Enrique II de Alemania

Datos biográficos

Dinastía: Sajonia
Empe. Sacro Imperio: 1002-1024
Sobrenombre: el Santo
Nacimiento: 6-V-973
Fallecimiento: 13-VII-1024
Predecesor: Otón III
Sucesor: Conrado II

Biografía

Rey de Alemania, 983. Rey de la Lombardía, 1004. Llamado el Santo y el Cojo, n. en Baviera el 6-V-973 y m. en Grona, junto a Gotinga, en 13-VII-1024. Fue el último soberano de la casa Sajonia. Era hijo del duque de Baviera, Enrique II el Pendenciero, y jefe de la rama menor de los Lindofingos remontando al duque de Baviera Enrique I, hermano de Otón el Grande, y, por consiguiente, bisnieto del rey Enrique I. A la muerte de su padre (995), le sucedió en Baviera, pero tuvo que ceder la Carintia y Verona a su primo Otón, hijo de Lutgarda (hija de Otón el Grande).

Coronación de Enrique II.Coronación de Enrique II.

Acompañó a Italia al emperador Otón III, y, a su muerte, reclamó el Imperio, teniendo por competidores a Eckardo, margrave de Misnia y Turingia, y Germán, duque de Suabia. Su primo Otón le apoyaba; Enrique se había apoderado de las insignias reales e imperiales y representaba el principio hereditario; los príncipes de la iglesia le eran favorables. Eckardo de Misnia, protector de la frontera del E., contaba con numerosos partidarios, pero fue asesinado en abril de 1002; Germán de Suabia fue contenido, y, viéndole coronado por el arzobispo de Maguncia (VI-1002), y acatado por los sajones, le reconoció a su vez, ejemplo seguido por Boleslao II, que acababa de apoderarse de Bohemia, y, aprovechando la muerte de Eckardo, había conquistado la Misnia. Pero ante una tentativa de asesinato contra él, y se dice que instigada por Enrique II, indignado Boleslao, hizo alianza con el margrave de Nordgan, Enrique de Schweinfurt, con el conde Ernesto de Austria y con Bruno, hermano del emperador. Enrique venció en Kreussen, cedió el ducado de Baviera a su cuñado Enrique de Luxemburgo, y se alió con los eslavos paganos del Elba para contener al duque de Polonia.

Apenas restablecido el orden en Alemania, el emperador se trasladó a Italia (1004) donde Arduino de Ivrea se había ceñido la corona de Lombardía, batiendo a los imperiales. Se hizo coronar rey de los lombardos en Milán y ciñó en Pavía la corona de hierro, pero ocurrió una sublevación popular y su palacio de Pavía fue incendiado (1004).

Regresó a Alemania reanudando las hostilidades contra Boleslao. Llevó en ellas la mejor parte, impuso en Praga a su protegido Jaromir como duque de Bohemia, se apoderó de Lusacia, penetró hasta el Oder, y obligó a su adversario a concertar la paz (1005). Pero en la frontera del O. le salieron al encuentro otras dificultades. Balduino, conde de Flandes, se había apoderado de Valenciennes; Enrique se procuró la alianza de Roberto, rey de Francia, y, con su concurso y el del duque de Normandía, se dirigió contra el conde; fracasó frente a Valenciennes (1006) y terminó, años después, por ceder con ciertas condiciones.

Aprovechando sus buenas relaciones con el rey de Francia, intervino en los asuntos de Borgoña en favor de su tío materno, el rey Rodolfo III. Este, que no tenía herederos directos, le reconoció como tal; pero Enrique, precisamente entonces, entró en lucha con la familia de su mujer; el hermano mayor de esta había recibido el ducado de Baviera; el segundo se apoderó del obispado de Metz; el tercero, Adalberon, del arzobispado de Tréveris: Enrique rompió contra ellos. La guerra civil se propagó por toda Lorena y duró cuatro años (1008-1012). Boleslao había reconquistado la Misnia, que fue necesario cederle. A todo esto, los señores estaban en abierta insubordinación y Enrique combatía sin tregua, pero, teniendo que hacer frente a tanto conflicto, se vio precisado a hacer concesiones al feudalismo y aceptar la sucesión de los beneficios.

Convocó asambleas provinciales, donde pidió que todos jurasen la paz. Aprovechando una calma, inauguró solemnemente la iglesia de Bamberga; fundó el obispado del mismo nombre (1007), y puso en él toda su predilección. En 1013 dio la vuelta a Italia; el partido de Balduíno crecía de una manera alarmante; en Roma, el patricio Juan Crescencio tenía el poder absoluto y creaba papas: Juan XVII, Juan XVIII y Sergio II, sucesivamente. Muerto este patricio, la facción opuesta, dirigida por los tres condes de Túsculo, disputó el poder y el papado; el más joven de los tres hermanos fue elegido papa con el nombre de Benedicto VIII, en tanto que los Crescencios elegían un Gregorio. Benedicto llevaba la mejor parte en la lucha y Enrique II se declaró en favor suyo.

Entró en Roma y se hizo coronar emperador (II-1014) con su esposa Cunegunda, y después se encaminó al N. Se inició una sublevación que fue reprimida. Arduino, desanimado, se refugió en el claustro (1015). Estos éxitos fueron amargados por los desastres del N. Se reanudó la lucha contra Boleslao Chrobry, quien vencedor de los rusos, soñaba en la fundación de un gran reino eslavo; las ambiciones locales y los celos de muchos se lo impidieron, sumando elementos eslávicos en las filas alemanas. Tres ejércitos alemanes fueron lanzados sucesivamente contra él: los del N. y del S. fueron rechazados; en el centro, mandado por el emperador en persona, franqueó el Oder, pero tuvo que batirse en retirada, dejando su retaguardia, que fue destrozada junto al Bober. Todo el país al E. del Elba cayó en poder de los polacos (1015).

Enrique se reconcilió entonces con sus cuñados y volvió a la lucha con el apoyo del duque de Bohemia, de los lintizos, del rey Esteban de Hungría y de Jaroslao de Rusia, pero con todo este auxilio fue rechazado de nuevo; la Bohemia y el territorio comprendido entre el Elba y el Mulda fueron entrados a sangre y fuego. En su vista, se celebró la paz de Bautzen (Enero de 1018), que dejaba a Boleslao en plena posesión de sus conquistas, pero como vasallo del Imperio.

Entretanto, las guerras locales se sucedían sin interrupción, viéndose Enrique impotente para contenerlas. En 1020 recibió el emperador la visita del papa Benedicto VIII, que consagró la catedral de Bamberga y solicitó el apoyo de Enrique contra los griegos. El emperador emprendió su tercera excursión a Italia; luchó al S. de la península y tomó las plazas de Troya, Capua y Salerno, y nada más hizo porque la peste diezmaba su ejército (1022). En esta empresa se asoció con los normandos, que vinieron, por este hecho, a ser uno de los factores más importantes de la vida política en Italia.

La salud de Enrique, siempre débil, decayó rápidamente después de esta tercera visita a sus dominios meridionales y murió poco después en la fecha y lugar indicados. Fue enterrado en la catedral de Bamberga, y en 1046, el papa Eugenio III le canonizó solemnemente, honor que alcanzó más tarde a su esposa Cunegunda, la cual murió en 1038 en el convento de Raufungen, y fue canonizada en 1200.

Aun cuando naturalmente piadoso y compenetrado con la cultura eclesiástica, Enrique, en el fondo, no lo estaba con el espíritu de aquella. Disponía de los obispados autocráticamente. Durante su reinado, los prelados, de los cuales exigía incondicional obediencia, no parecían sino meros oficiales del Imperio, y otro tanto ocurría con los abades. Sin embargo, esta dependencia política no dañaba la vida interior de la Iglesia germánica. Al contrario, debido a sus recursos económicos y educativos, la Iglesia alcanzó gran influencia en aquella época.

No estuvo exento de injusticias y crueldades, propias de la época, pero pueden perdonársele en gracia al gran ideal de toda su vida: la paz universal. La leyenda atribuye a este príncipe ciertos rasgos ascéticos de los cuales, no todos, pueden resistir a un serio examen crítico. Por ejemplo, la versión, grandemente propagada, de la castidad guardada en su matrimonio con Cunegunda, no tiene base sólida en que fundarse.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 7-9.