Historia de Dinamarca

Índice

Introducción
La unión de Kalmar
Reino de Dinamarca y Noruega
Reino de Dinamarca

Introducción

La historia propiamente dicha de Dinamarca no alcanza a más de un millar de años. Quedan, de una época más antigua, restos de antigüedades y además noticias en las crónicas romanas, francesas e inglesas. La literatura de los sagas que florece en Islandia durante la Edad Media, es muy rica, pero poco fidedigna. Lo único que se sabe es que primitivamente hubo un pueblo que trabajaba la piedra y que sostenía relaciones comerciales con los fenicios y otros pueblos del Mediodía. De estos recibió los instrumentos de bronce y, más tarde, los de hierro.

Antes de la emigración de los bárbaros se hallaba ya habitada por pueblos germánicos. En las islas habitaban los hérulos, en la península los sajones, los anglos, los varnios y otras tribus afines. A fines del siglo V y a primeros del VI invadieron los daneses las islas sometiendo a los hérulos. El pueblo jutlándico aparece por primera vez en la historia de 540 a 550. En pos de la emigración de los anglos, sajones y varnios y parte de los jutlandeses, comienza a tomar su verdadero carácter la historia del país.Los daneses ocuparon también el N. y el E. de Jutlandia, de modo que los naturales de este país quedaron reducidos al Centro y al O., ocupando luego el Schleswig y hasta la frontera de Frisia. De este modo, nacieron muchos pequeños Estados daneses, desde el Rider hasta el límite de las actuales provincias suecas de Halland, Schonen y Bleking.

Godofredo (804-810), que combatió contra Carlomagno, reunió todas las poblaciones danesas bajo su autoridad. Al morir, estallaron disensiones entre varios pretendientes a la corona. Harald Klag, uno de ellos, pasó a Alemania y se hizo bautizar en Maguncia en 826. Las predicaciones de Ansgar (m. en 865) no pudieron desarraigar el paganismo danés con el culto de Odín y la diosa Aves. Los daneses paganos junto con los normandos, eran temidos como piratas (Vikings) en las costas de Francia y de Inglaterra.

La historia danesa comienza a tomar carácter de veracidad con Gorm el Viejo (900-935), que reunió bajo su dominio los territorios daneses. En 934 hubo de ceder a Enrique I de Alemania la marca de Schleswig. Su hijo Harald del Diente Azul fue obligado en 975 a declararse feudatario de Otón II de Alemania, quien le persiguió hasta Limfjord. Sus sucesores Sven Gabelbart, y sobre todo Canuto el Grande, dieron el mayor impulso a la grandeza del país con la conquista de Inglaterra y Noruega y la recuperación del Schleswig, a la vez que el cristianismo se hacía religión nacional. Aquellas conquistas fueron efímeras, emancipándose Inglaterra y Noruega.

Al fallecer sin sucesión Harthaknut, hijo de Canuto, en 1042 paso el reino al dominio de Magno el Bueno, de Noruega (1042-1047). Le sucedió Svond Stridsen (1047-1076), sobrino de Canuto y fundador de la dinastía de los Ulferigos. Le sucedieron sus hijos Harald Heid (1076-1080), Canuto IV el Santo (1080-1086), Olaj Henger (1086-1095), Erico Ejegod (1095-1103), y Niels (1104-1134).

Canuto Laward, hijo de Erico Ejegod, fue duque de Jutlandia y nombrado rey de los obotritos por el emperador Lotario. Al ser asesinado en 1131 por Magno Nielsen, hijo de Niels, estalló una guerra civil, hasta que Valdemar II el Grande, restableció la paz y la unidad del país (1157-1182). Este soberano reconoció la soberanía de Federico Barbarroja, pero su hijo Canuto VI (1182-1202), se declaró independiente.

Con auxilio del príncipe prelado Absalm emprendió una serie de conquistas apoderándose de Rugen, parte de Pomerania, Mecklemburgo, Holstein, proclamándose Canuto rey de los daneses y eslavos. Valdemar II proyectó la creación de un Imperio Báltico y obligó, en 1214, a Federico II a cederle los territorios hasta el Elba y el Elda en Alemania. En 1219 se apoderó de Estonia. Habiendo ofendido a Enrique de Schwerin, fue sorprendido por este en una cacería en Lejö de Fionia y hecho prisionero, siendo llevado a Mecklemburgo en 1223.

Mientras los alemanes derrotaban al ejército danés en Möllo, hubo de abdicar Valdemar sus derechos a los territorios del Imperio en 1225. Una nueva tentativa de recuperarlos le llevó a la derrota del Bornhoveda en 1227. El nombre de Valdemar merece citarse, no solo por sus conquistas, sino por las reformas tributarias y de justicia que impulsaron el bienestar y la riqueza del país. Al fallecer Valdemar 1241 comenzó una guerra civil que debía durar cien años.

Sus tres hijos, Erico IV, Abel y Cristóbal I fueron asesinados. Les sucedieron Erico V que fue asesinado por la nobleza, y Erico VI Menved (1286-1319), que hubo de sostener una lucha con el rey de Suecia, que por todos los medios quería asesinarle, y contra el clero y sus usurpaciones. Habiendo fallecido sin sucesión, reinó su hermano Cristóbal II (1319-1332) que firmó la capitulación llamada Hand-feste, por la que se limitaba el poder real y se reconocía el poder de los Estados.

Los sucesores del rey Abel se rebelaban en tanto en el S. de Jutlandia, sostenidos por los condes de Schauenberg en Holstein. Estos consiguieron sentar en el trono de Dinamarca a su protegido el duque de Schleswig con el nombre de Valdemar III. Sin embargo, el verdadero árbitro de Dinamarca, fue el conde de Holstein, llamado Gerardo al Grande, hasta que fue asesinado por Niels Ebbesen en 1340.

Elegido rey Valdemar IV Atterdag (1340-75), no consiguió recuperar los territorios perdidos de momento, y aun hubo de ceder Estonia en 1346 a la orden Teutónica para entrar en posesión de las tierras danesas que aquella tenía embargadas. Restableció el prestigio real aumentando sus tropas con soldados alemanes mercenarios, y en la dieta de Kalundborg de 1360, ganó para sí la nobleza. Declaró la guerra a los suecos Fernando Schoneu, Blekinge y Halland, y en 1361 saqueó e incendió la ciudad hanseática de Wesby.

Estas depredaciones trajeron una guerra sangrienta, y los de la Hansa entraron en Dinamarca ocupando Copenhague, mientras el rey guerreaba fuera del país, debiendo firmar los Estados una paz precaria. Habiéndose extinguido la posteridad de Abel, quiso Valdemar reivindicar el feudo de Schleswig. Al fallecer en 1375, hubo de ceder su hija Margarita el ducado en feudo hereditario a Gerardo VI, con título hereditario.

La unión de Kalmar

Territorios de la Unión en 1400 y comienzos de 1500.Territorios de la Unión en 1400 y comienzos de 1500.

Margarita se desposó con el rey Haakon de Noruega, del que tuvo un hijo, Olaj, que heredó los derechos de su abuelo Valdemar y su padre Haakon, actuando Margarita como regente de Dinamarca y Noruega desde 1387. Habiendo también sido reconocida como soberana en Suecia, hizo reconocer a Erico XIII de Pomerania como rey, y efectuó en Calmar la Unión de los tres reinos, conservando cada uno su autonomía.

En 1412 se posesionó del trono Erico, que no tardó en entrar en guerra con los condes de Holstein, acerca del dominio del S. de Jutlandia. Al fin convinieron ambas partes en referirse a la sentencia arbitral de Segismundo de Alemania, que, en 1424, decidió en favor del monarca danés. No se sometieron los condes de Holstein y así, en 1433, hubo de acceder Erico a una transacción.

A todo esto estallaron desórdenes en Suecia, y la nobleza danesa se sublevó contra el rey, que fue depuesto en 1439. Su sobrino y sucesor Cristóbal III reinó sólo pocos años. Los suecos eligieron por rey a Carlos VIII Knutsen y los daneses a Cristián I, antes conde de Oldenburgo y Delmenhorst. Este fue reconocido en Noruega, el Schleswig y Holstein, pero en Suecia no se aceptó su elección y aun fue derrotado en Blankenberge.

Su hijo Juan I, que le sucedió en 1481, logró, transitoriamente, dominar en Suecia, pero tuvo constantemente por enemigos, no sólo a los suecos, sino a las ciudades hanseáticas, que en su propio interés comercial no querían ver formarse un poderoso reino unido escandinavo. Al ascender al trono Cristian II, en 1513, se disolvió la Unión de Calmar, separándose Suecia y quedando unido a Dinamarca el reino de Noruega, las Faroe e Islandia. La impopularidad del rey, fue causa de su destronamiento, sucediéndole su tío Federico I, que reunió bajo su dominio Dinamarca, Noruega y todo el Schleswig-Holstein.

Reino de Dinamarca y Noruega

Por este tiempo penetró la Reforma en el país, dando lugar a una viva controversia y un activo movimiento intelectual y no solo exclusivamente teológico. A la muerte del rey estalló una guerra civil, en 1533 donde tomaron parte todas las clases sociales y las sectas religiosas. Las ciudades de la Hansa, y principalineple Lubeck, al mando de su burgomaestre Wullenweber, tomaron parte en la contienda, en la que no tardó en inmiscuirse Suecia y otros países del Báltico. De los partidos en lucha, uno de ellos, el dirigido por el conde de Oldenburgo, pretendía la restauración de Cristián II, mientras que el otro proclamaba al duque Cristián de Schleswig-Holstein, hijo del difunto rey Federico. En pos de una sangrienta campaña ascendió al trono el último con el nombre de Cristián III, en 1536. Su obra culminante fue la introducción del protestantismo, gracias a la energía de su consejero Juan Bugenhagen. Al mismo tiempo se efectuaba una renovación en las relaciones constitucionales.

La condición de los aldeanos había empeorado durante las últimas luchas, convirtiéndose en una especie de esclavitud. La influencia de los Estados jamás había sido de peso y la del clero se acababa de desvanecerse con la Reforma. No quedaba en pie como cuerpo social más que la nobleza, enriquecida ahora con el despojo de las confiscaciones eclesiásticas. La política del monarca fue la transmisión de estos bienes a la Corona y la restauración de su poder mediante el concurso de la nobleza de Holstein. La única significación política estaba concentrada en el Consejo de la Corona, compuesto de altos empleados y de nobles elegidos por el monarca. Frente a este alto cuerpo, la misma influencia regia era escasa.

En las capitulaciones de Cristian I, se proclamaba Dinamarca un reino electivo y cada nuevo monarca debía comprar su elevación al trono con concesiones al Consejo. Este se mostraba cada vez más exigente, absorbiendo los derechos y las posesiones del soberano. Cristián III y su hijo Federico II, habían debido partir los ducados de Schleswig-Holstein con sus hermanos menores, de modo que, junto a la parte real (denominada más tarde Holstein-Gluckstadt), había la parte ducal de Holstein-Gottorp y varios señoríos independientes que correspondían a la línea de Sonderburg. El poder real se reducía gradualmente a una sombra.

Al mismo tiempo las fuerzas del país se agotaban en guerras contra Suecia, cuyo engrandecimiento se veía con malos ojos. Federico II sostuvo contra ella una guerra de Siete Años, llamada también de las Tres Coronas, sin obtener ninguna ventaja Su hijo Cristián IV (1588-1648), comenzó de nuevo la guerra contra Suecia, apoderándose de Calmar y Oland, que, sin embargo, hubo de restituir a Suecia por la paz de Knared, en 1613. Como jefe de los Estados de la Baja Sajonia, tomó parte en la guerra de los Treinta Años, siendo derrotado en 1626 por Tilly, en Luther, y recibiendo del emperador, en 1629, los países que había perdido.

Cuando la invasión de Gustavo Adolfo, hubo de abandonar al ejército sueco victorioso el dominio del mar Báltico y de la Alemania del Norte. En 1613 y a causa de la actitud hostil de Dinamarca, fue invadida por Torstensson, que penetró en el Holstein, Por la paz de Bromseho se vio obligada aquélla, en 1645, a ceder a los suecos las provincias de Jamtland y Herjedale y las islas de Gotland y Osel.

Federico III (1648-70) fue todavía más desgraciado, pues el rey Carlos X de Suecia se apoderó de todo el territorio danés, viéndose obligado aquel monarca, en 1658, a firmar la desastrosa paz de Roskilde. El auxilio del Gran Elector Federico Guillermo de Brandeburgo y de la flota holandesa, le permitió reanudar la guerra, que acabó en 1660 por la paz de Copenhague. En ella perdía Dinamarca los países de más allá del Sund, o sea Schonen y Blekinge, Halland y Bohuslan. También hubo de renunciar a su soberanía al ducado de Schleswig.

Estos desastres repercutieron en la política interior. Para remediar los males del país se convocaron en 1660 los Estados de Copenhague, que no tardaron en disolverse por la negativa del Consejo de la Corona y la nobleza a ceder lo más mínimo en sus privilegios. El clero y el estado llano, acaudillados por el obispo Svane y el burgomaestre Nansen de Copenhague traspasaron al rey la plena soberanía hereditaria, lo que la nobleza no osó contradecir, a causa del carácter amenazador del pueblo. Se promulgó entonces una nueva Constitución con el título de Ley Real, redactada por el consejero Pedro Schumacher (después conde Griffen Feldt) y que fue jurada por el monarca en 1665.

Este documento fue la confirmación del absolutismo, pues con la prohibición de enajenar o dividir el reino y la obligación de residir en él y profesar la religión luterana, se le daba en lo demás omnímodas facultades. La Corona quedó vinculada en la posteridad, así masculina como femenina, de Federico III. Sin embargo, en la práctica fue muy moderado este absolutismo. Se gobernó por colegios o juntas y se respetó la independencia del poder judicial. La nobleza conservó todavía grandes privilegios y la ciudad de Copenhague quedó en una situación especial de preeminencia respecto a las demás como capital del reino. Con la nueva Constitución se restauraron las fuerzas del país y los sucesores de Federico III comenzaron a pensar en su engrandecimiento. Su política continuó, como durante el pasado a dirigirse contra Suecia y los duques de Schleswig-Holstein Gottorp, teniendo por objeto recuperar las posesiones de más allá del Sund y toda la parte del Schleswig.

Cristián V (1670-99) no pudo lograr resultado alguno en este sentido. En cambio, mediante acuerdo con los herederos más próximos, consiguió ganar para la Corona los condados de Oldenburgo y Delmenhorst. Su actividad legislativa se demostró en el Código de 1683. Le sucedió su hijo Federico IV (1699-1730), que mejoró la condición de los aldeanos y abolió los siervos en 1702. Su campaña contra Carlos XII de Suecia en la guerra del Norte, fue del todo infortunada y en la paz de Travendal hubo de reconocer todas las posesiones de la primera que un tiempo fueron de Dinamarca (1700). De nuevo en guerra contra Suecia en 1709, obtuvo, en la paz de Frederiksberg, la cesión de la parte de Gottorp en el ducado de Schleswig-Holstein. Los reinados de Cristián VI (1730-46), de Federico V (1746-66) y de Cristián VII (1766-1808), transcurrieron pacíficamente.

Cuando Pedro III de Rusia, duque de Holstein-Gottorp, quiso reivindicar sus derechos hereditarios, se vio Dinamarca amenazada de una guerra, que sólo evitó la temprana muerte de aquél. Su hijo Pablo, por mediación de la regente Catalina II, firmó en 1767 un tratado por el que cedía sus posesiones de Holstein-Gottorp a cambio de Oldenburgo y Delmenhorst. También los señoríos de la línea de Sonderburg y el condado de Rantzau pasaron a la corona de Dinamarca, que en 1779 reunió todo el Schleswig-Holstein con excepción del ducado de Augustenburg.

En la segunda mitad del siglo XVIII se señaló Dinamarca como lo restante de Europa por el régimen conocido por el nombre de despotismo ilustrado. Como ministros célebres, deben citarse Juan Ernesto Bernstorff (1750-70), el violento Struensee y Andrés Pedro Bernstorff (1773-80) y (1784-97). Con el gobierno del último floreció la legislación danesa, a la que comunicó un impulso que persistió después de su fallecimiento. Los aldeanos fueron emancipados en 1788, se fundó la enseñanza popular, se limitaron los privilegios de la nobleza, se abolió la esclavitud en 1803, se efectuaron reformas de toda clase y prosperó la agricultura, la industria y el comercio.

No tardaron en venir años calamitosos para Dinamarca. Mientras vivió Bernstorff, supo conservar la neutralidad en las guerras de Francia e Inglaterra. En cambio Federico VI, regente desde 1784 y rey en 1808, no estuvo a la altura de su misión. Entró pronto en un conflicto con Inglaterra por pretender conservar la neutralidad armada. En 1801 tuvo lugar un glorioso combate naval en Copenhague, y se envió un cuerpo de ejército al Holstein a sostener la neutralidad. Estas costosas medidas no salvaron la situación que exigía imperiosamente que Dinamarca tomase partido por uno u otro de los beligerantes. Inglaterra proponía una alianza, y como el gobierno danés la rechazase, se presentó una escuadra inglesa ante Copenhague exigiendo la rendición de la flota. Al negarse el gobierno a aquella intimación, abrieron el fuego los ingleses contra Copenhague, que fue bárbaramente bombardeada durante cuatro días (del 2 al 5 de septiembre de 1807), consiguiendo una capitulación que les hizo dueños de la flota.

Reino de Dinamarca

Federico VI se echó entonces en brazos de Francia, entrando en el bloqueo continental y luchando contra Inglaterra y Suecia, hasta que Napoleón comenzó la serie de sus reveses. En 1813 un ejército aliado al mando del príncipe real de Suecia ocupó el Schleswig-Holstein. La paz de Kiel de 1814 hizo que cediera Dinamarca la isla de Heligoland a Inglaterra y el reino de Noruega a Suecia, con excepción de Islandia y las Faroe. En cambio obtuvo Dinamarca la posesión de la Pomerania sueca, que fue poco después cedida a Prusia a cambio del ducado de Lauenburgo. La posesión de este país y del Holstein hizo que en 1815 entrase Dinamarca a formar parte de la Confederación Germánica.

La situación interior del reino no podía ser más crítica por los gastos de la guerra y la paralización del comercio, que amenazaban con una bancarrota general. Para hacer frente a ella se impuso un tributo de 6 por 100 sobre el valor de todas las propiedades y se creó en 1813 el Banco de Dinamarca. Comenzó al mismo tiempo una reacción nacional contra la literatura, los usos y costumbres alemanes, y se comenzaron a reclamar reformas en todas partes. La nobleza de Schleswig-Holstein en particular, fue la que más hizo oír su voz en este sentido, pero sin conseguir que fuese escuchada, por lo que llevó sus quejas a la Confederación Germánica.

La revolución francesa de 1830 abrió al fin los ojos del gobierno sobre la necesidad de hacer concesiones, y así en 1831 y en 1834 se crearon dietas provinciales para las islas danesas en Roskilde (Seeland), para Jutlandia en Wiborg, para Schleswig en la ciudad de este nombre, y para Holstein en Itzehoe. Lauenburgo conservó sus antiguas instituciones representativas. Al propio tiempo se separó la justicia de la administración. Schleswig y Holstein recibieron un tribunal supremo en Kiel y un gobierno provincial en Gottorp.

Al fallecer Federico VI y ascender al trono su primo Cristián VIII (1839-48), se declaró en abierta oposición el partido liberal acaudillado por Orla Lehmann, Monrad, Clausen y Plong. Este partido, llamado nacional liberal (Eiderdänen), abogaba por la introducción del idioma danés en el Schleswig del Norte y por la unión de los tres reinos escandinavos.

Territorios de Schleswig y del Holstein.Territorios de Schleswig y del Holstein (1863).

Entretanto los habitantes de Schleswig y del Holstein protestaron contra toda separación de ambos países para anexionar el primero a Dinamarca y aun pretendieron el derecho a la independencia en caso de extinguirse la posteridad masculina de la dinastía danesa. Para obviar este último peligro hizo el monarca en 1846 una declaración pública en que se proclamaba la posteridad femenina capaz de mandar o reinar sobre el Holstein. Contra esta declaración se levantaron los agnados de la casa real, los Estados de Holstein y la Dieta Germánica. También se ocupó el rey en la formación de un proyecto constitucional.

Federico VII, su hijo y sucesor (1848-63), lo continuó y publicó, pero la revolución francesa de 1848 que tuvo su eco en Dinamarca, impidió llevarlo a la práctica. El nuevo monarca se vio obligado a formar un ministerio liberal y declaró que estaba dispuesto a conceder una Constitución para Holstein como Estado de la Confederación Germánica, pero que el Schleswig debía quedar incorporado si bien que con una dieta y una administración propia. Esto dio la señal de la guerra de los ducados (1818-50) en que los países de Schleswig y Holstein lucharon contra Dinamarca, primero con auxilio de Alemania y luego solos, cuando aquellas potencias firmaron la paz de Berlín en 1850. Prusia y Austria intervinieron en 1851, disolviéndose el ejército de Schleswig-Holstein y siendo entregado este país a Dinamarca en 1852.

La casa Glücksburg

Entretanto los liberales habían hecho lugar en el gabinete a elementos moderados del antiguo régimen que hicieron la paz con Alemania. Esta reconoció la teoría de la unidad nacional danesa con la incorporación del Schleswig y el Holstein bajo la base de la autonomía y la igualdad de derechos. Suecia, Prusia y las demás potencias no tardaron en adherirse a esta declaración. El protocolo de Varsovia designó a Cristián de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg como sucesor al trono en la monarquía común, asintiendo al mismo Dinamarca y Rusia.

El protocolo de Londres de 1852 reconoció lo mismo, asintiendo Suecia y las grandes potencias. Los cognados de Dinamarca renunciaron en su favor, y los reyes y el Parlamento danés en 1853 asintieron también. Ni los agnados de Schleswig-Holstein, ni los Estados de este país fueron consultados. Durante la guerra se había reunido en Dinamarca una asamblea constituyente que sancionó la Constitución democrática de 1849, que reconocía el sufragio universal y las libertades políticas. La Constitución quedó limitada por las necesidades del reino en 1855, otorgándose al Schleswig y Holstein estatutos particulares de pocas garantías liberales.

Entretanto comenzaba para el reino una vida muy activa. Se dibujaron dos tendencias políticas: una, Ia de los liberales nacionales, y otra la de los demócratas, más nacionalista la primera y más reformadora la última. Los elementos conservadores y reaccionarios retirados de la vida pública desde 1848 sostenían por bajo mano a los elementos moderados. Para arreglar las cuestiones de la monarquía común se convocó una Asamblea de notables, que se reunió en Flensburg sin resultado en 1851. Después de un acuerdo previo con las potencias alemanas, se dictó una proclamación real en 1852 que dejaba la guerra, marina, hacienda y relaciones exteriores a cargo de ministerios comunes. Para el reino de Dinamarca había además tres ministerios: Justicia, Interior y

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