Enrique IV

Enrique IV AnónimoEnrique IV Anónimo

Rey de Inglaterra, 1399-1413. Dinastía Lancaster. Nació en Bolingbroke (condado de Lincoln) en 1367 y m. en Westminster en 1413. Era hijo único de Juan de Gante y de Blanca, hija de Enrique de Lancaster. Teniendo quince años contrajo matrimonio con María Bohun, y en 1385 fue hecho conde de Derby.

Dos años más tarde fue uno de los cinco lores que acusaron al conde de Suffolk y otros, y tomó parte en los debates del llamado Parlamento inexorable. Asintió, sin embargo, a la vuelta al poder de Ricardo, apoyó al rey en el golpe de Estado de 1397, y fue creado duque de Heresford. Su querella con el duque de Norfolk le condujo al destierro y, a la muerte de su padre, Ricardo le negó la sucesión a su título y herencia (1398).

Al siguiente año se aprovechó de la ausencia de Ricardo, ocupado en Irlanda, para reivindicar sus derechos. Desembarcó en el condado de York, tomó a Bristol, y se apoderó de Ricardo en las cercanías del castillo de Conway.

En un Parlamento que se reunió en Septiembre de 1399, reclamó el trono basándose en ser descendiente de Enrique III, en el derecho de conquista y en la necesidad de reformas. El parlamento aceptó su reclamación; Ricardo se vio obligado a abdicar, y Enrique fue coronado el 13-X-1399.

El último de los tres fundamentos de la explicación de su política, le había conquistado el favor de la Iglesia, rompiendo lanzas en pro de la ortodoxia; las circunstancias de su accesión al trono y las dificultades de su gobierno le obligaron a hacer concesiones a la Cámara de los Comunes, concesiones que elevaron aquel cuerpo a una situación de que no volvió a disfrutar en el transcurso de los siglos.

La primera parte de su reinado la ocupó sofocando las revueltas, no solo del partido vencido, sino de los descontentos del suyo. Estos disturbios iban complicados con hostiles relaciones con Francia, Escocia y Gales. Carlos VI se sentía inclinado a volver por los fueros de su hija Isabel, esposa de Ricardo II, y a la muerte de este último (1400) la reclamó, con su dote.

El duque de Albany, en Escocia, era hostil a Enrique, y Owen Glendowen acaudillaba una insurrección nacional en Gales. La primera tentativa fue hecha a principios del año por los condes de Ricardo, pero sus planes fueron descubiertos y sus fuerzas destrozadas. Muchos de los jefes cayeron víctimas de la venganza popular. Más seria fue la rebelión de los Percy (1403), hasta entonces firmes sostenes de Enrique.

Pero la vigilancia y la actividad de Enrique estaban a la altura de las circunstancias. Hizo fracasar un complot que tenía por objeto el apoderarse del joven conde de March (1405), y sofocó una nueva sublevación en el norte. Scrope, arzobispo de York, y Mowbray, gran mariscal, que acaudillaba a los rebeldes, fueron hechos prisioneros y decapitados.

El papa Gregorio XII, al oír la nueva, excomulgó a los culpables. Se dice que Enrique le remitió la armadura de que Scrope llevaba en el combate, preguntando al pontífice si era aquella la túnica que llevaba su hijo. El papa comprendió la alusión, y se contentó con responder: No sé si es la túnica de mi hijo; lo único que sé es que una bestia feroz lo ha devorado.

El rey tenía ya en su poder al hijo del duque de Albany; después se apoderó de Jacobo, el pretendiente a la corona de Escocia, y el asesinato del duque de Orleáns le quitó de en medio al peor enemigo que tenía en Francia.

Esta última crisis, sin embargo, le había puesto en la dura necesidad de hacer nuevas e importantes concesiones a la Cámara de los Comunes. Había prometido (1407) gobernar con la anuencia de un Consejo nombrado con su aprobación, sometiendo a su criterio la lista civil, con otras limitaciones. Durante todo su reinado se vio asediado `por la falta de dinero y, como quiera que el parlamento ejercía el derecho de votar créditos extraordinarios, este derecho daba a aquella corporación gran ascendiente sobre sus acciones.

Había subido al trono como el campeón de la ortodoxia. Así tenía que pagar a la Iglesia ciertas rentas estipuladas, y que ciertos autores dicen que esta las gastaba persiguiendo a los loliardos. Los comunes, en cambio, eran de parecer que la propiedad de la Iglesia debía servir para los intereses del Estado.

Con estas limitaciones, su política exterior no pudo ser enérgica. A duras penas, al comenzar su reinado, pudo defender las costas, y aun cuando después aprovechó la oportunidad de la guerra civil para invadir la Francia (1411), sus esfuerzos, en general, se redujeron a reforzar su dinastía por medio de casamientos extranjeros.

En sus últimos años, apenado por una enfermedad crónica (no la lepra, como se ha asegurado), confió con frecuencia en su hijo, con el cual, por otra parte, no estaba siempre en las mejores relaciones. Fundó la orden del Baño, y le gustaba alternar con la gente letrada. De su primera mujer, María Bohun tuvo seis hijos: Enrique, que le sucedió; Tomás de Clarence; Juan, duque de Bedford; Hunfredo, duque de Gloucéster; Blanca, que casó con el conde palatino del Rhin, y Felipa, reina de Dinamarca.

Era un hombre precavido, astuto y resuelto, inclinado por naturaleza a la bondad y la clemencia, pero en ocasiones cruel y poco escrupuloso. Consiguió dar cima al gran proyecto de su vida y comprendió que el poder que había usurado solo podía mantenerlo sobre una base constitucional.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 54-55.

Enrique V

Enrique V AnónimoEnrique V Anónimo

Rey de Inglaterra, 1413-1422. Dinastía Lancaster. La leyenda ha hecho de Enrique V un héroe teatral. Piadoso, justo, magnánimo, valeroso, protector del comercio, fundador de la marina inglesa, Enrique V es sobre todo el hombre de Azincourt, el conquistador de París, el rey que estuvo a punto de realizar la unidad monárquica entre Francia e Inglaterra, el gran sueño de Eduardo III.

Realmente, Enrique V no poseyó las cualidades caballerescas de este soberano; pero tuvo una gran ambición, servida por un sentido práctico muy eficiente y unas dotes de estadista poco comunes.

Desde 1408 Enrique V desempañaba el gobierno de Inglaterra. Su padre, el primer Lancaster en el trono inglés, padecía una grave enfermedad que le imposibilitaba ejercer el poder. El príncipe Enrique, que había nacido en Monmouth el 19-VIII-1387, tenía entonces veintiún años. En 1398 había sido constituido rehén de Ricardo II, y al año siguiente, al triunfar Enrique IV, fue proclamado príncipe heredero.

Este cambio súbito de fortuna había impreso profundas huellas en su temperamento voluntarioso. Quería reanudar la política de expansión francesa de los Plantagenet. En 1411, auxiliado por sus tíos, los Beauforts, había iniciado relaciones con los Borgoñas, opuestos a los Valois. Esta orientación fue contrariada en 1412 por su padre, el canciller Arundel y su hermano Tomás, los cuales preferían apoyar el bando de los Orleáns.

Ya en 1411 Enrique había pretendido hacer abdicar a su padre, sin lograrlo. Cuando este murió el 20-III-1413, quedaba expedito el camino para la realización de sus proyectos. Antes de lanzarse sobre Francia, dividida por las luchas entre los Borgoñas y los Armañacs, Enrique V puso término a la guerra civil, pacificando los espíritus de la nación. El único peligro grave al que tuvo que hacer frente fue el de los lollardos, los seguidores de Wicleff, una de cuyas revueltas fue sofocada sin contemplaciones en enero de 1414.

Robustecida la autoridad moral de la monarquía, Enrique V brindó a la nobleza los campos de batalla de Francia. Anudó relaciones con Juan Sin Miedo de Borgoña, obtuvo subsidios del Parlamento y mandó una embajada a Carlos VI de Francia para exigirle que depusiera su corona.

El 10-VIII-1415 se embarcó con su ejército para Francia y el 25 de octubre infligió a las tropas francesas la sangrienta derrota de Azincourt. Este paso, inicial, fue seguido por la caída de Ruán en su poder (1419) y el asesinato de Juan Sin Miedo en Montereau, que Enrique V utilizó sabiamente.

Después de varios meses de negociaciones, Enrique fue reconocido heredero y regente de Francia por el tratado de Troyes de 21-V-1420. Poco después se casaba con Catalina, hija de Carlos VI. En la cumbre de su poder, cuando la conquista de Francia parecía segura y ya se preocupaba de renovar los hechos heroicos de Godofredo de Bouillón en Palestina, Enrique V contrajo una graves dolencia en el sitio de Meaux, que le llevó a la tumba el 3-VIII-1422 en Vincennes.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 184-185.

Enrique VI

Enrique VI AnónimoEnrique VI Anónimo

Rey de Inglaterra, 1422-1461. Dinastía Lancaster. Hijo único de Enrique V y de Catalina de Francia, hija de Carlos VI, n. en Windsor el 6-XII-1421 y m. en Londres en 21-V-1471. Tenía ocho meses a la muerte de su padre, y en aquel entonces, aun cuando los ingleses habían perdido algún terreno en Francia, su posición, al continuar el duque de Bedford la campaña de su hermano, era bastante favorable.

Inglaterra poseía el centro y el norte de Francia, mientras la Borgoña dominaba las provincias occidentales. Las buenas relaciones entre Inglaterra y Borgoña se habían entibiado un tanto, pero Bedford pudo conciliar las diferencias, y después de renovar la antigua alianza, puso sitio a Orleáns, la llave del Mediodía de Francia.

La entrega de la plaza parecía inminente, cuando aparece Juana de Arco. Los ingleses tuvieron que levantar el sitio de Orleáns (1429), y a este fracaso sucedieron otros y la coronación de Carlos VII en Reims. La captura de Juana no influyó lo más mínimo para los intereses de Inglaterra, pues el espíritu que había inculcado sobrevivió a su pérdida, y su infame suplicio (Mayo de 1431) fue un nuevo acicate para despertar el patriotismo francés.

Inglaterra iba careciendo de hombres y dinero, mientras que en Francia iban apareciendo nuevos generales poco inclinados a que repitiesen los desastres de Crécy y Azincourt. La muerte de la esposa de Bedford (1432) rompió el último lazo que tenía la Borgoña con Inglaterra, y comenzaron las negociaciones para la paz. Estas tomaron cuerpo en el gran Congreso de Arras (VII-1435), pero las reclamaciones de las dos naciones eran harto incompatibles, y se reanudó la guerra.

La muerte de Bedford (IX-1435) fue el golpe final para la causa de los invasores. Borgoña hizo inmediatamente la paz con Carlos VII, y los generales que sucedieron a Bedford fueron constantemente derrotados. París cayó en poder de los franceses y la Normandía fue invadida. Las negociaciones para la paz se reanudaron a intervalos, conduciendo en 1444 a una tregua, durante la cual Enrique contrajo matrimonio con Margarita, hija de Renato de Anjou.

Se concibió la esperanza de que este enlace, junto con la cesión de Anjou y el Maine, conduciría a una paz permanente, salvándose la Normandía y la Guyena. Pero aun cuando las primeras dos provincias se entregaron en 1448, la tregua fue violada en 1449, y a fines de 1450 la Normandía era francesa. En 1451 le cupo la misma suerte a la Guyena, y en 1453 solo la plaza de Calais quedaba en posesión de los ingleses. Así terminó aquella desastrosa campaña.

Fin de la Dinastía.

La coronación del soberano inglés en Westminster, celebrada el 6-XI-1429, pasando ahora a los negocios de orden interior, puso término a la regencia de Belford y Gloucéster, pero no a las intrigas de este último. La Cámara de los Comunes no podía intervenir con prácticos resultados; los lores militaban en los opuestos bandos. La muerte de Belford privó al rey de la única garantía de paz y Gloucéster atacó a Beaufort con más violencia que lo había hecho antes de la muerte de su hermano.

Enrique alcanzó su mayoría de edad (1442) en medio de aquellas turbulencias. Incapaz para dominarlas, dejó las riendas del poder en manos del cardenal Beaufort y del conde Suffolk, que hicieron cuanto estuvo de su parte para asegurar la paz con Francia.

Los duques de Gloucéster y York capitaneaban la oposición, invocando el socorrido tema de las reformas, con el objeto de infundir vigor tanto en la política doméstica como en la exterior. Suffolk había ganado mucho terreno concluyendo la tregua con Francia (1444), y por medio de la reina Margarita, cuyo casamiento era obra suya, había adquirido gran ascendiente sobre el rey.

La sospechosa muerte de Gloucéster(1447), seguida en seis semanas por la de su rival Beaufort, junto con el nombramiento de York para el gobierno de Irlanda, dejaba a Suffolk dueño de la situación.

Pero esto no podía ser durable, dado el odio que siempre acompaña a los favoritos, y el completo fracaso de su política exterior precipitó su caída (1450). El rey intentó en vano salvarle, y sus esfuerzos le acarrearon la impopularidad, en tanto que las parciales concesiones hechas a las reclamaciones de los rebeldes, con Jacobo Cade a la cabeza, únicamente sirvieron como un compás de espera en la inevitable tempestad que se cernía sobre la corona.

Cuando la completa pérdida de Francia hubo agotado la paciencia del pueblo, y el nacimiento de un heredero hizo perder toda esperanza de un cambio de dinastía, aprovechando el de York una ligera indisposición mental del rey, reclamó el protectorado (1453). Se le concedió al siguiente año, pero habiendo el rey recobrado la razón en 1455, tuvo que resignar el poder.

Irritado el duque por este acontecimiento, se pudo al frente de sus parciales, y en la batalla de Alhans (V-1455), comenzó la famosa guerra de las Dos Rosas. Durante los cuatro años de ficticia calma que siguieron a esta primera colisión, Enrique hizo cuanto pudo para mantener la paz, pero todos sus esfuerzos fueron vanos.

Al reanudarse la lucha y cuando los yorkistas ganaron la batalla de Northampton, se vio obligado a celebrar un convenio, mediante el cual su hijo quedaba excluido de la sucesión, y York era reconocido como heredero al trono (1460). El compromiso fue de corta duración. York perdió la vida en los campos de Wa Kefield, pero su hijo se apoderó de la corona y fue proclamado rey con el nombre de Eduardo IV (III-1461).

La batalla de Towton puso término a la lucha durante un periodo de diez años, y la captura de Enrique en 1465 pareció asegurar el trono a Eduardo. Cinco años después una súbita revolución le arrebató la corona, que pasó al prisionero durante poco tiempo, y definitivamente, la batalla de Banet destruyó sus esperanzas para siempre.

El desgraciado Enrique vivió lo suficiente para saber que su hijo había muerto en Towkesbury, y que su esposa estaba prisionera y que su causa se había perdido. Amable, bueno y generoso, lleno de buenas intenciones, entusiasta por la causa de la religión y de la enseñanza, carecía en absoluto de las cualidades indispensables en un soberano de su época, y esta incapacidad la pagó cruelmente con una muerte desgraciada y la ruina de su dinastía.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 56-57.

Eduardo IV [VII]

Eduardo IV AnónimoEduardo IV Anónimo

Rey de Inglaterra, 1461-1483. Dinastía York. Monarca típico de la gran crisis política inglesa conocida con el nombre de guerra de las Dos Rosas. Eduardo IV (VII según otros autores), fue rey de un bando y no de una nación. Sin embargo, supo granjearse una popularidad notable entre los ciudadanos de Londres por sus modales amables (actitud política) y la protección que en todo momento prestó a los intereses mercantiles de la ciudad. Debido al carácter enconado de la guerra civil, fue severo, aunque no cruel.

Como hombre del Renacimiento, implantó en Inglaterra el primer tipo de monarquía despótica que conoció aquel reino y que luego habían de ampliar los Tudor. Su juventud transcurrió en un ambiente de intrigas, aventuras y batallas. Hijo de Ricardo, duque de York, y de Cecilia Neville, nació en Ruán el 28-IV-1442, y se educó en la residencia de Ludlow, en Inglaterra, de la que tuvo que fugarse cuando, habiéndose iniciado la guerra de las Dos Rosas entre los partidarios de Enrique VI Lancaster y los de su padre, este fue derrotado en Ludlow el 13-X-1459.

Al año siguiente acompañó a su primo y tío, los barones de Salisbury y Warwick, en la empresa que terminó con la victoria de Northampton (10-VII-1460). Después de este éxito, su padre fue reconocido sucesor de Enrique VI; pero al cabo de pocos meses, fue sorprendido y muerto en la acción de Wakefield (30-XII). Reaccionando con rapidez, Eduardo reunió un ejército que, a su vez, obtuvo la victoria sobre los lancasterianos en Mortimer´s Cross (2-II-1461).

Aclamado por los londinenses, fue elegido rey por los yorquistas el 4 de marzo siguiente. Ratificó este título en los campos de batalla de Towton, donde el 28 del mismo mes logró el éxito decisivo. Triunfaba la rosa blanca de los York. Pero la victoria sobre el bando de los Lancaster había convertido al joven monarca en tutelado de Warwick, el fautor de reyes. A pesar de la coacción moral y material de su primo, Eduardo logró poco a poco sacudirse su influencia.

Paso decisivo fue el enlace con Isabel, hija de Ricardo de Woodville, que el prestó el auxilio de esta poderosa familia (1464). Cinco años más tarde, el rey rompía con Warwick. Este, aliado con el duque de Clarence, hermano de Eduardo IV, logró apoderarse de la persona del monarca en Middleham (1469). Seis meses después, Eduardo huía de Inglaterra, mientras Warwick restituía en la corona a Enrique VI.

Refugiado en la corte de su cuñado Carlos el Temerario de Borgoña, Eduardo IV obtuvo de este recursos y subsidios para rescatar el trono. En marzo de 1471 desembarcó en Inglaterra, donde derrotó a Warwick en Barnet (14 de abril) y a los lancasteristas en Tewkesbury (14 de mayo). En aquella batalla murió Warwick, y en esta el príncipe Eduardo, hijo de Enrique VI, quien a su vez pereció el 21 de mayo a manos, probablemente del duque de Gloucester.

Desembarazado de sus rivales y sin nadie que pudiera disputarle el trono, Eduardo IV gobernó con mano enérgica hasta el 8-IV-1483, en que murió de dolencia natural en Westminster. Durante esta etapa de su reinado fue subvencionado con largueza por Luis XI de Francia, contra quien había sostenido una pequeña guerra en 1485 con motivo del apoyo que él prestaba a la causa de Carlos el Temerario.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 188-189.

Eduardo V [VIII]

Eduardo V (Eduardo VIII, según otros autores). Dinastía York. Rey de Inglaterra, 1483, n. en Westminster y m. en la Torre de Londres (1470-1483). Era hijo de Eduardo IV. El duque de Gloucester, Ricardo, hermano de Eduardo IV, hizo declarar bastardos a los hijos de este, Eduardo V y Ricardo, duque de York, encerrándolos en la Torre de Londres, en la que murieron asesinados según la creencia más general.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 19 pág. 104.

Ricardo III

King Richard IIIRicardo III Anónimo

Rey de Inglaterra, 1483-1485. Dinastía York. Personaje digno —como lo fue— de servir de héroe a una de aquellas espeluznantes tragedias de Shakespeare que rezuman sangre a cada acto. Ricardo III era un hombre violento, cruel, apasionado y brutal. No tenía ninguna clase de escrúpulos, y ponía todas sus cualidades y defectos al servicio de un objetivo, posiblemente elevado, pero ya manchado por los medios ilícitos de que se había valido para conseguirlo.

Fue Ricardo III quien dio el golpe de muerte a la causa de la casa de los York en la guerra de las Dos Rosas, causa que en definitiva era la suya propia.

Ricardo III, era en efecto, hermano de Eduardo IV, y, por lo tanto, hijo de Ricardo de York y Cecilia Neville. Había nacido en Forheringhay el 2-X-1452 y había seguido los avatares de su familia. Huido de Inglaterra en febrero de 1461 después de la segunda batalla de San Albans, regresó a la patria cuando su hermano logró el triunfo de Towton en el transcurso del mes de marzo del mismo año.

Entonces recibió el título de duque de Gloucester. Empezó a distinguirse en la vida política en 1470 y 1471, cuando apoyó; a Eduardo IV contra los manejos del conde de Wrawick. Los historiadores que le son adversos, le acusan de haber asesinado al joven Eduardo de Gales después de la batalla de Tewkesbury y de haber presenciado el asesinato de Enrique VI de Lancaster en la torre de Londres el 21-V-1471.

Con la prosperidad de la casa de York, Ricardo ocupó un lugar destacado en la vida pública del país. En 1480 fue nombrado lugarteniente del Norte de Inglaterra y en 1482 acaudilló una invasión victoriosa en Escocia. Su gobierno fue bueno. Pero las malas lenguas le acusaban de haber intervenido en la muerte de su hermano, el duque de Clarence (1478), con quien se había disgustado a propósito de la herencia de los Nevilles.

A la muerte del rey Eduardo IV (9-IV-1483), Ricardo se apoderó del gobierno de Inglaterra por un golpe de audacia. El 29 de abril, auxiliado por el duque de Buckingham, se adueñó de la persona de Eduardo V, muchacho de pocos años, y se declaró su protector.

En apariencia el golpe había sido lanzado contra los Woodvilles; en realidad, Ricardo trataba de llegar a la monarquía. Poco después se desembarazó violentamente de sus adversarios (Hasting, Morton, Stanley, Rivers y Grey), hizo declarar por el Parlamento la ilegalidad del matrimonio de Eduardo IV (25-VI), y se coronó rey (6-VII-1483). Pero todavía quedaban los dos hijos de Eduardo IV, Eduardo V y Ricardo. Su tío, llegando al colmo de lo desalmado, mandó asesinarlos en la Torre (agosto).

Estos atropellos levantaron un clamor de odio general. Muy pronto se reflejó este ambiente en la rebelión del duque de Buckingham (1484), que fracasó, pero cada vez era más pujante el sentimiento popular en favor de Enrique Tudor.

Este desembarcó en Inglaterra, y le infligió una derrota decisiva en Bosworth, el 22-VIII-1485. Ricardo murió en la batalla, luchando bravamente. La cita histórica relativa a un reino por un caballo no parece, pues, adecuarse a la realidad.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 189.

Enrique VII

Henry Seven EnglandEnrique VII Anónimo

Rey de Inglaterra, 1485-1509, fundador de la dinastía Tudor, hijo de Edmundo Tudor, conde de Richmond, y de Margarita de Beaufort, hija única de Juan, duque de Somerset, y heredera de Juan de Gante; su abuelo, sir Owen Tudor, caballero galés, había casado con Catalina de Francia, viuda de Enrique V, y descendía de los antiguos reyes bretones.

Este apellido vino a ser el nombre de la línea de reyes por el fundada. N. en el castillo de Pembroke el 28-I-1457 y m. en Richmond el 21-IV-1509. Al ocurrir la completa destrucción de los lancasterianos, especialmente después de que Ricardo hubo conquistado el trono haciendo desaparecer a sus sobrinos, Enrique, con el nombre de conde de Richmond, aparece como el alma de la oposición.

Desde Francia a Bretaña, donde se había desterrado, no cesó un solo momento en preparar la caída de Ricardo, haciendo después una expedición a Inglaterra con el objeto de prestar ayuda a la infructuosa tentativa de Buckingham. La creciente impopularidad de Ricardo, contribuyó a que una segunda tentativa diese los resultados apetecidos. Desembarcó en Milford Haven para aprovechar la buena voluntad de sus partidarios de Gales; se internó hacia el condado de Leicéster, y en Bosworth derrotó a Ricardo, el cual pereció en la batalla, terminando así la guerra de las Dos Rosas (1485).

Poco tiempo después contrajo matrimonio (1486) con Isabel, hija de Eduardo IV, y las dos familias rivales quedaron unidas. Pero Enrique no era de los llamados a gozar pacíficamente de la corona.

En 1487 apareció en Waterford (Irlanda) un jovencito de diez años que decía ser Eduardo de Warwick, el hijo de Clarence, jefe de la casa de York; fue coronado con el nombre de Eduardo [VI] en la catedral de Dublín; los Fitgerald y el conde de Lincoln abrazaron su causa y le proporcionaron un ejército que desembarcó en 4-VI en Foudray.

Enrique VII mostró al verdadero Warwick encerrado en la Torre para demostrar la impostura. Después marchó contra los invasores irlandeses, a los cuales encontró en Stoke-upon-Trent (16-VI), derrotándolos, haciendo en ellos una carnicería, y perdonando únicamente al impostor, que cayó prisionero.

La cuestión de los impuestos sublevó de nuevo los ánimos, y otro impostor, un cierto Perkin Warberck, diciéndose hijo de Eduardo IV, salvado de los asesinos de la Torre, desembarcó en Irlanda, pidiendo a los yorkistas los condados de Kildare y de Desmond.

Tras varias peripecias el pretendiente fue derrotado y hecho prisionero, y en 1499 ejecutado. Entonces se llevó a cabo una de las muchas infamias políticas que la historia registra. El verdadero Warwick, prisionero en la Torre desde el advenimiento de los Tudor, fue decapitado por razones de Estado. Todas estas agitaciones molestaron el reinado de Enrique VII pero no hicieron vacilar su trono.

Empuñó con firme mano las riendas del gobierno; tuvo muy bien cuidado en poner a raya la nobleza, casi aniquilada por las guerras civiles, siguiendo así la política de Eduardo IV; les cercenó el derecho de mantener en pie de guerra tropas dispuesta a seguir al señor donde les pluguiese, y aseguró, por todos los medios posibles, su autoridad real sobre los demás poderes.

Enrique era un gobernante pensador y parsimoniosos; evitaba la guerra en cuanto le era posible, prefiriendo obtener por la diplomacia lo que otros príncipes conseguían por la fuerza, y todos sus conatos se encaminaron a conservar el trono y a amontonar oro. Sus dos expediciones a Francia no tuvieron más móvil que la codicia. Esta era tan extremada, que desenterró impuestos abolidos, cuyo no cumplimento implicaba multas importantes que iban a henchir las arcas reales.

En esta impopular gestión le ayudaron implícitamente los tan famosos como aborrecidos abogados Empson y Dudley. Su reinado se señaló asimismo por la conclusión de dos casamientos que habían de tener gran influencia en la historia de Inglaterra.

Su hijo Arturo contrajo matrimonio con Catalina de Aragón, pero habiendo muerto poco después de su enlace, la infanta permaneció en Inglaterra, prometida a Enrique, segundo hijo de Enrique VII, aun cuando las nupcias no tuvieron lugar hasta la accesión al trono del heredero.

El otro enlace fue el de la princesa Margarita con Jacobo IV de Escocia (1503), cuyo resultado fue la unión de las coronas antes de los cien años. Se dice que Enrique dejó al morir, una fortuna de 2.000.000 de libras esterlinas a su heredero. En medio de su avidez y de su astucia, no puede negarse que consolido el poder real y apaciguó el reino después de una larga serie de desórdenes.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 57-58.

Eduardo VI [IX]

Eduardo VI (Eduardo IX, según otros autores). Dinastía Tudor. Rey de Inglaterra, 1547-1553, hijo de Enrique VIII y de Juana Seymour, n. en 1538 y m. en 1553, contando nueve años al subir al trono. Por tal razón se constituyó un consejo de regencia, a cuyo frente estaba el tío del monarca, conde de Hertfort, y más tarde duque de Sommerset. Este inauguró una era de impiedad que ocasionó la destrucción de imágenes y dio lugar a otros actos impíos.

Los hermanos Ket capitanearon un motín en Norfolk por haberse clausurado los concejos comunales. Sommerset fue destituido del protectorado que ejercía, y más tarde fue ejecutado (1552), sucediéndole Warwick en la confianza del monarca. Warwick obtuvo el título de duque de Northumberland, y continuó la persecución religiosa iniciada por Sommerset.

Por consejo suyo, el monarca dejó la corona a Juana Grey, nieta de Enrique VIII, de modo, que solo fue rey desde 1547 hasta 1553. Sin que su autoridad fuese apenas respetada, asistió a las querellas de los ambiciosos y a las luchas de los sectarios que se disputaban el poder, luchas que el joven monarca miraba con indiferencia, dejando morir en el patíbulo a los vencidos.

En este reinado Inglaterra, cismática desde Enrique VIII, se hizo protestante, acusándose la personalidad del monarca por su entusiasmo por la Reforma, que le valió una larga epístola de Calvino.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 19 págs. 105-106.

Juana Grey

Dinastía Tudor. Nació en 1537 en Bradgate, Leicestershire, reina de Inglaterra durante el periodo comprendido entre los días 10 y 19-VII-1553, bisnieta de Enrique VII.

Tomás Seymour, hermano del duque de Somerset, que la había tomado bajo su cuidado, pensaba casarla con su primo Eduardo VI. Posteriormente John Dudley, duque de Northumberland, la hizo servir de instrumento político y la casó, en 1553, con su hijo Guilford. Intentó que Eduardo VI, moribundo la designase como heredera.

Se la proclamó reina el 10-VII-1553, pero el 19 la reacción legitimista triunfó; subió al trono María Tudor, y Juana fue encarcelada. Al año siguiente fue condenada a muerte, junto con su marido y su padre, por haber participado este último en la rebelión de Wyat

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 13 pág. 6159.

María I Tudor

María Tudor, por Antonio Moro.María Tudor, por Antonio Moro.

Reina de Inglaterra, 1553-1558. Dinastía Tudor. Su vida y su gobierno tuvieron un supremo objetivo: la restauración del catolicismo en Inglaterra. Durante cinco años, de 1553 a 1558, la hija de la reina Catalina de Aragón, la primera esposa de Enrique VIII, luchó con tenacidad inquebrantable para deshacer los errores del Cisma inglés, ampliados durante el reinado de Eduardo VI por la política del duque de Somerset.

Para ello se apoyó en las grandes masas católicas del campo, en particular en la gloriosa clase de los propietarios libres, los yeomen. Pero no supo apreciar el poder naciente y la fuerza de oposición de los burgueses de las ciudades del Sur, ni las ambiciones que mantenían vinculados a los nobles a la política de secularización decretada por Enrique VIII.

Por esta causa, su obra de restauración católica no fue duradera. Pese a los ataques de que ha sido objeto su figura por los historiadores protestantes ingleses, María Tudor merece el respeto de la posteridad por la nobleza de sus miras y la santidad de su propósito.

Desde luego, en la vida de María de Tudor pesan el agravio de que fue objeto su madre y la tristeza con que se desarrolló la mayor parte de su juventud. Nacida en Greenwich el 18-II-1516, su padre la consideró como un peón en el juego de su política internacional. Sucesivamente la prometió al delfín de Francia, Enrique II (1518), al emperador Carlos V (1521) y al duque de Orleáns (1527). En 1525 fue proclamada princesa de Gales, y en calidad de tal residió en Ludlow.

Cuando se planteó el divorcio entre sus padres, María siguió a su madre en la desgracia. En 1532 fue separada de ella y educada junto a su hermanastra Isabel. La tierna jovencita, profundamente católica, tuvo que sufrir los rigores de Ana Bolena y la animadversión de Enrique VIII. Tantos sufrimientos la llevaron en 1535 al borde del sepulcro. Luego su espíritu pareció resignarse a lo inevitable: después de varios años de lucha, admitió su condición de hija ilegítima y la supremacía de Enrique VIII sobre la Iglesia.

Sufrió en la intimidad de sus arraigadas convicciones católicas la política persecutoria y filocalvinista practicada por los dos regentes de Eduardo VI. Cuando este murió, el 6-VII-1553, el duque de Nothumberland pretendió dar la corona de Inglaterra a Juana Grey. Pero los partidarios de María la llevaron en triunfo a Londres, donde entró el 3 de agosto.

Los primeros actos de su gobierno indicaron la dirección de sus propósitos: Cranmer fue encarcelado y Gardiner nombrado lord canciller. El 6 de agosto, a petición de la reina, Julio III nombraba legado pontificio en Inglaterra al cardenal Reginaldo Pole, hijo de la condesa de Salisbury, institutriz de María, y compañero de juegos infantiles de la soberana.

A pesar de que el gobierno de María Tudor deseaba la restauración rápida del catolicismo, la reina, influida por Carlos V, no quería adoptar ninguna medida que desatara la guerra civil. La conjuración de Tomás Wyatt, que estalló en febrero de 1554 y amenazó seriamente el trono de María, no tuvo más consecuencias que la ejecución de Juana Grey.

Poco después, el 25-VII-1554, María Tudor contraía matrimonio con Felipe, heredero de la corona de España. Para su esposo, mucho más joven que ella, la reina concibió el único y grande amor de su vida. Pero Felipe no intervino en ninguna de las futuras medidas de represión, antes bien siempre aconsejó prudencia y templanza. Así pudo llevarse a la práctica la reanudación de la relaciones con Roma, a base de reconocer la confiscación de los bienes religiosos efectuada por Enrique VIII. El 23-I-1555 el Parlamento derogaba las leyes y estatutos promulgados contra la Iglesia católica desde los tiempos de aquel rey.

El 29-VIII-1555 Felipe se embarcaba para el continente. Gracias a su intervención personal había logrado moderar la reacción que se había dibujado desde le mes de enero anterior, cuando se restableció la vieja legislación contra herejes. María, alejado su esposo, se dejó resbalar por la pendiente de la represión. Durante este periodo murieron trescientos defensores del anglicanismo, número reducido para otorgar a María el dramático epíteto de bloody, con que la designa la historia de Inglaterra.

En marzo de 1557 regresó Felipe a la isla. Elevado a la corona de España, obtuvo de María la participación de su país en la guerra contra Enrique II de Francia. En su transcurso los ingleses perdieron la última plaza que les quedaba en el continente, la de Calais.

Esta lucha, muy impopular en Inglaterra, aumentó la amargura de la reina. Roída por una enfermedad incurable, murió en Londres, el 17-XI-1558, a la edad de cuarenta y dos años. La historia ha tendido un velo compasivo sobre María la Desgraciada.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 261-262.

Jacobo I

Retrato de Jacobo I, anónimo (c. 1604)Retrato de Jacobo I, anónimo (c. 1604)

Rey de Inglaterra, 1603-1625. Rey de Escocia. Dinastía Estuardo. Isabel de Inglaterra legaba a su sucesor Jacobo I una pesada herencia, pues durante su reinado se habían planteado una serie de arduas gestiones en el campo político y religioso que la prosperidad y la potencia adquiridas por el país en aquellos decenios habían acrecentado en grado sumo. El trono requería una persona dotada de energía y de carácter, y no un apasionado por las cuestiones teológicas, por las artes y por los artistas.

Sin embargo, en la evolución constitucional inglesa Jacobo I no es una figura insignificante, pues postuló con claridad meridiana el carácter divino y absoluto de la autoridad de la monarquía. El primer Estuardo inglés señaló, pues, en la esfera política el tono de las concepciones estatales de sus sucesores.

Hijo de María Estuardo y de su segundo esposo, Enrique Darnley, Jacobo nació en Edimburgo el 19-VI-1566. El 29-VII-1567, a consecuencia de la derrota de su madre, fue nombrado rey de Escocia (Jacobo VI) bajo la regencia de los nobles calvinistas. La educación del joven monarca se dispuso de tal manera que se hiciera de él un gran príncipe protestante, por lo que su erudición en humanidades y en asuntos teológicos y patrísticos no fue vulgar.

Sin embargo, el ambiente en que había transcurrido su infancia, marcado fuertemente por la Kirk presbiteriana, produjo en su ánimo una curiosa reacción contra las doctrinas que le habían sido inculcadas. Frente a los postulados democratizantes de la Congregación calvinista y a la usurpación del poder real por los arrogantes señores de los clanes, Jacobo mostró muy pronto que aspiraba a un nuevo ideal político-religioso.

Su primer acto de gobierno en Escocia fue la promulgación del Acta Negra (1584), que establecía la superioridad del Estado sobre la Iglesia y el mantenimiento en esta de los cuadros del episcopado.. Sin embargo, a causa de su falta de energía la mencionada ley fue derogada en 1588. También cabe imputar a su juventud y a su debilidad de carácter, que Jacobo I no hiciera nada para salvar a su madre del suplicio (1587) y que cayera dentro de la órbita política de Isabel de Inglaterra.

Reconocido sucesor por esta reina, heredó el trono de Inglaterra ek 24-III-1603. Su advenimiento fue recibido con ciertas esperanzas por los católicos y los puritanos. Aquéllos veían en él al hijo de María Estuardo; estos le consideraban como afecto a su credo por su educación calvinista. Jacobo I defraudó a unos y a otros. Los católicos respondieron organizando la conspiración de la pólvora (1605), cuyo fracaso inauguró una etapa de metódica persecución por parte del Estado.

En cuanto a los puritanos, el rey defendió en la conferencia de Hampton Court (1604) la doctrina del episcopalismo. Realmente Jacobo fue el más acérrimo defensor de la High Church inglesa, en cuyo desarrollo veía el más firme apoyo de sus doctrinas de gobierno autoritario, En 1610 estableció el episcopalismo en Escocia (asamblea de Glasgow).

Esta orientación religiosa se reflejó en el aspecto político por el menosprecio de las actividades del Parlamento inglés. Desde 1604 los representantes tradicionales del país protestaron de la merma de sus atribuciones fiscales y reclamaron la abolición de las exacciones ilegales, de los monopolios comerciales y de otras medidas económicas propugnadas por la corte para allegar recursos con que enjugar el creciente déficit del Tesoro.

Por otra parte, la política exterior de Jacobo I, basada en la paz con España, era otro agravio que el Parlamento añadía a la lista de sus reivindicaciones. Desde 1614 el rey prescindió de esta asamblea, a la que no convocó durante un periodo de siete años, y gobernó a través de sus favoritos, el conde de Somerset y el duque de Buckingham. No obstante, en 1621 y 1624 reunió a los representantes del país, al objeto de arbitrar nuevos recursos financieros. En las dos convocatorias la oposición puritana fue muy tenaz y logró algunos éxitos políticos de importancia sobre la monarquía.

En esta situación, preñada de graves amenazas para el porvenir, murió Jacobo I en el palacio de Theobalds, el 27-III-1625. Durante su reinado habían florecido filósofos como Bacon de Verulamio, literatos como Shakespeare y Ben Johnson, arquitectos como Iñigo Jones; pero también se había incubado la revolución que estallaría bajo su hijo y sucesor Carlos I.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 57.

Jacobo II

Rey de Inglaterra, 1685-1688. Jacobo II, el último de los Estuardo en el trono de Inglaterra, fue asimismo el último monarca que pretendió mantener una política autoritaria desvinculada de los intereses substanciales del pueblo inglés. Su posición histórica habría podido ser transcendente, si hubiera estado dotado de las mínimas condiciones requeridas por un estadista.

Pero a la buena fe en las intenciones y a la rectitud de conciencia no acompañaron la decisión, la habilidad y la prudencia imprescindibles para llevar a cabo una política de tanta envergadura, cuyo fin era, nada menos, el restablecimiento del catolicismo y de la autoridad real en Inglaterra. En realidad Jacobo II no comprendió jamás la situación creada por la revolución de 1640 ni el virtuosismo político con que su hermano Carlos II capeó las situaciones más desfavorables para la causa de la Restauración.

Nacido en Londres el 14-X-1633, segundo hijo varón de Carlos I y Enriqueta María de Francia, vivió durante su juventud los dolores de la Guerra civil y del destierro en Francia (1648-1660). En este país prestó servicio en el ejército de Turena durante las operaciones de la Fronda (1652-1655).

Restaurados los Estuardo en el trono de Inglaterra en 1660, su hermano Carlos II le nombró duque de York y almirante de la flota, de la que se ocupó con mucho acierto, tanto en el campo de la administración como en el desempeño del mando en acción naval (guerra angloholandesa, 1665).

Sin embargo, le preocupaban más las cuestiones de su alma. Después de varios años de dudas y vacilaciones, en 1672 abrazó públicamente la religión católica, hecho que provocó gran revuelo entre los anglicanos y los whigs. Por el bill de Test de 1673 tuvo que renunciar a la jefatura de la flota inglesa, a pesar de que era la obra de su vida. En 1679 triunfaron los whigs en las elecciones al Parlamento, y el partido nacional, dirigido por Shaftesbury, logró que se excluyera al duque de York del Consejo real.

Este se desterró por algún tiempo a Bélgica; pero poco después regresaba a Gran Bretaña para desempeñar el cargo de Alto Comisario de Escocia. En esta gestión (1680-1681) demostró que carecía de dotes para triunfar en el campo de la política. La reacción tory de 1681 le permitió volver a establecerse en Londres y ocupar los importantes cargos a los que había debido renunciar.

En consecuencia, cuando como con el nombre de Jacobo II ascendió al trono el 6-II-1685, se hallaba apoyado por todos los elementos conservadores de Inglaterra, como se demostró en la aquiescencia del Parlamento de este país y del de Escocia a sus prerrogativas y en la fácil represión del conato de alzamiento del duque de Monmouth, bastardo de Carlos II (1685).

Solo la política religiosa del rey abrió brecha en el bloque político que le apoyaba. Celosamente ortodoxo, quiso alterar en breve tiempo el proceso de una evolución secular. Sus relaciones con el papa, la pomposa celebración del cuto romano en palacio, la presencia en Inglaterra del clero regular católico, asustaron a los anglicanos y a los tories, los cuales temían la restauración del catolicismo.

La Declaración de Indulgencia de 1687 pareció confirmar esos augurios. El Parlamento se atrevió a protestar. Jacobo II lo disolvió. El arzobispo de Canterbury fue arrestado por haberse opuesto a la Declaración de 1687, y otro siete obispos anglicanos fueron llevados a los tribunales. En mayo de 1688 Jacobo II no tenía ninguna fuerza que lo soportara.

En consecuencia, cuando el 5 de noviembre del mismo año Guillermo de Orange desembarcó en Inglaterra, aclamado por los tories y los whigs, Jacobo II se vio impotente para hacer frente al usurpador. El 10 de diciembre huyó de Londres. Detenido en Faversham, conducido de nuevo a la capital, pudo marchar a Francia, gracias a su propio contrincante, el día 23 del mismo mes.

Después de la revolución de 1688, Jacobo vivió en San Germán de Laye, rodeado de algunos fieles partidarios, con los cuales, al servicio de los planes de Luis XIV. de Francia, preparó dos alzamientos en Inglaterra que no tuvieron éxito. El primero lo dirigió personalmente. El 12-III-1689 desembarcó en Irlanda donde contaba con muchos amigos; pero fue derrotado en la batalla de Boine (1-VII-1690)

El segundo, fracasó en sus mismos comienzos, pues la flota británica que tanto le debía, destrozó a la francesa de desembarco en la decisiva batalla de la Hogue (17-V-1692). Desde entonces su vida transcurrió en la mencionada localidad, donde murió el 17-IX-1701.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 91.

Guillermo III y Maria II

Biografía de Guillermo III

Rey de Inglaterra, 1688-1702. Dinastía Nassau. Su juventud fue triste y perturbada por los acontecimientos políticos. Hijo póstumo de Guillermo II de Orange, nació en la Haya el 14-XI-1650, pocos días después de que su padre muriera, de modo casi repentino, sin poder consolidar la obra política que había iniciado contra la burguesía holandesa.

En tales circunstancias triunfó la burguesía, acaudillada por Juan de Witt. El cargo de estatúder no fue confirmado por varias provincias en la cabeza del niño, e incluso la Gran Asamblea de 1651 dictaminó que nunca podrían unirse en una sola mano los poderes civiles y militares.

A mayor abundamiento, Inglaterra exigió en 1654, por el tratado de paz de Westminster, que el príncipe fuera excluido en lo sucesivo de los cargos de estatúder, almirante o capitán general de los Países Bajos. El Acta de Exclusión de 1654, aprobada después de cierta resistencia gracias a Juan de Witt, interesaba tan solo a Cromwell, quien veía en el príncipe Guillermo a uno de los posibles herederos de la corona de los Estuardos, pues era hijo de María, hija de Carlos I.

Guillermo de Orange creció en la Haya. En 1659 se trasladó a Leyden. para cursar sus estudios en aquella ciudad universitaria bajo la tutela de Zuylenstein. A medida de que se hacía mayor, aumentaba el número de sus partidarios, los cuales habían formado núcleos muy fuertes en Groninga, en Frisa y, especialmente, en Zelanda.

La restauración de los Estuardo en Inglaterra (1660) anuló automáticamente el Acta de Exclusión, y entonces se inició un pugilato entre los partidarios de los Witt y de Guillermo de orange. A raíz de la guerra contra Inglaterra, los zelandeses obtuvieron en 1666 que le príncipe fuera adscrito al Consejo de Estado.

Pero Witt era todavía poderoso. Así logró que se le confiara la educación de Guillermo, y por el edicto perpetuo de 1667 y el Pacto de Armonía del mismo año intentó poner nuevas trabas a la restauración del poder de los Orange. Sin embargo, la agresión de Francia de 1672, hizo fracasar estos planes. Ante la amenaza de invasión, Guillermo III, a propuesta de Groninga, fue nombrado capitán general, aunque solo por una campaña. La derrota ante los ejércitos de Francia provocó la caída de los Witt, la sublevación de Holanda y Zelanda y el restablecimiento del cargo de estatúder en Guillermo de Orange (julio de 1672).

En las difíciles circunstancias militares en que se hallaba, Guillermo supo dar pruebas de la más brillante tenacidad y energía. Puede decirse que con su obstinada defensa se inicia la reacción de Europa contra el poder de Luis XIV. Se mostró también hábil diplomático, pues gracias a su actuación supo atraerse preciosas alianzas que culminaron en la constitución de la Gran Alianza de la Haya.

En 1674 los ejércitos franceses evacuaban el país y en 1679 Luis XIV reconocía su independencia por la paz de Nimega. Mientras tanto, Guillermo había recibido el estatuderato hereditario de las provincias (1674) e instalado en el gobierno a sus adictos. Su posición política se robusteció gracias al enlace matrimonial que el 4-XI-1677 contrajo con su prima, María Estuardo, hija mayor del duque de York, futuro heredero de Carlos II de Inglaterra.

Durante los años de paz que siguieron a Nimega, Guillermo III se opuso continuamente a la política agresiva de Luis XIV en el continente. En esta lucha contra el Rey Sol, objetivo supremo de su vida, arrastró no solo a Holanda, sino también a Inglaterra, de cuyo país había recibido la corona a consecuencia de la revolución de 1688. Después de la huída de Jacobo II (diciembre), una Convención Nacional declaró reyes de Inglaterra a Guillermo y María el 13-II-1689.

Los nuevos monarcas otorgaron el Bill oh Rights, por el que se reconocían taxativamente varios principios constitucionales: entre ellos, el gobierno de la nación por el Parlamento.

Guillermo reinó en Inglaterra hasta 1702, primero con su esposa María, luego solo, por la muerte de esta en 1694. Durante el invierno residía en Gran Bretaña, y al llegar el verano pasaba al continente para resolver los asuntos holandeses e intervenir en las guerras o negociaciones diplomáticas contra Luis XIV. Este cambio continuo de residencia favoreció el desarrollo del principio de responsabilidad ministerial ante el Parlamento.

Guillermo se preocupó principalmente de obtener subsidios para luchar contra Francia. Inglaterra y Holanda participaron en la guerra de la Liga de Augsburgo (1688-1697) y luego en la de Sucesión a la Corona española (1701-1713). Gracias a ambos conflictos, Inglaterra pudo alcanzar una posición hegemónica en los mares y en el continente europeo. Los tories obstaculizaron muchas veces el gobierno del rey, quien por otra parte, nunca fue muy apreciado por el pueblo.

En junio de1701, el Acta de Establecimiento limitó el poder real. Pero Guillermo III supo arrastrar al Parlamento tras su política de guerra, de la cual no pudo ver el resultado, pues la muerte se lo llevó inopinadamente al sepulcro en Kensington el 8-III-1702.

Biografía de María II

Reina de Inglaterra, 1688-1694. Dinastía Estuardo. Excelente y virtuosa señora cuyo nombre se vincula a la revolución inglesa de 1688. María nació en Londres el 30-IV-1662, hija del duque de York [Jacobo II] y de Ana Clarendon. Dada la esterilidad del matrimonio de Carlos II, en su persona había de recaer la corona después de su padre. Este hecho motivó que muy pronto se tejieran alrededor de su nombre varias intrigas en la diplomacia europea.

Finalmente, le fue dado por esposo al estatúder Guillermo III de Orange (4-XI-1677), a quien profesó siempre un cariño y respeto admirables. Su vida en Holanda no fue muy feliz, tanto debido a su propia esterilidad como a la oposición entre los dos seres que más quería: su padre y su esposo. En consecuencia sufrió mucho durante el periodo que culminó con el destronamiento de Jacobo II por Guillermo de Orange (1688). Consolidado el golpe de Estado, pasó a Inglaterra, donde fue reconocida soberana el 13-II-1689 y coronada con su esposo el 11 de abril siguiente.

Depositaria de la tradición de su familia, María fue una reina celosa de su autoridad. Durante las ausencias de su esposo, gobernó con mucha energía, como lo demostró ordenando el arresto de su propio tío, el conde de Clarendon (1690), y la detención del Marlborough, por sospecharse que andaba en tratos secretos con el rey destronado (1692). Esta medida le hizo perder mucha popularidad. Debilitada física y moralmente, murió en el palacio de Kensington el 2-XII-1694.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 91-92.

Ana I

Anne IAna I de Inglaterra por Michael Dahl

Reina de Inglaterra, 1702-1714. La última soberana de la casa de los Estuardo fue Ana, segunda hija del duque de York (Jacobo II) y de Ana Hyde. El destino la hizo presidir uno de los momentos más difíciles y, a la vez, gloriosos de la Gran Bretaña, caracterizados por la derrota de los ejércitos de Luis XIV y el establecimiento de la hegemonía británica en Europa.

Personalmente, no reunía dotes excepcionales para el gobierno del Estado. Su vida había sido en extremo agitada antes de subir al trono y su salud se hallaba ya quebrantada. Sin embargo puso al servicio de la nación esa testarudez típica de los Estuardo, no exenta de ribetes y veleidades absolutistas a pesar de la revolución de 1688.

Protectora del partido whig mientras este acaudilló el esfuerzo bélico en el continente, prescindió del mismo cuando su auge amenazaba paralizar la independencia de la corona y someterla a la férula de los intereses partidistas.

Nacida el 6-II-1665 en Londres, residió durante su niñez en Francia al lado de su abuela Enriqueta y luego de su tía, la duquesa de Orleáns. En 1670 regresó a Inglaterra, donde por orden de Carlos II fue educada en el protestantismo, como su hermana mayor María. En 1683 contrajo matrimonio con el príncipe Jorge de Dinamarca, hermano del rey Cristian V, unión que fue bastante afortunada en la intimidad.

Dados los gustos de los dos cónyuges, hicieron vida retirada. En esta época se inició la estrecha amistad entre Ana y Sara Jennings, más tarde una de las damas más influyentes de la corte en su calidad de duquesa de Marlborough.

A su ascensión al trono en 1685, Jacobo II quiso obligarla a abrazar la religión católica al objeto de nombrarla heredera de la corona. Pero su negativa y el nacimiento de un hermano hicieron innecesaria tal presión. Al registrarse los sucesos revolucionarios de 1688, Ana reconoció el golpe de su cuñado Guillermo de Orange y su hermana María, y al año siguiente fue nombrada heredera a la corona.

Sin embargo, su actitud no fue de ciega cooperación, pues siguiendo las indicaciones de sus íntimos amigos, la Jennings y su esposo Churchill, mostró en más de una ocasión veleidades jacobitas. Las dos hermanas rompieron en 1691, pero se reconciliaron dos años después. La muerte de María en 1694, determinó al rey Guillermo a concederle la posición honorífica que hasta entonces Ana no había ocupado. Este hecho coincidió con el rápido ascenso político del futuro duque de Marlborough.

Una serie de embarazos desgraciados minaron la salud de Ana. Su único hijo sobreviviente del parto, Guillermo, murió a la edad de once años, en 1700. Ests defunción motivó que aceptara el Acta de Establecimiento de 1701, que establecía su sucesión en la cas de los Hannover. Al año siguiente moría Guillermo de orange, y ella empuñaba el cetro del reino unido de la Gran Bretaña e Irlanda (8 de marzo), lanzado entonces en la guerra de Sucesión a la corona de España.

Los triunfos militares de Marlborough en esta contienda —Blenheim, Ramillies, Oudenarde, Malplaquet—, robustecieron el influjo del partido whig, a pesar del carácter independiente de la reina y de su temperamento piadoso y conservador. La intimidad con la duquesa de Marlborough favoreció el mantenimiento de esta política.

Pero llegó el instante en que Ana reaccionó contra un partido que limitaba su poder. después de separarse de la duquesa, la reina favoreció al grupo de los tories, los cuales triunfaron en las elecciones de 1710. Desde principio de 1711 hubo un cambio completo de orientación gubernamental, tanto respecto a la guerra contra Francia como a la política interior. Incluso se previó que los jacobitas sucedieran a la reina cuando esta falleciese.

Pero su precipitación malogró los esfuerzos de sus partidarios. Ana pudo asistir al triunfo de Inglaterra, ratificado por las paces de Utrecht (1713) y Rastad (1714). Murió casi repentinamente en Kensington el 1 de agosto de este último año, dejando su corona a los electores de Hannover. Durante su reinado había tenido lugar la unión parlamentaria entre Inglaterra y Escocia (1707).

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 92-93.

Jorge I

Dinastía Hannover. Nació en Osnabrück, cerca de Hannover en 1660. Rey de Gran Bretaña y de Irlanda (1714-1727) y elector de Hannover (1698-1727), hijo de Ernesto Augusto de Brunswick-Luneburg y de Sofía, nieta de Jacobo I de Inglaterra. Aseguró la unidad de los Hannover al casarse con su prima Sofía Dorotea en 1682, pero sus desavenencias ocasionaron doce años más tarde su divorcio. En 1708, la dieta imperial le reconoció la dignidad electoral, concedida a su padre por el emperador en 1692.

El Acta de establecimiento (1701) transfirió los derechos sucesorios al trono inglés de los Estuardo católicos a sus primos hannoverianos protestantes. La muerte de su madre, y a continuación la de la reina Ana (1714), hizo a Jorge I heredero de los reinos británicos y fundador de la nueva dinastía.

Gran Bretaña no le interesó más que por sus rentas, que le permitieron distribuir lucrativas prebendas entre sus parientes y amigos, y regalos entre sus numerosas amantes; ni tan siquiera aprendió inglés; solo le atraía Hannover.

Por temor a los tories, basó su poder en el entendimiento con el partido whig, favorecido también por la revuelta jacobita de 1715, que levantó ciertas sospechas sobre los tories, a los que Jorge I eliminó (1715). Aliado estrechamente con la familia de Orleáns, tomó parte activa en la política internacional, concluyendo en 1717 la Triple Alianza con Francia y las Provincias Unidas, que consolidaba sus derechos y los del regente francés, Felipe de Orleáns, respectivamente frente a los del pretendiente Estuardo y a los de Felipe V de España.

Por otra parte dejó la dirección de la política interior británica a sus ministros, Stanhope (1717-1721) y especialmente a Walpole (1715-1717) y (1721-1742). Al no comprender el inglés, el rey dejó de asistir a las reuniones de sus ministros: de este modo nació el gabinete. que se transformó en órgano supremo del poder, suplantó al consejo privado y contribuyó al establecimiento de instituciones verdaderamente parlamentarias. El rey muere en Osnabrück, el 11-VI-1727.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 13 pág. 6131.

Jorge II

Dinastía Hannover. (Herrenhausen, Hannover, 1683-Kensington, cerca de Londres, 1760), rey de Gran Bretaña y de Irlanda y elector de Hannover (1727-1760), hijo del anterior. Más britanizado que su padre, logró al principio cierta popularidad gracias a los desacuerdos con este y a los consejos de su mujer, Carolina de Ansbach.

Por influencia de esta, mantuvo a Walpole como primer ministro. Conociendo sus propias limitaciones, gobernó como monarca constitucional; por otra parte, el poder del parlamento no era demasiado inquietante, ya que los patronazgos y la corrupción permitían influir fuertemente en su composición.

Pero la corrupción del régimen, el pacifismo de Walpole y la prioridad que el rey concedía a los asuntos alemanes le enajenaron la estimación pública. En torno a su hijo, Federico, el príncipe de Gales, con quien desde 1736 estaba en malas relaciones, se reunió una oposición heterogénea que provocó la caída de Walpole (1742).

La guerra de Sucesión de Austria (1740-1748), en la que los intereses hannoverianos arrastraron a Gran Bretaña a una desastrosa campaña continental, desencadenó la oposición y la apasionada elocuencia de Pitt el Viejo. El ascendiente de que gozaba este último en los Comunes obligó al rey a dar entrada en el gobierno al gran orador, cuya posición quedó reforzada por la guerra de los Siete años (1756-1763). Fundó la universidad de Gotinga (1737), abierta a las ideas británicas.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 13 pág. 6131.

Jorge III

George III por Allan RamsayJorge III de Inglaterra por Allan Ramsay

Rey de Inglaterra, 1760-1811. La dinastía de los Hannover, instaurada en Inglaterra en 1714 con Jorge I, no tuvo representante plenamente inglés hasta Jorge III. Sus dos antecesores no habían dejado de ser unos alemanes desvinculados de la gran trayectoria política británica. Esta característica permitió el desarrollo de las instituciones parlamentarias y del gobierno representativo tal cual habían salido de la revolución de 1688.

Con el advenimiento de Jorge III cambió este panorama. El nuevo monarca era un hombre meticuloso y amante del buen gobierno. Fiel intérprete de las normas constitucionales, quiso hacer valer la prerrogativa regia, la cual no había sido derogada por aquella revolución.

En esta actitud seguía las tendencia de las monarquías del continente de elevar al máximo la autoridad real. Su propósito, realizado en parte, fracasó a causa del lamentable resultado de su política exterior y de la debilidad de su cerebro, cada vez más acentuada, hasta terminar en locura incurable. Después de su tentativa de gobierno personal, el régimen parlamentario quedaba definitivamente asegurado en Inglaterra.

Hijo del príncipe de Gales Federico y de Augusta de Sajonia, nacido en Londres el 24-VI-1738, Jorge fue designado heredero de la corona de Jorge II en 1751 al morir el progenitor de sus días. Ocupó el trono de Inglaterra el 25-X-1760 a la edad de veintidós años, alentado por los más nobles ideales, en particular el de poner término a la corrupción política fomentada por algunos whigs. En 1761, aun antes de terminar la guerra de los Siete Años, obligó a dimitir al viejo Pitt. Confió el gobierno a lord Bute y al grupo denominado los amigos del rey, de ascendencia tory.

La impopularidad del nuevo ministerio y la aureola que rodeaba a Pitt desbarataron muy pronto los proyectos de Jorge III. Lord Bute se retiró del gobierno en 1763, y hasta 1770 ocuparon de nuevo el poder los whigs, con Pitt a la cabeza. En este periodo, concretamente en 1765, el monarca experimentó los primeros síntomas de su enfermedad mental, sin que de momento se considerasen graves.

Las discrepancias entre Pitt y Jorge III sobre la manera de resolver el problema creado en las colonias norteamericanas dieron al rey una segunda oportunidad para llevar a cabo sus propósitos. Durante doce años, de 1770 a 1782, Jorge gobernó a través de lord North y de una Cámara de los Comunes adicta y subvencionada. Este hecho creó en el país una grave agitación, que se manifestó en el atentado de que fue objeto el monarca en 1780.

La derrota de Inglaterra en la guerra de Independencia americana, expresada en el tratado de paz de París de 1783, implicó el fin de la política autoritaria del rey, cuya experiencia no fue inútil del todo, pues contribuyó a renovar la vida política inglesa de la época y a preparar la época de gobierno de Pitt el joven.

Pocos años más tarde, en 1788, los médicos dictaminaron que Jorge III padecía una locura incurable. Sin embargo, no le fue dado un regente en la persona de su hijo hasta 1811. Murió en el castillo de Windsor, en plena enajenación mental, el 29-I-1820.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 136.

Jorge IV

Dinastía Hannover. Rey de Inglaterra, 1811-1830. Famoso como príncipe regente, más por sus vicios y sus extravagancias que por sus virtudes y su prudencia, Jorge IV fue durante toda su vida una pesadilla para sus ministros y una fuente de descrédito para la institución monárquica.

Nacido en Londres el 12-VII-1762, de Jorge III y Sofía Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, fue educado muy severamente, lo que produjo en él una reacción en sentido contrario. Desde muy joven estuvo mezclado en lances amorosos y convivió con ua sociedad equívoca. Amó el deporte —en particular, el boxeo—, el juego y la moda.

Sus muchas deudas produjeron al gobierno profundos quebraderos de cabeza. En 1783 ocupó su escaño en la Cámara de los Lores y en 1788 reclamó para sí la regencia, motivado su acto en la enfermedad mental de su padre. Pitt el Joven logró contrarrestar su demanda, aunque reservó al Príncipe de Gales cierta intervención en los asuntos públicos. Su nuevo papel en la política del país, en los duros momentos de la guerra contra la revolución francesa, no modificó su temperamento banal. En 1794 casó con la princesa Carlota de Brunswick de la que se separó poco tiempo después.

Elevado a la regencia por los whigs en 1811, presidió la vida política inglesa en calidad de príncipe regente hasta el 29-I-1820, en que murió su padre. En su juventud había apoyado a Fox y a los liberales, pero luego se manifestó afecto al espíritu de la Restauración.

Combatió a Canning por su política favorable a la emancipación de las colonias españolas en América y a Wellington por sus proyectos filocatólicos. Su conducta privada no fue mejor.

En 1820 se divorció públicamente de su esposa Carlota, acusándola de vida poco regular, lo que era falso. El país se distanció de su persona e incluso de la monarquía. Murió en Londres el 26-VI-1830.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 186-187.

Guillermo IV

Rey de Inglaterra, 1830-1837. Dinastía Hannover. Hijo de Jorge III y hermano de Jorge IV, n. en Buckingham-House en 1735 y m. en Windsor en 1837, duque de Clarence y conde de Munster. En su juventud sirvió en la marina, ascendiendo en la carrera por rigurosa escala. Sucedió a su hermano en el trono en 1830 y favoreció sucesivamente al partido whig y al tory. Vivió siempre con suma independencia, y mostró un carácter violento.

Estuvo durante muchos años amancebado con la actriz Jordans, de la que tuvo diez hijos, y en 1818 casó con la hija del duque de Sajonia-Meiringen, pero no tuvo descendencia. Residió largas temporadas en Alemania, y estuvo con frecuencia en apurada situación pecuniaria. A su muerte fue reemplazado por su sobrina la reina Victoria.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 27 pág. 256.

Victoria I

Reina de Inglaterra, 1837-1901. Dinastía Hannover. Una larga vida puesta al servicio de la realeza y del poder de la Gran Bretaña, con una honestidad y una ejemplaridad admirables, tal es el breve y sustancial esquema de la biografía de la reina Victoria.

Queen Victoria by BassanoVictoria I por Alexander Bassano

Desde 1837 a 1901, durante un dilatado periodo de 64 años, ella representó y simbolizó la majestad de la corona del mayor imperio que conocieron los siglos. Realmente, a pesar de sus limitaciones como soberana de un país ultraparlamentario, en la persona de la reina Victoria se hallan varios de los factores positivos que contribuyeron a la grandeza de Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XIX

Y, en primer lugar, la valoración de la monarquía, que la reina Victoria supo elevar a un grado insospechado. La última de los Hannover —de una dinastía que no se había caracterizado por su nacionalismo ni por la moralidad de sus costumbres— supo arraigar en el corazón de los ingleses la veneración y la estima por la realeza, como órgano de afirmación constitucional y de vertebración imperial.

Este servicio bastaría para hacerla acreedora del alto precio con que se la considera en la historia inglesa, si. a mayor abundamiento, no hubiera encarnado las aspiraciones y la mentalidad de una época británica que, por antonomasia, se denomina Era victoriana.

Alejandra Victoria, nacida el 24-V-1819 en el palacio de Kensington, en Londres, era hija de Eduardo de Kent, y de Victoria María Luisa de Sajonia-Coburgo. En 1818 después de la muerte de la princesa Carlota, hija del príncipe regente, contrajeron matrimonio los duques de Clarence, Kent y Cambridge, al objeto de dar sucesión a la corona de Inglaterra.

La prematura muerte de los hijos del primero dio la herencia real a Alejandra Victoria, quien en 1830, al ascender al trono Guillermo IV, fue reconocida como futura heredera de la corona por el Parlamento.

La muerte de su padre, acaecida en 1820, le había privado de su tutela; pero halló un digno substituto en la persona del príncipe Leopoldo, su tío materno, quien guió sus primeros pasos por la vida antes y después de ser elegido rey de los belgas (1831).

El 20_II-1837, Victoria ceñía la corona de Inglaterra, en circunstancias realmente críticas para el país y la realeza, producidas por la agitación liberal y las primeras tentativas socialistas. ¿Fracasaría aquella muchacha de 18 años, cuya formación política no había sido muy profunda? Victoria supo capacitarse muy pronto de sus funciones de soberana, al principio bajo la prudente égida de lord Melbourne, su primer ministro, y luego, desde 1840, del príncipe consorte, Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, hacia el cual Victoria profesó un amor sincero y afectuoso, motivo de admiración y de ejemplo para el pueblo inglés y muchas cortes europeas.

Alberto introdujo en la corte de Inglaterra el principio de la virtud familiar y de la entrega absoluta al servicio del Estado. Durante veintiún años la feliz pareja compartió las responsabilidades del poder, puesto que, pese al escrupuloso respeto a sus limitaciones constitucionales, el rey consorte ejerció bastante influencia en los asuntos públicos del país.

Desde 1861 a 1874 la realeza inglesa experimentó un nuevo periodo de crisis. Por aquella época se infiltraron en el país ideas republicanas, que el gobierno de los liberales no supo contrarrestar. El triunfo de los conservadores en 1874 y la acertada política de Disraeli salvaron este grave escollo. Desde entonces, la soberana del Reino Unido y emperatriz de la India (desde 1876) vio consolidado y aumentado su influjo en la política y en la sociedad de su patria.

Símbolo vivo de la unión de los países anglosajones y del Commonwealth británico, intérprete de la extensión del poder de Inglaterra en los cinco continentes. Victoria fue el ídolo de la nación en los aparatosos jubileos de 1887 y 1897. Murió tres años más tarde, en Osborne, el 22-I-1901, llevándose al sepulcro aquella maravillosa seguridad que respiró la Inglaterra de su época.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 230.