro consortes, a saber: Juana Seymour (muerta en 1537), Ana de Cleve (divorciada en 1540), Catalina Howard (ejecutada en 1542) y Catalina Parr, que sobrevivió al monarca. En 1542 empezó Enrique VIII la guerra contra Escocia, quo no le dio resultado ninguno. Más tarde se alió de nuevo con Carlos V contra Francia y en 1544 se apoderó de Boulogne.

Enrique VIII murió el 28-I-1547. Le sucedió su hijo, de nueve años de edad, habido en el matrimonio con Juana Seymour, que se llamó Eduardo VI (1547-53) bajo la tutela de su tío materno, el protector Eduardo Seymour, duque de Somerset. Entonces fue cuando, dirigida por el mencionado Cranmer, se operó la verdadera fundación de la Iglesia anglicana, que difirió en adelante de la Católica en numerosas materias de fe y doctrina, y se arreció la persecución contra los católicos. El gobierno de Seymour fue derribado en 1549 por Juan Dudley, conde de Warwick, más tarde duque de Northumberland y, en 1552, al querer aquél recobrar su puesto, fue ejecutado.

Northumberland logró convencer a Eduardo VI de que excluyese de la sucesión al trono a sus hermanas María e Isabel y declarase sucesora suya a su parienta Juana Grey, bisnieta de Enrique VII, hija política de Northumberland y protestante acérrima. En consecuencia, al morir Eduardo VI (6 de Julio de 1553) se anunció la subida al trono de Juana; pero contra ella hizo valer inmediatamente sus derechos María la Católica (1553-58), hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, la cual fue reconocida reina de Inglaterra, y al subir al trono hizo ejecutar en seguida a Northumberland y en 1554 a Juana. María dio impulso a una reacción católica, que, después de su matrimonio con Felipe (más tarde Felipe II, rey de España), hijo de Carlos V, aumentó en intensidad.

En 1554, previa resolución del Parlamento, la Iglesia de Inglaterra se sometió de nuevo al Papa; se renovaron las antiguas disposiciones contra los herejes, y, entre otros, Cranmer fue ajusticiado. En 1557, María fue inducida por su esposo a una guerra con Francia, la cual dio por resultado perder Inglaterra la plaza de Calais, que era la última posesión inglesa en territorio francés, desde la guerra de los Cien Años. El sentimiento que esta pérdida produjo a María le precipitó la muerte, ocurrida el 17 de Noviembre de 1558.

Durante el gobierno de su media hermana, la protestante Isabel (1556-1603), hija de Enrique VIII y de Ana Bolena, las relaciones eclesiásticas en Inglaterra volvieron al estado en que se hallaban en tiempo de Eduardo VI. Isabel exigió del clero, de los funcionarios públicos y de los miembros del Parlamento el juramento de supremacía, o sea, el reconocimiento de la supremacía de la soberana en materias eclesiásticas y depuso de sus cargos a los que se mantuvieron fieles a la fe católica. Asimismo procedió contra los que se negaban a reconocer los 39 artículos confirmados por el Parlamento y que constituían una renovación de los 24 artículos de Crammer. Los derechos del Parlamento quedaron nominalmente intactos, pero su importancia fue mucho menor que durante el gobierno de los Lancaster.

El ejercicio y administración de la justicia se supeditó también a la influencia del Gobierno; mas a pesar de todo, el gobierno de Isabel fue popular, porque con el mismo el bienestar del país aumentó por modo considerable y florecieron la agricultura, el trabajo y la industria. El comercio exterior se desarrolló con la navegación, ya que, además del activo tráfico con Rusia, empezaron a tomar cuerpo las relaciones con Levante y las Indias Orientales. En 1600 otorgó Isabel la primera carta de franquicia a la Compañía de las Indias Orientales; también durante su gobierno se fundó en la América del Norte la primera factoría que en honor de la llamada Reina virgen se llamó Virginia. La política exterior de la soberana estuvo informada por la necesidad de defender su trono, amenazado por diversos conceptos, entre los cuales no era menor el de la ilegitimidad de su nacimiento.

Algunos católicos trataron de sustituirla por la reina de Escocia, María Estuardo, que era la legítima heredera de la Corona de Inglaterra por parte de madre y que se titulaba reina de Inglaterra e Irlanda, sin aspirar, empero, personalmente a serlo de hecho; más dichos propósitos y título, unidos al odio que sentía por su prima, tanto por ser católica como por su gran belleza, bastaron para que al buscar María, arrojada de Escocia, un refugio en la corte de Isabel, esta la hiciera prender, alegando que su permanencia en Inglaterra daba origen a disturbios, y la mandó ejecutar inicuamente en 1587.

Con objeto de debilitar a España, apoyó Isabel la insurrección de los Países Bajos. El éxito que obtuvo Inglaterra con la destrucción de la Armada Invencible en 1588, alentó de un modo extraordinario la confianza que en sí mismo tenía el país, al mismo tiempo que sirvió de motivo a la reina para arreciar en la persecución religiosa, que motivó, finalmente, su excomunión. Isabel, la última representante de la familia Tudor, murió el 24 de Marzo de 1603, dándosele como sucesor al hijo de María Estuardo y bisnieto de Enrique VII, Jacobo VI de Escocia, que tomó el nombre de Jacobo I.

Los Estuardo

Con Jacobo I (1603-25) pasó a la casa Estuardo (1603-1714) el trono de Inglaterra, cuya fusión política con Escocia rechazó el Parlamento en 1604, por lo cual ambos países quedaron unidos con unión puramente personal. Jacobo I fue un erudito pedante con marcadas tendencias teológicas; tenía un elevado concepto de las prerrogativas regias y era decidido seguidor de la Constitución eclesiástica episcopal que había introducido aun en Escocia.

Persiguió a los puritanos y a los clérigos que se negaban a prestar el juramento de la supremacía. Consecuencia de un fracasado complot urdido por Guy Fawkes y otros católicos, llamado Conjuración de la pólvora, fue la agravación de las leyes contra los católicos, habiéndose introducido otro juramento religioso, el Oath of allegiance que estaban obligados a prestar todos los clérigos, y desde 1610 también los funcionarios públicos. Negándose, naturalmente, a ello los católicos, fueron excluidos de los cargos oficiales.

En 1610 ocurrieron los primeros disentimientos entre el soberano y el Parlamento. Jacobo I, cuyo amor al fausto requería grandes sumas de dinero, lo pidió al Parlamento, pero los comunes se negaron a facilitárselo antes de que fuesen oídas las quejas del pueblo. Los poco elevados medios de que se valió Jacobo I para arbitrar recursos sin esperar la aprobación de la Cámara (entre ellos la creación de la nobleza de barón adquirible por compra, 1611), no duraron mucho tiempo, y Jacobo I se vio obligado a convocar de nuevo el Parlamento en 1614.

En seguida se renovaron las quejas: el rey castigó a algunos de los más audaces oradores y disolvió el Parlamento. Al descontento del pueblo por la forma de gobernar de Jacobo I se unía el deseo no satisfecho y varias veces expresado de que se diese franca entrada al protestantismo, a lo cual el monarca no se podía decidir, a pesar de que su propia hija, la princesa Isabel del Palatinado, había sido expulsada de su territorio por los imperiales y los partidarios de la Liga.

La Cámara de los Comunes, en su sesión de 1621, expresó este deseo, desaprobando, además, el plan del rey, de casar a su hijo mayor con una infanta española. El rey negó al Parlamento la facultad de inmiscuirse en asuntos que sobrepasaban su inteligencia, y al invocar el Parlamento sus privilegios, el monarca lo disolvió y metió en la cárcel a varios de sus miembros, que esos años transcurrieron sin Parlamento, al que no convocó Jacobo I hasta que vio fracasado su proyecto de boda de su hijo con la princesa española, que fue en 1624. Entonces le permitió el que interviniera en la aplicación de las cantidades que habían de votarse y envió tropas de auxilio a los protestantes de Alemania. Murió el 27 de Marzo de 1625.

Su hijo Carlos I (1625-49) continuó la lucha con el Parlamento. Con el primero que convocó se puso ya en conflicto porque la Cámara de los Comunes, desconfiando del monarca y de su esposa católica, Enriqueta de Francia, otorgó solo para un año, en vez de para toda la vida del rey (como hasta entonces se había acostumbrado) el producto de las Aduanas, o sea el llamado dinero de las libras y toneladas. Un nuevo Parlamento convocado en 1626 elevó sus quejas acerca de la continuación de los impuestos de Aduana más tiempo del que había sido concedido para los mismos, y decidió presentar una queja contra el duque de Buckingham, favorito de Carlos I, por lo cual el monarca lo disolvió también, sin que suprimiese los tales derechos; pero una desgraciada empresa de Buckingham, quien tenía el proyecto de ayudar a los hugonotes de Francia, le sumió en una crisis financiera tan aguda, que hubo de convocar de nuevo el Parlamento (1628).

La Cámara de los Comunes le dio esperanzas de facilitarle los subsidios que necesitaba, pero presentó varias quejas al monarca en un escrito muy mordaz, dirigido al mismo, titulado Petition of rights, y tras de prolongadas demoras, hubo el rey de dar al escrito carácter de ley (7 de Junio de 1628) obteniendo así los subsidios. En 1629, el dinero de las libras y toneladas, cuestión que no se había tratado en el escrito de Petition, dio pie a una nueva disputa y a una nueva disolución del Parlamento.

Once años gobernó Carlos sin Parlamento, asesorándose con Tomás Wentworth sobre los asuntos de Estado y con Guillermo Laud, arzobispo de Cantorbery, para los asuntos eclesiásticos. En 1629 firmó un tratado de paz con Francia, y en 1630 con España. Durante algún tiempo pareció fortalecerse este sistema no parlamentario de gobierno; pero las tendencias del rey favorables a los católicos y la persecución de los puritanos suscitó el descontento de los protestantes y la fermentación creciente no necesitó para explotar más que un pequeño choque. Este vino de Escocia, al pretender Carlos I implantar allí una nueva liturgia en 1637. Los jefes de la oposición redactaron, en oposición al rey, el llamado Covenant, renovando la antigua profesión de fe de los presbiterianos de 1581 y se aprestaron a la resistencia armada.

En 1639 estalló la guerra y Carlos I, al año siguiente, se vio obligado a convocar un nuevo Parlamento, el llamado Parlamento Breve, que a la petición de dinero del soberano, contestó con nuevas quejas y reclamaciones. Lo disolvió de nuevo Carlos I; pero entonces los escoceses marcharon sobre Inglaterra y arrojaron al ejército inglés de sus posiciones del Tyne. Fracasado el intento de sustituir el Parlamento por una asamblea de lores el 3 de Noviembre de 1640 se reunió el llamado Parlamento Largo, en el cual la oposición tuvo una aplastante mayoría.

En la Cámara de los Comunes se presentaron gran número de quejas contra el Gobierno, como también contra los ministros y los funcionarios del Estado que habían hecho cumplir los mandatos de Palacio. Ello hizo decaer el ánimo a Carlos I a tal extremo, que no solamente no confirmó la ley según la cual se había de reunir el Parlamento cada tres años y en caso necesario sin convocatoria, sino que también consintió en la condena y ejecución de Strafford (12-V-1641), en la abolición de la suprema comisión y otras prerrogativas.

Esta política produjo en Irlanda, en 1641, una revolución que amenazaba con la ruina y destrucción de la soberanía inglesa v en la que perdieron la vida gran número de colonos número de colonos. Injustamente se culpo al monarca de haber provocado el conflicto; pero la atmósfera de desconfianza creada alrededor del rey y la conciencia que el Parlamento tenía de su propio poder, aumentaron de tal modo, que en Noviembre de aquel año, se resolvió obligar al monarca a una transformación completa de la Constitución.

La tentativa que hizo Carlos I para apoderarse de los caudillos de la oposición fracasó en absoluto (4-I-1642), por lo cual la corte salió de Londres, arrogándose el Parlamento la autoridad legislativa sobre el Estado y la Iglesia y reclutando una hueste para hacer frente a los partidarios de Carlos I. Rechazadas por este las proposiciones del Parlamento, que reducían su poder y sus atribuciones a una mera sombra, empezó en Agosto de 1642 la guerra civil.

En un principio las huestes reales obtuvieron algunos triunfos; pero en 1643 fueron derrotadas por completo, La victoria se debió a los ingleses, mandados por Oliverio Cromwell, que era ferviente puritano, en oposición a los escoceses y a la Cámara de los Comunes en su mayoría. En 1645 el rey volvió a ser derrotado en Naseby y al año siguiente el mismo se entregó a los escoceses, y como se negara a firmar el Covenant, los escoceses lo entregaron al Parlamento por 400.000 libras esterlinas.

La mayoría parlamentaria creyó que ya no necesitaba del Ejército, y por lo mismo dio orden que una parte del mismo partiese a Irlanda y el resto fuese licenciado; pero el Ejército no obedeció, en Junio de 1647 se apoderó del monarca, marchó, en Agosto, sobre Londres y obligó a expulsar de la Cámara a los 11 caudillos de los presbiterianos.

Al levantarse los escoceses en favor del rey, fueron completamente derrotados en la batalla de Preston (17 a 19 de Agosto de 1648). Entre tanto negoció el Parlamento con el rey y resolvió reconciliarse con él; pero el 1 de Diciembre los caudillos del ejército condujeron al monarca al solitario castillo de Hurse: el 6 de Diciembre Cromwell hizo expulsar, por medio del coronel Pride, a los presbiterianos del Parlamento Pride's purge y el Parlamento recién formado se puso incondicionalmente a las órdenes de Cromwell, Carlos I fue condenado a muerte por un tribunal designado por la Cámara Baja y presidido por Bradshaw, y el 30-I-1649 fue ejecutado frente al palacio de Whitehall en Londres.

Cromwell y la República inglesa 1649-1660

La Cámara Baja, de la que ya no formaban parte más que 100 miembros, de los 500 elegidos en 1640, declaró entonces a Inglaterra República y, eliminada la Alta Cámara, entregó el Gobierno a un Consejo de Estado que se había de renovar cada año y en el que Cromwell ejercía el mayor influjo.

Cromwell se dirigió, en 1650, a Escocia, donde había desembarcado el príncipe de Gales e iba a ser proclamado rey con el nombre de Carlos II; derrotó a los escoceses en Dunbar (3 de Septiembre) y al presentarse Carlos II en Inglaterra (1651), le infligió (3 de Septiembre) una tremenda derrota. Con esa victoria aumentó extraordinariamente el prestigio de Cromwell y este pudo disolver lo que quedaba de Parlamento, Rump Parliament (el Parlamento de la rabadilla) el 20-IV-1653, desalojando violentamente a sus miembros.

Un consejo de guerra bajo la presidencia de Cromwell se encargó del gobierno, y el 4 de Julio convocó un Parlamento compuesto de santos escogidos que ascendían a 135 ingleses, escoceses e irlandeses, al que se dio el nombre de Parlamento Barebone, el cual fue disuelto el 12 de Diciembre por haber querido inmiscuirse en el Ejército, Entonces los altos oficiales proclamaron una nueva Constitución que encargaba el poder supremo a un protector, asesorado por un Consejo de Estado y un Parlamento tornado por sufragio, entre los tres reinos.

El 16 de Diciembre, Cromwell se encargó del gobierno con el título de Lord Protector; volvió a disolver el Parlamento e hizo revisar de nuevo la Constitución. A imponerse en 1656 la necesidad de convocar otro Parlamento para atender a la recaudación de fondos, las elecciones dieron un resultado tan favorable a la oposición, que Cromwell inmediatamente hizo expulsar de la sala de sesiones a 100 de sus miembros y votar a los restantes los subsidios que se pedían.

Cromwell rehusó la corona real que el mismo Parlamento le ofrecía y se contentó con robustecer aún más su poder y con el derecho de nombrar su sucesor. Se le pidió, además, que formase una Alta Cámara, cosa difícil, por negarse la antigua nobleza a formar parte del pretendido organismo político, y al reunirse de nuevo el Parlamento a principios de 1658, fue la nueva Alta Cámara objeto de tan violentos ataques, que Cromwell la disolvió también el 4 de Febrero. No mucho después, el 3 de Septiembre de 1658 murió el Protector.

Si fue poco gloriosa la política interior de Cromwell, la exterior fue brillante. A fin de castigar a los holandeses por el favor que habían prestado al fugitivo Estuardo, el 9 de Octubre de 1651 se publicó el Acta de Navegación que infirió graves heridas al comercio holandés e incitó (1652) a Holanda a la guerra. Durante ella, la escuadra inglesa al mando de Blake se elevó a tal altura, que en 1654 los holandeses no pudieron menos de solicitar la paz. Con no menor fortuna se desarrolló la guerra con España (1654 a 1658), se conquistó Jamaica y en unión con Francia se tomó Dunkerque. También se firmaron tratados de comercio ventajosos y se extendieron las posesiones inglesas en la América.

Según decisión de Cromwell, el Consejo de Estado confirió, a su muerte, la dignidad de Protector a su hijo mayor, Ricardo Cromwell, el cual en 1859 confirmó el Parlamento nuevamente convocado. Sin embargo, el Ejército se negó a reconocerle, le obligó a disolver el Parlamento y logró que se reconstituyese el Rump Parliament, por lo cual Ricardo renunció a su cargo (25-V-1659).

Entonces surgió un nuevo conflicto entre el Parlamento y el Ejército y tuvo lugar una segunda dispersión de aquél (13 de Octubre de 1659). En el pueblo, empero, cundían las ansias por el restablecimiento de la normalidad, la cual únicamente de la restauración de la monarquía podía esperarse, y en efecto, el general Monk, que a fines de 1659 condujo a Inglaterra las tropas de guarnición en Escocia, se encargó de realizar esta empresa.

En Febrero de 1660 marchó sobre Londres y después de disuelto el Parlamento por sí mismo, convocó otro en que los realistas tuvieron mayoría y que reunido el 25-IV-1660, entabló negociaciones con Carlos II. Después de prometer este una amnistía casi general, la libertad de conciencia y el respeto a los derechos adquiridos, fue aclamado rey, y como tal entró en Londres el 29-V-1660.

Los últimos Estuardo 1660-1689

La restauración de Carlos II no se llevó a cabo sin violencias. La mayor parte de los jueces que tomaron parte en la sentencia dada contra Carlos I y no huyeron, fueron ejecutados; y los cadáveres de Cromwell, Ireton y Bradshaw fueron exhumados. Se disolvió el Ejército hasta dejar solo dos regimientos. Se llamó a los obispos a formar parte de la Alta Cámara; la Ley de uniformidad Act uniformity del 19-V-1662, obligó al clero a reconocer y confesar el dogma de la supremacía eclesiástica, y depuso a 2.000 sacerdotes que se negaron a ello.

Se abolió la unión, creada por Cromwell, entre Inglaterra y Escocia. En cuanto a la política exterior, siguió Carlos la de Luis XIV, al cual vendió la ciudad de Dunkerque (1662). Carlos II, que estaba casado con una princesa católica, Catalina de Portugal (mayo de 1622), mantuvo relaciones en el Sumo Pontífice, pensando en una reconciliación de la Iglesia inglesa con Roma, que no fue posible proseguir por los prejuicios anticatólicos reinantes en el país, que, sobre todo en sus últimos años, se puso decididamente a su lado y le consideró como el mejor de los reyes.

El deseo de ayudar al príncipe de Orange a mantener el gobierno de los Países Bajos, y las múltiples diferencias sobre cuestiones comerciales y coloniales, dieron pie en 1665 a una guerra con Holanda que terminó en Julio de 1667 con la paz de Breda, en la cual Inglaterra obtuvo Nueva York a cambio de algunas concesiones en las Indias Orientales. En 1668 pactó Carlos Il una triple alianza con Suecia y Holanda, en virtud de la cual Francia se vio obligada a reconocer la paz de Aquisgrán.

La necesidad de dinero con que atender a sus grandes gastos hizo que firmara con Luis XIV un tratado secreto por el cual Carlos II había de recibir 200.000 libras anuales, pondría sus fuerzas a disposición de Francia y procuraría la conversión del reino al catolicismo, al cual se adheriría personalmente. Este acuerdo obligó a Carlos II a tomar parte en la segunda guerra contra Holanda (1672-74), que fue de consecuencias comerciales poco favorables para Inglaterra , por haberse puesto España del lado de Holanda.

Quiso también publicar una Declaración de indulgencia para los católicos y no conformistas; pero el Parlamento le obligó a retirarla y aun a promulgar la ley denominada Test Act, en virtud de la cual todos los funcionarios del Estado venían obligados a jurar que no creían en la transubstanciación y a recibir la comunión según el uso de la Iglesia anglicana. Al cabo de poco se reunió el ministerio llamado Cabala y en 1674 se firmó con Holanda la paz de Westminster.

Carlos II, aunque en atención a los subsidios que recibía, permaneció neutral en la guerra de Luis XIV con Holanda, consintió, sin embargo, en el matrimonio de su sobrina María, hija del duque de York, Jacobo, hermano del rey católico, con Guillermo de Orange, el defensor de la libertad de los Estados de Europa contra las ambiciones de conquista del soberano francés.

En el país, empero, crecía el sentimiento anticatólico, agravado en 1678, por el embaucador Titus Oates, que pretendió descubrir una conspiración de los jesuítas, tramada con intento de asesinar al rey y elevar al tróno al duque de York. De este pretendido complot se valió el sectario conde Shatsesbury (desde su dimisión del Ministerio, jefe de la oposición) para que se votase una ley que excluía del Parlamento a los católicos; pero al intentar el Parlamento entablar una queja contra lord Danby, duque de Leeds, ministro inspirador de la política de Carlos II, este lo disolvió 24-I-1679).

Las elecciones siguientes resultaron desfavorables a Gobierno, y en el nuevo Parlamento se presentó una proposición excluyendo al duque de York de la sucesión al trono. Carlos II entonces hizo una concesión al Parlamento, otorgándole el Habeas Corpus o protección contra las detenciones arbitrarias; pero no se avino al bill de exclusión y disolvió la Cámara (27-V-1679). En el nuevo Parlamento, inaugurado en octubre de 1680, la Alta Cámara rechazó el bill de exclusión y, en consecuencia, la Cámara Baja rechazó toda petición de fondos de parte del monarca.

De esta época datan los dos partidos denominados respectivamente whigs y tories, defensores los primeros del bill de exclusión, impugnadores del mismo los segundos. Al fin el bill quedó sin aprobar y el rey gobernó prescindiendo del Parlamento hasta el fin de su vida.

Esta política de Carlos II y las persecuciones de que fueron objeto los whings hicieron que no encontrara oposición la subida al trono del duque de York con el título de Jacobo II (1685-88). Sin dificultad fueron reprimidas una insurrección del duque de Monmouth, hijo natural de Carlos II, y otra del conde de Argyle; pero Jacobo II siguió uno política imprudente, dada la animosidad que el pueblo sentía hacia todo lo que no fuera católico y quiso forzar las cosas, contra el parecer que no pocos de los mismos católicos.

Siete obispos anglicanos se negaron a publicar la Declaración de indulgencia religiosa y fueron absueltos por el Jurado. La nación, que al principio habla aceptado a rey con simpatía, perdió toda confianza en él y el nacimiento de un príncipe heredero hizo desvanecer la esperanza de que a la muerte del rey, subirían al trono sus hijas, protestantes, la princesa María de Orange y Ana, la esposa del príncipe Jorge de Dinamarca.

Todos las partidos se pusieron, pues, de acuerdo para destronar a Jacobo II e invitaron al príncipe Guillermo de Orange a que, conjuntamente con su esposa, fuese a ceñir la corona. Holanda puso a su disposición sus fuerzas navales; Federico III de Brandeburgo le prestó su apoyo, y el 15 de Noviembre de 1688 Orange desembarcó en Inglaterra , donde fue bien recibido no solo por el pueblo, sino también por el Ejército y la Armada.

Jacobo II huyó a Francia. Guillermo entró en Londres el 18 de Diciembre y lo primero que hizo fue convocar el Parlamento, el cual declaró la deposición de Jacobo II y adjudicó, acto seguido, la corona a Guillermo y su esposa María, a los que, en caso de morir sin sucesión, había de suceder la princesa Ana.

En Escocia se reunió asimismo una Convención en la que se declaró abolido el derecho de Jacobo II al trono, y se adjudicó el trono también a Guillermo y María.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, T. 28 págs. 1544-1559.