Dinastía Sajona

Historia de Sajonia

De Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana

El peligro que amenazaba el porvenir de la monarquía germánica no se le ocultó a Eberardo, hermano de Conrado, y a propuesta suya, los francos y los sajones, reunidos en Fritzlar, eligieron rey a Enrique, duque de Sajonia, del linaje de los Ludolfingos, que había sido el rival del anterior monarca. Cuando Enrique I subió al trono (919-936) se sometieron a él todos los duques de las diferentes razas, aunque a costa de mutuas concesiones, de manera que desde entonces existió una monarquía verdaderamente alemana, cuyas fronteras defendió el nuevo rey enérgicamente contra las incursiones de los magiares.

Bajo su dirección comenzó asimismo el gran avance de los alemanes hacia el E. contra los eslavos, que ocupaban el país situado entre el Elba y el Oder, avance que continuado con perseverancia durante algunos siglos ha dado a la nación las provincias orientales, y hacia el N. contra los daneses, en cuyos límites estableció la marca del Schleswig. El fruto de esta política no se hizo esperar mucho: su hijo Otón I fue elegido en Aquisgrán, la antigua residencia de Carlomagno, por representantes de todas las zonas germánicas, siendo ungido y coronado en la catedral por el arzobispo de Maguncia, ceremonia que la costumbre conservó, con la sola diferencia de que más tarde la elección se hizo en Francfort y la coronación estuvo encomendada al arzobispo de Colonia.

Otón I el Grande (936-973) tuvo que luchar contra los alardes de independencia de los duques y contra las conjuraciones de los individuos de su misma familia, pero consiguió transformar la institución de los ducados de raza y quitarle gran parte de su poder, amenazador para la monarquía, dándolos en feudo, así como los obispados (Colonia, Maguncia y Tréveris) a próximos parientes y deudos

La seguridad de las fronteras del N. y del E. del reino mejoró también mucho durante el reinado de Otón; los obispados fundados por él (Schleswig, Ripen, Aarhus y Havelberg), Oldemburgo, Brandeburgo, Meissen, Zeiss y Merseburgo, y arzobispado de Magdeburgo) sirvieron, no solo de apoyo a la Iglesia, sino ante todo a la monarquía; y la división de las tierras del margrave Gero, efectuada después de la muerte de este (965), en tres marcas (del Norte, de Lusacia y de Meissen, ensanchó considerablemente el patrimonio heredado de su antecesor. Bohemia, Polonia y Dinamarca reconocieron la soberanía de Otón, que auxilió también al rey de Francia contra sus inquietos vasallos, y este poder inmenso que desde el tiempo de Carlomagno no había llegado a acumularse en ningún soberano, justifica el afán de Otón de desempeñar también en el exterior un papel importante, ciñendo a sus sienes la corona del Imperio romano.

En la primera expedición que hizo Otón I a Italia (951-952) adquirió casándose con la reina Adelaida (viuda de Lotario II de Italia, hijo de Hugo de Arlés ) el señorío de la Alta Italia; la segunda (961-965) se dirigió principalmente contra su rival Berenguer, y en el curso de ella consiguió aquel la satisfacción de sus ardientes aspiraciones, pues fue coronado como emperador por el papa Juan XII el 31-I-962, con cuyo solemne acto quedó constituido el Imperio Romano Germánico, suceso que pareció a los contemporáneos como una resurrección del Imperio romano con sus pretensiones a la soberanía del todo el Occidente cristiano.

Por lo que respecta a Alemania, este acontecimiento fue fatal, porque desde entonces se vieron obligados sus reyes a distraer y malgastar las fuerzas del país en los asuntos de Italia, mientras que en el interior quedaban muchos de importancia por resolver. Oton II (973-983) se ocupó exclusivamente en sofocar disturbios interiores y asegurar las fronteras del Imperio; apenas pacificando el país, pasó el año 980 a Italia, donde fue vencido dos años después por los sarracenos y murió el año 983, dejando en Roma un hijo de tres años.

Otón III (983-1002), la regencia ocasionó naturalmente disturbios. Daneses y eslavos aprovecharon la ocasión para sacudir el dominio de Alemania, y el particularismo volvió a levantar cabeza, pretendiendo que fuesen hereditarios como antes los cargos que entonces se recibían del Imperio en feudo. Mayor de edad desde el año 955, pasó el rey a Italia, acariciando ideales de dominación universal, colocó a Gregorio V (bisnieto de Otón I) en la isla de San Pedro y recibió de sus manos en 21-V-996 la corona imperial. Este desgraciado soberano murió fugitivo cerca de Roma el año 1002, sin sucesión y dejando el Imperio a dos dedos de su ruina.

Después de muchas dificultades subió al trono el último vástago de la casa Sajonia, duque de Baviera e hijo de Enrique II El Disputador. Enrique II (1002-1024), después de grandes trabajos, logró establecer el orden y la paz en el reino, y obligó al poderoso Boleslao, duque de Polonia, a que se reconociese como vasallo suyo, al menos por la parte que tocaba a sus dominios de Meissen y la Lusacia (paz de Bantreu, año 1018). Enrique II había iniciado una reforma de la Iglesia en el sentido de las tendencias cluniacenses, cuando murió el 13-VII-1024. Con él se extinguió la dinastía sajona, cuya importancia para Alemania estriba en que durante su gobierno los ásperos antagonismos de las diferentes razas, si no apagados completamente, quedaron al menos, en el transcurso de más de un siglo, bastante debilitados, lo cual hizo posible la constitución de una robusta nacionalidad alemana.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 4 págs. 463-469.