Guillermo I de Alemania

Datos biográficos

Dinastía: Hohenzollern
Empe. Sacro Imperio: 1871-1888
Nacimiento: 22-III-1797
Fallecimiento: 9-III-1888
Predecesor: Confederación Alemana del Norte
Sucesor: Federico III

Biografía

Rey de Prusia (1861-1888), hijo segundo del rey de Prusia Federico Guillermo III y de la reina Luisa, n. en Berlín el 22-III-1797 y m. en la misma capital el 9-III-1888. Oficial en 1807 y educado por Delbrück y von Reiche, mostró desde un principio clara inteligencia, gran amor al orden, carácter serio y gran sentido práctico.

Kaiser Wilhelm I. Guillermo I por Wilhelm Kuntzemüller

Capitán en 1814, acompañó a su padre en la campaña de Francia, ganó en Bar-sur-Aube (26 de febrero) la Cruz de Hierro; marchó con su padre sobre París el 31 de marzo, siguió al monarca hasta en la visita de este a Inglaterra, y el 8-VI-1815, ascendido a mayor, condujo de nuevo un batallón del primer regimiento de la Guardia a Francia, en donde la guerra tocaba ya a su término. En 1816 se encargó del batallón de la Guardia de Stettin, pasó por diferentes grados de la milicia, y en 1825, como teniente general, se le confió el cuerpo de Guardia. Completamente imbuido en los deberes militares supo conservar, en el largo periodo de paz, el espíritu militar en sus tropas.

Conoció asimismo los asuntos del Estado, a lo cual contribuyeron no poco sus repetidos viajes de legación a la corte de Rusia; rehusó en 1826, la mano de la princesa Elisa Radziwill (la cual le profesaba un verdadero amor) porque este enlace hubiera traído anexo un pleito sobre la sucesión a la dinastía, y el 11-VI-1829 contrajo matrimonio con la princesa Augusta de Sajonia-Weimar, cuya hermana María era la esposa de su hermano menor Carlos.

A la muerte de su padre (1840) recibió, como presunto heredero de su hermano Federico Guillermo IV, el título de príncipe de Prusia; al cabo de poco fue ascendido a general de infantería y siguió con vivo interés la política interior, pero sin ejercer notable influencia en su hermano, y solo muy a pesar suyo autorizó, en 1847, la convocatoria del Landtag

En marzo de 1848 resolvió conceder una Constitución, que no mermase en absoluto el poder real, antes, al contrario, lo mantuviese incondicionalmente. El 22 de marzo del mismo año partió a Londres, en donde aclaró sus planes políticos en sus conversaciones con el príncipe Alberto, con R. Peel, J. Russell, Palmerston y con otros hombres de Estado. A primeros de junio volvió a Berlín y fue elegido miembro de la Asamblea nacional prusiana, pero, una vez expuestos sus principios constitucionales, no tomó ya ulterior parte en sus trabajos.

El 8-VI-1849, encargado de las tropas enviadas a reprimir el levantamiento revolucionario del S. de Alemania; sometió en pocas semanas (después de escapar felizmente de un atentado contra su persona en Maguncia) el Palatinado y Baden, que estaban insurreccionados. En octubre, nombrado gobernador militar del Rhin y Westfalia, se estableció en Coblenza, hasta que en 1854, fue ascendido a teniente general de infantería y nombrado gobernador de la fortaleza de Maguncia.

Desde 1850 no estuvo conforme con la política exterior de Prusia, pero se mantuvo alejado de la reacción política y eclesiástica y fomentó y procuró el aumento del poder defensivo de Prusia estando, como estaba, convencido de que solo con éxitos militares podía llevarse a cabo un cambio político fundamental. Aunque esta idea la agitaba él a solas, pues en aquel tiempo apareció muy pocas veces en público, no por esto dejó de portarse en todos sus actos como un buen prusiano y patriota alemán, fiel cumplidor de sus deberes eclesiásticos y en su interior genuinamente constitucional, y la opinión pública, en un principio desfavorable a él, hizo un cambio tan notable, que cifró todas sus esperanzas en el príncipe al ponerse al frente del gobierno como representante del rey (23-X-1857) durante la enfermedad de este y más tarde (7-X-1858) como regente del reino.

Después de prestar el juramento a la Constitución (26-X) convocó (5-XI) el Ministerio liberal presidido por Anerswald (que había sustituido al gabinete dimisionario de Manteuffel. Del 15 al 18-VI-1860 tuvo una entrevista con Napoleón III, a la que asistieron varios príncipes alemanes. El 8 de noviembre publicó un manifiesto en que expuso su programa de gobierno. El pueblo acogió con aplauso sus declaraciones, pero no dio la importancia que realmente tenían a sus palabras, en las que manifestó la necesaria reforma del ejército y los recursos que para ello eran indispensables, puesto que el ejército prusiano había de ser fuerte y prestigioso, si Prusia debía cumplir su cometido.

Los acontecimientos de 1859, al tropezarse con las grandes dificultades de la movilización y descubrirse las deficiencias en la milicia, pusieron bien patente lo justificado de los planes del regente; pero la Cámara de diputados no pudo resolverse a aprobar los gastos suplementarios que importaba la radical organización militar, cuyo plan fue propuesto en 1860. El 14-VI-1861, el estudiante Oscar Becker atentó contra la vida de Guillermo I, pero este sufrió solo una leve herida. El 2 de enero murió Federico Guillermo IV, y le sucedió en el trono Guillermo I, teniendo lugar la coronación el 18 de octubre del mismo año.

En esta ocasión creó la orden de la Corona, concedió varios títulos de nobleza y dio una amnistía restringida. El poder real se mostró entonces independiente del Parlamento, y, por lo mismo, se acentuó la desconfianza del pueblo hacia los planes constitucionales del nuevo monarca. Las elecciones efectuadas a fines de 1861 fueron progresivas, y con la retirada del Ministerio llamado de la nueva era (17-III-1862), el cual dimitió por no poder obtener la aprobación legal de la organización militar ya realmente llevada a cabo, empezó el conflicto constitucional, en el cual el rey mantuvo con firmeza su propia obra, la reforma del ejército, y con toda la autoridad que le daba la realeza, abogó por el Ministerio Bismarck.

Con ello perdió rápidamente su primitiva popularidad, a pesar de lo cual siguió impertérrito defendiendo los derechos de la corona y, conforme a los hábiles planes de Bismarck, siguió una política decididamente alemana, la cual, en 1866, condujo a una lucha decisiva con Austria. El propio monarca tomó el mando del ejército obteniéndose la brillante victoria de Königgratz. En las negociaciones de paz renunció, aunque contra su voluntad, a la anexión de Sajonia, a fin de no hacer obstrucción a los planes alemanes de unión patrocinados por Bismarck. En virtud de la constitución de la Liga norte-alemana del 1-VII-1867, fue Guillermo I presidente de la misma.

En el interior siguió una política liberal y sustituyó por hombres liberales a los odiados ministros del periodo del conflicto. La guerra con Francia (1870-1871) cubrió de nuevo al ejército de gloria. Guillermo I asumió nuevamente el mando supremo de todo el ejército que operaba en Francia, se acreditó en Gravelotte y en Sedán y, desde X-1870 a III-1871, dirigió desde Versalles las operaciones militares y las negociaciones políticas para el establecimiento del imperio alemán.

Con la proclamación de emperador, que tuvo lugar el 18-I-1871 en el palacio de Versalles, tomó Guillermo I para sí y sus sucesores en la corona de Prusia el título de emperador de Alemania. El 16-VI del mismo año hizo su brillante entrada en Berlín y se ocupó desde luego, con actividad incansable, en completar la organización militar del Imperio y en la reforma interior del Estado prusiano; se adhirió hasta en la cuestión del Kulturkampf, a su ministro y rechazó la imposición del Papa, en su famoso escrito del 3_IX-1873.

Para asegurar la paz europea firmó en IX-1872 la Dreikaserbund (alianza de los tres emperadores) entre Alemania, Rusia y Austria, que aproximaba a las dos últimas. A este mismo objeto tendieron sus visitas a San Petersburgo y Viena (1873) y a Milán (1875). Con su infatigable e inagotable actividad para el bien común obtuvo un extraordinario afecto y estimación entre el pueblo alemán, el cual lo exteriorizó con grandes manifestaciones de contento y regocijo cuando su jubileo militar al cumplir setenta y ochenta años respectivamente, respectivamente de servicio y en la celebración de su 80º y 90º natalicio (1877 y 1887), como también en sus bodas de oro (1879).

Rara vez un príncipe, a edad tan avanzada, había conquistado para su familia y para el Estado tan grandes honores como él, que era no solo el más anciano, sino también el más distinguido y poderoso de los monarcas de Europa. Por esto causaron mayor sorpresa los dos atentados que cometieron contra su persona Hödel (11-V-1878) y Nobiling (2-VI-1878), y aunque de ellos salió tan mal herido, que el 4 de junio hubo de nombrar lugarteniente suyo al príncipe heredero, conservó su inquebrantable tranquilidad de espíritu y, tras una larga permanencia en Baden y Wiesbaden, el 5 de diciembre se encargó de nuevo del gobierno.

El 17-XI-1881 y el 14-IV-1883 recibió el Reichstag sendos mensajes en los que se anunciaban importantes leyes para el mejoramiento de los obreros. Reanudó también Guillermo I las relaciones con el papa León XIII, poniendo fin al Kulturkampf. A pesar de su profunda simpatía por Rusia, dio (1879) su asentimiento a la alianza con Austria, formando con la entrada de Italia, la famosa Triple Alianza.

Profundamente afectado por la enfermedad de su hijo y la muerte de su nieto, el príncipe Luis de Baden, murió tras breve enfermedad, en la fecha anteriormente citada. Su memoria quedó tan grabada en sus súbditos, que en 1902 tenía 322 monumentos en varias provincias y localidades de Alemania.

Era Guillermo I de elevada estatura y de fisonomía noble y franca, de costumbres sencillas, fue profundo en él el sentimiento de justicia. Su madre decía de él en 1810: Es sencillo, honrado e inteligente. Mostró siempre mucho reconocimiento a sus ministros, permaneciendo gustoso en segundo término, sin muestra alguna de envidia, ante la glorificación de Bismarck, Moltke y de Roon. El interés que ponía en todo momento en cumplir los deberes inherentes a su cargo no sufrió nunca menoscabo.

No puede afirmase, sin embargo, que fuera un hombre superior; tenía sí, el sentido de la realidad, mucha firmeza de carácter y no menor constancia. Por sí solo, tal vez no hubiera logrado fundar la unidad alemana; en cambio, Bismarck la habría seguramente conseguido. De su matrimonio con María Luisa Catalina Augusta tuvo un hijo, Federico, más tarde rey de Prusia y emperador de Alemania, y una hija, Luisa María Isabel, que casó en 1856 con Federico Guillermo Luis, gran duque de Baden.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 27 pág. 248-250.