Segismundo I de Luxemburgo

Datos biográficos

Dinastía: Luxemburgo
Empe. Sacro Imperio: 1410-1437
Nacimiento: 15-II-1361
Fallecimiento: 9-XII-1437
Predecesor: Jobst de Moravia
Sucesor: Alberto II

Biografía

Margrave de Brandeburgo. Rey de Hungría. Indudablemente, Segismundo es uno de los personajes más destacados de la historia europea en los decenios de transición del s. XIV al XV. Quzá este interés no se deba tanto a los dotes de su persona —aunque no fueran escasos— como a la multiplicidad de su intervención en los asuntos de Alemania, Hungría y Bohemia y en la grave crisis que dividía a la cristiandad en el Cisma de Occidente. Careció de espíritu militar y de energía para imponerse por la fuerza; pero en cambio, su espíritu fue lo bastante hábil para sacar partido de las situaciones más apuradas y apaciguar los ánimos de aquella Europa tan soliviantada de 1400.

Sigismund of Luxembourg por PisanelloSegismundo I por Pisanello 1433

Hijo menor del emperador Carlos IV, había nacido el 15-II-1361, probablemente en Nuremberg. En 1378 heredó el margraviado de Brandenburgo, y en 1385, por su enlace con María, hija de Luis el Grande de Hungría, fue coronado rey de esta monarquía. Durante toda su vida no descuidó los asuntos de este reino, muy relacionados con la situación balcánica, comprometida por los brillantes éxitos de los turcos. La victoria de Bayaceto en Nicópolis (1396) le indujo a propugnar una cruzada contra el Islam, propuesta que no fue factible a causa de la angustiosa crisis del Papado. Felizmente, la presencia de los mongoles en Asia menor apartó, de momento, el peligro turco de las fronteras húngaras.

Pese a la herencia de la Neumark, que recibió en 1402, no se preocupó de los asuntos del nordeste de Alemania, En 1388 había cedido la marca de Brandeburgo a Jost y Procopio de Moravia, y en 1402 vendió la Neumark a la Orden Teutónica. En cambio, mostró gran interés por los asuntos de Alemania, en los cuales había fracasado su hermano Wenceslao. A la muerte de Roberto del Palatinado, los electores, inducidos por sus respectivas inclinaciones en la cuestión del Cisma de Occidente, se dividieron en dos bandos.

Unos eligieron por emperador a Jost de Moravia; y otros, los menos, partidarios del papa Gregorio XII, se inclinaron por Segismundo (20-IX-1410). En aquellos días hubo, pues tres emperadores en Alemania: Wenceslao, Segismundo y Jost. La muerte de este resolvió la tricefalia del Imperio, ya que Wenceslao reconoció a Segismundo la efectividad de su poder en el Reich. La elección definitiva de Segismundo tuvo lugar el 21-VII-1411.

Pero en la cristiandad, después del fracaso del concilio de Pisa (1409), continuaba imperando la tricefalia pontificia; Juan XXIII, Gregorio XII y Benedicto XIII. Era preciso reducir aquella anarquía, y Segismundo, reputándose campeón de la fe, se propuso acabar con el gran Cisma. Se aprovechó de que Juan XXIII había reclamado su auxilio para defenderse de Ladislao de Nápoles, Segismundo obtuvo de este papa la convocatoria de un nuevo concilio en la ciudad imperial de Constanza.

Gracias a sus desvelos, el concilio (1414-1418) pudo llevar a término su misión. Aunque, pese a la intervención personal de Segismundo, no se pudo reducir la intransigencia de Benedicto XIII, el emperador obtuvo que Castilla, Aragón y Navarra le abandonaran a su suerte (Narbona, 1415). De esta manera, gracias a la deposición de Benedicto XIII y de Juan XXIII y a la renuncia de Gregorio XII, el concilio de Constanza pudo elegir papa único, Martín V.

El apoyo que Segismundo prestó a la obra de Constanza rebasó, incluso, sus propios intereses, ya que la condena a Jan Hus iba a suscitar la revuelta de Bohemia. A la muerte de Wenceslao (1419), la corona recayó en la cabeza de Segismundo; pero los nobles checos no le quisieron reconocer la sucesión. En Breslau (1420) Segismundo levantó la bandera de la primera cruzada husita, la cual enfrentó los alemanes, católicos, contra los checos, herejes, en una cruenta lucha racial y religiosa.

Esta expedición terminó con la derrota del ejército de Segismundo ante Praga por obra del general checo Ziska (julio de 1420). Una segunda cruzada, emprendida con éxitos iniciales en 1421, gracias al apoyo que prestó a Segismundo su yerno Alberto V de Austria, acabó también malamente, debido a las victorias de Ziska en Kuttenberg y Deutsch-Brod (1422). Fue preciso acudir al auxilio del Reich dieta de Nuremberg, 1422; pero la oposición de las ciudades y las ambiciones políticas de los electores hicieron escasa la participación de Alemania en la contienda.

La tercera cruzada husita (1427) demostró la incapacidad bélica de Alemania, pues el ejército cruzado se desintegró sin hallar resistencia de ninguna clase. Desde este momento, Segismundo recurrió a procedimientos diplomáticos: la alianza con Sajonia y Austria (Waitzen, 1425) y el acuerdo con el partido checo moderado o calixtino. La derrota de los radicales taboritas en Böhmisch-Brod (1434), hizo posible la aceptación de las Compactata de Praga de 1433 en Iglau (1436), lo que procuró la paz entre Bohemia y la Iglesia católica y el reconocimiento de Segismundo por rey de Bohemia.

Hacía poco que este había recibido la corona de Italia en Milán (1431) y la Imperial en Roma (31 de mayo de 1433), de manos del pontífice Eugenio IV. Su muerte, acaecida en Znaim el 9-XII-1437, fue muy perjudicial para los intereses generales de Alemania y de la Iglesia. De un lado, hizo posible la ruptura entre el Papado y el concilio de Basilea, reunido en 1433. De otro, esterilizó sus tentativas para emprender la reforma del Reich, cuya extrema decrepitud se había puesto de manifiesto con motivo de las guerras husitas.

En 1415, Segismundo había propuesto una federación de todas las ciudades alemanas, de la que él hubiera sido jefe poderoso. La idea no fue viable y despertó el recelo de los príncipes. En Ulm (1425), Nuremberg (1431) y Basilea (1433) fracasaron otras tentativas del emperador ante la ceguera de los príncipes y las ciudades del Imperio. Pero, pese a este poco éxito, la ideología de Segismundo respecto a la necesidad de una reforma esencial de la construcción del Reich, fue imponiéndose poco a poco como algo urgente e imprescindible.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 158-59.