Jacobo I de Inglaterra

Datos biográficos

Dinastía: Estuardo
Rey de Inglaterra, 1603-1625
Nacimiento: 19-VI-1566
Fallecimiento: 17-IX-1701
Predecesor: Isabel I
Sucesor: Carlos I

Biografía

Isabel I de Inglaterra legaba a su sucesor Jacobo I una pesada herencia, pues durante su reinado se habían planteado una serie de arduas gestiones en el campo político y religioso que la prosperidad y la potencia adquiridas por el país en aquellos decenios habían acrecentado en grado sumo. El trono requería una persona dotada de energía y de carácter, y no un apasionado por las cuestiones teológicas, por las artes y por los artistas. Sin embargo, en la evolución constitucional inglesa Jacobo I no es una figura insignificante, pues postuló con claridad meridiana el carácter divino y absoluto de la autoridad de la monarquía. El primer Estuardo inglés señaló, pues, en la esfera política el tono de las concepciones estatales de sus sucesores.

Retrato de Jacobo I, anónimo (c. 1604)Retrato de Jacobo I, anónimo (c. 1604)

Hijo de María Estuardo y de su segundo esposo, Enrique Darnley, Jacobo nació en Edimburgo el 19-VI-1566. El 29-VII-1567, a consecuencia de la derrota de su madre, fue nombrado rey de Escocia (Jacobo VI) bajo la regencia de los nobles calvinistas. La educación del joven monarca se dispuso de tal manera que se hiciera de él un gran príncipe protestante, por lo que su erudición en humanidades y en asuntos teológicos y patrísticos no fue vulgar. Sin embargo, el ambiente en que había transcurrido su infancia, marcado fuertemente por la Kirk presbiteriana, produjo en su ánimo una curiosa reacción contra las doctrinas que le habían sido inculcadas. Frente a los postulados democratizantes de la Congregación calvinista y a la usurpación del poder real por los arrogantes señores de los clanes, Jacobo mostró muy pronto que aspiraba a un nuevo ideal político-religioso.

Su primer acto de gobierno en Escocia fue la promulgación del Acta Negra (1584), que establecía la superioridad del Estado sobre la Iglesia y el mantenimiento en esta de los cuadros del episcopado.. Sin embargo, a causa de su falta de energía la mencionada ley fue derogada en 1588. También cabe imputar a su juventud y a su debilidad de carácter, que Jacobo I no hiciera nada para salvar a su madre del suplicio (1587) y que cayera dentro de la órbita política de Isabel de Inglaterra. Reconocido sucesor por esta reina, heredó el trono de Inglaterra ek 24-III-1603.

Su advenimiento fue recibido con ciertas esperanzas por los católicos y los puritanos. Aquéllos veían en él al hijo de María Estuardo; estos le consideraban como afecto a su credo por su educación calvinista. Jacobo I defraudó a unos y a otros. Los católicos respondieron organizando la conspiración de la pólvora (1605), cuyo fracaso inauguró una etapa de metódica persecución por parte del Estado. En cuanto a los puritanos, el rey defendió en la conferencia de Hampton Court (1604) la doctrina del episcopalismo. Realmente Jacobo fue el más acérrimo defensor de la High Church inglesa, en cuyo desarrollo veía el más firme apoyo de sus doctrinas de gobierno autoritario, En 1610 estableció el episcopalismo en Escocia (asamblea de Glasgow).

Esta orientación religiosa se reflejó en el aspecto político por el menosprecio de las actividades del Parlamento inglés. Desde 1604 los representantes tradicionales del país protestaron de la merma de sus atribuciones fiscales y reclamaron la abolición de las exacciones ilegales, de los monopolios comerciales y de otras medidas económicas propugnadas por la corte para allegar recursos con que enjugar el creciente déficit del Tesoro.

Por otra parte, la política exterior de Jacobo I, basada en la paz con España, era otro agravio que el Parlamento añadía a la lista de sus reivindicaciones. Desde 1614 el rey prescindió de esta asamblea, a la que no convocó durante un periodo de siete años, y gobernó a través de sus favoritos, el conde de Somerset y el duque de Buckingham. No obstante, en 1621 y 1624 reunió a los representantes del país, al objeto de arbitrar nuevos recursos financieros. En las dos convocatorias la oposición puritana fue muy tenaz y logró algunos éxitos políticos de importancia sobre la monarquía.

En esta situación, preñada de graves amenazas para el porvenir, murió Jacobo I en el palacio de Theobalds, el 27-III-1625. Durante su reinado habían florecido filósofos como Bacon de Verulamio, literatos como Shakespeare y Ben Johnson, arquitectos como Iñigo Jones; pero también se había incubado la revolución que estallaría bajo su hijo y sucesor Carlos I.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 57.