Enrique IV de Francia

Datos biográficos

Dinastía: Borbón
Rey de Francia: 1589-1610
Rey de Navarra: 1572-1610
Nacimiento: 14-XII-1553
Fallecimiento: 14-V-1610
Predecesor en Francia: Enrique III
Predecesor en Navarra: Juana III
Sucesor: Luis XIII
Padre: Antonio de Borbón
Madre: Juana de Albret

Biografía

Cuando nació el 14-XII-1553, en Pau, de Antonio de Borbón y de Juana de Albret, nadie podía suponer que aquel niño llegaría a ser rey de Francia. Del trono de San Luis le separaban cuatro varones Valois y, en particular, el credo religioso, puesto que Antonio de Borbón le educó en el calvinismo más riguroso. En consecuencia, su destino quedó muy pronto fijado cuando estallaron las guerras de religión en 1562 y su padre pereció en una de las primeras acciones militares.

King Henry IV of FranceEnrique IV por Frans Pourbus el Joven

Simple rehén hasta 1567 en manos de Catalina de Médicis, que le consideraba en su doble calidad de príncipe de la sangre y de futuro rey de Navarra, Enrique fue rescatado por su madre en la fecha indicada y llevado a las filas de los hugonotes, que entonces preparaban la tercera guerra civil. A los catorce años, pues, el joven Borbón empuñó las armas, y a los quince fue reconocido jefe de los hugonotes, después de la muerte del príncipe de Condé en la batalla de Jarnac (marzo de 1569).

Durante el predominio de Coligny y de los calvinistas en la Corte, se concertó el enlace de Enrique de Borbón, que acababa de heredar el reino de Navarra y el condado de Foix, con la princesa Margarita de Valois. La boda se celebró en París, el 17-VIII-1572. A los pocos días, el 24, se producía la matanza de la Noche de San Bartolomé, de la que Enrique pudo escapar gracias al refugio que le brindó Carlos IX. Sin embargo, tuvo que abjurar la herejía (26 de septiembre) y acompañar al duque de Anjou en la expedición contra La Rochela (1573).

Durante tres años vivió en París como un prisionero, e incluso le pusieron hierros en las ventanas de sus aposentos. Logró escapar el 3-II-1576, e intervino en la guerra de los políticos y los hugonotes contra Enrique III. La paz de Monsieur (Beaulieu, mayo de 1576) le confirmó en la posesión efectiva del gobierno del ducado de Guyena. Durante ocho años vivió en el Sudeste de Francia, preparándose para una posible sucesión al trono de Francia, que ahora parecía más próxima. Gobernó, pues, su provincia con singular acierto, dando relevantes pruebas de su capacidad política.

Pese a su retorno al calvinismo (13-VI-1576), se mostró tolerante en materias de religión, gracias a lo cual La Guyena sufrió muy poco en la sexta (1577) y octava (1580) guerras civiles. Lo que Enrique de Navarra quería era forjarse un instrumento político y militar que le permitiera reivindicar sus derechos al trono si llegaba este momento. Por esta causa, intrigó para obtener la jefatura del partido hugonote, que le fue reconocida a pesar de la oposición del príncipe de Condé.

Cuando en 1584 murió Francisco de Alenzón, Enrique era, de derecho, heredero de Enrique III. Pero la Liga católica, dirigida por el duque de Guisa, se opuso a su reconocimiento. Se inició en 1585 la guerra de los tres Enriques, en la que el de Navarra se ilustró en la batalla de Coutrás, aunque fue derrotado en la de Auneau (1587). La animosidad entre el rey y el duque de Guisa favoreció en este momento a Enrique de Borbón. A principios de 1588 ambos combatieron bajo la misma bandera contra París.

El asesinato de Enrique III por Clement y el reconocimiento por el monarca de la sucesión a favor del de Navarra, despejaron el camino de este (1-VIII-1588). Sin embargo, existía un inconveniente formal para que Francia le aceptara como sucesor de Enrique III: su condición de hugonote. La guerra prosiguió con mayor encono que antes, ya que Felipe II de España apoyó de modo incondicional a la Liga. Pese a los éxitos militares de Enrique IV en Arques (1589) e Ivry (1490), debidos a su intervención personal en el fragor del combate, no pudo forzar la capitulación de la capital, plaza que fue socorrida en los momentos más apurados por las tropas de Alejandro de Farnesio (Ligny, 1590, y Ruán, 1591).

La contienda, por tanto, no llevaba camino de terminarse, cuando dos hechos precipitaron su resolución: el patriotismo francés, espoleado por la política absorbente de Felipe II, y el oportunismo de Enrique IV, quien, después de unos coloquios teológicos, decidió abjurar por segunda y definitiva vez el calvinismo (25-VII-1593). París bien valía una misa, pero no solo de pura fórmula, sino en la rectitud de las intenciones políticas del gobernante.

El 22-III-1594, Enrique IV entraba en la capital. Pero Francia todavía no estaba conquistada. Ora por dinero, ora por las armas, fueron cediendo Provenza, el Languedoc, Bretaña e infinidad de plazas y ciudades. En 1595 Clemente VIII absolvió al rey, y Mayena, jefe de la Liga, firmó la paz con él. Este fue el último acto de las guerras de religión en Francia. La intervención española, que continuaba activa (conquista de Calais, en 1596, y de Amiens, en 1597), fue eliminada con el apoyo de Inglaterra y de Holanda, gracias a una serie de brillantes acciones militares.

Por el tratado de Vervins (2-V-1598), Felipe II reconocía la monarquía de Enrique IV. Pacificada Francia en el exterior, el edicto de Nantes (13-VIII-1598) puso término a las discordias religiosas, concediendo a los hugonotes determinadas garantías. Pero el hecho importante es que el Estado había permanecido católico, y que desde él podía favorecerse la propaganda ortodoxa (en 1603 fue restablecida en Francia la Compañía de Jesús). Auxiliado por Sully, desde entonces Enrique IV puso su empeño en la reconstrucción del país, en los términos en que ya hemos aludido.

Los últimos años de su reinado transcurrieron en viva agitación, a causa de la dura política fiscal y absolutista de la Corte y de la licenciosa vida privada de Enrique IV. Sin embargo, Francia re recobraba rápidamente bajo la audaz impulsión imperialista de su soberano. Este lanzó sus miradas sobre el Norte de Italia y el Rin, es decir, hacia los puntos menos consistentes de los Austrias en Europa. Su proyecto grand Dessin consistía en debilitar la posición predominante de España en Occidente y de Austria en Alemania.

En 1610, el conflicto sucesorio de Cléveris-Juliers le proporcionó la ocasión para lanzar el poder de la Francia reconstituida en la balanza de la gran política internacional. Cuando la guerra era inminente, el puñal de Ravaillac le quitó la vida en una calle de París el 14 de mayo de 1610.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 51-52.