Eduardo I [IV] de Inglaterra

Datos biográficos

Dinastía: Plantagenet
Rey de Inglaterra: 1272-1307
Nacimiento: 1239
Fallecimiento: 1307
Predecesor: Enrique III
Sucesor: Eduardo II

Biografía

También llamado Eduardo IV por algunos autores, n. en Westminster en 1239 y m. en Burgh (condado de Cumberland) en 1307; fue hijo primogénito de Enrique III y de Leonor de Provenza, subiendo al trono en 1272, cuando contaba treinta y siete años de edad. Era de elevada estatura, brazos nervudos y muy largos proporcionalmente y piernas también excesivamente largas, por lo que se le llamó Long Shancks (piernas largas).

Eduardo I (a la derecha) rindiendo homenaje a Felipe IV de Francia.Eduardo I (a la derecha) rindiendo homenaje a Felipe IV de Francia. Como duque de Aquitania, Eduardo I era un vasallo del soberano francés.

Es una de las primeras figuras políticas de Inglaterra, pues durante su vida demostró ser un verdadero hombre de Estado, un esforzado caudillo y un diplomático muy hábil. Durante su tiempo promulgó importantes reformas introducidas en la legislación, conocidas con el nombre de los Estatutos de Eduardo I, que en su estructura tienen ya el carácter de leyes modernas. El primero de dichos estatutos, llamado Estatuto de Westminster (1275), aseguró los derechos del pueblo y de la Iglesia; el de 1276 ó de Rageman, mejoró la ley de violación; el de Gloucester (1278), trató de uniformar la justicia; el de Mortmain, de 1279, puso trabas a la adquisición de tierras por parte del clero; los de 1283 y 1284, conocidos respectivamente por el de los Comerciantes y de Rhuddlan de Gales, dieron facilidades para el cobro de los créditos, simplificando, además, la labor de la justicia.

En 1283 dio los dos famosos estatutos de Westminster y de Winchester, sobre mayorazgo y los deberes de patrulla y ronda, y en 1290 dictó el tercer estatuto de Westminster, conocido por el nombre de Quía emptores, en el que se trata de la enajenación de las tierras, limitando la concesión de nuevos feudos. En algunos años aumentó la importancia territorial de sus Estados con las conquistas del principado de Gales y de Escocia, siendo digna de admiración la habilidad que desplegó en esta conquista, con la que supo aprovechar las disensiones intestinas de aquel país para someterlo a su autoridad.

Se esforzó para substraerse a las obligaciones que le imponía la Gran Carta, que le costaron la oposición de la nobleza y del clero que, aprovechando la situación crítica del monarca, empeñado en la guerra contra Felipe el Hermoso de Francia, le reusaron toda clase de subsidios y hasta su auxilio y asistencia personal en la guerra; ante tal oposición el monarca tuvo que ceder y confirmar los privilegios que concedía la Gran Carta (1297).

Eduardo había encontrado un adversario digno de él en la persona del rey de Francia; este procuró arrebatarle la soberanía de la Aquitania o, por lo menos, que la soberanía inglesa sobre las provincias del SO. fuera puramente ilusoria. Con gran destreza Eduardo suscitó a Francia la hostilidad del conde de Flandes que, durante la lucha que tuvo que sostener con él, desarmó a Felipe el Hermoso frente a su vasallo de Inglaterra, con quien, por último, se reconcilió bajo la base del statu quo aute, por los casamientos de su hijo Eduardo II con Isabel, hija de Felipe, y el del propio Eduardo I con Margarita de Francia, su hermana, el cual en primeras nupcias había casado con Leonor de Castilla, de la que había tenido 13 hijos.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 19 págs. 104.