La Conquista Normanda

Época prerromana
Los acantilados blancos de Dover podrían haber dado origen al nombre de AlbiónLos acantilados blancos de Dover podrían haber dado origen al nombre de Albión

Geólogos y arqueólogos no están de acuerdo acerca de quiénes fueron los primeros habitantes de la Gran Bretaña, cuyo nombre primitivo fue Albín o Albión y que probablemente se vio sucesivamente invadida por una serie de razas. Los primitivos ingleses, los hombres paleolíticos, pudieron haber emigrado o haber perecido a la llegada de sus sucesores. Durante las edades neolítica y del Bronce se pueden seguir confusamente huellas de nuevas invasiones; pero la seguridad de los hechos no comienza hasta dos invasiones célticas, la de los goidels en la última parte de la Edad de Bronce y la de los britanos y belgas en la Edad de Hierro. Estas gentes llevaron con ellos la civilización y los dialectos célticos. No se sabe a ciencia cierta hasta que punto eran celtas ellos mismos ni si lograron absorber las razas que les habían precedido; si bien es de creer no fueron simplemente una raza conquistadora y que formaban parte de los pueblos que usaban los idiomas célticos en el Continente.

En tiempo de Julio César, todos los habitantes de Bretaña, excepto tal vez algunas tribus del extremo N., eran sin duda celtas en el idioma y en las costumbres. Políticamente se dividían en muchas tribus, gobernadas por jefes propios; vivían en fortalezas construidas en las colinas, con murallas de tierra o de piedra sin debastar o en aldeas formadas por chozas redondas, o en moradas subterráneas, o en lugares cuyas habitaciones estaban construidas sobre postes en los pantanos. Pero por lo menos en el siglo se iniciaba la vida común, surgían mercados, se construían casas mejores y corría moneda de oro así como de lingotes o barras de hierro, de cuya existencia atestiguada por César, se han encontrado muestras principalmente de 1,5 libras de peso.

En religión, su característica principal era el culto druídico, semejante al de las Galias, y en arte se observa la influencia del céltico de la última época, de lejanos antecedentes mediterráneos y más directamente enlazado con la cultura de La Têne de los celtas continentales. Sus características consistían en una expresión fantástica de los animales y plantas, uso de la espiral regresiva y considerable habilidad en el esmalte. Sus productos más bellos eran en bronce.

La conquista de la Galias por los romanos puso a los britanos en relación con el Mediterráneo y después de las dos invasiones de César en 55 y 54 a. C., las tribus del sur fueron miradas en Roma como sometidas.

Época romana

Los primeros en introducir a los britanos en el tráfico mundial fueron los fenicios que explotaban el estaño de las Islas Británicas llamadas por ello Casitérides, del griego casiteros, estaño. A Occidente las primeras noticias llegadas de dichas islas lo fueron por los viajes de Piteas de Marsella (hacia 330 a. C.). Los romanos no supieron de la Gran Bretaña hasta que los celtas de las Galias les dieron a conocer su existencia. La conquista verdadera de la isla no se emprendió, empero, hasta la época del emperador Claudio, el año 43 de la era cristiana, y fue terminada por Agrícola en 85, aunque quedó sin someter, además de Irlanda (Hibernia), la parte sit. al N. del Clyde y del Forth.

Parece que los romanos fueron llamados por un príncipe británico fugitivo, víctima de los hijos de Cunobelin o Cymbeline, antiguo amigo de Roma. Aulo Placio con 40.000 desembarcó en Kent y avanzó hacia Londres; poco después llegó el propio Claudio y se apoderó de la capital indígena Camulodunum, hoy Colchester. Vencida la última resistencia de las fieras tribus del Yorkshire y Gales, después de treinta años de luchas, entre las que sobresalen las sostenidas por Boadicea, quedaron allí guarniciones romanas. Hacia el año 80 de J.C., el general romano Agrícola llegó hasta los Grampians; pero fue llamado por el emperador.

De 115 a 120, los britanos se sublevaron y el emperador Adriano tuvo que ir a Britania personalmente y construyó desde el Tyne a Solway, o más exactamente desde Wallsend a Bownes, una muralla continua de tierra más que de piedra, defendida por un foso y apoyada por fuertes a lo largo de ella. Antonio Pío construyó una muralla semejante entre el Forth y el Clyde, de 58 kms. de largo, de la que todavía se conservan restos; pero a pesar de ellas hubo varias guerras hasta que la frontera quedó definitivamente fijada en la línea de Adriano. Las tierras bajas del S. y del E. se romanizaron, como en las Galias; pero el resto hubo de ser defendido por una completa red de fortalezas.

Invasión sajona

A principios del siglo IV fue ya necesario establecer un sistema de defensa de las costas contra los piratas sajones, que hacia 350 redoblaron sus ataques. El Gobierno de Roma, acosado por los bárbaros, abandonó Inglaterra retirando sus legiones y dejando de enviar gobernadores; hacia 410 Honorio renunció a la soberanía de la isla y en 446, Aeccio, gobernador de las Galias, negó a los britanos los auxilios que solicitaban.

Desde estos hechos la historia de Inglaterra es muy oscura, aunque se sabe que, además de los ataques sajones, hubo de sufrir los de los escotos (irlandeses) y pictos. Se ignora como al fin llegaron a dominar los sajones, si como invasores o como llamados por los mismos britanos. La historia de Hengest y Horsa, llegados allí como desterrados y que ayudaron al rey Vortigern a expulsar a los enemigos del N., no es verosímil. A estos dos aventureros, según la tradición, debió su fundación el reino de Kent. De todas maneras parece que la primera invasión debe colocarse entre 428 y 455. Beda afirma que la invasión fue de tres razas distintas: jutos en Kent y Hampshire Meridional; sajones en Essex, Sussex y Wessex y anglios en Kent. Kent, en efecto, muestra tener un origen distinto.

Poco a poco los invasores fueron extendiendo sus dominios y se formaron al N. del Humber los reinos de Bernicia y Deira, unidos después en Northumbria; al S. del Humber el de Lindsey; en la cuenca superior del Trent el de Mercia; más al E. el de Anglia Oriental y entre los dos últimos el de Anglia Central, que se duda si llegó a formar un reino.

Los condados de Essex, Sussex y Kent conservan los nombres de antiguos Estados y la antigua diócesis de Worcester coincidía aproximadamente con el reino de Hwicce. Entre Sussex y Gales Occidental West Wales Cornwall se encontraba el Wessex, y la isla de Wight tenía también su rey. Todos estos reinos no fueron, empero, continuamente independientes, sino que varios de ellos dependían, en una forma que se desconoce, de otro más poderosos, que cuando comienza la historia verdadera de los anglosajones era Etelberto, rey de Kent.

Separación del Continente

Inglaterra estuvo separada durante dos siglos de casi toda comunicación con el Continente. De los hechos que en ella se desarrollaron solo se sabe algo por Próspero Tiro, Procopio y Gregorio de Tours, cuyas noticias no se acomodan bien con el fragmentario libro de Gildas ni la confusa historia de Nennio, ni tampoco con los anales ingleses redactados siglos después en la época del rey Alfredo en la primera edición de la Crónica Alglosajona.

En el siglo VI comienza a hacerse la luz con la Eclessiastica historia de Beda y vuelven a entablarse las relaciones con Europa, por medio de San Agustín y sus misioneros, así como por misioneros irlandeses, que hacia el año 686 habían evangelizado a casi toda Inglaterra. En pocos años la Iglesia inglesa se había convertido en orgullo de la cristiandad occidental, enviaba misioneros a Alemania, producía hombres como Beda y Alcuino, y la nación pasaba, en fin, de la barbarie a la civilización.

El país quedó, no obstante, por unos doscientos años, dividido en los antedichos reinos, cuyos jefes continuaron peleando contra los galeses y aun por la hegemonía entre sí, obteniendo en este caso el título de Bretwalda y llegando uno de ellos, Offa, a ser llamado por el papa Rex Anglorum, como si fuese el único reinante en el país. A Egberto de Kent se le ha denominado también, aunque no con entera razón, el primer rey de toda Inglaterra.

Las invasiones dinamarquesas contribuyeron a formar la unidad, por la necesidad que los jefes tenían de unirse para la defensa común. El hijo de Egberto, Etelvulfo, derrotó a los dinamarqueses; pero muerto Etelvulfo, los piratas cayeron de nuevo sobre los reinos septentrionales, no ya para saquearlos como hasta entonces, sino para establecerse en el país y pronto dominaron el territorio al N. de Támesis. Cuando se dirigieron contra Essex, le resistieron valerosamente los hijos de Etelvulfo, el rey Etelredo y su hermano Alfredo, que se distinguió en la batalla de Ashdown; pero fueron vencidos en Marte y muerto Etelredo.

A pesar de quedar hijos de este, los hombres de Wessex eligieron rey a Alfredo, llamado el Grande (871-901), quien derrotó en 878 a los dinamarqueses, convirtió al cristianismo a los que quedaron en Inglaterra y, después de defender al país contra nuevos ataques, implantó en él la paz y el orden, fomentando, además, la agricultura, la navegación, el comercio, las ciencias y las artes; su legislación fue la primera base de la common law que había de regir más tarde.

Entre sus sucesores se distinguió Edgardo (959-975), el cual extendió sus dominios a otras pequeñas islas y a gran parte de Irlanda. En tiempo de su segundo hijo, Etelredo (979-1016), se renovaron, con mayor peligro, los ataques de los dinamarqueses y solo transitoriamente y pagando fuertes tributos, se pudo alcanzar la paz. Muerto Etelredo (1016) y a los pocos meses su hijo Edmundo, el rey dinamarqués Canuto fue reconocido en Londres rey de Inglaterra. A la muerte de Canuto (1035) volvió Inglaterra a ser un reino independiente y al extinguirse en 1042 el linaje de Canuto en la persona de Hardicanuto, los grandes del reino elevaron al trono al hermano de Edmundo, Eduardo el Confesor (1042-66) que había vivido en el destierro en Normandía.

Muerto Eduardo sin hijos, le sucedió en el trono Haraldo, hijo de Godwino, pero Guillermo, duque de Normandía, alegó sus derechos al trono y como no se le atendiese, desembarcó, el 29-IX-1066, con 60.000 hombres en la costa S. de Inglaterra, y en la batalla de Senlac o Hastings (14-X) quitó a Haraldo el trono y la vida. Esta batalla fue el fin de la dominación anglosajona en Inglaterra. El 25-XII-1066, Guillermo I el Conquistador fue coronado rey de Inglaterra en Londres por el arzobispo de York.

Dinastía normanda 1066-1154

Los nuevos dominadores, aunque de origen germano, se habían romanizado por completo en Francia. Su lengua era un dialecto del francés, y su constitución estrictamente feudal. Las múltiples revoluciones de los anglosajones que fueron sofocadas por Guillermo I, dieron a este rey ocasión para una completa transformación de las relaciones de derecho, sobre las que el código fundamental del reino, el llamado Domesday Book, publicado hacia 1085, hace aclaraciones muy precisas.

La máxima del derecho inglés, allí desarrollada y vigente aun hoy en teoría, expresa que el rey es el propietario único de toda la Inglaterra conquistada y que nadie puede poseer pedazo alguno de tierra que no haya sido prestado mediata o inmediatamente por el soberano. El mismo rey poseía una reserva de más de 1.000 manors que, además de gran número de cotos, parques y bosques, formaban sus dominios; unas 600 personas y corporaciones aparecen como vasallos de la Corona, inmediatamente enfeudados ( chieftenants, tenentes in capile ); se habla, además, de 7.871 vasallos feudales intermediarios, 10.097 poseedores de feudos francos y 23.072 sokemanos, o sea hombres libres con menor derecho.

Los campesinos no eran libres y estaban sometidos a la dependencia del monarca en varios grados; los siervos del campo ascendían a unos 200.000, y el número de servidores a 25.000. Los normandos se hallaban casi exclusivamente en la clase de vasallos de la Corona; los demás se componían de estos y de anglosajones. Los poseedores de feudos heredables estaban obligados al servicio de las armas; como los vasallos de la Corona, los feudales intermediarios y los poseedores de feudos francos prestaban juramento de fidelidad al rey.

En cuanto a la división del territorio, se guardaba la forma de los condados: a la cabeza de cada condado había un vicecomes o sheriff, a modo de supremo funcionario de justicia, hacienda o administración, el cual era nombrado por el rey y al que se podía destituir. Se reunían cada año varias veces el rey, los grandes y vasallos, eclesiásticos y seglares, en asambleas en las que se deliberaba acerca de los asuntos de importancia, tanto en el terreno jurídico como financiero. Estas asambleas, sin embargo, no tenían la importancia de las primitivas wittenagemot de los Parlamentos anglosajones, pues carecían de fuerza legislativa.

Los reyes normandos

A la muerte de Guillermo I (7-IX-1087) le sucedió en el trono de Normandía su hijo mayor, Roberto, y en el de Inglaterra su segundo hijo, Guillermo II el Rojo (1087-1100). Guillermo II no cumplió las promesas que repetidas veces hiciera, de gobernar bien y con moderación, antes bien oprimió y tiranizó al país. A su muerte, ocurrida yendo de caza (2-VIII-1100), como no dejase hijos y Roberto no hubiese regresado de las Cruzadas, le sucedió su hermano menor, Enrique I (1100-1135). A fin de asegurarse en el trono confirmó por medio de la llamada Charta libertatum, el antiguo derecho anglosajón, con las modificaciones introducidas por Guillermo el Conquistador.

Como no pudiese tener a raya a su hermano Roberto, barón de Normandía, marchó en persona contra él (1105), le derrotó el 28-IX-1106 en Tinchebray y le tuvo prisionero hasta su muerte. De este modo volvió Normandía a la corona de Inglaterra y se afirmó el dominio real contra Roberto, hijo de Guillermo el Rojo, a quien apoyaba Luis VI de Francia.

En el interior, Enrique I aumentó el poder real con la humillación de los vasallos que querían arrogarse un poder excesivo y entró en lucha con el Pontificado por la cuestión de las investiduras, en la que acabó por hacer formales concesiones. Enrique I, por haber perecido su único hijo Guillermo en un naufragio en 1120, declaró heredera del trono a su hija Matilde (desde 1125, viuda sin hijos, del emperador de Alemania, Enrique V) y la dio en matrimonio (1129) al conde de Anjou, Godofredo Plantagenet; pero a la muerte de Enrique I (1-XII-1135) se presentó como pretendiente al trono Esteban de Blois (1135-54), nieto por su madre, Adela, de Guillermo el Conquistador, y consiguió que el pueblo y el clero le reconociesen por rey.

El rey David, de Escocia, se puso de parte de Matilde, pero fue derrotado en Northallerton, en la batalla de los estandartes (22-VIII-1138). Al poco tiempo, el conde Roberto de Gloucester, hijo natural de Enrique I, se levantó contra Esteban y, como este no cumpliese las promesas hechas al subir al trono, estalló una revolución.

Por el otoño de 1139 desembarcó Matilde con Roberto de Gloucester en Inglaterra y después de coger prisionero a Esteban en la batalla de Lincoln (2-II-1141) se hizo elegir y coronar reina en Winchester; pero a causa de su soberbia y ambición, halló gran oposición en todas las clases del país, y la guerra continuó. En 1148 Matilde, cansada de luchar, volvió a Francia; pero entonces su hijo Enrique de Anjou o Plantagenet tomó la ofensiva contra Esteban. Enrique ya poseía por Luis VII de Francia, en feudo Normandía, y junto a esta región el Anjou que heredara de su padre, y en 1152 el Poitou y la Guyena, que adquirió por el casamiento con Leonor divorciada del rey Luis. Al parecer en 1153 en Inglaterra con un gran ejército, firmó Esteban un tratado en virtud del cual se le aseguraba la posesión de la corona mientras viviese, pero la sucesión de la misma había de ser para Enrique. Según esto, a la muerte de Esteban (25-X-1154) subió al trono Enrique II y con él la casa Anjou-Plantagenet (1154-1399).

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, T. 28 págs. 1544-1559.