El fracaso de la Unión política prusiana

Entretanto, las tropas prusianas e imperiales habían restablecido el orden en Baden y en el Palatinado, y Federico Guillermo IV de Prusia había dirigido un manifiesto a su pueblo anunciando que tomaba a su cargo la tarea de la constitución de Alemania, a cuyo fin convino con Sajonia y Hannover un tratado de unión por un año, que debía ser el principio del nuevo Estado federal alemán (26 de Mayo).

Federico Guillermo IV, Rey de Prusia.Federico Guillermo IV, Rey de Prusia

Hasta el mes de Septiembre se habían adherido a esta Unión 21 Estados, y otros 5 se manifestaban inclinados a hacer lo mismo. La fracción política del Parlamento de Francfort, que había defendido la condición hereditaria de la dignidad imperial, apoyó igualmente la unión política prusiana. Sólo Baviera y Wurtemberg rehusaron formar parte de ella, siendo en su actitud apoyados firmemente por Austria, que, después de haber sofocado la revolución en Hungría, volvió otra vez a pensar en la reconstitución de la antigua Dieta.

Prusia accedió a esto, conviniendo en que se estableciese en Francfort un gobierno provisional, formado por dos delegados prusianos y dos austriacos, que debía durar hasta 1 de Mayo de 1850, y en cuyas manos resignó su autoridad el archiduque Juan el día 20 de Diciembre de 1849. Cuando este Consejo de regencia ordenó proceder nuevas elecciones para el Parlamento federal que debía reunirse en Erfurt el día 20 de Marzo siguiente, anunciaron los gobiernos de Sajonia y Hannover que dejaban de formar parte de la Unión, por no haberse cumplido, con la negativa de la Baviera, la condición por ellos impuesta de que entrasen en la Unión todos los Estados alemanes. Los dos reinos se separaron, pues, de la Confederación prusiana y formaron otra con los dos reinos de la Alemania meridional.

La nueva Constitución en proyecto establecía una Cámara popular compuesta de 300 miembros, nombrados por los Parlamentos de los diferentes Estados. El parlamento de Erfurt fue inaugurado con un discurso, calurosamente unionista, del general Radowitz, y aprobó, en 17 de Abril, el proyecto de Constitución federal; pero a los pocos días fue suspendido y ya no volvió a reunirse; al mismo tiempo Prusia hizo saber a los soberanos de la Unión, reunidos en Berlín, que se retiraba de la misma.

De muy diferente manera procedió Austria: invitó a todos los miembros de la antigua Confederación a que enviasen sus delegados a Francfort, y a su llamamiento respondieron desde luego Baviera, Wurtemberg, Hannover y Sajonia, Holanda, Dinamarca y los dos Hesses. El congreso de Francfort se declaró continuador de la Dieta federal, considerándola como vigente y solo suspendida por la revolución; pronto se adhirieron a la Confederación otros Estados, y en 2 de Septiembre de 1850 se inauguró la nueva Dieta bajo la presidencia de Austria, a reserva de admitir a los pocos Estados que todavía permanecían fieles a la Unión.

Por entonces el elector de Hesse, que al pretender abolir la Constitución demasiado liberal de 1831 había tenido que refugiarse en Francfort a causa de la resistencia que encontró en su pueblo, solicitó el auxilio de la Confederación. Después de una entrevista que el emperador de Austria celebró en Bregenz con los reyes de Baviera y Wurtemberg, decidió aquélla efectuar una intervención armada en el Hesse electoral, y en 1 de Noviembre atravesaron la frontera las tropas de ejecución bávaro-austriacas. También ratificó la paz con Dinamarca, después de la nueva guerra que estalló el año 1819 y a la que había puesto fin recientemente un armisticio.

El gobierno de Prusia había declarado que no reconocía la nueva Confederación por no formar parte de ella todos los Estados alemanes, y al saber que el ejército federal había penetrado en Hesse, hizo entrar también tropas prusianas con el pretexto de asegurarse una comunicación a través de este país, que separaba la parte oriental de la occidental de su reino. Pero Federico Guillermo IV no quiso arriesgarse a una guerra, para la que no estaba preparado y mucho menos estando Austria apoyada por Rusia, y así sustituyó a su ministro Radowitz por Manteuffel, y este firmó el tratado de Olmütz, por el cual Prusia renunciaba a la Unión y a los convenios militares celebrados con Baden, Mecklemburgo, Anhalt y Brunswick; evacuó Baden y Hesse y retiró el ejército que tenía en el Schleswig-Holstein, detrás del Eider.

A fines de Noviembre volvió a entrar el elector en Hesse y estableció allí el régimen absoluto. En Enero siguiente fueron disueltos el Parlamento y el ejército de los ducados, quedando con esto resuelta la cuestión del Schleswig-Holstein a gusto de Dinamarca. Las conferencias de Dresde (23 de Diciembre de 1850 y 15 de Marzo de 1851), para el arreglo de la cuestión constitucional, no condujeron a ningún resultado práctico. Por último, a fines de Marzo, aconsejó Prusia a los Estados de la Unión que enviasen, como ella, sus delegados a la Dieta de Francfort. Con esto volvieron las cosas a la misma situación que tenían años atrás; de manera que las tentativas hechas por los gobiernos para modificar la antigua Constitución federal, fracasaron tan completamente como la que había emprendido el pueblo por su cuenta.

Bajo la protección de la Confederación, que en 10 de Julio de 1851 creó una comisión central encargada de revisar las Constituciones particulares de los diversos Estados, celebró su triunfo la reacción, persiguiendo implacablemente toda manifestación de las aspiraciones nacionalistas y liberales. La suerte de Schleswig-Holstein quedó definitivamente sellada en el protocolo de Londres (8 de Mayo de 1852); la flota alemana, que se había creado gracias a la suscripción voluntaria de la nación, fue vendida en pública subasta, y la liberal Constitución mecklemburguesa hubo de ceder su puesto a la antigua Constitución feudal por brazos. En Hannover recobró la nobleza sus antiguos derechos, y en casi todos los Estados se introdujo un régimen reaccionario de policía que trató de borrar los recuerdos del año 48 y de impedir la repetición de una catástrofe tan lamentable para la monarquía.

Sólo la Iglesia católica supo conservarse como en 1848, libre de la inspección del Estado, en virtud de concordatos especiales. Austria, vencedora diplomáticamente de Prusia, pretendió sojuzgarla también en el terreno económico, solicitando, en Mayo de 1850, su ingreso en la Unión aduanera (Zollverein) con todos sus territorios; los Estados de segundo orden, excepto el de Hannover, se mostraron dispuestos a acceder a sus deseos cuando se renovasen en 1854 los convenios aduaneros; pero Prusia se negó, y Austria tuvo que contentarse con firmar un tratado de comercio y navegación con los Estados de la unión aduanera, a los que siguieron otros convenios económicos y postales, y finalmente, la adopción de un código de comercio para todos los países de Alemania (1861).

Prusia había ido entretanto afirmándose en su propósito de no dejarse arrastrar por dar gusto a la Confederación a una política contraria a sus intereses y esta conducta se acentuó más aún durante el el gobierno del príncipe-regente (1858). Cuando en 1859 estalló la guerra de Italia entre Austria y Francia, reclamó aquella el auxilio armado de la Confederación, y por miedo a los planes de conquista la que se suponían en Napoleón, los gobiernos, las Cámaras y la prensa, particularmente los de la Alemania del Sur, se dejaron llevar de la corriente guerrera en la creencia de que prestando el auxilio solicitado, el Rhin quedaría defendido desde las orillas del Po.

La Confederación decretó, pues, la movilización de los contingentes federales y el armamento de las plazas fuertes; Prusia accedió también, decidida a defender el suelo de Alemania contra cualquier ataque, y movilizó su ejército, reclamando la cooperación de los contingentes federales, que debían entrar en campaña a las órdenes de Prusia; pero el príncipe-regente se negó al propio tiempo, comoo general en jefe de la Confederación, a obedecer las órdenes de la Dieta, supeditada completamente a la voluntad de Austria. Esta, por no perder su situación preponderante en Alemania, renunció a la posesión de la Lombardía en los preliminares de paz de Villafranca. Con esto comenzó de nuevo la lucha diplomática entre las dos grandes potencias alemanas, siendo cada día más evidente que era imposible toda unión política entre ellas.

Otra vez volvió a agitarse la cuestión de la reforma del pacto federal, pretendiendo los principales Estados de segundo orden tener participación en el poder ejecutivo, mientras que Prusia parecía volver a su antiguo plan de la unión política y había llegado a firmar convenios militares con algunos Estados pequeños. Austria, que veía entretanto las dificultades interiores con que luchaba su rival, pues ya entonces había estallado el conflicto entre la Cámara de diputados prusiana y el rey, creyó llegado el momento de efectuar una reforma radical en la organización federal para afirmar su situación preponderante en Alemania, y convocó un congreso de soberanos alemanes y de ciudades libres en Francfort. Este se inauguró en 17 de Agosto de 1863 bajo la presidencia del emperador Francisco José, asistiendo a él, además de los representantes de las ciudades, casi todos los soberanos, a excepción del rey de Prusia, que se negó a ello, a pesar de haber sido invitado personalmente por el mismo emperador en la entrevista de Gastein (2 de Agosto).

El proyecto de constitución presentado por Schmerling proponía conferir la dirección de los asuntos federales, con más amplias atribuciones que antes, a un directorio formado por el emperador de Austria, los reyes de Prusia y Baviera y otros dos soberanos, alternando entre todos; en él, lo mismo que en el Consejo federal, formado por los representantes de todos los Estados, correspondería la presidencia al Austria; cada tres años se reuniría una asamblea de 300 miembros de Camaras para resolver acerca de los proyectos legislativos que se le presentasen, los cuales debían someterse después a la aprobación de otra cámara, compuesta por todos los príncipes alemanes. Este proyecto fue aceptado casi por unanimidad, pero a pesar de todas las instancias no pudo obtener la aprobación del rey Guillermo. En su informe del 15 de septiembre, dio Bismarck (presidente del ministerio en el otoño de 1862) una garantía de que no sacrificaria la Prusia a intereses extraños, y declaraba que solo admitiría una representación nacional elegida directamente por sufragio en todo el país, pues los intereses y aspiraciones de Prusia eran en el fondo idénticos a los de Alemania.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 4, págs. 485-487