Dinastía Carolingia

Historia de la dinastía

De Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana

Pipino el Breve (752-768) es conocido por sus luchas contra los duques de Aquitania, a quienes no pudo someter por completo, y contra los sajones y los árabes; por haber confirmado a los pontífices en la posesión de Roma y ensanchado los dominios de aquellos a costa de los lombardos y de los emperadores de Oriente, y, sobre todo, por ser el padre de Carlomagno que ha dado nombre a la dinastía carlovingia. Hábil conquistador y organizador, y considerado como uno de los grandes genios de la humanidad, Carlomagno (768-814) quedó solo en el trono en 771, por muerte de su hermano Carlomán I y fue coronado emperador de Occidente en 800.

Con la destrucción del reino de los lombardos, cuya corona de hierro se ciñó, con la conquista y conversión de los sajones y la sumisión de los ávaros y de los húngaros, creó un inmenso imperio que se esxtendía desde Roma a Jutlandia y desde el Oder y el Tisza al Ebro. Aunque los países comprendidos dentro de estos límites estuvieran lejos de formar el mismo conjunto que el constituidos después de Teodosio, Carlomagno, proclamado Augusto en Roma por el Papa, se tuvo por sucesor de los césares y quiso resucitar aquella época.

Para fomentar las letras y las artes se dirigió a Constantinopla, donde creía encontrar intactas las tradiciones de la antigüedad. De allí llegaron artistas que practicaban la pintura y la arquitectura llamadas bizantinas y de ellos tomó modelo la arquitectura románica. Ludovico Pío, para quien su padre Carlomagno constituyó momentáneamente un reino en Aquitania, hubo de emplear gran parte de su reinado (914-840) en reprimir las sublevaciones de sus hijos, para los cuales había dividido el Imperio en tres reinos. Uno de ellos, que separaba a los dos restantes, tomaba de Galia una gran sección longitudinal limitada por el Escalda, el Mosa, Los Vosgos, el Saône y el Ródano, hecho que, después de la muerte de Ludovico y de la sangrienta batalla de Fontanet, librada entre sus hijos, quedó consagrado por el célebre tratado de Verdún (843).

De oeste a este, los territorios surgidos del tratado de Verdún del 843: la Francia, la Francia Media y la Francia Oriental.De oeste a este, los territorios surgidos del tratado de Verdún del 843: la Francia, la Francia Media y la Francia Oriental.

La sección longitudinal antes referida se dividió en varios Estados: Borgoña, Cisjurana, Arles, BorgoñaTransjurana, Lorena, Flandes, etc., los dos primeros de los cuales volvieron a Francia; pero los demás quedaron sometidos a la influencia alemana y solo en parte y por poco tiempo permanecieron unidos al Estado francés. Así quedó formada Francia tal cual es hoy, cuyo primer monarca fue Carlos II El Calvo (840-877)), emperador en los dos últimos años de su vida, quien no supo defenderla contra las invasiones de los normandos que, remontando los ríos en sus barcas, devastaban los campos, degollaban o se llevaban a los habitantes del país, incendiaban las ciudades, saqueaban y destruían los monasterios.

Para contenerles, permitió Carlos II en 864 a los duques y señores que edificaran, en todos los puntos favorables, fortalezas que sirvieran a los nobles para erigirse pronto en pequeños soberanos casi independientes y reclamar carácter hereditario para su privilegios, exigencia a que accedió el débil monarca en su capitular de Quiercy-sur-Oise, verdadera carta de fundación del feudalismo. Los reyes carlovingios tenían en tan poco aprecio a París, que se desprendieron de esta ciudad como de muchas otras para constituir beneficios o feudos en favor de los principales señores de la corte.

A Carlos el Calvo sucedieron Luis II el Tartamudo (877-879), Luis III de Francia y Carlomán III (879-882 y 884) y Carlos III El Gordo, emperador de 884 a 887, depuesto por su cobardía frente a los normandos, contra los cuales defendió, en cambio, valerosamente su caìtal Eudes, duque de París. Eudes, llamado al trono, a pesar de no ser de estirpe real, lo ocupó de 887 a 898 y lo compartió en 896 con el heredero legítimo. Carlos III, quien hasta su muerte, ocurrida en 929, tuvo, además, por colegas y a intervalos por sustitutos a otros dos príncipes de la familia ducal de París, Roberto I (922-923) y Raúl I (923-936), quien le sobrevivió. Carlos III El Gordo dio fin por un tratado de Saint-Claire-sur-Epte (912) a las depredaciones de los normandos, cediéndoles para establecerse la región que se llamó Normandía y que desde un principio figuró entre los grandes feudos.

Este fue el último servicio digno de nota que prestó a Francia la dinastía carlovingia. Se extinguió a su vez, más no por su indolencia, sino por su política, pues a fuerza de crear feudos, no se reservó más que Laon, donde reinaron nominalmente sus tres últimos representantes Luis IV de Ultramar (936-954), Lotario II (954-986) y Luis V El Holgazán (986-987). A su lado, los duques de París o de Francia, redeados de autoridad por sus hazañas, eran más poderosos que sus señores. Hugo el Grande, hijo de Roberto I, ejerció sobre aquellos una tutela semejante a la de los mayordomos de palacio de los merovingios, y en 987 el hijo de Hugo el Grande, denominado Hugo Capeto, se creyó bastante fuerte para apoderarse de la corona. Su sobrenombre es el que lleva la tercera dinastía que, por medio de distintas ramas, continuó hasta la instauración de la República.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, T. 24 págs. 945-955.