Francisco José I de Austria-Hungría

Datos biográficos

Dinastía: Habsburgo-Lorena
Empe. Austria-Hungría: 1848-1916
Nacimiento: 18-VIII-1830
Fallecimiento: 21-IX-1916
Predecesor: Fernando I
Sucesor: Carlos I

Biografía

Nació en el palacio de Schoenbrunn (Viena) el 18-VIII-1830 y m. en el propio palacio el 21-IX-1916. Fueron sus padres el archiduque Francisco Carlos, hijo segundo del emperador Francisco II, y la archiduquesa Sofía, hija del rey Maximiliano Jorge de Baviera. El primogénito de Francisco I, el archiduque Fernando, no tuvo sucesión en su matrimonio con la princesa María Ana, tercera hija de Víctor Manuel, rey de Cerdeña, y después de Francisco Carlos la corona pertenecía por derecho de sucesión a Francisco José I.

Franz Josef I por Pietzner, CarlFrancisco José I por Carl Pietzner

La educación de este corrió a cargo de su madre, el conde de Bombelles y el profesor J.Hoffer, que más tarde fue presidente del gabinete imperial astronómico físico; más adelante se encargaron de ella profesores especialistas, entre ellos el padre Otmar de Rauscher, que con el tiempo fue cardenal-arzobispo de Viena, quien tuvo a su cargo especialmente las enseñanzas de filosofía y moral; el pintor J. N. Geiger y los profesores Lichtenfels, Frangl y Columbus. De su educación militar cuidó, desde 1843, el coronel von Hauslab y la ciencia del gobierno la aprendió del príncipe Metternich y del consejero de Estado Pilgram.

El 6-IV-1848 fue nombrado gobernador de Bohemia, pero su toma de posesión se retardó algo porque el presidente gubernamental recién nombrado conde León Thun, había tenido que detenerse el Galitzia. En lugar de dirigirse a Bohemia partió Francisco José hacia Verona, al campamento de Radetzky, en donde asistió por primera vez a un hecho de armas, en Santa Lucía (6-V). Dispuesto a partir para Praga, se recibieron en Innsbruck noticias sobre los sucesos sangrientos de Praga (12 de junio), que preparaban el fin de su mandato.

El 12 de agosto regresó con la familia imperial a Schoenbrum y con ella partió el 7 de octubre a Olmütz. La idea de que el emperador Fernando abdicase en favor de su sobrino lo acariciaba familia imperial ya desde el principio de los disturbios y, según el de la emperatriz y el de la archiduquesa Sofía, se hubiera realizado ya en el día del natalicio de Francisco José I, pero Schwarzenberg desaconsejaba toda precipitación en este asunto; los acontecimientos políticos habían tomado tal sesgo, que aplazaban indefinidamente esta resolución.

Para no verse obligada la corona con respecto a los primitivos compromisos contraídos por el emperador con los magiares, fue declarado mayor de edad Francisco José I el 1-XII-1848 y al siguiente día abdicaba el emperador Fernando. Y como su hermano, el archiduque Francisco Carlos, renunciaba a la sucesión, recayó esta en su hijo mayor como emperador de Austria y rey de Hungría y Bohemia. La época era extremadamente crítica para el Imperio, en guerra con Cerdeña, y teniendo que hacer frente a la rebelión en Hungría, pues los húngaros se negaron a reconocer al nuevo soberano, constituyéndose en República independiente bajo la presidencia de Kossuth.

El joven monarca confiaba, no obstante, en su máxima Viribus unitis para dominar las circunstancias. El primer ministerio, ya en funciones desde el 22-XI, lo constituían el príncipe Schwarzenberg (presidente), el conde Stadion (Interior), el barón Kraus (Hacienda), el general Cordon (Guerra), Basch (Justicia), el barón Bruck (Comercio), el barón Thinnfeld (Cultura) y el barón Helfert (Instrucción Pública).

Las negociaciones del gobierno con la dieta de Krems fracasaron, siendo aquella disuelta el 4-III-1849. La rebelión húngara fue sofocada con auxilio de 100.000 rusos que el zar le facilitó, a pesar de la protesta de la Asamblea nacional francesa, habiendo colaborado el propio emperador (28 de junio) en la toma de Raab; la guerra de Cerdeña había terminado con un brillante éxito para Radetzky en la victoria de Novara, de manera que los comienzos del reinado de Francisco José I no ofrecían sino halagüeñas perspectivas.

La sumisión general de sus territorios originó una reacción; apresurándose Francisco José I, con su ministro Schwarzenberg, a arrebatar a los Estados de su vasto Imperio cuantas franquicias habían obtenido las revolucionarias conmociones que sucesivamente se habían desencadenado en él; quedó abolida la Constitución de 1849, se volvió al poder absoluto, sin responsabilidad en los ministros; abolió la libertad de imprenta, disolvió la guardia nacional, etc., no respetando de la obra de la revolución más reforma que la libertad de los siervos.

Se preocupó entonces de intervenir en los asuntos exteriores, trabajando para que no mermara la influencia de Austria en las nacionalidades de lengua germánica. Intervino en los asuntos de Schleswig-Holstein y del gran ducado de Hesse, combatiendo la revolución contra el soberano del mismo. Reanudó, estrechándolas, sus buenas relaciones con el rey de Prusia, visitando Berlín en 1852 y celebrando el año siguiente un tratado comercial con aquél extensivo a todos los Estados de la Confederación Germánica (1853).

En la política interior puso en práctica un sistema centralizador, aboliendo las aduanas que separaban las provincias alemanas de la Hungría y del Lombardo-Véneto (1851), unificando los regímenes provinciales y reduciendo las atribuciones de las corporaciones provinciales a entidades meramente consultivas (1854); concedió a los obispos la libertad de comunicarse directamente con el Papa y poniendo bajo la intervención de los mismos la imprenta en general y la instrucción pública en todas sus ramas (1854). Por estas medidas quedó derogado el Concordato firmado por su antecesor José II.

A la muerte del príncipe Félix Schwarzenberg (abril de 1852), substituido por el conde Buol, obtuvo Bach su máxima influencia en el gobierno. El emperador, en los años subsiguientes, viajó por sus estados a fin de enterarse por sí mismo de las circunstancias de su Imperio. El 18-II-1853, el húngaro Libenyi atentó contra la vida del emperador en Viena, logrando herirle. El 24-IV-1854 contrajo matrimonio con la princesa bávara Isabel.

En la Guerra de Crimea o de Oriente, se limitó a guardar un papel de mediador, así como en las cuestiones danubianas, ajustando un tratado con Francia e Inglaterra, pero manteniéndose a la expectativa (1854). Las circunstancias políticas, tanto del interior como del exterior iban tomando cada vez un aspecto más serio. El Concordato firmado entre Austria y la Santa Sede en 1855, había de tener graves consecuencias y era asimismo muy dudosa la situación en que había colocado a Austria su conducta durante la guerra de Crimea, en virtud de la cual se encontró aislado al emprender, en Abril de 1859, la guerra contra Cerdeña. Se negó entonces a confiar la cuestión del reino lombardo-véneto a un Congreso europeo y ordenó al general Ginlay que penetrase en el Piamonte.

La suerte le fue desfavorable: tras la primera derrota de Magenta (4 de junio) se encargó Francisco José del alto mando, pero a los pocos días fue derrotado nuevamente en Solferino (24 de junio) y quedó Austria tan malparada que el emperador se vio obligado a concertar una paz con Napoleón III en Villafranca (8 de julio) en la que perdió la Lombardía.

Firmada esta paz, Francisco José I se dedicó a dominar la grave situación creada en el interior de su territorio y otorgó a su pueblo instituciones constitucionales, en las que tuvo en cuenta el carácter de las distintas nacionalidades: el llamado Diploma de Octubre (20-X-1861) significaban la ruptura con los procedimientos absolutistas de gobierno de los últimos años, aun cuando esto fue por breve tiempo, pues la nueva constitución dejo de regir el 20-IX-1865. La cuestión más perentoria era, sin embargo, la de las relaciones de Austria con la Confederación Germánica. La invitación de Francisco José I a la dieta de Fráncfort (que empezó el 16-VIII-1863) halló acogida en todas partes menos en Prusia, pero las negociaciones acerca de la reforma de la Confederación transcurrieron sin resultado.

Austria y Prusia se habían unido para arrebatarle a Dinamarca los ducados de Schleswig-Holstein, pero al llegar al reparto de la conquista surgieron las desavenencias, y Prusia, que tenía a su lado las naciones más poderosas de Alemania del Norte, hizo causa común con Italia, lo que condujo rápidamente a la guerra de 1866, en la que Austria perdió su prestigio de gran potencia en Alemania y Venecia (derrota de Sadowa. Las condiciones del tratado de Praga que puso fin a la guerra fueron durísimas para los austriacos que se vieron obligados a ceder el Véneto a los italianos y perdieron para siempre su lugar en la Confederación germánica.

Reformas liberales y descentralizadoras

Las consecuencias que estos desastres tuvieron en la política interior amenazaron derrocar el régimen y no le quedó entonces más recurso a Francisco José I que dar mayor amplitud a la Constitución liberal y descentralizadora de sus Estados y confió este cometido al conde de Beust, ministro de Sajonia, que comenzó las reformas inmediatamente (1867) y durante un lustro trabajó sin descanso y con éxito feliz. El 8 de junio de este año tuvo lugar en Ofen la solemne coronación de Francisco José I como rey de Hungría y durante los años de 1867 a 1870 se procedió en el interior con un espíritu de amplio progreso liberal en todos los terrenos.

Cuando estalló la guerra francoprusiana le ofreció al gobierno de Napoleón III la intervención armada, mediante la cual, en caso de salir vencedores, podía vengar los agravios sufridos de Prusia, pero las entrevistas de Salzburgo y París no dieron resultado, y Francisco José I, ante la amenaza de Rusia, dio dilatorias al asunto y cuando llegó la completa victoria de los prusianos se halló ante un hecho consumado. En 1869 partió el monarca a Egipto a presenciar la apertura del canal de Suez. En 1871 sucedió Andrassy a Beust, ampliando más bien que restringiendo las concesiones liberales.

En septiembre de este año se entablaron amistosas relaciones con el emperador de Alemania Guillermo I, en las entrevistas en Gastein y Salzburgo, a las que siguió, en septiembre de 1872, la visita del monarca austriaco y del emperador de Rusia a Berlín; la política austriaca cambiaba radicalmente, tendiendo de modo manifiesto a ponerse al lado de Alemania unificada y de Italia consolidada, constituyéndose en principio lo que años a venir había de transformarse en la Triple Alianza.

En 1873, con ocasión de la Exposición Universal, recibió Francisco José I la visita de varios soberanos en Viena y en el mismo año comenzó el jubileo por los veinticinco años de su reinado, que el pueblo celebró con toda suerte de manifestaciones de entusiasmo. En el interior reinaba una tendencia francamente liberal y una vez anulado, en 1870, el Concordato, el Gabinete Auersperg había elaborado las nuevas leyes eclesiásticas y el acuerdo con Hungría.

Esta era duró hasta 1879, en que empezó, ensayada por Taaffe, la política de reconciliación que había de persistir, salvo pocas y poco importantes interrupciones, hasta principios de siglo XX. Apoyado por Alemania, evitó Francisco José I en 1877 la intervención en la guerra rusoturca y deseosas sus aliadas de recompensarle su amistad, le cedieron la ocupación de las provincias de Bosnia y Herzegovina en el tratado de Berlín (1879) en perjuicio de Servia, a las que podía alegar positivos derechos.

La política austriaca fue en lo sucesivo francamente germanófila y de oposición a Rusia, con lo que desde la ocupación de Bosnia eran más tirantes las relaciones. En septiembre de 1880 se firmo definitivamente el tratado de la Triple Alianza con Alemania y el reino de Italia, que no por ser esperado dejó de producir en Europa hondísima conmoción. Este tratado fue ratificado en 1891 y si bien se manifestaban de vez en cuando conatos separatistas en su heterogénea monarquía, supo conjurarlos hábilmente, preocupándole más los preparativos militares de las grandes potencias europeas.

Por ello fue que impulsó los de su Imperio, al propio tiempo que menudeaba sus entrevistas con el emperador de Alemania, Guillermo II, en cuyo poderío confiaba para que le sacara en bien de toda eventualidad. Estrechó sus relaciones con España, casando a una princesa de su familia, la archiduquesa María Cristina, con Alfonso XII, y buscó también la amistad de los belgas por el casamiento del príncipe Rodolfo, presunto heredero de la corona, con la princesa Estefanía Clotilde, hija segunda del rey de Bélgica.

Francisco José I que siempre había logrado la adhesión de su pueblo, pudo verla confirmada en sus bodas de plata (1879) y en el jubileo celebrado con ocasión de sus cuarenta años de reinado (1888). Estos fastos acontecimientos, habían de verse seguidos de una serie de terribles infortunios, como la trágica muerte del príncipe heredero, Rodolfo (30-I-1889), el asesinato de la emperatriz (10-IX-1898), la muerte de su hermano, el archiduque Carlos Luis, y otras pérdidas de la familia, que en 1867 había tenido un triste comienzo con la muerte del archiduque Maximiliano, hermano del monarca y emperador de Méjico, que fue hecho prisionero por las tropas de Juárez, sublevadas, juzgado y condenado a muerte y fusilado en Querétaro.

El 30-IX-1891 salió ileso de la explosión de una bomba colocada en la vía férrea donde había de pasar el emperador en su viaje de Reichenberg a Bohemia; la explosión ocurrió poco antes del paso del tren imperial y no pudo demostrarse de un modo concluyente que se debiera a un complot contra la vida del soberano. En 1893 hizo un viaje a Suiza y en agosto de 1896 recibió la visita del zar Nicolás II, visita que devolvió al año siguiente en San Petersburgo.

La lucha por las nacionalidades

El 12-VI-1903, Jacobo Reich atentó contra la vida del emperador. A finales de siglo resurgió de nuevo la lucha por las nacionalidades. Los checos se mostraron los más irreductibles, desde que comenzaron a actuar como colectividad política organizada, oponiéndose a los mismos la fracción germanista. Siguieron los húngaros, en pugna de una parte con las prerrogativas de la corona que consideraban inferiores a sus libertades tradicionales. De otra parte el partido realista pretendía madgiarizar el Austria, cosa que no dejaban de conseguir en algunas ocasiones, y para más complicaciones las provincias irredentas del Trentino se agitaban para incorporarse a Italia, mientras en Bosnia y Herzegovina se conspiraba denodadamente en pro de Servia.

Sin embargo, la persona del anciano emperador era el lazo de unión que, casi de milagro, conseguía mantener unidos todos sus territorios. Perfecto cumplidor de la Constitución, tan pronto otorgaba el poder a los federalistas como a los unionistas, pero no podía impedir que la violencia llegara a veces hasta ensangrentar las calles, que los diputados se acometieran luchando a brazo partido en pleno Parlamento y, sobre todo, que desde Servia se conspirara para arrebatar al Imperio la Bosnia y la Herzegovina que miraban como un patrimonio que les había sido arrebatado por la ley del más fuerte. Y consecuencia de ello fue el asesinato del archiduque heredero y de su esposa en las calles de Sarajevo (1914).

Del matrimonio de Francisco José I con Isabel Amelia Eugenia, hija del duque de Baviera, nacieron: Sofía (n. en 1855 y m. en 1857); Gisela (n. en 1856), casada en 1873 con el príncipe Leopoldo de Baviera; el príncipe heredero Rodolfo (n. en 1858 y m. en 1889), y María Valeria (n. en 1868), casada con Francisco Salvador, archiduque de Austria-Toscana.

El reinado de Francisco José I no marcó en su Imperio un estado floreciente desde el punto de vista económico. Con la creación de Bancos para la explotación de líneas férreas y acaparamientos de productos agrícolas, y a causa de los agiotismos de todas clases, cuya represión dejó mucho que desear, se inició a principios del último cuarto del s. XIX una crisis financiera que pesó largo tiempo sobre el Estado. Además, los gastos exorbitantes a que le sometió su política imperialista y las obligaciones contraídas con sus dos naciones aliadas, particularmente Alemania, obligándose a crecidos gastos de armamentos, le ponían en situación de aumentar cada día su déficit.

Fue Francisco José I el monarca cuyo reinado alcanzó mayor duración, pues se prolongó durante sesenta y ocho años. A las penas y desengaños que le acarreó su triste destino, le cupo la triste suerte de que el asesinato de sus sobrinos, los príncipes herederos, fuese la causa próxima de que se desencadenara la guerra de 1914 a 1918, apremiado por los militaristas alemanes y comprometido después por la imprudente movilización de los rusos, y, por fin, aun cuando al morir no previó la ruina total de su Imperio, tuvo que sufrir la amargura de ver como Italia ofrecía su concurso a los aliados.

Francisco José I poseía los títulos siguientes: emperador de Austria, rey apostólico de Hungría, rey de Bohemia, Dalmacia, Croacia, Eslavonia, Galitzia, Lodomeria, Iliria, rey de Jerusalén, archiduque de Austria, gran duque de Toscana y de Cracovia, duque de Lorena, Salzburgo, Estiria, Carintia, Carniola y de Bukovina; gran príncipe de Transilvania, margrave de Moravia, duque de la Alta y Baja Silesia, Módena, Parma, Piacenza, Guastalla, D´Auschwitz y Zator; Teschen, Friul, Ragusa y Zara; conde principal de Habsburgo y Tirol, Quiburgo, Goricia y Gradisco; príncipe de Trento y de Brixen; margrave de la Alta y Baja Lusacia y de Istria; conde de Hobenembs, Feldkirch, Braganza, Sonnemberg; señor de Trieste y Cotaro. El rey Alfonso XIII le nombró capitán general de los ejércitos españoles.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 24 pág. 1060-1063.