El Consulado, 1799-1804

La revolución se hallaba terminada , si no en cuanto a sus efectos, por lo menos en cuanto a sus manifestaciones agudas. Se aprobó la Constitución del año VIII, y aun cuando se nombraron tres cónsules, Bonaparte, con el título de primer cónsul quedó en realidad dueño del poder. Este periodo del Consulado duró hasta el 18-V-1804, fecha de la proclamación del Imperio, y en él tuvieron lugar una organización racional del país con arreglo a los nuevos principios, la creación de la Legión de Honor, la firma de un concordato con la Santa Sede; la guerra de Italia, coronada con la gloriosa victoria de Marengo; las paces firmadas con Austria (Luneville), con Inglaterra (Amiens) y con otros varios países de Europa; la venta de la Luisiana a los Estados Unidos; la pérdida de Haití y la declaración del carácter vitalicio del Consulado.

El Imperio, 1804-1814

El 18 de mayo de 1804 el Senado propuso la creación del Imperio; Napoleón fue proclamado emperador de los franceses, haciéndose en la Constitución las necesarias alteraciones, y el 2 de diciembre se coronó a sí mismo en presencia del Papa, a quien había llamado a París para consagrarle, a imitación de los antiguos emperadores.

HMS Victory después de la batalla de Trafalgar.HMS Victory después de la batalla de Trafalgar. Considerada una de las batallas más decisivas de la historia, la victoria británica detuvo los esfuerzos de Napoleón de invadir Gran Bretaña.

La serie de guerras que desde entonces constituyen la parte más saliente de la historia de Francia, pueden verse en el artículo Napoleón. Aquí solo se hará un ligero resumen del estado interior de Francia durante su reinado. En materias económicas, Bonaparte ordenó la Hacienda, restableció los impuestos indirectos e hizo promulgar un Código de Comercio que prestó grandes servicios. Las obras públicas recibieron extraordinario impulso; se construyeron puertos, canales y carreteras; las grandes ciudades fueron objeto de importantes mejoras, especialmente París.

La industria se desarrolló de un modo considerable gracias a la protección oficial, a los premios otorgados a los inventores y a las Exposiciones, y para la instrucción se creó el régimen centralista de la Universidad de Francia y muchos otros centros de enseñanza. En lo político, Francia llegó al apogeo de su poder histórico, pues además de la magnitud de sus dominios, ejerció una influencia inmediata en buena parte de la Europa nominalmente independiente. La ambición siempre creciente de Bonaparte unió, empero, a toda Europa contra él. La misma Francia se cansó del continuo estado de guerra que le imponía, empobreciéndola y desangrándola, y al eclipsar su estrella militar, buscó ansiosa otro gobierno que le procurase una tranquilidad que hacía un cuarto de siglo le faltaba.

La Restauración, 1814-1830

Abandonado, mas que vencido, Napoleón, Luis XVIII entró en París el 3-V-1814 y después de concluir con los aliados el tratado que reducía a Francia a sus fronteras de 1792, con pequeños aumentos, y le devolvía sus colonias, otorgó una carta Charte, imitación de la Constitución inglesa; pero apenas había tenido tiempo de organizarse el nuevo estado de cosas, vino a perturbarlo la tentativa de Napoleón, denominada de los Cien Días, porque esta fue la duración de aquella restauración, que terminó en el desastre de Waterloo y el destierro de Bonaparte a Santa Elena, no sin producir a Francia un empeoramiento en las condiciones de paz.

Muchos de los que habían secundado a Napoleón fueron castigados con rigor; pero el nuevo gobierno no supo conciliar la justicia con la piedad, y la opinión pública vio con disgusto los fusilamientos del mariscal Ney, el valiente entre los valientes, y del joven coronel Labédoyère, que había entregado su regimiento a Napoleón en la marcha de este a París.

Al mismo tiempo se había desarrollado en el Mediodía el llamado Terror Blanco, que fue la reacción de los católicos y monárquicos contra los bonapartistas y republicanos, especialmente por los excesos cometidos durante los Cien Días, y que revistió en algunos puntos, por ejemplo en Nimes, gracias al famoso Trestaillons, caracteres violentísimos.

No obstante, en general, el Gobierno de Luis XVIII procuró restañar las heridas que había recibido Francia, dando una extensa amnistía y conservando no pocas cosas de los periodos que acababan de pasar, como la Legión de Honor, la nobleza imperial, el Banco y la Universidad. Al mismo tiempo se atrajo las simpatías del ejército con la expedición a España, hábilmente dirigida por el duque de Angulema, primogénito del conde de Artois. El 16-IX-1824 murió Luis XVIII y fue proclamado rey su hermano, el conde de Artois, con el nombre de Carlos X.

Sus primeros actos, dirigidos por el eminente financiero De Villèle, fueron una serie de medidas que irritaron a la burguesía liberal, entre ellas la concesión de una fuerte indemnización a los emigrados y desposeídos por la Revolución, el establecimiento de la previa censura, el proyecto inoportuno de resturar el derecho de primogenitura, que fue rechazado por las Cámaras, y la disolución d el guardia nacional, culpable, en realidad de insubordinación.

El 4 de enero de 1828 Villèle, después de haber perdido las elecciones, se retiró del poder y fue substituido por el moderado Martignac; pero las pretensiones de la oposición motivaron una modificación de la política y fue llamado al ministerio el príncipe de Polignac, muy mal acogido por los liberales.

Francia, que había intervenido con éxito en la guerra de la independencia griega, quiso vengar las ofensas que en diversas ocasiones le había inferido el rey de Argel, y envió una expedición que, tras rudos combates, se apoderó de Argel el 5-VII-1830. Las elecciones que en el mismo mes se hicieron dieron un nuevo triunfo a los liberales, que el rey quiso anular disolviendo la Cámara antes de reunirse, y la revolución estalló sin que pudiera contenerla la abdicación de aquél el 2 de Agosto.

Cuatro días antes (29 de julio) se había instalado un gobierno provisional que nombró al duque de Orleáns lugarteniente general del reino, y este entró a París a caballo y en el Hôtel de Ville abrazó a La Fayette, quien le presentó al pueblo, proclamándole la mejor de las repúblicas. El 7 de agosto, reunida la Cámara disuelta, llamaba al trono, con el título de rey de los franceses, al duque de Orleáns, que tomó el nombre de Luis Felipe, y fue apellidado por sus admiradores le Roi Citoyen. A la Restauración debió Francia, entre otras cosas, una prosperidad comercial e industrial hasta entonces no alcanzada, un desarrollo considerable de la instrucción pública y de la beneficencia y la provechosa institución de las Cajas de ahorros.

Monarquía de Julio, 1830-1848

Así se llamó, en atención a su origen, el nuevo Gobierno de Francia, que había adoptado la bandera tricolor en vez de la blanca de los Borbones, pero que encumbrado por la burguesía no podía ser bien visto ni por los verdaderos realistas ni por los genuinos revolucionarios. Durante este periodo, divididos los partidos en numerosas fracciones, la mayoría ministerial fue siempre incierta y la única ocasión en que Guizot logró consolidarla durante siete años, causó la caída de la monarquía.

La Libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix, conmemora la Revolución de 1830.La Libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix, conmemora la Revolución de 1830.

De 1832 a 1836 gobernó el ministerio Soult, del que formaban parte Guizot, Thiers y el duque de Broglie y que tuvo que sofocar seria insurrecciones en París y en Lyon. Las tendencias del Gobierno hacia la revolución, se trocaron en las contrarias, lo que motivó un aumento de las ideas republicanas, que se combatieron indirectamente prosiguiendo la guerra en Argelia y evocándose imprudentemente la epopeya napoleónica, que ya no inspiraba inquietud después de la muerte del duque de Reichstadt (1832).

El único deseo de Luis Felipe era gobernar personalmente, sobre todo en asuntos extranjeros, mientras en el interior se desarrollaba la gran lucha entre Thiers y Guizot, que dirigían respectivamente el centro izquierdo y el centro derecho de la Cámara. En Marzo de 1840, Thiers fue llamado al Ministerio, pero su política extranjera, opuesta a la pacífica y anglófila del rey, motivó a los pocos meses sus substitución por Guizot.

En esta última época la corrupción reinó por todas partes en Francia; corrupción entre los diputados, en su mayor parte funcionarios venales; corrupción del cuerpo electoral, compuesto de unos 200.000 votantes privilegiados, a quienes se comparaba de un modo u otro, y corrupción moral debido al predominio de la burguesía que odiaba a la nobleza, sin participar de las aspiraciones del pueblo.

Bajo una aparente calma, Balzac, Sué, Lamartine, Vigny, Lamennais, Montalembert y otros preparaban la tempestad, sin que Guizot, cegado por sus éxitos aparentes, variase su política en el interior opuesta a toda reforma y en el exterior de paz a toda costa, permitiendo a Inglaterra ejercer el derecho de visita y a Austria apoderarse de Cracovia. Su actitud provocó la campaña llamada de los banquetes, la prohibición de uno de los cuales determinó la caída de la monarquía el 24-II-1848, entre el asombro de todos.

La población obrera de los arrabales parisienses en su marcha al centro de la ciudad, fue recibida al grito de ¡Viva la Reforma!. Se levantaron barricadas después del desgraciado incidente de haberse hecho fuego contra la multitud en el Boulevard des Capucines. El 23 dimitió Guizot, sin que Thiers quisiera sucederle, y cuando Odilon Barrot aceptó el poder y Bougeaud, que atacaba las barricadas, fue destituido, era ya tarde y fue vana la abdicación de Luis Felipe a favor de su nieto el conde de París. La Cámara, bajo la presión de la muchedumbre, eligió un gobierno provisional presidido por Lamartine y este proclamó la República.

II República y II Imperio, 1848-1870

El gobierno de la República, compuesto de republicanos como Arago, Crémieux y Garnier-Pagés y socialistas como Ledru-Rollin, Louis Blanc y Albert, convocó una Asamblea Nacional, encargada de aprobar la Constitución. Inaugurada la Asamblea Nacional Constituyente elegida por sufragio (4 de mayo de 1848), el gobierno provisional fue reemplazado por una Comisión ejecutiva formada por Lamartine, Arago, Marie, Garnier-Pagés y Ledru-Rollin. La Asamblea nacional, empero, tenía un criterio mucho más conservador que el pueblo parisiense.

El 24 de junio hubo un formidable levantamiento obrero, que fue sofocado por el ministro de la Guerra, general Cavaignac, y que costó la vida a más de 10.000 obreros. La Comisión ejecutiva, de criterio republicano, quedó eliminada de la Asamblea nacional y se encargó a Cavaignac, como presidente del Consejo de ministros, la dirección exclusiva. Bajo la impresión de estos acontecimientos se discutió la constitución de la República. Por encargo de Lamartine, la asamblea resolvió que el presidente de la República no había de elegirlo ella, sino directamente el pueblo en votación general (plebiscito).

Con esto, después de proclamada el 12 de noviembre la nueva Constitución, en la elección presidencial del 10 de diciembre no salió elegido Cavaignac, que era el candidato de la Asamblea nacional, sino el príncipe Luis Napoleón por 5.434.226 votos, de los 7.327.345 que se emitieron. El príncipe presidente (que este fue el título que tomó Luis Napoleón), prestó juramento a la Constitución el 20 de diciembre.

La Asamblea Nacional Constituyente, después de decidir (marzo de 1849) la expedición contra Roma para la reposición del Papa y el restablecimiento del prestigio francés en Italia, se disolvió (26-V) y el 28 del mismo mes se inauguró la Asamblea Legislativa. En ella tenían mayoría los monárquicos y católicos, habiendo perdido toda su influencia los republicanos moderados. A principios de 1850 se dio forma práctica a la libertad de enseñanza Ley Faloux y, en virtud de una nueva ley electoral, se redujo el número de votos.

La Asamblea nacional se hacía cada vez más impopular, mientras que el príncipe presidente, en sus repetidos viajes por el país, se conquistaba la benevolencia del pueblo y ganaba en el ejército gran número de partidarios, preparándose de este modo el establecimiento del Imperio. En estas circunstancias, el príncipe propuso, a principios de 1851, una revisión de la Constitución, figurando entre las nuevas cláusulas el sufragio universal y la posibilidad de una reelección presidencial.

La revisión fue rechazada en agosto por la Asamblea nacional, pero el príncipe entonces decidió dar el golpe de Estado que se organizaba cuidadosamente desde mucho tiempo antes, y en la noche del 1 al 2-XII-1851 fueron detenidos 60 diputados y personajes políticos de prestigio (Charganier, Cavaignac, Thiers, Víctor Hugo y otros). A la mañana siguiente las tropas ocuparon el palacio de la Asamblea nacional y esta quedó disuelta en virtud de una proclama del presidente.

Se detuvo a 218 diputados que se habían congregado en la Alcaldía, y el Tribunal Supremo y el Consejo de Estado fueron disueltos a la fuerza. Las masas obreras se mantuvieron tranquilas, levantándose únicamente barricadas en algunos puntos; pero a fin de amedrentar los ánimos, los generales bonapartistas se mostraron sumamente severos y la sangre corrió por las calles de París. Se detuvo a unos 100.000 hombres en toda Francia y gran número de personas fueron deportadas a Cayena y Lambesa.

Para asegurar su triunfo, Napoleón convocó al pueblo para que decidiese por un plebiscito la suerte de una nueva Constitución, que adoptada por 7.500.000 de votos contra 650.000. Según la nueva Constitución, el presidente de la República se nombraría por diez años, y poseía todos los atributos de la soberanía; se establecía un cuerpo legislativo elegido por sufragio universal, pero sin iniciativa legislativa, y un Senado nombrado por el presidente.

Como quiera que las elecciones subsiguientes dieron resultado favorable en absoluto al nuevo gobierno, Napoleón procedió abiertamente al restablecimiento del Imperio y provocó un plebiscito realizado el 21 y 22 de noviembre, que aceptó el Imperio por 7.801.321 votos contra 251.781. El príncipe fue proclamado emperador el 2-XII-1852, en Saint Cloud, con el nombre de Napoleón III.

Las potencias europeas reconocieron el Imperio, algunas de ellas no sin vacilación. Poco después, el 29-I-1853, el emperador contrajo matrimonio con la española condesa de Montijo. Se organizó una brillante corte; nombrándose altos dignatarios y el lujo y magnificencia de las Tullerías llegaron a ser el modelo, minuciosamente imitado, de la elegancia universal.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 24 págs. 956-962.