Fracaso constitucional

La Convención

La República anexionista

Europa contra la Republica

La Convención

El 21 de septiembre de 1792, al día siguiente de la victoria de Valmy, la Convención elegida por una décima parte de los franceses, influida por las matanzas de aquel mismo mes, derrocaba la monarquía y hacía público un decreto según el cual el año 1792 sería denominado añoI de la República—el año I de la República comenzó el 22 de septiembre de 1792—. El nuevo régimen fue, pues, instaurado por una pequeña minoría de franceses.

La República ocupa Niza, los estados del príncipe-obispo de Basilea y el país belga

Los primeros días de la República fueron jornadas de triunfo. Sus ejércitos invadieron Saboya, y el 29 de septiembre, ocupada Niza, esta pidió su unión a Francia. Asimismo, el general Custine avanzaba triunfalmente a lo largo del Rin ocupando Spira, Worms, Maguncia y, momentáneamente, Francfort; el 6 de noviembre, Dumouriez alcanzó en Jemmapes una gran victoria sobre los ejércitos austríacos que permitió a Francia ocupar Bélgica, donde el emperador Leopoldo II acababa de restablecer el antiguo régimen, y el ejército francés entraba en Bruselas el 14 de noviembre, en Lieja el 28 y en Amberes el 30. En estas mismas fechas, los estados del príncipe-obispo de Basilea, bajo protección francesa, se erigían en República.

Los montagnards revolucionarios triunfan sobre los girondinos liberales

Proclamada la República, la Convención se encontró inmediatamente dividida en cuanto a la tendencia política que había de darse al nuevo régimen. En torno a los girondinos se agrupaban todos aquellos que respetuosos con la libertad y la propiedad individual se negaban a aceptar la dictadura de la Comuna de París, y en oposición a ellos, la Montaña —llamada de este modo porque sus representantes ocupaban los escaños superiores de la sala la sala de sesiones de la Convención—, dominada por Robespierre, Danton y Marat, pretendía acabar la República imponiendoel despotismo de la libertad, apoyada por laComuna insurreccional de París.

En la lucha que se entablaba, los girondinos, cegados por una ideología intransigente que los había empujado al sectarismo, tenían perdida de antemano la partida al sacrificar al rey, única personalidad capaz de ejercer el poder moderador sin el cual ningún régimen liberal era posible en aquellos momentos. Además, al lanzar imprudentemente el país a una guerra en el momento en que el nuevo régimen debía adaptarse a la libertad, imponían a Francia un inmenso esfuerzo que no podría realizarse más que por la concentración en manos del Estado de un poder tan absoluto que aplastaría la libertad individual.

Entre laGironda liberaly laMontaña insurreccional, un tercer partido sin programa definido, y al que se llamó elMarais—llanura—, fue pronto intimidado y reducido a la impotencia por la violencia de los extremistas.

La Convención vota la muerte de Luis XVI

Las victorias de los ejércitos republicanos, lejos de atemperar la intransigencia de losmontagnards, no hicieron más que exasperarla. Dueños de la Convención, se lanzaron a una política de terror cuya primera manifestación fue el decreto (que podía justificarse en tiempos de guerra) condenando a la guillotina a los emigrados cogidos con las armas en la mano en los ejércitos aliados; la segunda fue el proceso del rey.

Decidido a impedir definitivamente la restauración de la monarquía constitucional, Robespierre pidió que la Convención condenase a muerte a Luis XVI sin juzgarlo. No lo obtuvo, pero declarándose competente para juzgar al soberano, la misma Convención nombró una comisión encargada de examinar los documentos secretos del rey —recientemente descubiertos en las Tullerías—, y levantar unacta enunciativa de sus crímenes. El proceso comenzó el 11 de diciembre. Algunos girondinos propusieron que se hiciese un llamamiento al pueblo acerca del juicio que emitiese la Convención, mas Robespierre, invocando que este llamamiento sería el medio deconmover inútilmente a la República, y Saint-Just,afirmando que apelar al pueblo equivaldría a restaurar la monarquía, hicieron fracasar tal proposición. El sufragio universal, reclamado por ellos con tanta insistencia, se revelaba únicamente como un medio para ahogar la voluntad nacional en provecho de una minoría insurreccional.

La ejecución de Luis XVI.La ejecución de Luis XVI.

El veredicto fue pronunciado el 16 de enero de 1793 en una parodia de juicio impuesta por la presión de la calle. Las tribunas estaban abarrotadas. Allí se veían damas, entre las cuales estaban las amantes del Duque de Orleans, que se hacían distinguir por sus tocados tricolores, tomando helados, naranjas y bebiendo licores; grupos de jacobinos abucheaban y amenazaban con la muerte a los diputados que no votasen la condena del rey. En los cafés vecinos se hacían apuestas sobre cuál sería la decisión de la Asamblea. La condena a muerte sin condiciones fue votada por 361 votos contra 360, y el 21 de enero el rey fue ejecutado en la plaza de la Revolución, en medio de 100.000 hombres de armas llamados para imponerse a la multitud. Murió con entereza digna de su rango, en vivo contraste con el desencadenamiento de las pasiones y el abandono pusilánime en que la Convención había votado su muerte. Los monárquicos, aterrorizados también, no se movieron.

El 15 de enero, la Convención votó la culpabilidad del rey por unanimidad de los 707 volantes 749 diputados); el mismo día, la apelación al pueblo fué rechazada por 126 votos contra 278. El 16 de enero, pena de muerte sin condiciones ni remisión fué votada por 361 votos de los 721 votantes que había, el 19 de enero, el sobreseimiento fué rechazado por 380 votos contra 310

La muerte del rey pone fin al régimen liberal e instaura el del terror

La ejecución de Luis XVI marca una etapa decisiva en la historia de la Revolución. Al condenar a muerte al rey la Convención dio también el golpe de gracia a la obra liberal de 1789. En lo sucesivo, no tendrá más remedio que practicar, en el interior, una política de terror destinada a impedir una contrarrevolución que hubiese arrastrado a la gran mayoría de la nación, y en el exterior una política de guerra dirigida contra la coalición que inmediatamente iba a formarse para intentar derrocar a la República. Desde entonces, la Revolución sería de hecho prisionera de laMontaña. La monarquía absoluta que la Constituyente de 1789 había transformado, sin violencia, en monarquía constitucional, la Convención iba a sustituirla por una dictadura implacable que para mantenerse tendría que negar, como jamás se hizo antes, los derechosimprescriptiblesdel hombre, ahogándolos en un desenfrenado régimen de terror.

La República anexionista

La convención se anexiona Bélgica, Renania y Basilea

La Revolución, al sustituir el liberalismo por la ideología de una libertad que ella pretendía imponer a todos, suprimió esta misma libertad en el plano interior y restauró, en el exterior, el imperialismo que tan severamente había condenado considerándolo como uno de los peores males del absolutismo.

A raíz de la jornada de 10 de agosto de 1792, la Asamblea había repudiado toda política de anexión, mas después de la victoria de Jemmapes, y el 19 de noviembre, la Convención votó un decreto concediendofraternidad y socorroa todos los pueblos; pero tales palabras sólo iban destinadas a justificar la política de conquistas que emprendía. Contestando a la actitud de Bélgica y de Renania. que conquistadas por los ejércitos de la República y basándose en el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos reclamaban su economía, Danton afirmaba el derecho de Francia a imponer a otros pueblos su ideología revolucionaria. Y se enviaron comisarios a Bélgica, los cuales tres meses después se vanagloriaban de haber sacado del país 611 millones.

Jamás monarquía alguna se había mostrado tan extremada en su opresión con un país conquistado. Ante semejantes abusos, el entusiasmo con que los liberales belgas acogieron la victoria francesa se trocó rápidamente en una viva hostilidad compartida por el país entero; mas para ahogar la resistencia de los belgas, comisarios especiales hicieron votar la unión de Bélgica a Francia por asambleas deciudades y de provincias, reunidas al azar e intervenidas por el ejército de ocupación. En Renania, una Convención elegida con la coacción de las tropas francesas aprobó la anexión a Francia. Y los estados del príncipe-obispo de Basilea, que se habían transformado en República en noviembre de 1792, fueron anexionados el mes de marzo de 1793.

Rusia y Prusia proceden al segundo reparto de Polonia

La política de anexiones de la República francesa coincidía con la que practicaban en aquel entonces las tres grandes monarquías absolutas de Rusia, Austria y Prusia. Las victorias alcanzadas por los franceses sobre los prusianos y los imperiales en Valmy y en Jemmapes, al consagrar la derrota de las dos potencias germánicas habían abierto camino al imperialismo ruso. Y Catalina II lo aprovechó para imponerles una segunda desmembración de Polonia. El 23 de enero de 1793 fue firmado un tratado entre Prusia y Rusia que atribuía a esta Ucrania y la Rusia Blanca, con 3 millones de habitantes. El rey de Prusia, abandonando la guerra contra Francia, se había apresurado a enviar sus ejércitos a Polonia a pretexto de denunciar el «democratismo jacobino» de la Constitución polaca de 1791. Obtuvo la anexión de Danzig, de Thorn y de la gran Polonia, con Posen, es decir, un territorio más extenso que Silesia.

En cuanto a Austria, que no había invadido Polonia, ni reconocido la posesión de territorios por la fuerza de las armas, fue excluida del reparto. Lo más que recibió fueron seguridades de apoyo por parte de Rusia para obtener Baviera en compensación de Bélgica, que acababa de arrebatarle Francia.

Sin embargo, Inglaterra, que temía la hegemonía de Austria en Alemania, declaró su oposición a la anexión de Baviera, Austria no podía esperar que se restableciera sobre el continente el equilibrio de fuerzas, roto en detrimento suyo, más que volviendo a emprender la guerra contra Francia para recobrar Bélgica y adelantar, si fuera posible, su frontera hasta el Somme, con el fin de encontrar así una compensación al aumento de territorio y población que Rusia y Prusia acababan de conseguir con el reparto de Polonia.

Europa contra la Republica

En Inglaterra, la opinión liberal se aparta de la revolution

Desde 1791 la lucha emprendida por la Revolución contra la Iglesia había provocado en Inglaterra una reacción contra las ideas revolucionarias. Los excesos de la Convención, las matanzas de septiembre, su actitud anticristiana y, sobre todo, la condena a muerte a Luis XVI privaron a la República de las simpatías que la Revolución se granjeara en un principio en los medios liberales.

Por reacción contra sus excesos fueron abandonadas las ideas de reforma parlamentaria, y por simpatía hacia clero católico perseguido se hicieron concesiones a los católicos. Incluso los whigs del grupo Fox, que hasta entonces habían defendido la Revolución, se desviaron de ella y opusieron con orgullo la monarquía liberal inglesa a la tiránica y sanguinaria República francesa. Así mismo, el Parlamento votó leves contra el contagio revolucionario que del plano liberal pasaba al social y se hace sentir en los medios más avanzados.

La Sociedad de los Amigos del Pueblo organizada según el modelo de las asociaciones francesas, podía el establecimiento del impuesto progresivo. Los obreros, arrastrados por Thomas Hardy, formaron grupos políticos cuyos delegados, reunidos en Norwich en marzo de 1792, reclamaron la elección de unaconvención popular, traduciendo las aspiraciones sociales más radicales, Godwin, enJusticia humana, proponía una transformación comunista de la sociedad. Las asociaciones democráticas y obreras reunieron rápidamente decenas de millares de miembros. La cosecha de 1794 había sido precaria, el precio del pan subía, y en los núcleos industriales estallaron violentas revueltas. Y el gobierno Pitt, evitando la represión, respondió a ello muy hábilmente estableciendo un salario mínimo calculado según el precio del pan, con lo que salvó a la clase obrera de la miseria e impidió se lanzase a la insurrección. En Irlanda, los disturbios, de orden nacional más bien que social, revistieron más gravedad. Pitt, para vencerlos, suspendió elHabeas corpusdetuvo a los sospechosos, pero tuvo la prudencia de evitar ejecuciones

Los excesos franceses provocan una fuerte reacción antiliberal en el continente

Después de la ejecución de Luis XVI, una misma reacción se manifestó en casi todos los países continentales, pero con menos moderación que en la liberal Inglaterra. En el reino de Nápoles, en el de Cerdeña y en Hungría, donde la nobleza volvía a sus antiguas reivindicaciones de independencia, hubo algunas ejecuciones, pero estuvieron muy lejos de responder a la terrible violencia del terror revolucionario que en Francia causó millares de víctimas. Entre 1792 y 1795, hubo 51 ejecuciones en el reino de Nápoles, 14 en el reino de Cerdeña y 7 en Hungría. En Alemania, la Dieta del imperio ordenó la disolución de las sociedades de estudiantes, y en Rusia, Catalina II cerró las logias masónicas.

Frente a la propaganda revolucionaria que los excesos de la Convención iban a hacer aparecer comosatánica, va a organizarse desde entonces una propaganda antirrevolucionaria que dominará la vigorosa personalidad del saboyano José de Maistre. Solamente Ginebra conoció, en noviembre del año 1792, una revolución democrática inspirada en las ideas francesas que triunfó momentáneamente y que, por otra parte, preparó la anexión de Ginebra a Francia.

En resumen, desde el año 1793 los excesos provocados por la Comuna de París suscitaron contra la Revolución una reprobación casi unánime en el extranjero. Por otra parte, las anexiones que había emprendido, acompañadas de la explotación sin escrúpulos de los países anexionados y del simulacro de acuerdos populares, tomados bajo la amenaza de las bayonetas francesas —exactamente igual que Rusia imponía, por la fuerza de las armas, sus decisiones a la Dieta de Polonia—, hicieron comprender que la política imperialista de la República francesa amenazaba tan peligrosamente al continente europeo como antes lo había hecho la proyectada por Luis XVI.

La anexión de Bélgica conduce a Inglaterra a romper con Francia

Hasta 1792, Inglaterra había mantenido una actitud de neutralidad entre Francia, por una parte, y Austria y Prusia por otra. También practicó una política de paz hasta reducir los efectivos de su flota en 2.000 marineros, y los de su ejército en 5.000 soldados, actitud que había permitido a Francia derrotar a Austria en Jemmapes y anexionarse Bélgica. Pero en noviembre de 1792, una escuadra francesa, que hizo frente y rechazó a los holandeses, logró abrir el Escalda, ocasionando así el que Inglaterra se sintiera amenazada en su prosperidad económica. Y se preparó para la guerra que tal vez habría evitado si en 1792 hubiera manifestado formalmente su voluntad de oponerse a la anexión de Bélgica.

Pitt hizo aumentar los efectivos de la flota de 16.000 a 25.000 hombres y las exportaciones de trigo y materias primas hacia Francia fueron prohibidas. Por último, la ejecución de Luis XVI sirvió a Inglaterra de pretexto para la ruptura de relaciones con Francia en enero del año 1793.

La convención declara la guerra a Inglaterra, Holanda y España

A esta ruptura de relaciones la Convención respondió declarando la guerra a Inglaterra y a Holanda, y dando órdenes a Dumouriez para que invadiese Holanda y ocupase Amsterdam, la primera plaza bancaria del continente, con instrucciones concretas de explotar hasta el máximo los recursos del país.

Y un mes más tarde declaraba la guerra a España, que también había roto con Francia después de la ejecución del rey. Desde entonces, liberada del temor de una coalición eventual de las flotas francesas y española en el Océano, Inglaterra envió una parte de su flota al Mediterráneo, arrastrando contra Francia al reino de Nápoles, al gran ducado de Toscana y a la república de Venecia. El Gran Turco adoptó igualmente una actitud hostil contra Francia. A partir de este momento, Francia se encontraba ante Europa entera, excepto Suiza y las dos monarquías escandinavas.

Estados Unidos niegan la ayuda a Francia

Le quedaba a Francia la alianza con los Estados Unidos de América. La República los invitó, pues, a colocarse a su lado en la guerra, conforme al tratado de alianza firmado entre los dos países en 1778, y que Francia había respetado cuando la guerra de la Independencia americana hasta la victoria.

En ningún país de Europa fue acogida la Revolución francesa con tanto entusiasmo como en los Estados Unidos. Sin embargo, el terror que le siguió había dividido a la opinión. Mientras ciertos grupos fundaban sociedades democráticas imitando a las francesas, los liberales, que dieron a los Estados Unidos su Constitución, condenaban los excesos de los jacobinos y la detención del rey. El mismo embajador de los Estados Unidos en París, Morris, había conspirado para salvar a Luis XVI y organizar su huída.

Inmediatamente después de la ejecución del rey, la República envió como embajador a los Estados Unidos, a Genêt encargándole que reclamase la aplicación del tratado de alianza de 1778, en virtud del cual en caso de guerra con Inglaterra los Estados Unidos participarían en la defensa de las Antillas y abrirían sus puertos a los navíos franceses. Además, Genêt tenía la misión de armar corsarios para capturar a los barcos mercantes ingleses que surcaran las aguas americanas y reclutar tropas para reconstituir el imperio colonial de Francia ocupando el Canadá, Luisiana y la Florida.

Pero Washington deseaba conservar una posición de neutralidad en el conflicto que estallaba entre Francia e Inglaterra. En el Congreso, Hamilton expuso que el tratado de 1788 había sido concluído por los Estados Unidos con Luis XVI y que la República hacía mal en venir a reclamar el beneficio de la alianza prometida al rey de Francia, a quien acababa de ejecutar.

Aprovechando este pretexto, el Congreso se pronunció por la neutralidad.

La deserción de los Estados Unidos privaba a Francia de defender las Antillas, centro esencial de su comercio marítimo, y al cerrarle la posibilidad de establecer bases en América le impedía emprender una acción naval de envergadura contra Inglaterra. Este fue uno de los elementos esenciales en la lucha que se entablaba entre Francia e Inglaterra y de la cual iba a depender, no solamente la suerte de la Revolución, sino también la de Francia y la de Europa.

Francia, aislada

Abandonada por los Estados Unidos, Francia se encontraba sola y enfrentada a la más formidable coalición que jamás se hubo formado contra ella. Los coaligados habían concentrado 300.000 hombres en la frontera belga y sobre el Rin, Inglaterra disponía de 115 naves y España de 76, frente a los 76 navíos de línea que poseía Francia.

En la primavera de 1793, las fuerzas coaligadas de Europa se pusieron en movimiento para aplastar a la República francesa.

PIRENNE, Jacques, Historia Universal, Ed. Éxito, 1961, t. 5 págs. 64-73.