Los Países Bajos

Historia de los Países Bajos

Otras dinastías

Alberto de Austria, 1559-11621
Isabel Clara Eugenia, 1566-1633
Guillermo I Orange, 1533-1584
Mauricio de Nassau, 1567-1625
Leopoldo I Bélgica, 1790-1865

Historia de los Países Bajos

Introducción
De la prehistoria a los carolingios
De Carlomagno a la Borgoña
Periodo borgoñón y español
Guerra de los Ochenta años
Países Bajos en el XVII y XVIII
Periodo revolucionario 1714-1815
Los Países Bajos de 1815 a 1830

Introducción

Países Bajos, nombre dado a lo largo de la historia a una serie de territorios de extensión variable situado en el NO de Europa. El reino actual, cuyas fronteras fueron fijadas en 1839, sucedió a otro mas vasto (englobaba Bélgica), creado por el Congreso de Viena (1815). Antes, el término Países Bajos había coincidido con las diecisiete provincias que componían el círculo imperial de Borgoña desde 1548.

Luxemburgo y parte de Francia septentrional Artois, Flandes, Hainaut pertenecían entonces a los Países Bajos, así como, según las descripciones contemporáneas, el obispado de Lieja (separado políticamente, pero integrado geográficamente) e incluso algunos territorios de la Baja Alemania Münster o renanos Colonia; estas atribuciones se justificaban por referencia a las provincias romanas Germania inferior. Los Países Bajos dependían, desde el punto de vista religioso, de arzobispados situados en su periferia Reims, Tréveris, Colonia. La edad media no conoció un estado neerlandés, sino un mosaico señoríos feudales que, después de la desaparición de la efímera Lotaringia, estuvieron bajo el dominio francés o germánico. El término Países Bajos designó pues, en un principio, una comunidad de situación geográfica entre las Ardenas y el mar, que, no obstante, engendró una pluralidad destinos históricos, que convergieron o divergieron hasta conducir a la situación actual.

De la prehistoria a los carolingios

En Drenthe se descubrieron monumentos megalíticos funerarios y las excavaciones de Voorhout atestiguan el paso a la edad del bronce (1600 a. C.). El hierro se utilizó hacia 650 a. C., su presencia coincide con la cultura de los campos de urnas. Cuando César emprendió la conquista de las Galias (57 a. C.), encontró en Bélgica, región que entonces se extendía del Rin al Sena tribus celtas o celtizadas menapios nervios eburones que le opusieron feroz resistencia. Entre el Mosa y el Rin habitaba la tribu germánica de los bátavos, más al N. los frisones en cuyos terpen (colinas insumergibles) se han hallado huellas de sus actividades y de sus relaciones con los pueblos de tierra firme.

Los romanos ocuparon el país hasta el Rin y lo convirtieron en una provincia imperial, la Galia belga (15 a. C.); además, impusieron una pesada alianza a los bátavos y a los frisones que se sublevaron en diversas ocasiones: campaña de Domicio Corbulo (47 d. J.C.), revuelta de Cevilis (69-70). Construyeron gran número de calzadas (de Colonia a Portus lulius por Maastricht, de Colonia a Katwijk, etc.), diques y canales (foso de Domicio Corbulo), fuertes, villae y ciudades.

La evangelización fue tardía y solo afectó al SE del país. A partir del s. III, los romanos se retiraron de las orillas del Rin con gran parte de la población y dejaron el territorio a los invasores germánicos, los sajones convivieron con los frisones al N de los ríos; los francos se apoderaron progresivamente del país de los treviros, de Campine, de Flandes, de la región de Tournai (donde se ha hallado la tumba de Childerico, padre de Clodoveo), y de la mayor parte de la Galia.

Después del bautismo de Clodoveo, los reyes merovingios alentaron la evangelización, que fue llevada a cabo por monjes irlandeses y aquitanos. Los frisones y los sajones, al N del Mosa, fueron durante largo tiempo refractarios a la autoridad franca y al cristianismo, predicado por misioneros anglosajones: Willibrord, que fundó el obispado de Utrecht (695 o 696); Bonifacio, asesinado en Dokkum (754). La conversión fue finalmente llevada a cabo por el obispo frisón Ludger, fundador del obispado de Münster (s. VIII), y por Carlomagno, quien impuso su autoridad y el bautismo obligatorio.

Los carolingios, originarios de la zona del Mosa, y sobre todo Carlomagno, favorecieron a la región entre al Rin y el Mosa donde se hallaba la capital, Aquisgrán, y varias residencias del nuevo emperador: Nimega, Maastricht, Tréveris. Como el resto del imperio, los Países Bajos fueron administrados por condes supervisados missi dominici. Carlomagno hizo redactar la lex Frisonium y la lex Saxonium. Los leudes organizaron la vida económica en el interior de los dominios. Los numerosos monasterios Saint-Bertin, San Bavon de Gante, Stavelot contribuyeron al renacimiento carolingio. Las localidades fluviales o marítimas del N. Wijk bij Duurstede servían de etapas al comercio con Inglaterra y el Báltico, y exportaban mercancías del país, en particular telas frisonas, de gran tama en el s. IX.

De Carlomagno a los Borgoñones

Los Países Bajos, que habían sido atribuidos por Ludovico Pío a Lotario I (814), fueron repartidos por el tratado de Verdún (843) entre Francia (zona situada a la izquierda del Escalda) y el imperio (Lotaringia) y, a la muerte de Lotario (869), entre los reinos de Francia occidentalis y de Francia orientalis (tratado de Meersen, 870); el Vlie, el Mosa, el Ourthe, el Mosela, el Marne y el Saona se convirtieron en fronteras entre los dos estados.

Los Países Bajos se descompusieron en múltiples principados feudales y tuvieron que hacer frente a los ataques normandos (última invasión detenida por Arnoldo de Carintia, cerca de Lovaina en 891), que arruinaron Wijk bij Duurstede. En 925 el rey de Germania, Enrique I, obtuvo la sumisión de la aristocracia local. Otón confió la administración de la Baja Lotaringia a su hermano Bruno, arzobispo de Colonia, asistido por un duque en lo referente al mando militar. Bruno dividido el país en dos ducados, Alta y Baja Lorena (c. 959).

Pero la turbulencia de los señores feudales y la disminución de la influencia y de las posesiones de los obispos de Lieja y de Utrecht, después del concordato de Worms (1.122), arruinaron esta organización; en cambio, los señores laicos ampliaron sus dominios. El condado de Güeldres se anexionó al condado de Zutphen, Nimega y el Veluwe, cortando en dos el obispado de Utrecht. Al O, una familia de pequeños señores, instalados en Kennemerland, extendió sus territorios hasta el Mosa, Zelanda y Frisia occidental (un maremoto había creado el Zuiderzee, por lo que los frisones orientales no pudieron acudir en ayuda de los occidentales).

Dirk, jefe de esta familia en el s. XI, fue el primero que llevó el título de conde de Holanda. Pero la principal expansión fue la de Flandes: sus condes llegaron al Somme S, a Zelanda en el N, e incluso a la derecha del Escalda (Flandes imperial), y se convirtieron en una amenaza para el rey de Francia, su primer soberano (Bouvines 1214). Algunos caballeros neerlandeses tuvieron un importante papel en las cruzadas Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena).

La emancipación de los siervos se produjo más o menos en el mismo momento. Los señores liberaron a sus campesinos y vendieron una parte de sus tierras. Entonces se crearon comunidades rurales, que se ocuparon, sobre todo en la costa, de construcción de diques y de pólders, mientras en el interior se roturaban tierras vírgenes en los ss. XII y XIII (los Kampen del Brabante septentrional, por ej.), que escaparon al sistema de la rotación trienal de cultivos.

Los grandes príncipes mermaron los privilegios de sus vasallos, sobre todo sus derechos de justicia; en 1296 el conde Holanda, Floris V, llamado el dios los campesinos, fue asesinado por sus caballeros. Asimismo concedieron su protección a las ciudades, cuya pujanza era notable; estas se hallaban al abrigo de los diques y en lugares de situación estratégica elevaciones del terreno o comercial (en particular en la desembocadura de los ríos: ciudades cuya toponimia incluye la partícula dam; algunas eran mercados: Groninga obligaba a los campesinos de los alrededores (Ommenlanden) a vender sus productos en su recinto (derecho de etapa). Hoorn y Enkhuizen vivían de la pesca del arenque; Brielle y Dordrecht, situadas en un estuario, tenían un importante tráfico comercial; Kampen, Zwolle y Deventer se afiliaron a la Hansa.

Las cerveceras de Delft y de Gouda producían una cerveza de gran calidad. Las ciudades del Mosa destacaron por sus fundiciones de hierro y de cobre. Las de Flandes Gante, Ypres y Brujas, que se disputaban con otras ciudades Damme, Middelburg, etc.) el privilegio de las etapas del vino y de la lana, eclipsaron a sus rivales gracias a su industria textil. La lana, importada de Inglaterra, de Escocia, y más tarde de España, era hilada, tejida, aprestada y teñida en innumerables pequeños talleres. Los mercaderes flamencos exportaban telas a toda Europa y frecuentaban las ferias de Champaña; desde el s. XIII reexportaban el vino francés hacia Inglaterra. Los neerlandeses exportaban a Inglaterra cerveza y sal, y recibían productos de tintorería pastel del Languedoc, d. 1460).

A principios del s. XV, al agriarse las relaciones con Francia, y cuando los navíos venecianos llegaron al océano, Brujas se convirtió en un gran puerto y recibió la etapa de las lanas españolas y, posteriormente, la etapa de la Hansa. Zelanda (c. 1380-1390) y Holanda (a partir de 1470) entraron entonces en el ciclo de intercambios comerciales activos, pero no siempre equilibrados (déficit comercial de la balanza comercial de los Países Bajos con Italia en el s. XV).

Pronto las ciudades obtuvieron de los señores la concesión de cartas o keures, que les permitieron administrarse por sí mismas. En cada ciudad, los principales burgueses formaron un consejo Vroedschap, y nombraron concejales para administrar justicia de acuerdo con el baile, que representaba al señor; además, los burgueses decidían por sí mismos las contribuciones que pagaban al señor, y asumían la defensa de la ciudad formando compañías de arqueros o ballesteros doelen.

Los burgomaestres debían vigilar las puertas y murallas la ciudad. Pronto aparecieron divisiones sociales. La aristocracia de las antiguas familias burguesas patriciado acaparaba los cargos administrativos. Los mercaderes se enfrentaron a menudo con los pequeños patronos, jefes de talleres, acerca del problema de la remuneración del trabajo. El clima social de Gante, donde en el S. XIV surgió la figura del tribuno demócrata Jacob Van Artevelde, era el más turbulento.

Los condes de Flandes, para defenderse de las exigencias municipales, y el patriciado, para protegerse contra las tendencias de los comuneros, buscaron la alianza de los reyes de Francia. Su derrota Courtrai, 1302 llevó consigo el triunfo de la democracia; pero su posterior victoria en Roosebeke, 1382, conseguida bajo la égida de Carlos VI sobre las milicias de Gante, provocó el retroceso del movimiento de emancipación urbana, sobre todo en Flandes, donde era más poderoso, devolvió la autoridad al conde Luis de Mâle (1346-1384) y dio paso a la influencia del duque de Borgoña.

Periodo borgoñón y español

Felipe el Atrevido, duque de Borgoña por su matrimonio con Margarita (1369), hija única de Luis de Mâle, a la muerte de este (1384) incorporó Flandes a sus dominios. Sus sucesores y en particular su nieto Felipe el Bueno (1419-1467), iniciaron una paciente conquista de la totalidad de los Países Bajos por compra, enlaces y herencias. Felipe el Bueno atribuyó a su hijo David el obispado de Utrecht (1465-1496) y a otro de sus parientes el de Lieja.

El duque respetó las tradiciones y los privilegios de los Países Bajos; aceptó la reunión de los Estados provinciales, que habían sido creados espontáneamente en el s. XV, y convocó varias veces en Bruselas los Estados generales. Paralelamente, centralizó la administración por medio de un gran consejo, dos cámaras de Cuentas Lille y Bruselas y un tribunal de justicia en Holanda La Haya. El Gran consejo tenía la función de tribunal de apelación y aplicaba el derecho romano.

Carlos el Temerario (1467-1477), tras sofocar una terrible revuelta en Lieja (1468), se anexionó temporalmente Güeldres (1471-1492) . Acentuó la centralización: creación en Malinas de una cámara de cuentas (1473), que sustituyó a las tres anteriores, y de un parlamento competente para todos sus estados septentrionales ; institución de una cámara del Consejo de Maastricht, encargada de unificar las regiones del Mosa y de extender su competencia administrativa y diplomática hasta el oeste de Alemania.

Sin embargo, después de su muerte (en. 1477), su hija María, para obtener el apoyo de los Países Bajos, tuvo que jurar a los Estados generales de Gante (1477) que respetaría los Grandes privilegios. Luis XI de Francia se aprovechó de la inexperiencia de la duquesa de Borgoña para apoderarse de diversas plazas; proyectó invadir Artois y Hainaut y entró en negociaciones con el imperio (entregaría a este Holanda y Zelanda y él se quedaría el resto de los territorios). Pero la boda de María con Maximiliano II de Austria (22-V-1477), hijo del emperador, deshizo sus planes. Maximiliano restauró la autoridad del soberano sobre los estados.

Felipe el Hermoso, heredó de María los Países Bajos (1482) aunque no pudo gobernar de hecho hasta 1495, pues Maximiliano, que ejercía la regencia, se oponía a ello; Felipe se comprometió a prestar homenaje a Luis XII de Francia por Artois y Flandes, y al año siguiente casó con Juana, hija de los Reyes Católicos y futura reina de Castilla (1504). En enero de 1506 se trasladó a España, dejando al frente de los Países Bajos al señor de Chièvres. A su muerte (set. 1506), se encargó del gobierno de los Países Bajos su hermana Margarita (1507-1515) hasta la mayoría de edad del futuro Carlos Quinto.

Este amplió hasta 17 el número de las provincias con la conquista o reconquista de Frisia (1524), Groninga (1536) y Güeldres (1543). Estableció un gobierno central en Bruselas, con un gobernador general (ocupó este cargo en primer lugar su tía Margarita de de Austria, que convirtió la corte de Malinas en un centro internacional de liberalismo intelectual y artístico [1518-1530]; luego, su hermana María de Hungría [1531-1555]), un consejo de Estado, un consejo de Finanzas y un consejo privado.

Por tal transacción de Augsburgo (1548) convirtió a los Países Bajos en círculo del Imperio, confiriéndoles así una especie de autonomía círculo de Borgoña, y consagrando la marcha hacia la unidad conseguida por los Países Bajos durante la dominación borgoñón. Por la paz de Crépy (1544), Carlos obtuvo de Francisco I de Francia la renuncia a sus pretensiones sobre Nápoles y los Países Bajos, que en 1554 cedió a su hijo Felipe II con motivo de su boda con María Tudor; en caso de que tuvieran un hijo, este heredaría los Países Bajos y el Franco Condado (se ha señalado esta falta de interés del emperador en mantener los Países Bajos unidos a la corona española frente a la obsesión por el contrario que caracterizaría más tarde a Felipe II).

Durante este periodo la evolución política puso fin a las franquicias y a los privilegios de las provincias y de las ciudades. Las ciudades antiguas perdieron también su primacía económica. La industria se desplazó hacia el campo: industria de sargas de mezcla de lana y seda en Lille y Valenciennes; tejidos de lino y metalurgia en Namur y en Lieja. Desde mediados del s. XV, la obstrucción de Zwyn perjudicó a Brujas en provecho de los puertos del triple estuario del Escalda, del Mosa y del Rin, especialmente de Amberes, ciudad nueva a la que los duques de Brabante y de Borgoña habían acordado numerosos privilegios comerciales.

Tras los grandes descubrimientos se convirtió en un centro comercial mundial: el rey de Portugal abrió en ella una factoría encargada de la reventa de especias de las Indias (1499), los mercaderes alemanes establecieron en Amberes factorías para transportar sus mercancías hacia España; parte de los tesoros de América se acumuló en ella en beneficio de los extranjeros. Sus ferias (hasta 1585) y su bolsa eran un exponente de su importancia económica; las riquezas acumuladas en la ciudad favorecieron un admirable florecimiento artístico.

Amsterdam, ciudad internacional desde mediados del s. XV, especializada en armamento y en comercio de granos, ocupaba el segundo lugar en importancia. De todo ello resultó una importante corriente de intercambios, no solo marítimos, sino también terrestres, tanto más cuanto que en esta época se constituyeron compañías de transporte especializadas que aseguraban el comercio con Italia.

Paralelamente, una gran fermentación intelectual y religiosa animaba los Países Bajos. En el s. XIII, los monasterios habían sido refugios contra la agitación de la vida mundana. En el s. XV, Geert Groote creó la institución de los Hermanos de la Vida común, que penetró en la sociedad a través de la enseñanza. El neerlandés Jan Standock dirigió en París el colegio de Montaigu del que era alumno el gran humanista Erasmo de Rotterdam. El colegio trilingüe de Lovaina, fundado en 1517, y profundamente marcado por la influencia de Erasmo desempeñó un papel relevante en el desarrollo de humanismo europeo.

Además, la universidad de esta ciudad, fundada en 1426 por los duques de Brabante, formaba juristas para los oficios del círculo de Borgoña. Los impresores de Amberes adquirieron gran celebridad en el s. XVI (imprenta de Christophe Plantin. Este desarrollo del humanismo se vio favorecido por la tolerancia de Margarita de Austria. Pero muy pronto, los habitantes de los Países Bajos pasaron del humanismo a la Reforma y se mostraron muy sensibles a la predicación luterana, contra la que Carlos V publicó numerosos edictos a partir de 1521: Jan Bakker, párroco de Woerden, fue el primer hereje quemado vivo en la Haya (1525)

En un primer momento, los neerlandeses se inclinaron hacia formas secundarias de la herejía, por ejemplo la anabaptista. Un grupo de anabaptistas dirigido por Johann von Leiden se dirigió a Münster tras haber intentado una sublevación en Amsterdam (1535 ). Luteranismo y calvinismo ganaron adeptos en los Países Bajos. El problema de la libertad religiosa junto con la defensa de los privilegios, y el nacionalismo, constituyó el núcleo de la revuelta contra Felipe II.

Guerra de los Ochenta años

Prosiguiendo en cierta medida la política de su predecesor, Felipe II intentó llevar a cabo en los Países Bajos una verdadera reforma católica (1555-1567); pero su temperamento, su falta de conocimiento de la lengua de sus súbditos, y su confinamiento en España (solo residió en los Países, Bajos, de 1555 a 1559) lo privaron de todo ligamen con aquellos. Nombro lugarteniente general a Margarita de Parma (1559-1567) hija natural de Carlos Quinto y de una dama flamenca, que debía asesorarse en particular en el arzobispo de Malinas, Granvela, originario del Franco Condado, lo que hirió a la alta nobleza, que se agrupó alrededor del príncipe de Orange.

No es válida la explicación de la insurrección de los Pasos Bajos contra Felipe II únicamente como protesta contra un gobierno extranjero, y clerical; en la sublevación participaron diversas clases sociales, movidas por distintas causas.

Los señores feudales (católicos en su mayoría) se opusieron a los intentos centralistas de Felipe II y dirigieron el movimiento revolucionario apoyados ocasionalmente por el alto clero. Reivindicaban la retirada de los tercios españoles del país (que Margarita logró del rey en 1561), consiguieron la expulsión de Granvela y se unieron en el compromiso de Breda (1563) contra la política inquisitorial cada vez más rigurosa. Al proseguir la persecución, la pequeña nobleza se unió y pidió el abandono de las persecuciones contra los herejes.

A estos nobles se les llamó, despectivamente, gueux (mendigos), debido a una serie de demandas que presentaron a la gobernadora; sus principales jefes fueron los condes de Egmont y de Horn y Guillermo de Orange (todavía católico). Pero el movimiento calvinista se extendía rápidamente, en especial en los centros de manufacturas textiles de Flandes, y encontró muchos adeptos entre la pequeña nobleza y la clase media.

En 1566, tras una época de hambre, el pueblo asaltó iglesias y conventos. Felipe II envió entonces a los Países Bajos un ejército al mando del Duque de Alba con el fin de sofocar la herejía y ordenó a Margarita de Parma que suprimiera los privilegios de las ciudades (1567).

El duque llegó a Bruselas el 9-VIII-1567 e inició una brutal represión. La gobernadora, en desacuerdo con esta política, dimitió y se trasladó a Italia; le sucedió en el cargo el Duque de Alba (1567-1573). Al estallar otra insurrección, este estableció el llamado tribunal de la Sangre o de los Tumultos (superior a todos los demás y desconocedor de toda garantía) y empezó una represión mayor todavía: en los tres primeros meses de 1568 fueron ejecutadas 247 personas y sus bienes confiscados.

Tras hacer decapitar a los condes de Egmont y de Horn, y vencer a las tropas de los gueux, se dedicó a organizar el país a la manera de un presidio o fortaleza. La oposición contra el gobierno, latente hasta entonces entre los comerciantes, estalló en 1568 ante los pesados impuestos establecidos por el duque (que implantó en los Países Bajos el impuesto del centésimo dinero y, posteriormente, la alcabala. Esta vez, y contra su voluntad, se vio obligado a conceder un perdón general (aunque con limitaciones), por orden de Felipe II.

Desde 1569, Middelburg y los zelandeses cerraron el Escalda, controlado por los gueux, apoyados por Inglaterra; estos se apoderaron de Briel (1572), a la vez que las provincias del N Holanda, Zelanda, Frisia, Utrecht y Güeldres se sublevaban a las órdenes de Guillermo de Orange y de su hermano Luis de Nassau. El duque de Alba reconquistó Zutphen y Harlem, y, aunque fracasó ante Alkmaar por la apertura de los diques (1573), logró vencer a los rebeldes.

Los tercios españoles, mal pagados, se amotinaron. La política de Alba no fue del agrado del rey, quien le destituyó en octubre de 1573.

Su sucesor, Luis de Requesens (1573-1576), se caracterizó por su espíritu tolerante; deseaba negociar con los rebeldes y aconsejó al rey la promulgación de un perdón general, la supresión del tribunal y la abolición de la alcabala. Intentó detener a las tropas españolas que querían saquear Amberes (1576) para cobrarse la paga. Pero, a pesar de sus intentos de pacificación, se vio obligado a proseguir la lucha.

Un nuevo motín de las tropas en Bruselas hizo que los distritos católicos Brabante, Hainaut, Flandes y Artois se unieran a Holanda y Zelanda. Guillermo de Orange reunió los Estados generales, que decidieron la formación de un ejército nacional. Los neerlandeses, olvidando las diferencias religiosas, se aliaron pacificación de Gante, 8-XI-1576) para reivindicar la expulsión de los tercios españoles y el retorno a la tolerancia religiosa.

El nuevo gobernador, Juan de Austria (1576-1578), hermanastro de Felipe II, accedió a la mayoría de las peticiones de los neerlandeses y publicó el Edicto perpetuo (12-II-1577). Pero su política no dio resultado y volvió a pedir la presencia de las tropas que antes había retirado; entonces los Estados generales le destituyeron (julio 1577) y nombraron en su lugar al archiduque Matías, hermano de emperador.

El infante venció a los sublevados en Gembloux (31-I-1578), pero murió al cabo de unos meses (1 oct.). Le sucedió el duque de Parma, Alejandro Farnesio (1578-592), quien, aprovechando las diferencias religiosas entre calvinistas del N. y católicos del SO., logró que las ricas provincias católicas Artois, Hainaut se agruparan en la unión de Arras (6-I-1579) y volvieran a la tutela de Felipe II (paz de Arras, 17 de mayo) a cambio de reconocimiento de su autonomía.

Por su parte las provincias del N. formaron la unión de Utrecht (23-II-1579) y, junto con algunas ciudades del S. (Gante, Amberes, Bruselas), rompieron con España y sentaron la bases de las Provincia Unidas (política exterior y militar común, respecto de las autonomías provinciales). Alejandro Farnesio, con una nueva táctica de asedio, logró tomar varias ciudades Ypres, Brujas, Gante, Bruselas, Tournai y, finalmente, Amberes [1585], con lo que aseguró la reconquista definitiva de los Países Bajos meridionales por España. La compañía de Jesús realizó a partir de entonces la Contrarreforma en las provincias del S (creación de nuevos obispados y de la Universidad de Douai), con el apoyo del gobernador.

Por su parte, los rebeldes, que habían rechazado jurar fidelidad al rey de España (1581), tardaron en hallar un jefe. El príncipe de Orange, Guillermo I el Taciturno, que en un primer momento pensó en ofrecer la soberanía de los Países Bajos a duque de Anjou (1580), chocó con la oposición de los protestantes del N y tuvo que aceptar para sí mismo el título de conde; pero su asesinato, en 1584, dejó a los rebeldes sin dirección.

Sin embargo, Alejandro Farnesio no consiguió terminar la conquista de los Países Bajos, puesto que Felipe II le ordenó nuevas misiones: sostener a los católicos franceses contra Enrique de Navarra y abastecer parís, primero, y, posteriormente, prepararse para desembarcar en Inglaterra (Armada Invencible, 1588). Entretanto, el gran pensionario Johan Van Oldenbarneveldt (1586-1618) encontró alianzas (Isabel de Inglaterra le envió el conde de Leicester, pero tuvo que prescindir de él desde 1587) y medios financieros para salvar a las Provincias Unidas. El nuevo estatúder, Mauricio de Nassau (1584-1625) logró reconquistar importantes ciudades (Breda, 1590; Nimega, 1591; Groninga 1594).

Pero pronto estallaron divergencias entre ambos dirigentes, Mauricio de Nassau acusó al gran pensionario de no haberle prestado el apoyo necesario en el sitio de Nieuport (1600). Oldenbarneveldt inquieto por la costosa pérdida de Ostende (set. 1604), por la falta de subsidios y por el restablecimiento de la paz entre Francia (1598) e Inglaterra (1604) con España, obtuvo, gracias a Enrique IV, la firma de la tregua de los Doce años (1609), pensada en un primer momento como uno suspensión momentánea de las hostilidades.

Por el tratado de Amberes (1609), España había reconocido de hecho la independencia de las Provincias Unidas; las siete provincias Holanda, Zelanda, Frisia, Groninga, Utrecht, Overijssel y Güeldres, federadas en el acta de La Haya de 1581 (donde repudiaron la autoridad de Felipe II), formaron una república. Sus instituciones principales eran los Estados generales (con un delegado de cada provincia) y el consejo de Estado (doce miembros más un representante de la casa de Orange); los Estados generales nombraban al almirante, al capitán general y al gran pensionario landsadvocat; había además el cargo de estatúder o gobernador, resto de la organización flamenca, múltiple en teoría, pero que estaba vinculado a la casa de Orange, la cual pretendía monopolizar además los cargos de almirante y capitán general.

A ello se opuso la burguesía republicana pacifista, dirigida por Oldenbarneveldt. Mauricio de Nassau estaba apoyado por el ejército y los pequeños propietarios, partidarios de seguir la lucha contra España. La pugna se agudizó al mezclarse en ella elementos religiosos: choque entre arminianos y gomaristas; protegidos estos últimos por el estatúder; este consiguió que el gran pensionario fuera arrestado (1616), y tras el sínodo de Dordrecht (1618), que condenó a los arminianos, Oldenbarneveldt fue ejecutado (1619).

Al quedar Mauricio dueño de la situación, reanudó las hostilidades (1621) y la situación fue desfavorable en un principio para los rebeldes. El marqués de Spinola reconquistó Breda. Pero pronto el príncipe Federico Enrique, hermano y sucesor de Mauricio, se apoderó de Hertogenbosch (1629), Venlo, Roermond y Maastricht (1632). Su acción fue posteriormente facilitada por la alianza francesa (1635): los Países Bajos españoles quedaron entonces atenazados por los aliados. En el mar, el almirante Tromp destruyó la flota española en la batalla de las Dunas (1639). España agotada por una guerra multifrontal, entró en negociaciones con los rebeldes; estas desembocaron en la paz de Münster (15-V-1648), por la que, después de 80 años de lucha, España renunciaba al dominio de las Provincias Unidas.

Países Bajos en los ss. XVII y XVIII

Los Países Bajos españoles (1598-1713)

Felipe II intentó solucionar el problema de los Países Bajos con el establecimiento en ellos como soberano de un miembro de su familia. Se afirmó que su hijo, el infante Carlos, se había puesto en contacto con los rebeldes en contra de su padre, por lo cual este decidió encarcelarle (en 1568), pero la historia no está clara.

El rey pensó casar a su hija Isabel Clara Eugenia con el archiduque Alberto de Austria y entregarles la soberanía de los Países Bajos Acta de cesión, 6 mayo 1598) con la condición de que si morían sin herederos, aquellos revertirían a España. Pero, evidentemente, las Provincias Unidas no aceptaron el arreglo. y la guerra siguió hasta que se llegó a la tregua de los Doce años (1609).

Durante el gobierno de los archiduques se llevó a cabo la unificación del Edicto perpetuo, cesaron de convocarse los Estados generales y se intentó apaciguar las divergencias religiosas. En 1621 murió Alberto sin sucesión, con lo que los Países Bajos volvieron a España. Pero Isabel siguió rigiendo el país en calidad de gobernadora hasta su muerte (1633). Al terminar la tregua, tuvo que enfrentarse de nuevo a los neerlandeses, quienes, apoyados por Francia, se apoderaron de importantes plazas.

A pesar de algunos intentos de insurrección contra el gobierno, los Países Bajos, unidos en adelante a la corona española, se vieron arrastrados a todas las guerras en que participó España en el s. XVIII. Tras sucesivas derrotas, se les amputó, en provecho de Francia, primero al Artois —perdido ya en 1640— (tratado de los Pirineos, 1659), después el Flandes valón (tratado de Aquisgrán, 1668), el Flandes marítimo y Valenciennes (paz de Nimega, 1678). En 1692 los franceses sitiaron Namur y, en 1695, el mariscal de Villeroi bombardeó Bruselas.

Ante la posible muerte de Carlos II de España sin sucesión, las grandes potencias decidieron secretamente repartirse el imperio español. En el tercero de los repartos (11-VI-1699), se acordó que los Países Bajos, entre otros territorios pasarían al archiduque Carlos. Pero el monarca, a morir (1700), nombró heredero de todos sus dominios a Felipe, duque de Anjou, nieto de Luis XIV. El rey de Francia, tras declarar vigentes los derechos de Felipe V al trono francés, ocupó varias plazas españolas en que por el tratado de Ryswick podían tener guarniciones los neerlandeses derecho de la Barrera, y obtuvo para los comerciantes franceses (condiciones favorables en el comercio con América. Esto y el incumplimiento del tratado de partición provocó la coalición de Inglaterra, Austria y las Provincias Unidas (Gran alianza de la Haya, 7-IX-1701), que declaró la guerra a Francia (15-V- 1702).

Durante la guerra de sucesión de España, el ejército aliado, dirigido por Marlborough, obtuvo importantes victorias en los Países Bajos: Ramillies (1706) y Oudenaarde (1708) les aseguraron el dominio de aquellos. Al finalizar la guerra y tras los tratados de Utrecht (1713) y Rastadt (1714), España renunció en favor de Austria a los Países Bajos del S, entre otros territorios. Al año siguiente, las Provincias Unidas obtuvieron del emperador la firma del tratado de la Barrera (15 nov.)

Durante el periodo de gobierno español, las dificultades de los Países Bajos se vieron aún agravadas por la depresión económica. Desde el saqueo de 1585, Amberes fue abandonada por numerosos mercaderes, por motivos religiosos, de seguridad, etc.; además, las bocas del Escalda estaban controladas por las Provincias Unidas. Sin embargo, recientes investigaciones han demostrado que se había exagerado la decadencia de los Países Bajos meridionales, los cuales, durante las dominaciones española y austriaca gozaron de una autonomía real hasta mediados del s. XVIII (mantenimiento de las instituciones borgoñonas).

Amberes se repobló en parte con inmigrantes rurales. Los neerlandeses toleraron cierto tráfico por el fuerte de Lille, mediante el pago de licencias. Algunas industrias (imprenta, tapicería, cuero) continuaron prosperando, y el tejido del lino se desarrolló en el llanura plat pays. Amberes continuó siendo un centro bancario importante, gracias a los juros del tesoro español para el pago de las tropas y la corte de Bruselas desplegó una notable fastuosidad. Finalmente, la Contrarreforma católica, dirigida por la Universidad de Lovaina, contribuyó al triunfo de la arquitectura barroca y de la obra pictórica de Rubens, pero no pudo impedir el nacimiento del jansenismo en Lovaina (publicación en 1640 del Augustinus de Jansenius, obispo de Ypres) y su su difusión a través de los Países Bajos.

Los Países bajos austriacos (1713-1790)

En el s. XVIII los soberanos austríacos se preocuparon de la promoción económica de los Países Bajos del S. En 1722, el emperador Carlos VI creó la Compañía de Ostende para el tráfico colonial, que eludió ingeniosamente las dificultades de navegación en el Escalda. La creación de caminos y canales y la emisión a mediados de siglo de una nueva moneda, la corona de plata, favorecieron los intercambios con el exterior.

Pero los Países Bajos no eran más que una parte del conglomerado austríaco. Para asegurar los derechos de sucesión de su hija María Teresa, Carlos VI sacrificó la Compañía de Ostende (1732). Bélgica fue uno de los principales teatros de operaciones de la segunda guerra de sucesión de Austria: los franceses, victoriosos en Fontenoy (1745), la ocuparon hasta la paz de Aquisgrán (1748). Sin embargo, el emperador José II consiguió que los neerlandeses evacuaran las plazas de la Barrera en 1781.

Como todos los gobernantes extranjeros de los Países Bajos, los austríacos intentaron reducir sus particularismos. La función de los Estados provinciales disminuyó, particularmente en Flandes, donde su incompetencia y su injusticia en el reparto de los impuestos provocaron la crisis de 1753. Numerosos privilegios fueron suprimidos por la Junta de administraciones y de asuntos de subsidios, organismo encargado de racionalizar la percepción de los impuestos (1764). Pero, cuando José II, deseoso de controlar el clero y de impedir la introducción de bulas pontificias en el imperio a través de los Países Bajos, hizo expulsar al nuncio (1787) y decidió introducir reformas radicales en la estructura del gobierno de los Países Bajos, se produjo una sublevación.

Las Provincias Unidas en los ss. XVII y XVIII

Las provincias del N, separadas de España y convertidas en república, consiguieron una gran prosperidad, a raíz de su actividad comercial y del desarrollo de su imperio colonial. Durante esos dos siglos, un régimen republicano muy original preservó las libertades municipales y provinciales.

Periodo revolucionario 1714-1815

La filosofía del s. XVIII y las circunstancias locales son elementos fundamentales para la comprensión de los movimientos revolucionarios que estallaron en los Países Bajos. En el N, el desastre de la cuarta guerra con Gran Bretaña y la incapacidad manifiesta de los regentes provocaron el armamento de los burgueses y su organización en compañías de ejercicio, controladas más o menos por los patriotas.

Holanda privó al estatúder del mando de la guarnición de La Haya. Guillermo V se retiró a Güeldres, y en 1787 fue detenido en Guda en una tentativa de golpe militar; pero con el apoyo de Gran Bretaña y de su cuñado, el rey de Prusia, fue restaurado en el trono. Los patriotas huyeron a Francia. En el S, las reformas de José II chocaron con el sentimiento nacional. Van der Noot lanzó un manifiesto al pueblo de Brabante (1789), en defensa de los antiguos privilegios.

Los patriotas belgas, unidos contra la dominación austriaca, se dividieron en federalistas y partidarios de la centralización (Vonck). Pero el emperador Leopoldo II envió tropas contra ellos, y restableció fácilmente el antiguo régimen; las tropas austriacas intervinieron también en Lieja, cuyo obispo había sido expulsado por una sublevación popular en 1789. La monarquía francesa no había apoyado estos movimientos patrióticos, pero la república intervino decisivamente: en 1792 los ejércitos de Dumouriez penetraron en Bélgica y vencieron a los austríacos en Jemmapes; la victoria de Fleurus (1794) les abrió el camino de los Países Bajos.

El obispo de Lieja fue expulsado definitivamente. El patriota Daendels, al frente de la legión bátava, entró en su país (1795), junto a Pichegru, cuyos jinetes húsares capturaron la flota de Helder, retenida por los hielos. Bélgica, Lieja y el S de las Provincias Unidas se convirtieron en departamentos franceses administrados por comisarios (1797), y posteriormente por prefectos (1800). El resto de las Provincias Unidas, transformado en República Bátava en 1795, fue sometido a una pesada indemnización (100 millones de florines). En 1805 Napoleón dictó una constitución y nombró a Rutgen Jan Schimmelpenninck consejero pensionario (1805-1806).

Pero al año siguiente transformó la República Bátava en reino de Holanda, en provecho de su hermano Luis (1806-1810), quien favoreció los intereses comerciales de sus súbditos en detrimento de los el emperador. En 1810, tras haber cedido el imperio el Brabante neerlandés y Zelanda, se vio obligado a abdicar, y el reino pasó a ser administrado directamente por representantes franceses Lebrun, estatúder de los Países Bajos). Estos simplificaron y unificaron la administración al N y al S; el código napoleónico fue introducido en Bélgica e inspiró la legislación neerlandesa.

La industria belga y la agricultura bátava, prósperas ya, se vieron favorecidas por el Bloqueo continental y las necesidades del ejército imperial. Pero la ocupación también trajo consigo consecuencias desagradables: falta de tolerancia religiosa, rigor policíaco, etc. Los impuestos, la conscripción y la censura fueron muy mal soportados, sobre todo en Holanda. Finalmente, el comercio se vio afectado por el Bloqueo continental, mientras los británicos ocupaban las colonias, la derrota de Napoleón en Leipzig (1813) provocó una sublevación, dirigida por Dirk Van Hogendorp, que reconoció la soberanía de Guillermo de Orange, hijo del estatúder desterrado.

La fidelidad al emperador era más viva en Bélgica, donde Carnot organizó la defensa de Amberes en 1814 y donde Napoleón jugó su última carta cuando los Cien días (Waterloo, 18-VI-1815). Pero el congreso de Viena ya había decidido unir Bélgica y Holanda en un reino único de Países Bajos.

Los Países Bajos de 1815 a 1830

Guillermo I concedió una constitución a sus súbditos intentando equilibrar los intereses de unos y otros (igual número de diputados para el N y para el S en la segunda cámara). El congreso de Viena devolvió a los Países Bajos las antiguas colonias de las Provincias Unidas, a excepción de El Cabo.

Dos siglos y medio de vida aparte habían modelado temperamentos nacionales demasiado diferentes para que fuese duradera la unión del N y del S, los católicos flamencos no veían con buenos ojos la intervención de un rey protestante en los asuntos de su clero; además existía un conflicto lingüístico en Valonia, las antiguas rivalidades económicas se reavivaron: Amberes contra Amsterdam, industrias algodoneras de Gante contra industrias algodoneras de Hengelo, agricultores belgas proteccionistas contra comerciales neerlandeses librecambistas.

Los esfuerzos de Guillermo I para permitir a las provincias belgas superar su retraso respecto de las neerlandesas (obras públicas) no apaciguaron su descontento. En 1828 los católicos flamencos y los liberales valones se coaligaron; el 25-VIII-1830 estalló un motín en Bruselas. Las tropas neerlandesas, sitiadas en el Parque, capitularon. La independencia de Bélgica fue proclamada el 4.X-1830. El nuevo estado, patrocinado por Gran Bretaña y Francia, escogió como soberano a Leopoldo de Sajonia-Coburgo.

Guillermo I aceptó reconocer las fronteras de Bélgica en el tratado de Londres, que dio Maastricht a los Países Bajos y convirtió parte de Luxemburgo en posesión personal de su rey. Pero en 1890, debido a la regla de sucesión por línea masculina, el principado de Luxemburgo pasó a una rama colateral de la familia Orange-Nassau, con lo que quedó separado del reino de Países Bajos.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 17 págs. 8179-8184.