Otón I de Alemania

Datos biográficos

Dinastía: Sajonia
Empe. Sacro Imperio: 962-973
Sobrenombre: el Grande
Nacimiento: 23-XI-912
Fallecimiento: 7-V-973
Predecesor: Enrique I
Sucesor: Otón II

Biografía

La cadena de la tradición imperial, restablecida por Carlomagno y, al parecer, rota en la época de sus inmediatos sucesores, halló un artífice inesperado que anudó de nuevo sus eslabones en uno de los monarcas de la Alemania del siglo X. Otón I el Grande, el segundo Carlomagno al decir de los cronistas contemporáneos, pertenecía, por extraño avatar histórico, a ese pueblo sajón que no fue incorporado a la cultura occidental hasta fines del siglo VIII y que durante el siglo IX fue uno de los elementos más intransigentemente particularistas de Alemania. Sin embargo, la idea imperial y ecuménica había de renacer en la mente de ese duque sajón, el cual la había de vincular de modo firme y seguro a su raza a través de todas las vicisitudes de la Historia. Al servicio de su creación —pues el Imperio germánico medieval no es análogo al carolingio—, puso Otón I eminentes cualidades de estadista y de guerrero, junto con una decisión, una energía y un sentido de la oportunidad poco comunes.

Coronación de Otón I.Coronación de Otón I.

Hijo de Enrique I el Pajarero y de su segunda esposa Matilde, Otón, nacido el 23 de noviembre de 912, fue elegido rey de Alemania en 936 de conformidad con los deseos manifestados por su padre antes de morir. Nada hacía prever en aquel joven de veinticuatro años sus futuras grandes cualidades. Sin embargo, ya en agosto de 936, en las ceremonias de su coronación en Aquisgrán, hizo restablecer las antiguas dignidades de la corte carolingia, las cuales fueron desempeñadas por los duques de Franconia, Baviera, Suabia y Lorena. Este acto simbolizaba la voluntad del soberano de poner la autoridad real por encima de la de los duques.

En los años siguientes se dispuso a transformar en realidad este criterio: incorporó de nuevo el dominio real carolingio a la corona e intervino en los asuntos interiores de los ducados. En 937 y 947 sujetó a Baviera, colocando al frente de este ducado a su hermano Enrique. En 939 estalló una sublevación de los duques de Franconia y Lorena, apoyada por Luis IV de Francia ; Otón venció a los rebeldes en la sangrienta batalla de Andernach donde perecieron aquellos nobles; el ducado de Franconia fue confiscado, y el de Lorena, dado a su yerno, Conrado el Rojo, en 944. En cuanto al ducado de Suabia, el rey aprovechó la muerte del duque Hermann para darlo a su hijo Leodolfo, casado con la heredera suaba. Pese al espíritu particularista alemán, manifestado por última vez en la sublevación de 952, Otón logró reducir los ducados a su autoridad, delegando en ellos a funcionarios palatinos encargados de hacer cumplir las órdenes de la monarquía. A mayor abundamiento, el monarca favoreció a los arzobispos, dotándoles de grandes posesiones de carácter feudal, a fin de hacer de la Iglesia lo que había sido durante Carlomagno: el apoyo substancial de la monarquía y, luego, del Imperio. Cierto es que esta política produjo luego un confusionismo perjudicial para los intereses de la Iglesia. Pero a mediados del siglo X la obra de Otón el Grande tenía un valor muy positivo.

Las excelencias de la reorganización estatal llevada a cabo por Otón se pusieron de relieve en la política exterior de Alemania. Hacia el 945 las tribus entre el Elba y el Oder fueron reducidas a vasallaje; igual suerte cupo a Bohemia en 950. Poco después, el 10 de agosto de 955, Otón obtenía un triunfo notabilísimo al derrotar de modo decisivo a las hordas magiares en la batalla del Lech, acción que garantizó las fronteras de la Europa propia contra los bárbaros durante muchos siglos. Por otra parte, la monarquía otónica era la única que se presentaba de modo compacto en medio de la incoherencia feudal de Occidente. Esto explica su intervención en los asuntos de Francia e Italia. En 940 Otón I pasa a Francia para resolver una diferencia entre Luis IV y su gran vasallo Hugo el Grande de París; en 946 restablece la autoridad de aquel carolingio en la Francia septentrional; en 948 asume la presidencia de una asamblea reunida en Ingelheim para juzgar el litigio entre Luis y Hugo; por último, a la muerte de Luis ejerce una verdadera tutela de su hijo y sucesor, Lotario (954).

Árbitro de Occidente, habiendo obtenido el vasallaje de Conrado el Pacífico de Borgoña en 942, Otón interviene activamente en la política italiana, pues en Italia hay el Papado y el título imperial. En 951 pasa los Alpes, da libertad a Adelaida de Provenza, hecha prisionera por el marqués de Ivrea Berengario I, se casa con ella y se hace reconocer rey de Italia. Pero para que este título sea efectivo han de transcurrir todavía algunos años. Berengario I, que en 952 se ha declarado vasallo de Otón y le ha entregado las provincias de Verona y el Friul, se rebela luego contra la autoridad del monarca alemán. Después de la jornada del Lech (955), Otón es capaz de dar a Berengario la respuesta que merecen sus actos. Habiendo sido invitado a pasar Italia por el papa Juan XII, amenazado por aquel turbulento príncipe, el rey de Alemania franquea los Alpes en agosto de 951, se proclama de nuevo rey de Italia y el 2 de febrero de 962 es coronado emperador por el papa. ¡El Imperio está restablecido!

Restablecido o restaurado, pero no en vano. Otón hace revivir el título. Interviene en la política pontificia, quiere asimilar Italia y reside en la península durante la mayor parte del resto de su vida. En 967 los duques de Benevento y Capua le prestan homenaje. En 972 el emperador de Bizancio Romano II reconoce el título imperial del Otónida y le manda su hija Teófana para darla en matrimonio al heredero de la corona. Cuando Otón el Grande muere un año más tarde (en Memleben, el 7 de mayo de 973), ha dejado consolidado el Imperio y la hegemonía de Alemania en Europa.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 108-109.